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Hija de maestro carpintero y ama de casa, Anna estudió taquimecanografía y con 18 años, en plena guerra civil, entró a trabajar como auxiliar administrativa en las oficinas de la Delegación de Economía y Transportes de la Generalitat de Catalunya, bajo la dirección de Joan Comorera que en esos momentos era el Conseller de esta delegación en el gobierno de Lluís Companys. Poco después se hace militante del PSUC, participando en mítines, encabezando manifestaciones, hablando en programas de radio y escribiendo artículos en la prensa, así como colaborando con el SRI (Socorro Rojo Internacional).

También se vinculó estrechamente con la Unió de Dones de Catalunya, que agrupaba mujeres de diferentes partidos y colectivos, participando activamente en la organización de ayudas a los soldados en el frente, a las colonias de menores y a los refugiados (en la foto de un acto con este objetivo en el Teatre Kursaal de Manresa, ella es la 3ª por la derecha). El 18 de abril de 1938 escribió un artículo en el periódico El Dia, haciendo un llamamiento a todas las mujeres antifascistas, fueran o no de algún partido o sindicato, a trabajar conjuntamente para ayudar material y moralmente a los combatientes.

Acabada la guerra, Anna decide no exiliarse y se retira a Vic a vivir con un familiar, pero cuando vuelve a Manresa es denunciada, detenida e ingresada en prisión para someterla a un consejo de guerra junto con 16 personas más. Acusada de “rebelión militar” y de “propagandista roja separatista” y utilizando el artículo publicado en el periódico El Dia como prueba más contundente, el fiscal pedía para ella la pena de muerte. Finalmente, le conmutaron la pena a 20 años y un día, rebajándosela más tarde a 6 años y concediéndole la libertad condicional en 1941. Cumplió su condena en la prisión de Les Corts, prisión de mujeres del franquismo que no ha sido rescatada de la memoria hasta hace unos años (retrato de Anna hecho en la prisión por una compañera).

Para volver a su pueblo natal, Anna tuvo que pasar por el destierro, controles rutinarios y vejatorios durante años (según cuenta la familia, “puta roja” era el calificativo con que se dirigían a ella policía y falangistas) y tuvo antecedentes penales que le impidieron recuperar su trabajo (nunca más pudo trabajar de mecanógrafa) y disponer de pasaporte durante 25 años.

Durante la Transición y después del restablecimiento de la Generalitat provisional y de las libertades democráticas, Anna Solà intentó, infructuosamente, que se le reconocieran –a ella y al resto de personas afectadas- sus derechos como antigua funcionaria de la Generalitat republicana. Sus peticiones nunca tuvieron una respuesta oficial.

Gloria Marrugat