Compartir

El 25 de noviembre de 1960 las luchadoras hermanas Maribal son asesinadas por el dictador Leónidas Trujillo en República Dominicana y en su recuerdo se propone esta fecha como El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Este hecho, es un ejemplo claro, de que la violencia contra la mujer se produce desde muchos ámbitos y no sólo en forma de violencia física.

El patriarcado, nace y se estructura desde la idea de la división sexual del trabajo y la inferioridad de la mujer, y “per se” necesita de la fuerza y la violencia para imponerse y poder mantenerse.

Patriarcado y capitalismo, aliados estratégicos, han flexibilizado y adecuado sus planteamientos para ir adaptándose a las necesidades del momento histórico, para garantizarse su supervivencia. Han hecho un pacto “interclasista” que tiene un interés común: el sojuzgamiento de la mujer, su control social y la apropiación del cuerpo de las mujeres como propiedad privada. De dicha alianza obtienen ventajas concretas y les es de mucha utilidad para sobrevivir y mantener el status quo.

La crisis estructural del sistema capitalista en la que nos encontramos inmersos desde 2007 ha tenido y tiene como consecuencia directa la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, porque, como sabemos, no existe otro elemento flexible en la acumulación capitalista. Por ello, sobre la fuerza de trabajo hinca el diente el capital para hacer retroceder todos sus derechos, adquiridos en históricas luchas, y reducir así su precio como estrategia fundamental, aunque no única, que garantice el mantenimiento de una tasa de beneficio, de ahí el ataque directo a los convenios colectivos y también, la necesidad de que los distintos gobiernos europeos de implementar reformas laborales donde estos derechos quedan prácticamente anulados.

En el caso de la mujer trabajadora se hace mucho más evidente esta sobreexplotación pues, las mujeres, en muchas ocasiones, somos relegadas a trabajos precarios y a tiempo parcial, o trabajos en los que ni siquiera llegamos a estar contratadas, como el trabajo doméstico o los agrícolas, y por supuesto, el número de mujeres que accede a cargos directivos o con poder de decisión sigue estando muy por debajo del de los hombres aun cuando hoy en día hay más mujeres matriculadas en la universidad que hombres.

En la U.E la mujer sigue siendo explotada en el aspecto laboral y/o económico y sigue en el ostracismo machista por las políticas sociales que sus Estados desarrollan o mejor dicho, que no desarrollan, pues los cuidados de la infancia, de personas enfermas, ancianas o dependientes, se presta gratuitamente como " cosa natural" en el ámbito doméstico, fuera de servicios públicos gratuitos. Quienes no puedan pagar guarderías, cuidados y atención médica y sanitaria, la inmensa mayoría del pueblo trabajador, tendrán que cubrir esas necesidades básicas con el trabajo invisibilizado de las mujeres. Del mismo modo, en el ámbito laboral existe una discriminación hacia la mujer en todos los países de la U.E., en los que la mujer trabajadora sufre una mayor tasa de explotación que el proletariado masculino.

Las trabajadoras se concentran principalmente en el sector de los servicios y en el sector público, con una elevada tasa de trabajo a tiempo parcial, lo que utilizan las empresas para aumentar la flexibilidad y ajustar la masa salarial en función de la demanda.

El trabajo a tiempo parcial afecta principalmente a las mujeres mayores de 55 años y a las menores de 25 años, lo que evidencia que en ningún caso busca la conciliación y conlleva en la mayoría de los casos la intensificación del ritmo de trabajo, infracotización de cara a la jubilación y una seria limitación a la hora de acceder a los subsidios por desempleo.

Las diferencias salariales asociadas al género persisten en todos los países de la U.E, y de las más de 26 millones de personas desempleadas, la tasa de paro masculino alcanza el 11,7% en la zona euro, el desempleo femenino subió hasta el 11,8%.

Por otro lado, también el capitalismo, es un sistema extremadamente violento, como el patriarcado, en el que la violencia contra los trabajadores y trabajadoras se ejerce desde el estado, las empresas, los medios de comunicación, los cuerpos represivos, la industria cultural... A esto, en el caso de las mujeres trabajadoras, se une la violencia ejercida cotidianamente por hombres (parientes, parejas, exparejas, preparejas?) a los que el Patriarcado ha colocado en supremacía social, sexual, jurídica, económica, política, ideológica..., que legitima el despotismo, autoritarismo machista y trato cruel, en todas las esferas: familiar, laboral, educativa, institucional y feminicida, lo que convierte la vida de la mujeres trabajadoras en un acumulado de explotación, desigualdad, opresión y exclusión social.

Es deber de las organizaciones revolucionarias plantear la organización de las mujeres y de la clase, con una política de género en lucha frontal con el sistema patriarcal, y de su aliado el capitalismo. Es el camino que aspiramos a transitar.

Desde el PCPE contamos con un programa específico:

  • Reivindicación del principio de “a igual trabajo, igual salario” e imposición de éste por todos los mecanismos legales necesarios en el ámbito de las relaciones laborales.

  • Reorganización de la jornada laboral y flexibilidad en los horarios tanto para hombres como para mujeres con el fin de garantizar el reparto igualitario de las tareas domésticas y las responsabilidades familiares.

  • Reconocimiento, valorización y cuantificación del trabajo doméstico, reproductivo, afectivo y asistencial.

  • Reorganización social del trabajo asalariado partiendo del derecho al trabajo para todas las personas, caracterizado como una actividad humana parcial, no unidimensional, con reducción de la jornada laboral y adaptación de los turnos y calendarios a las responsabilidades familiares para hombres y mujeres.

  • Creación de recursos públicos basados en la colectivización de actividades cotidianas básicas que hagan posible la conciliación de la vida laboral y familiar en condiciones reales (red de guarderías públicas, comedores municipales, espacios públicos lúdicos para adolescentes?).

  • Crear medidas preventivas de la violencia de género para trabajar desde ámbitos tan diversos como la educación, las organizaciones vecinales u otros colectivos sociales.

  • Confrontar abiertamente con el discurso de la Iglesia Católica y otras confesiones que legitiman la sumisión de las mujeres y amparan de este modo las distintas expresiones de la violencia contra ellas.

  • Reparto de todo el trabajo socialmente necesario, incluido el familiar, entre hombres y mujeres en términos de igualdad.

La única salida pasa por tomar conciencia de la situación y organizarse para defenderse conjuntamente de éstos ataques a la clase trabajadora y las clases populares. Además de trabajar para construir las bases para una nueva sociedad. Por la construcción de un FRENTE OBRERO Y POPULAR POR EL SOCIALISMO.

Sonia Iruela