
La huelga educativa indefinida del País Valencià, comenzada el 11 de mayo y suspendida, que no finalizada, el 11 de junio, tras 32 días consecutivos de huelga, 24 de ellos lectivos, ha sido la más larga en la enseñanza pública no universitaria, con más días laborables que la ya histórica huelga de 1988.
Ya desde el principio de curso se plantearon las reivindicaciones y desde los sindicatos se habló de movilizaciones contundentes si la Conselleria no las atendía. El 11 de diciembre se convocó una primera jornada de huelga. El sábado 28 de febrero hubo manifestaciones en las tres capitales y el 31 de marzo se convocó una nueva huelga, con bastante seguimiento. En todo este periodo se fue fraguando la idea de la huelga indefinida.
Desde las movilizaciones de 2012 y 2013 contra los recortes, la reforma laboral y la ley Wert, prácticamente no había habido luchas importantes en la enseñanza pública. En el País Valencià, además, los ocho años de gobierno del Botànic fueron un periodo de calma reivindicativa, como suele suceder cuando gobierna la socialdemocracia. Para miles de docentes esta ha sido la primera lucha contra una patronal, en este caso la Generalitat Valenciana, lo que ha supuesto un aprendizaje acelerado y la comprobación práctica de que las y los docentes también son miembros de la clase trabajadora.
Pero en todo este tiempo, con el PP, el Botànic y, nuevamente, el PP, ahora con el apoyo de VOX, la situación de la enseñanza pública valenciana, como en el resto del Estado, no dejó de erosionarse. Pérdida de poder adquisitivo, deterioro de las instalaciones, miles de trabajadores precarios, aumento de la burocracia y una sensación de desprecio hacia la enseñanza pública y su profesorado, intensificada en el último periodo, fueron creando la conciencia de que era necesario luchar por el salario, las condiciones laborales, la dignidad y la existencia misma de la enseñanza pública.
En todo este tiempo, el apoyo a la enseñanza privada desde la Generalitat Valenciana ha sido constante, con una dotación presupuestaria de 800 millones de euros, mientras se repetía que no había dinero para las reivindicaciones de la pública, como pasa también en la sanidad. Como hemos denunciado desde el PCPE en nuestros comunicados, aunque sin nuevos Presupuestos del Estado, aparecían miles de millones de euros para la guerra, que se negaban a los servicios públicos, dejando claro que se trataba de una cuestión de prioridades políticas.
La enorme participación en la huelga, su larga duración, las manifestaciones masivas y el apoyo social han sido una realidad. Como en tantas ocasiones, también apareció la represión policial, con la brutal agresión a una maestra jubilada que se produjo en la concentración ante la Conselleria del domingo 31 de mayo. Pese a ello, las y los trabajadores de la enseñanza pública han demostrado una conciencia y combatividad extraordinarias, que han contado con el apoyo del resto de la comunidad educativa.
Otros sectores de nuestra clase, como los bomberos, estibadores o conductores de bus se han solidarizado activamente y participado en las manifestaciones. Con el paso de los días, se ha ido creando un ambiente de solidaridad de clase que ha hecho que uno de los lemas más repetidos en las manifestaciones fuese «que viva la lucha de la clase obrera».
Parte del éxito de la movilización se debe a la organización en los centros, donde se constituyeron centenares de asambleas, que se han ido coordinando. También es
importante el método de toma de decisiones, con participación directa en base a «un/a docente, un voto». Esta organización de base debe permanecer en el futuro, cuando haya que volver a lanzar la movilización.
También ha quedado claro que es necesario el sindicalismo de clase y combativo, dispuesto a luchar por las reivindicaciones y alejado del Pacto Social y la figura de los «agentes sociales». Sindicatos y asambleas son instrumentos de nuestra clase en cualquier sector.
A diferencia de la huelga del 88, que tenía un objetivo exclusivamente salarial, la llamada homologación, en esta había un amplio abanico de temas, agrupados en ocho apartados (retribuciones, simplificación burocrática, inclusión educativa, Formación Profesional, plantillas, ratios, infraestructuras y uso del valenciano), de los que solo en el de la simplificación burocrática ha habido acuerdo. En la cuestión salarial, el pacto de los sindicatos más afines a la Conselleria, ANPE y CSIF, que traicionaron la unidad de acción aceptando un aumento escalonado de 200 euros, fue rechazado rotundamente en una votación telemática.
Por la amplitud de las reivindicaciones, que iban mucho más allá de los salarios o las condiciones laborales, que serían absolutamente legítimas, puede decirse que la huelga planteaba la lucha global por la defensa de la enseñanza pública no universitaria valenciana. Esta es una de las razones del gran apoyo social recibido, que no se había dado con esa intensidad en anteriores huelgas del sector.
Aunque consideradas insuficientes, la lucha obligó a la Conselleria, inicialmente cerrada a la negociación, a hacer algunas concesiones, consecuencia de la lucha. También lo es incluso lo firmado por ANPE y CSIF, cuando inicialmente se rechazaba cualquier aumento salarial.
Desde el PCPE hemos dado apoyo a la huelga indefinida en todo momento. Hemos asistido a las manifestaciones y expresado nuestra posición en diversos comunicados difundidos por las redes sociales y repartidos por miles en las manifestaciones en todo el País Valencià. La militancia comunista ha tenido una participación destacada, reforzando las asambleas de docentes y participando en los diferentes sindicatos de clase. Profundizar la consolidación de las asambleas de centro, mejorar la coordinación del sindicalismo de clase y asentar la lucha son las formas que se imponen como herramientas para conseguir victorias en el futuro.
También hemos manifestado que esta huelga debía ser el inicio de un ciclo de luchas de la enseñanza en todo el Estado y también del resto de los sectores públicos y privados, cuyos salarios y condiciones laborales se han deteriorado y continuarán haciéndolo, a medida que se agrave la crisis estructural del capitalismo. La huelga valenciana ha sido paralela a la que, con reivindicaciones similares, se desarrollaba en Catalunya. El 11 de junio, último día de esta fase de la lucha, estaban llamados a la huelga en el País Valencià otros dos colectivos imprescindibles para el buen funcionamiento de los centros docentes: el Personal de Atención Educativa (PAE) y el Personal de Administración y Servicios (PAS). Sin olvidar que en Madrid las trabajadoras de la Educación Infantil de 0 a 3 años están de huelga indefinida desde el 7 de abril.
El 11 de junio finalizó una fase de la lucha con la suspensión de la huelga indefinida, pero se mantienen las reivindicaciones para volver a luchar por ellas, cuando se decida en el próximo curso, lo cual será posible por la acumulación de fuerzas que se ha producido.
Desde el PCPE hemos felicitado a las y los docentes valencianos por el esfuerzo y la capacidad de organización demostrada durante la huelga, una experiencia que ha de servir para fortalecer el movimiento y arraigarlo en cada centro de trabajo.
Comitè del País Valencià del PCPE












