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Editorial Abril 2020

La pandemia del Covid-19, declarada por la OMS, está poniendo de manifiesto factores políticos y sociales de la mayor trascendencia. Una situación, en muchos aspectos nueva, exige fijar posiciones desde los postulados del socialismo científico

Una vez más, el sufrimiento de la clase obrera y de los sectores populares es la consecuencia inmediata de los acontecimientos que se desarrollan dentro de la sociedad de clases. El coronavirus afecta de una forma más directa a quienes carecen de una vivienda adecuada, de recursos sanitarios o de una alimentación suficiente. Los países bloqueados, o atacados militarmente, por el imperialismo enfrentan dificultades aún superiores, incluso cuando sus sistemas sociales son más avanzados.

En este debate de ideas necesario, el PCPE fija su posición con claridad. ¡Es el capitalismo, estúpido! Esta expresión, ampliamente popularizada, la resume con claridad.

Un sistema con fachada de cartón

En el caso de España, la quiebra de todos los sistemas de atención al pueblo expresa el expolio privatizador de las últimas décadas, con gobiernos de PP o de PSOE, o con gobiernos de las burguesías correspondientes en cada Autonomía.

El personal sanitario está supliendo las carencias de todo el sistema, con su compromiso personal. Trabajan sin medidas de protección, y con una sobrecarga brutal. Cuando los protocolos sanitarios empiezan a hacer una selección negativa, privando a los más débiles de atención para salvar a los más fuertes, se manifiesta la decadencia de un sistema social capaz de aplicar tal darwinismo social.

El PCPE ha exigido en todo momento que se declarara una Emergencia Sanitaria, y no un Estado de Alarma que se usa como coartada para sacar al Ejército a la calle. Ese recurso al Ejército expresa también el fracaso del sistema capitalista español.

Faltan mascarillas, geles, trajes integrales, respiradores, camas hospitalarias, pero el Gobierno de coalición socialdemócrata PSOE-UP no se plantea suspender de forma inmediata todo el gasto militar, y no abonar las facturas de sus compromisos de compra de armamentos, para destinar ese dinero al gasto sanitario.

Una gestión caótica

La ausencia de una concepción de protección social concebida a la medida de las exigencias del desarrollo poblacional y de la interconectividad de la actividad humana hoy, ha llevado a la inexistencia de cualquier plan de gestión de esta emergencia. La UE, como máxima representación de los monopolios y del capital financiero, ha decretado el “sálvese quien pueda”. La situación es caótica, especialmente allá donde los focos infecciosos han sido más intensos. No existe ninguna solidaridad europea. Puro mito.

En España, no solo no se adquirió el material necesario con antelación, sino que se renunció a implementar cualquier estrategia de detección de focos y de seguimiento de las cadenas de infección. Cuestiones éstas fundamentales para saber dónde intervenir y colocar los recursos adecuadamente, para confinar los focos infecciosos. El Gobierno ha estado dando palos de ciego en un cuarto oscuro.

Ello no es expresión solo de las limitaciones de los responsables de las distintas áreas del Gobierno, sino que es expresión del agotamiento de un sistema político que ya no es capaz de responder a las necesidades de una estructura social determinada, por un inmenso desarrollo de las fuerzas productivas que no soportan las actuales relaciones de producción.

Siempre, tajada para el capital

Como parte de este panorama desolador, el capital siempre aprovecha para sacar tajada, incluso en esta situación de emergencia tan extrema y de sufrimiento generalizado.

Subida de precios y acaparamiento, tanto en recursos farmacéuticos, cómo mascarillas o cualquier otro suministro necesario. Despidos, ERTES, incluso en el sistema público. Especialmente sangrante el testimonio de una enfermera despedida por contraer el Covid.-19

La clase obrera obligada a seguir produciendo sin importar su salud. ¿Qué interés puede tener seguir fabricando vehículos Mercedes o armamento militar en esta situación? Obreras y obreros transportados de forma masiva a sus puestos de trabajo, trabajando una jornada entera en naves masificadas, sin medidas de protección, sin distancias de seguridad. Para luego volver a casa a llevar la infección al resto del grupo familiar confinado durante semanas.

Ello es más grave en el caso del colectivo de trabajadores de la salud, que han pedido se habiliten alojamientos especiales para no regresar a casa con el riesgo de transmisión de infección.

Pruebas incontestables de una sociedad regida por los intereses más insolidarios, egoístas y miserables, que es imposible sostener por más tiempo.

No a las teorías conspirativas

El PCPE llama a la clase obrera, y a nuestro pueblo, a no interpretar esta situación con teorías conspirativas.

