El síndrome del pecado original atraviesa toda la cultura occidental de la que somos parte.

Desde su formulación original, que les asigna a las mujeres una culpa inexpiable por el actuar de Eva en la mitológica historia de la expulsión del jardín del Edén, el síndrome ha superado esa narración para usarse a conveniencia como justificación de discriminaciones históricas y sus consecuencias en términos de injusticias, violencias y hasta genocidios.

Por siglos, la violencia y crímenes contra los judíos se justificó en ese síndrome, al asignarles el pecado original de ser los crucificadores de Jesús, a pesar de que el crucificado también era judío. Es de ese síndrome, evidencia, negar derechos a las personas LGTBIQ+ porque así se dice interpretar diversos pasajes bíblicos, cuyo ejemplo extremo habla de castigo divino en Sodoma y Gomorra.

El racismo contra el negro y el esclavismo tuvo su argumento de pecado original en pretender un linaje al negro que comenzaba en Caín. Hay de ese síndrome en la justificación fundamentalista a la que se apela para justificar el genocidio árabe.

También tiene de ese síndrome, a otra escala, asignarle a cada hombre como individuo un pecado original, del que son culpables por su condición de género. Culpa que carga cada uno por la existencia del orden patriarcal injusto y portador histórico de violencias contra la mujer. Es el mismo síndrome que pretende imputarle, igual a otra escala, a cada individuo asumido como blanco, un pecado original en la existencia del legado esclavizador y del racismo estructural en la sociedad.

Terrible peso se le asigna a cada recién nacido, con tantos pecados originales dando vueltas por ahí, incluso desde antes que haya ejercido el derecho de su primer descargo en forma de llanto.

La realidad es que todo análisis social e histórico de injusticias pasadas y presentes que descanse su argumento en cualquier variante de pecado original, ha guardado la brújula para guiarse por los signos zodiacales.

El origen de las injusticias sociales nunca descansa en alguna «maldad» consustancial a una condición innata, no importa cuál sea. Ni siquiera el marxismo culpa de la explotación capitalista a una «maldad» propia de los individuos burgueses, sino que lo hace consecuencia de un modo de producción concreto que es quien determina, en primer lugar, la existencia de burgueses y proletarios. Hay razones que ya, por viejas, deberían formar parte de la mochila cultural de todo individuo y, sin embargo, necesitan ser redescubiertas una y otra vez por la terca persistencia del engaño y sus acreedores.

Cuando se logra entender las causales de un sistema particular de injusticia, entonces se está en condiciones de luchar efectivamente contra ella y evitar que se vea esa batalla como una dirigida contra individuos, aunque ellos sean los portadores concretos de esa injusticia. Toda lucha enfocada en ese sentido, redime no solo al que da batalla desde un bando, sino que, además, salva a los del otro.

El triunfo de la Revolución trajo al pueblo al poder, pero también eliminó la necesidad del verdugo, del torturador. Más aún, eliminó la reproducción social del burgués explotador y todos los demás actores sociales clientelares, de una forma u otra, a esa explotación.

Es por ello que las otras batallas que se dan en la sociedad contra toda forma de injusticia, si son efectivas, traen consigo la redención de víctimas y victimarios.

La lucha contra el racismo y la violencia asociada a ella busca eliminar la raíz de una injusticia y, al hacerlo, permite la realización plena del negro en la sociedad, pero también libera al otro de tornarse racista y, en ese sentido, permite también su realización plena en la sociedad, liberado ya de la tara sicosocial que lo lastraba.

La batalla contra toda forma de poder patriarcal y la violencia asociada a ello permite la realización plena de la mujer en la sociedad, pero también libera al otro de la necesidad del machismo y, en ese sentido, permite también su realización plena en la sociedad, liberado ya de la tara sicosocial que lo lastraba.

