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Vi Los favoritos de Midas principalmente por un motivo: en ella actúa Guillermo Toledo. Los años de represión laboral que ha padecido un buen actor son ya tan comunes y extendidos que casi ni nos escandalizamos. Tampoco lo hacemos cuando, hasta en grandes empresas, se hacen limpias de meros afiliados sindicales antes incluso de que les dé tiempo a realizar un mínimo trabajo de organización. Por eso mismo, no le imputo las limitaciones ni la concepción de la protesta política de la serie. Todos hacemos nuestro trabajo sorteando como podemos ciertas contradicciones.

La serie se pretende de “izquierdas”, siempre que restrinjamos el significado a la crítica de la injusticia intrínseca al capitalismo y a una supuesta avaricia del gran capital. Pero posee un gran acierto en su construcción que es, a su vez, su mayor debilidad.

Se podría afirmar que el mensaje de la serie es que en el mundo del capitalismo la eticidad es insostenible. Por supuesto, no parte de un análisis de la competencia como impulsor de una dinámica de crecer o morir, sino del concepto casi feudal de la codicia. Para ello, va a narrar la conversión de un empresario de un individuo moral en un desalmado capaz de ordenar la muerte de la mujer que ama por dinero.

A partir de un relato de Jack London, la serie imagina un supuesto chantaje a un empresario, interpretado por Luis Tosar, por el que, si no les entrega progresivamente todo su capital, asesinarán a personas aleatorias periódicamente. Así dicho, el planteamiento semejaría el siguiente: dado que eres una persona moral, perderás todo tu dinero. Así se producen los primeros crímenes que se encubren en forma de accidentes (creo que la elaboración de las distintas muertes es el hallazgo más notable de la serie).

Luis Tosar contacta con la policía. Con Guillermo Toledo, el inspector encargado del caso. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿es el Estado capaz de reprimir la violencia del chantaje, la violencia intrínseca al capitalismo? Ni por asomo, en ningún momento la policía llega a intuir quién o quiénes pueden estar detrás del chantaje. Sin embargo, la serie muestra de fondo, en varias ocasiones, cómo la policía sí es capaz de reprimir las protestas populares. Tengo que reconocer que me gusta cómo representa al Estado: no es que esté meramente al servicio del capital (aunque el Ministerio interviene para acabar con la investigación sobre el chantaje), es que es impotente, con independencia de sus intenciones, ante el poder económico.

Finalmente, Luis Tosar opta por saldar la deuda con los chantajistas de la única forma definitiva: él mismo asesina a una persona al azar. Tras el crimen, el protagonista renace en el absoluto olvido de la humanidad. El final de la serie se limita, como en tantas series norteamericanas, a contemplar cómo se urde y ejecuta un plan con el que arrasa con todos, amigos y enemigos (eso sí, sin que seamos capaces de identificarnos con él). Así el verdadero planteamiento: el capitalismo exige la ausencia completa de moral y el desprecio por la vida humana.

Esa es su fuerza, pero también su debilidad. A este entrenamiento en la violencia económica que presenciamos, se le opone la violencia de las masas en rebelión. El problema es que Los favoritos de Midas es incapaz de representar esta lucha popular, salvo como violencia divina (que Žižek define como la violencia política desvinculada de un objetivo político). Las masas se manifiestan y se enfrentan a la policía como algo que se agota en el combate y no espera nada más, mientras que la violencia del capital alcanza su objetivo.

Jesús Ruiz

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