Compartir

Hace unos días saltaba la noticia de estadounidenses diagnosticados de diabetus mellitus se han organizado para ir hacia Canadá a comprar insulina. El motivo no es otro que el precio de un envase de insulina: mientras en USA cuesta 340 dólares, son 30 en Canadá. La insulina es un medicamento que necesitan los diabéticos tanto de Tipo I como de Tipo II para regular la glucosa. Estamos hablando de un medicamento de uso diario, e incluso de varias ocasiones al día.

Durante los distintos reportajes y noticias de los medios de comunicación del Estado Español explican que esto se debe a que no hay limitaciones por parte del gobierno americano al precio de estos medicamentos. Pueden hacerlo, al fin y al cabo eso es el libre mercado. Eso es el capitalismo, que las grandes farmacéuticas puedan jugar con la vida de los pacientes diabéticos, al igual que con otras muchas patologías, porque el capitalismo no entiende de personas con necesidades, entiende de extraer el máximo beneficio.

Vemos el caso de EEUU y decimos: “Menos mal que en España no pasa, que aquí tenemos una sanidad pública y estamos a salvo”. Ojalá. Ojalá no pasará en España que pacientes entren en depresión porque no pueden costearse su medicación porque no le pagan por su trabajo -como ocurre actualmente con la plantilla de seguridad privada de Ombuds- o tiene que elegir entre comer y la medicación. Ojalá nadie pasará por esa situación ni le pasará a un familiar tuyo o a un vecino.

Ojalá no necesitáramos que algo nos pille cerca por lazos de familia o amistad para empatizar con estas situaciones, para luchar por su causa, que es también nuestra. Para luchar por una sanidad pública, es decir, sin conciertos a empresas que juegan con nuestra salud y la de los trabajadores y trabajadoras para poder sacar beneficio lucrándose a nuestra costa. Una sanidad gratuita, sí, gratuita, sin copago farmacéutico. Una sanidad de calidad centrada en los pacientes y en la comunidad y, por tanto, una sanidad al servicio del pueblo trabajador.

Esta es la sanidad que tiene que defender la juventud de extracción obrera y popular. De lo contrario, continuarán dando pasos en su privatización, en los recortes en infraestructuras y personal sanitario, como por ejemplo ocurre en la Comunidad Valenciana, donde el SAMU no irá a las zonas rurales, dejando a todas esas personas sin servicio de urgencias médicas.

David Martínez