En el marco de la actual crisis de sobreproducción y sobreacumulación del sistema capitalista, el Imperialismo utiliza sus instrumentos de dominación contra los pueblos de la forma más cruel y criminal. Desde la caída del bloque socialista que encabezaba la URSS, y atendiendo a las nuevas estrategias que la oligarquía internacional diseñó para mantener su hegemonía, se ejecutan las agresiones en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, y, ahora más recientemente, Libia y Siria.

 

Pero la crisis capitalista continúa con su desarrollo y sus dificultades para recuperar su tasa de beneficio la obligan a emplear la mayor violencia para obtener tal fin. Por ello el papel de la OTAN como instrumento y organización bélica de los EE.UU. y de los países de la UE, adquiere una relevancia fundamental.

Efectivamente, en los primeros días de septiembre del 2014 en la Cumbre celebrada en Cardiff (Gales), el acuerdo más relevante que se adopta fue el de realizar maniobras militares entre octubre y noviembre del 2015 en la Península Ibérica (España y Portugal) con la presencia inicial de 20.000 soldados de las tres armas (aire, tierra y mar), que simularán “respuestas defensivas de los enemigos del flanco sur” de la Alianza Atlántica.

El desarrollo de los conflictos mundiales, unidos a nuevas situaciones que se han venido dando en algunas confrontaciones interimperialistas, han determinado que estas maniobras tengan que aumentar sus efectivos, calculándose en estos momentos que la participación va a aumentar hasta 37.000 soldados.  Con estas maniobras la OTAN no trata de mostrar una respuesta defensiva, sino que, muy al contrario, va a escenificar los movimientos conjuntos de las tres armas para operar en posiciones tácticas y estrategias militares ante la aparición de lo que la propia organización cataloga como “crisis”, que tendría la respuesta de una fuerza intervención rápida definida en la cumbre de Gales como Punta de Lanza de la OTAN, una fuerza compuesta por hasta 5.000 efectivos capaz de desplegarse en 48 horas para atender situaciones de crisis en el Este y en el flanco sur de la Alianza (principalmente en las 13 zonas de guerra que existen actualmente en Africa).

Estas maniobras, por tanto, tienen unos objetivos más allá de los exclusivamente militaristas, ya que abordan la estrategia organizativa de la OTAN para enfrentar los conflictos que surjan en la zona mediterránea y del interior del continente africano. La confrontación con Rusia en Ucrania no ha sido un factor banal en el protagonismo de la OTAN en los conflictos interimperialistas. EE.UU. desde hace tiempo viene solicitando a sus aliados que aumenten su gasto militar hasta el 2% del PIB, y, en la medida que su estrategia de confrontación se ha trasladado a la zona Asia-Pacífico, las otras dos áreas de conflicto estratégico (flancos del este y sur europeos)deberán ser atendidos por la OTAN.

Varios objetivos se añaden a estas maniobras denominadas “Trident Junture”, como son  la “guerra cibernética”, la contención de la marea migratoria africana que tiene su expresión en la propuesta de la Comisión Europea en la distribución de cuotas por países, y desarrollar elementos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. 

El protagonismo de España no debe sorprender dado el carácter estratégico de la Península Ibérica. Desde la entrada de España en la OTAN, todos los gobiernos han tratado de jugar un papel relevante dentro de esta organización creada para la guerra, a pesar de ser el sexto contribuyente europeo. Por ello, la OTAN va a premiar la militancia imperialista de los gobiernos españoles otorgando para 2016 el Mando del Componente Terrestre, activando la base de Torrejón con un bunker de 10.000 m2 que será la sede del Centro de Operaciones Combinadas (CAOC), incorporando la base de Rota al escudo antimisiles, estableciendo la base de Morón como sede de la “Nueva Fuerza de Intervención Rápida”, y considerando que la Base de Bétera será la sede del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad. Estos serán “los beneficios” que obtendrá la clase obrera española después de que sus gobiernos oligárquicos hayan intervenido desde 1989 con 137.000 soldados en 50 países defendiendo los intereses del capital.

Víctor Lucas