La batalla por los derechos de las personas LGTBIQ+ y la violencia asociada a ello permite la realización plena de esas personas en la sociedad, pero también libera al otro de la necesidad de la homofobia y, en ese sentido, permite también su realización plena en la sociedad, liberado ya de la tara sicosocial que lo lastraba.

Entendamos entonces que etapas de estas dos últimas batallas, como la que se está dando ahora mismo en torno al proyecto de ley del Código de las Familias, no es una batalla contra nadie, es una batalla con todos y por el bien de todos. Toda forma legítima que adquieran esas batallas no buscan instaurar una nueva forma de injusticia, buscan eliminar una forma ancestral de ella. El feminismo que milita de esa manera, no es una amenaza para el hombre, es una batalla también por él. El movimiento de arcoíris que milita de esa forma, no es una amenaza contra las personas heterosexuales, es una batalla también por ellas.

Pero por esa misma razón, toda deformación de esas luchas que pretenda enfocarse contra individuos y no contra las causas estructurales de las injusticias, no solo están condenadas al fracaso, sino que la hacen retroceder. Una cosa es la justeza de la denuncia concreta contra un delito racista, machista u homófobo, y otra reducir cada una de esas luchas al ámbito exclusivo de tales denuncias.

Como mismo al capitalismo no se le derrota eliminando burgueses, sino eliminando sus bases económicas, al patriarcado no se le derrota cazando machistas, sino eliminando las bases estructurales de ese poder patriarcal y la expresión política y cultural de ese poder. La homofobia no se derrota eliminando homófobos, sino transformando las causas estructurales que condicionan la reproducción social de esa forma de discriminación y violencia, y la expresión política y cultural de ese odio. El racismo no se derrota eliminando racistas, sino cambiando las causas socioeconómicas y la expresión política y cultural del racismo.

Toda batalla efectiva contra una forma ancestral de injusticia que ha penetrado el tejido cultural de una sociedad es una guerra larga y compleja. En Cuba llevamos décadas de batalla contra ellas, y han sido procesos de altas y bajas, de avances y retrocesos, de aprendizajes y desadoctrinamientos. No se pueden posponer esas luchas, porque cada día que convivimos con estas injusticias, es un día que alguien es víctima de sus existencias.

Todas esas luchas forman parte de una batalla mayor por un mundo mejor; ninguna de esas injusticias pueden ser estructurales a nuestra organización social, económica y política, todo lo contrario.

Si aspiramos a construir una sociedad basada en el culto a la dignidad humana, tenemos el deber de vencer en cada una de ellas. Y en ello nos va, a cada uno, la posibilidad real de nuestra redención como individuos justos, que es, en definitiva, como individuos plenos.

PASO A PASO, HACIA UN NUEVO CÓDIGO DE LAS FAMILIAS

  • El 16 de julio de 2019 se constituyó el Grupo de trabajo temporal, coordinado por el Ministerio de Justicia e integrado por reconocidos expertos, que elaboró las propuestas de políticas y 20 versiones del anteproyecto del Código de las Familias.
  • El 22 de marzo de 2021, por Acuerdo No. 149, el Consejo de Estado aprobó la comisión encargada de elaborar el proyecto del Código de las Familias, integrada por diputadas, diputados y representantes de varias instituciones y organizaciones sociales y de masas.
  • En septiembre de este año, se dio a conocer la versión 22 del anteproyecto, y se acordó iniciar un proceso de consultas especializadas que permitiera perfeccionar su contenido y, a la vez, su publicación en el sitio web del Ministerio de Justicia.
  • Como resultado de esas consultas, se elaboró la versión 23 del anteproyecto, que fue presentada ante la Asamblea Nacional el 15 de noviembre, y adquirió condición de proyecto de ley. Será valorada por esta en su próxima sesión plenaria.
  • De enero a abril de 2022 tendrá lugar la consulta popular, a lo que seguirá un nuevo análisis de la Asamblea Nacional en el mes de julio, cuando se definirá la fecha del referendo.


14 de diciembre de 2021 en www.granma.cu

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