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El concepto de imperialismo tan denostado por la intelectualidad burguesa y olvidado por la socialdemocracia, comprende con rigurosidad las formas de dominación del capital en todo el planeta, muestra la existencia de relaciones de desigualdad, opresión y explotación entre diferentes estados y territorios, sin embargo, el concepto usado es “Globalización”, término neoliberal impuesto que  naturaliza la generalización de las relaciones imperialistas en los más diversos ámbitos de la vida social en todo el mundo. A la dominación y explotación de tipo económico o político, se unen otras, como la lingüística”, “ecológica”, “biogenética” o “sexual”.

El imperialismo muestra su total virulencia con el cuerpo de las mujeres, lo usa como arma de guerra, con la violación como estrategia bélica; como excusa para intervenciones militares, mostrándolas como bienes de protección del estado sin capacidad de defenderse, que carecen de libertades, esclavizadas por la religión o directamente como mercancía, nutriendo el negocio de la prostitución o los vientres de alquiler.

La OIT calcula que casi 21 millones de personas en el mundo son víctimas del trabajo forzoso, que incluye la trata para la explotación laboral y sexual, afecta a todos los países, tanto como origen, tránsito o destino.

La Trata y el Tráfico Ilícito de Inmigrantes, suelen realizarse en condiciones peligrosas y/o degradantes, se diferencian en que los migrantes consienten en ese tráfico mientras que las víctimas de la trata, nunca han consentido o, si lo hicieron inicialmente, ese consentimiento perdió su valor ante la coacción, el engaño, la violencia de los traficantes y autoridades fronterizas. Por otro lado el tráfico ilícito termina con la llegada de los migrantes a su destino, mientras que la trata implica la explotación persistente de las víctimas para generar ganancias.

El viaje de un hombre africano tiene precio fijo, el de una mujer va subiendo a medida que los traficantes la venden en cada frontera, cada etapa del camino, llegando a alcanzar cifras de 40.000 euros o más, que tendrá que pagar con su trabajo, con su cuerpo.

El Informe Mundial sobre la Trata de Personas elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, estima en 2,5 millones las víctimas de la trata, con beneficios estimados en 1,3 billones de dólares. Un 70% son mujeres y niñas. Calculan que por cada víctima de la trata identificada existen 20 más sin identificar. El 79% están sometidas a explotación sexual y un 18% a explotación laboral o servicios forzados.

Se calcula que en España ejercen la prostitución un número cercano a las 350.000 mujeres de las cuales el 80% son extranjeras en situación de migración irregular mayoritariamente de Brasil, Colombia, Uruguay, Nigeria, Rumania, Rusia y Ucrania.

La gestación subrogada, otro negocio que mercantiliza el cuerpo de las mujeres, mueve cifras de 6.000 millones de dólares. En Estados Unidos, en las últimas décadas, se calculan 25.000 mujeres al servicio del “baby business”. Las madres «subrogadas» dan a luz al menos a  20.000 criaturas al año en el mundo. En términos económicos, dependiendo del país y de la experiencia de la madre gestante, cobrará entre 2.500 y 30.000 euros, oscilando el coste entre 40.000 y 150.000 euros. La mayoría son mujeres entre 25 y 35 años que ya han sido madres y viven por debajo del nivel de pobreza; menos del 4% han recibido educación universitaria y más del 40 % están desempleadas y/o reciben ayudas sociales.

El capital explora y explota el cuerpo de las mujeres, niños y niñas como cualquier otro recurso natural del mundo, desarrollando el comercio de personas y órganos humanos en un solo sentido, hacia los centros del capitalismo “civilizado”. No es cuestión moral es una cuestión de dignidad y derechos, de lucha contra la explotación y la discriminación de clase, género y raza.

Tatiana Delgado Plasencia