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Desde que se inició la huelga de verano de 2012, los trabajadores de la minería han venido sufriendo permanentes ataques contra sus derechos y condiciones de trabajo, por parte tanto de los gobiernos de los monopolios como de la patronal del carbón. La gran huelga iniciada por los mineros en junio de 2012, supuso la irrupción de los sectores más combativos de la clase obrera en la confrontación clasista tras cinco años de desarrollo de la crisis capitalista. Hasta el momento, las respuestas a las medidas antiobreras y antipopulares que habían adoptado los diferentes gobiernos de la oligarquía, habían sido encauzadas a través de movimientos sociales situados en torno al 15-M que colocaban las causas de la crisis en los parámetros aceptables para el capitalismo. La contundente entrada de la clase obrera en la confrontación clasista a través de la lucha de los mineros, puso en el epicentro de la lucha de clases al movimiento obrero, sobrepasando la dirección que la pequeña burguesía había ejercido sobre las respuestas de los trabajadores y los sectores populares, hasta entonces.

La huelga de 2012 no fue ganada por los trabajadores, y el gobierno aplicó el recorte presupuestario que abría el camino para que las empresas del carbón iniciasen la ofensiva contra los derechos conquistados por los trabajadores, tal como exigía la UE a través del decreto aprobado para el cierre de las explotaciones no “competitivas” en 2018. De esta manera, se iniciaba una nueva etapa de la lucha de los trabajadores mineros que sin duda estaba íntimamente relacionada con la huelga del verano, en tanto en cuanto ambas son expresiones de diferentes fases en la estrategia de la oligarquía por la imposición de las medidas necesarias para el mantenimiento de la tasa de ganancia de los monopolios, en el contexto de crisis estructural del capitalismo.

Los trabajadores mineros del suroccidente asturiano y de las cuencas de León que enfrentan inmediatamente después de finalizada la huelga del verano, la ofensiva de los monopolios del carbón contra sus condiciones laborales han demostrado, tal como afirmaba Lenin, que “la vida enseña”. A pesar de que la huelga de 2012 se desconvoca sin conseguir los objetivos que se habían propuesto (fundamentalmente parar el recorte presupuestario que planteaba el gobierno), desde el PCPE siempre afirmamos que de esta batalla no había salido derrotada la clase obrera, sino la estrategia del Pacto Social y la colaboración de clases. Esta afirmación ha sido ratificada en poco tiempo por la práctica, a través de la dura lucha que los trabajadores de la explotación de Cerredo de Coto Minero Cantábrico inician poco después de finalizar la huelga de 2012, ante el intento del monopolista Victorino Alonso de aplicar un ERE de extinción a 169 trabajadores, reducir los salarios por encima del 30% y ampliar la jornada laboral.

La lucha había dejado durante esos dos meses, un importante acumulado de experiencias y enseñanzas que los trabajadores que se enfrentaban a una nueva ofensiva de la patronal sobre sus derechos y condiciones de trabajo, recogieron y pusieron en práctica con resultados satisfactorios. Mientras que en la huelga de verano de 2012 la división obrera fomentada por las cúpulas sindicales, fue la principal debilidad de los trabajadores ante el golpe que la oligarquía daba al sector, la unidad obrera, la unidad de los trabajadores al margen de la afiliación sindical fue la principal arma de los mineros de Cerredo para fortalecer sus posiciones frente a las pretensiones explotadoras de Victorino Alonso. Si durante la huelga de 2012 no existía claridad respectos a los objetivos a alcanzar, al margen de la retirada de la reducción presupuestaria, los trabajadores de Cerredo tenían los objetivos claros: readmisión de los todos los trabajadores despedidos y no asunción de la rebaja salarial y la ampliación de jornada.

Ello permitió la elaboración de una estrategia completa, que tenía en cuenta las contradicciones existentes entre las diferentes facciones de la burguesía y la posición del gobierno ante ellas, que supo movilizar cuando fue necesario a las reservas en el conflicto y generar importantes acciones de solidaridad para romper el cerco informativo que la prensa burguesa imponía ante el desarrollo de la lucha y el fortalecimiento de las posiciones de los trabajadores. Otro elemento fundamental fue el protagonismo adquirido por la asamblea de trabajadores. La soberanía ganada por la asamblea de trabajadores hizo posible que éstos fueran quienes decidieran el curso de la lucha en cada momento, obligando a sus representantes a situar en la mesa de negociación las posiciones mayoritarias decididas en la asamblea. El surgimiento durante el conflicto del Comité de Unidad Obrera de la mina de Cerredo aseguró una dirección sindical que recogiera las aspiraciones de los trabajadores. Junto a esto, los trabajadores sufrieron un gran salto cualitativo en la conciencia de clase producto de la huelga de 2012, llegando a una conclusión fundamental que se vislumbra como telón de fondo durante todo el conflicto, a saber: la clase obrera no tiene nada que pactar con la oligarquía, sus intereses son antagónicos e irreconciliables, nada debe esperar de la oligarquía monopolista y sus representantes políticos.

El conflicto de Cerredo es un gran ejemplo de cómo los trabajadores cuando cuentan con su vanguardia política, son capaces a extraer de las diferentes manifestaciones de la lucha de clases, conclusiones y enseñanzas que aplicadas a sus propias luchas alteran la inicialmente negativa correlación de fuerzas y permiten alcanzar victorias que se antojaban imposibles. Este ha sido el caso de los mineros de Cerredo, en donde se han readmitido a todos a los trabajadores despedidos, y conseguido expulsar al monopolista Victorino Alonso, que ya no ejerce el control de la explotación.

Entendemos que las conclusiones que los trabajadores saquen de ambas experiencias de lucha, podrán ser útiles ante las futuras batallas que los mineros tendrán que afrontar en defensa de su medio de vida. Porque si algo deja claro el Plan del Carbón 2013-2018 es que la lucha de los mineros no ha terminado. Este Plan no es más que la continuidad de los ya firmados anteriormente y que han supuesto la pérdida de más de 50.000 empleos directos en el sector en apenas veinte años, a través de las reducciones de la producción en millones de toneladas y el cierre de explotaciones. Con este Plan, los monopolios imponen a través de la UE y el gobierno la aplicación de las medidas necesarias para su salida a la crisis: implementación de los niveles de explotación sobre los trabajadores y apropiación de un sector estratégico de la economía, con perspectiva de ver incrementada su demanda en los próximos años.

Tote Fernández