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Pese a la dureza de la crisis capitalista en nuestro país, España se configura como una de las principales potencias exportadoras de armamento. Hoy ocupa el séptimo puesto del ranking mundial de exportadores y alcanza una significativa cuota del 3% del mercado global de armamentos.

Tal y como recoge el informe “Exportaciones españolas, de material de defensa, de otro material y de productos y tecnologías de doble uso en el primer semestre de 2013” publicado por la Secretaría de Estado de Comercio del Ministerio de Economía y Competitividad, el valor de las exportaciones realizadas durante los seis primeros meses del año 2013 ascendió a 1.821’4 millones de euros. Ello supone un incremento del 194% respecto al año anterior, en el que la facturación alcanzó los 619’4 millones de euros, situando a España como una de las principales potencias exportadoras de armamento.

Además del riesgo inherente que conlleva para los trabajadores y trabajadoras del mundo el hecho de que la actividad de los grandes monopolios armamentísticos sea más intensa, y que en consecuencia, los flujos comerciales de armas de diferente naturaleza sea de mayor volumen, es conveniente preguntarse: ¿qué consecuencias conlleva para la clase obrera de un país del centro imperialista como el nuestro el papel tan activo que asume en los tráficos lícitos internacionales de armamento?

Pese a sus crecientes beneficios millonarios, la reestructuración experimentada por parte del principal grupo monopolístico de la industria armamentística europea, European Aeronautic Defence and Space Company (EADS) anunciada a finales del pasado año, conlleva funestas consecuencias para los trabajadores de dicha compañía, presente también en nuestro país. La fusión de sus diferentes compañías dedicadas a los sectores de la defensa (Cassidian), espacio (Astrium) y aviación militar (Airbus Military) en una única división llamada Airbus Defence & Space conllevará según la dirección de la empresa la desaparición de 5.800 puestos de trabajo en varios países de Europa, de los cuales 600 corresponderán a las siete plantas con las que Airbus cuenta en Madrid y Sevilla, cuya continuidad se ve hoy comprometida por los planes de la empresa, que apuesta por concentrar toda su producción en las plantas de Getafe y San Pablo Sur. Las razones esgrimidas por la empresa son claras y precisas: aumentar la competitividad de cara a los mercados emergentes, especialmente la India y China, países con una creciente demanda de productos aeroespaciales, tal y como refrenda la intención del gobierno chino de adquirir 200 aviones de transporte militar A400M a Airbus –compra finalmente frustrada debido al veto norteamericano–. Y es que los grandes consorcios armamentísticos son plenamente conscientes de que el escenario de crecientes antagonismos interimperialistas ante el que nos encontramos es garantía de un aumento sin parangón en las ganancias monopolísticas derivadas del negocio de la guerra.

Precisamente, las aeronaves son el principal producto militar que es objeto de exportación en España, alcanzando en el primer trimestre de 2013 el 83% del volumen total, con valor de 1.512 millones de euros. Durante este mismo periodo, las principales operaciones comerciales llevadas a cabo constan de 6 aviones de reabastecimiento en vuelo, repartidos por pares entre Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido, y Arabia Saudí. Por otra parte, destaca el gran volumen de exportaciones realizadas a otros Estados pertenecientes a la Unión Europea –un 43% del total–, especialmente Alemania, Francia, Italia y Reino Unido, con los que España comparte proyectos industriales militares como son los del avión de combate europeo EF-2000 –más conocido como Eurofighter Typhoon– y la ya citada aeronave A400M, cuyo ensamblado final se realiza en la planta sevillana de San Pablo Sur. Otras grandes operaciones comerciales fueron las realizadas con Brasil y Colombia, compuestas de un avión de vigilancia marítima, dos estaciones marítimas, así como diferentes tipos de municiones para este primero, y dos aviones de transporte y repuestos para el segundo, con valor de 56’3 y 55’3 millones de euros respectivamente.

Como puede observarse, cual prebenda que la clase obrera de España reciba por su posición en la cadena imperialista no será más que temporal y transitoria. Y en caso de recibirla, lo hará pagando, al mismo tiempo, un alto precio que no deberá pagar jamás: el exterminio de sus semejantes mediante el producto de su trabajo. ¡Ninguna confianza en los monopolios, que nos conducen a la guerra mediante falsas consignas de paz!

Alfonso Reyes