Los días 29 y 30 de junio tendrá lugar en Madrid la próxima cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), coincidiendo con el 40 aniversario de la adhesión española. Es la segunda vez que el Estado español se presta a albergar semejante encuentro, habiendo sido el primero en 1997, también en Madrid.

Gobernaba el Partido Popular de Mariano Rajoy cuando se anunció la celebración de esta cumbre. Posteriormente, en 2018, Pedro Sánchez fue proclamado Presidente del Gobierno en funciones y, en un efímero primer momento, intentó aparentar tibias reticencias a que pudiese tener lugar en suelo español. Cuatro años más tarde, ahora al frente de un gobierno “progresista” de coalición del Partido Socialista y Unidas Podemos, ya ni tan siquiera cabe el mínimo disimulo: Moncloa extiende su alfombra roja (y gualda) a los 30 líderes de los países que conforman la OTAN, organización que no solo supone el brazo armado del imperialismo sino que, a su vez, se erige como parte estructural de los cimientos que sustentan al sistema capitalista.

No hay duda, ni el PSOE ni sus socios de coalición se conforman con ser meros anfitriones de este encuentro. El Gobierno de España demuestra a cada paso su compromiso con la OTAN y su pleitesía ante los intereses de EEUU y de la UE. Sirva como prueba la reciente entrega de armas a las tropas fascistas del gobierno ucraniano,

con un primer envío de 1.370 lanzagranadas contracarro y de 700.000 cartuchos para fusiles y ametralladoras, o el incremento de un 2% del PIB para gastos militares. Todo ello posiciona al gobierno español a la cabeza en la salvaguardia de los intereses imperialistas, a lo cual cabe sumar la inminente renovación del Convenio de Defensa con los EEUU, así como la propuesta de una política de defensa común para la UE. Igualmente y de manera significativa, resaltar el destacado papel del gobierno en su cierre de filas junto a la UE y EEUU, respecto a la posición común sobre Ucrania. En relación a ello ya lo situó con claridad el Ministro de Asuntos Exteriores, J.M. Albares, justificando al gobierno ultraderechista de Zelenski y exculpando a la OTAN de cualquier responsabilidad en el conflicto: "Es una agresión absolutamente injustificada, ilegal, para la que Ucrania no había dado ningún motivo. Ucrania no representaba ninguna amenaza para la seguridad de Rusia, ni la representaba la OTAN".

En fin, desde el viraje que el PSOE materializó en el referéndum de 1986, pasando por la intervención española en la guerra de Irak y su foto en las Azores, no se había visto mayor agresión a los intereses del pueblo trabajador en su afán por vivir en un mundo en paz y en su lucha contra las guerras imperialistas. Ante todo ello, la única respuesta es unidad, organización y lucha contra el imperialismo, no queda otra.

Javier Martorell

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