Las teorías conspirativas son una forma de ocultar la lucha de clases. Hacen creer que el capitalismo lo controla todo, y que puede decidir cualquier cosa sobre nuestras vidas. Es cierto que los grandes capitalistas, sus Estados, sus aparatos represivos, tienen un inmenso poder, en esta situación de dictadura del capital, pero desde las posiciones revolucionarias no es posible caer en un determinismo inmovilizador.

El capital querría controlarlo todo, pero no lo puede controlar todo. Las contradicciones antagónicas internas son irresolubles, y se desarrollan, aunque el capital pretenda evitarlo. Este es un principio científico, sin el cual es imposible avanzar en ningún proyecto revolucionario.

La intervención en esas contradicciones internas, aplicando nuestros principios materialistas, las categorías del marxismo-leninismo, es lo que nos permite una gran fortaleza frente al capital, y la posibilidad real de derrotarlo. Ello unido a una rigurosa y audaz intervención política de masas.

Agotamiento del capitalismo

Así, lo que estamos viviendo es la expresión más agudizada del agotamiento histórico del sistema capitalista-imperialista. El altísimo desarrollo de las fuerzas productivas está exigiendo unas nuevas relaciones de producción adecuadas a este desarrollo, pero la actual clase hegemónica –la burguesía- se resiste de la forma que puede, con mucha violencia.

Esas fuerzas productivas altamente desarrolladas han llevado a una generalizada internacionalización de las actividades humanas, y a una masividad también de las mismas. No es casualidad que la emergencia sanitaria más grave se haya dado en Madrid, y, a día de hoy, parece que también en Nueva York.

La formación capitalista-imperialista, determinada férreamente por los intereses de los grandes monopolios y el capital financiero, carece de los mecanismos para responder a las actuales condiciones sociales concretas. Más exactamente, sus mecanismos van justo en la dirección contraria, y son un obstáculo.

La destrucción de las condiciones de vida en el planeta, y la generalización de las guerras imperialistas también demuestran lo que afirmamos.

Marx, en su Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, afirmaba que cuando ya el desarrollo de las fuerzas productivas entra en irreconciliable contradicción con las relaciones de producción ha llegado el momento de la crisis revolucionaria, y de la revolución social.

Lo estamos viendo ante nuestros ojos.

La superioridad del socialismo

En esta tensionada situación internacional está brillando con luz propia la superioridad del proyecto socialista sobre el agotado sistema capitalista.

Por un lado la capacidad de China para gestionar el primer estallido de la epidemia, sus métodos, sus recursos materiales, sus respuestas rápidas a las necesidades del pueblo, sus aplicaciones tecnológicas de vanguardia a la gestión, con aplicación de inteligencia artificial y Big Data, que han sido determinantes para limitar con eficacia los daños, todo ello unido a la fuerte conciencia colectiva del pueblo, han demostrado la superioridad de ese sistema político para responder a las exigencias del momento.

Y por otro la Cuba internacionalista, acudiendo allá donde puede ayudar con sus capacidades humanas y con su avanzada tecnología farmacéutica. Incluso, como en el caso de Italia, ayudando a un país que participa en la UE como cómplice del bloqueo yanki a la revolución cubana.

El socialismo empuja, es la respuesta que los tiempos exigen, hay que abrir los ojos y las mentes para verlo.

La propuesta obrera y de las masas populares

Se está diciendo, desde muchas fuentes, que el mundo no será igual después de esto.

Pero que ese mundo sea mejor, y no peor, depende de la iniciativa de las fuerzas obreras y populares. La burguesía intentará adaptar sus mecanismos de dominación a las nuevas condiciones. Las fuerzas obreras y populares, conducidas por la vanguardia revolucionaria, han de organizar su intervención política sobre un programa táctico concreto hacia la estrategia de la sociedad socialista.

Esa será la gran tarea. El PCPE, que en la situación del confinamiento, concentra hoy sus esfuerzos en la batalla ideológica, para develar las claves de los acontecimientos, prepara ya la fase de ofensiva de calle, una vez esto finalice.

Exigiendo responsabilidades por el sufrimiento del pueblo, y organizando la lucha por el poder obrero y la sociedad socialista con las masas obreras y populares.

Última hora: Con fecha 28 de marzo, el Gobierno de coalición socialdemócrata tomó un acuerdo tardío, parcial y al servicio de la gran patronal, sobre las actividades productivas no esenciales. Con el cínico término de “permiso retribuido recuperable”, se anuncia la paralización hasta el 8 de abril de algunos sectores (pero no de todos los sectores no esenciales: siguen activos servicios como la hostelería a domicilio, el comercio por internet, etc...), en una pirueta para que la clase obrera devuelva posteriormente a la patronal hasta la última hora de la jornada paralizada temporalmente; mientras esa patronal se apropia de la gran mayoría de los 200.000 millones €. Un ejercicio más del gobierno al servicio del capital.