Cada verano y cada campaña navideña, cualquiera que haga la compra en supermercados —sin importar la cadena— observa el mismo patrón: un aumento notable de personal temporal. Es un fenómeno tan repetido que ya forma parte del paisaje habitual de estas fechas. Sin embargo, cuando se mira con un poco más de atención, aparece otro elemento llamativo: el perfil de quienes ocupan estos puestos suele ser muy similar.

Se trata, en general, de personas jóvenes, muchas veces en su primera experiencia laboral, contratadas para cubrir picos de demanda. Este hecho no es casual. Responde a una lógica empresarial que combina varios factores:

La estacionalidad como mecanismo de intensificación de la explotación:

Los picos de consumo no son un accidente: forman parte de la dinámica del mercado capitalista, que concentra la actividad en momentos de alto rendimiento. Para las empresas, esto implica una oportunidad de aumentar beneficios sin modificar la estructura permanente de la plantilla.

La solución es conocida: contratos temporales, salarios bajos y rotación constante. El capital no asume el coste de mantener trabajadores estables; prefiere disponer de una reserva laboral flexible que pueda activar y desactivar según las necesidades del mercado.

Marx lo describió con precisión: el capitalismo necesita una “superpoblación relativa”, una masa de trabajadores disponibles que permita ajustar la producción sin comprometer la acumulación.

Juventud y precariedad: la fuerza de trabajo más barata

El predominio de personas jóvenes en estos puestos no es casual. En términos marxistas, el capital busca la fracción de la fuerza de trabajo que:

  • tiene menor capacidad de negociación,
  • acepta condiciones más duras,
  • posee menos experiencia sindical,
  • y está en proceso de “disciplinamiento” dentro del mercado laboral.

La feminización de ciertos sectores: división capitalista del trabajo.

En muchos supermercados se observa una presencia mayoritaria de mujeres en puestos de atención al público, reposición o caja. Desde una perspectiva marxista, esto se relaciona con la división sexual del trabajo, que asigna a las mujeres roles vinculados al cuidado, la atención y la docilidad, no por naturaleza, sino por construcción social.

El capital aprovecha esta división para justificar salarios más bajos y menor reconocimiento profesional en sectores altamente feminizados. No es casualidad: es una estrategia histórica para abaratar la fuerza de trabajo.

La temporalidad como herramienta de control

El contrato temporal no solo reduce costes: también limita la capacidad de organización colectiva. Un/a trabajador/a que sabe que su empleo dura semanas o meses difícilmente se sindicaliza, reclama derechos o cuestiona la estructura empresarial.

La temporalidad es, por tanto, una forma de control político dentro del proceso productivo.

La apariencia de “casualidad” como ideología

Para quien observa este fenómeno sin análisis crítico, podría parecer una simple coincidencia que cada año se contrate a personas jóvenes y temporales. Pero desde el marxismo, esta percepción es parte de la ideología dominante, que oculta las relaciones de explotación bajo la apariencia de normalidad.

La ideología funciona precisamente así: naturaliza lo que es producto de relaciones económicas concretas.

Repetimos que el refuerzo de plantillas en supermercados durante las campañas no es un hecho aislado ni casual. Es una manifestación de la lógica del capital:

  • maximizar beneficios,
  • minimizar costes laborales,
  • mantener una fuerza de trabajo flexible y disciplinada,
  • y reproducir las desigualdades estructurales que permiten la acumulación.

Esta forma de sobreexplotación solo será superada mediante la organización política y sindical de las masas  trabajadoras. El objetivo del PCPE es construir poder obrero y popular capaz de enfrentar el propósito histórico de destruir el sistema que explota y oprime a la humanidad: el capitalismo. Una vez derrotado, todas las capacidades humanas podrán ponerse al servicio colectivo para la construcción del socialismo-comunismo, etapa superior en la que la producción estará orientada a satisfacer las necesidades sociales y no la acumulación privada de riqueza.

Carlos Bashir

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