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Editorial Diciembre 2013

La dictadura del capital adapta sus formas al desarrollo de su contrario dentro de la sociedad capitalista: la lucha de la clase obrera.

Después de seis años del estallido de la actual fase de la crisis general del sistema capitalista -en el verano de 2007-, y con un previsible largo desarrollo por delante, el gobierno del PP percibe que necesita nuevas medidas para tratar de contener las luchas futuras de la clase obrera. Esta percepción del gobierno Rajoy se corresponde con el desarrollo actual de las luchas de la clase obrera, el agotamiento de ciertas tácticas dilatorias orquestadas en estos años por el mismo poder burgués, y la certeza de que el capitalismo español no tiene un horizonte de solución para la situación de paro masivo y empobrecimiento creciente en que se encuentran la clase obrera y amplios sectores populares.

El desarrollo histórico de la continuada violencia de la burguesía contra la clase obrera tuvo un hito histórico en el golpe de Estado de 1936, cuando los sectores más reaccionarios de la burguesía española percibieron el riesgo de un serio retroceso ante una clase obrera que se situaba a la ofensiva en la defensa de sus intereses clasistas. Le siguió un largo período de cuarenta años de dictadura militar fascista, en la que los sicarios de la burguesía actuaron con toda impunidad para perseguir y reprimir a la clase obrera, que una y otra vez le plantaba cara a pesar de su violencia extrema.

Agotada esa fase histórica, y ante nuevas necesidades del capital en su proceso de internacionalización, la dictadura anterior se travistió en democracia formal, amnistiando a quienes realizaron los crímenes y las torturas en ese período.

En estos últimos treinta años la violencia del sistema ha tomado diferentes formas. Batallón Vasco-español, GAL, General Galindo, y cientos de policías condenados por torturas y asesinatos en comisarías -siempre indultados por los gobiernos de turno-, entre muchos otros.

Esta política represiva se ha dado en un escenario de derrota ideológica de la clase obrera -entre otras cosas-, por la colaboración de las fuerzas oportunistas con la estrategia que trazaron las clases dominantes para salir del franquismo manteniendo su hegemonía.

Las dificultades del capitalismo español para recuperar la tasa de ganancia, y las luchas obreras -que todavía se desarrollan sin la necesaria continuidad, pero que aumentan día a día sin que las fuerzas colaboradoras de la burguesía consigan controlarlas, aunque en no pocas veces las traicionan-, están en la base de las nuevas regulaciones de las políticas represivas que impulsa el gobierno.

Que el texto publicado recientemente proponga penas de grandes multas, y/o prisión, por acciones que hoy no puede controlar -aunque éstas formen parte de las más normales formas de protesta social-, es una expresión de su arrinconamiento. La carencia de permiso para una manifestación, la discusión con un policía, o una audaz acción de protesta, pueden conllevar multas de altísima cuantía o penas de prisión muy elevadas.

La reciente huelga del servicio de recogida de basuras en Madrid, con un alto grado de unidad de la clase obrera y una firme determinación en la lucha, es un ejemplo que ilustra con claridad cuales son los temores de la burguesía y de su gobierno. Un crecimiento generalizado de las luchas obreras, ante la falta de salida a la desesperada situación de sobreexplotación y miseria, es un escenario infernal para las clases dominantes.

La decisión de colocar cuchillas en la alambrada que cerca Melilla es otra expresión de la incapacidad del capitalismo español para abordar el natural fenómeno de las migraciones, y cómo es capaz de recurrir a medidas tan inhumanas como ésta sin ningún tipo de complejo de culpa.

La UE advierte con nuevas reformas laborales, que seguirán profundizando el abaratamiento de la fuerza de trabajo. La noticia de que el gobierno pretende regular los servicios mínimos en las huelgas mediante una ley es un ataque directo al derecho de huelga. La juventud seguirá en el próximo futuro en una dantesca situación de paro. Los procesos de privatización seguirán en la línea de reducir las prestaciones sociales, la sanidad y la educación a la clase obrera.

La clase obrera tiene que hacerse una pregunta: ¿puede el sistema capitalista, en su fase imperialista, dar alguna salida a la situación extrema en que vive la gran mayoría social? No puede. Y por ello la lucha de la clase obrera es por terminar con el sistema que la oprime, por el poder obrero y por el socialismo-comunismo.

La burguesía trata por todos los medios de evitar que la clase obrera llegue a esta conclusión, pero sabe que no puede tener la seguridad de que sus tácticas sean suficientemente eficaces. Y por ello prepara todo tipo de medidas represivas, para tener las manos libres a la hora de reprimir las luchas de la clase obrera. Como hizo siempre. La burguesía, como clase explotadora, subordina de forma férrea todo el orden social a su objetivo principal: la obtención de la plusvalía.

La clase obrera, formada en la experiencia diaria que la ratifica en su posición subordinada en la sociedad, a la cual se le roba un día sí y otro también el producto de su trabajo, llega el momento en que empieza a entender la necesidad de actuar bajo la dirección del Partido Comunista y, entonces, se organiza y se levanta en lucha revolucionaria por su emancipación. No servirán de nada todas las prevenciones contrarevolucionarias que pueda tomar la burguesía, la fuerza de la clase obrera unida romperá todas las cadenas, demolerá todos los diques que aprisionan su libertad y marchará de forma imparable hacia la construcción de la sociedad socialista-comunista, tomará el poder, y lo ejercerá bajo la forma de dictadura del proletariado, poder de la mayoría social representada en el Partido de la clase obrera. Acaba, entonces, la época de la barbarie, y se inicia la era de la civilización.

Con su nueva legislación represiva el PP podrá -durante un tiempo- producir más sufrimiento, pero no podrá parar el desarrollo histórico. La clase obrera de este país arrasará todas las barreras que se interpongan en el camino hacia su liberación, con su Partido de vanguardia a la cabeza.