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Continuidad y más políticas antiobreras de cara a las elecciones europeas.

Los intelectuales orgánicos y los expertos en “ciencia política” del sistema coinciden en señalar que el año 2014 es un año “crucial”, lleno de “retos y cambios” importantes para la Unión Europea. No se trata solamente de que en mayo se vayan a celebrar las elecciones al Parlamento Europeo, sino que además este año toca realizar una serie de tareas que, a nivel institucional, van a tener bien ocupados a los funcionarios de la Unión, tales como el inicio de la aplicación del marco financiero plurianual 2014-2020, la revisión intermedia de la Estrategia Europa 2020 o la profundización en la Unión Económica y Monetaria (UEM).

En este año “crucial” ha correspondido a Grecia, durante el primer semestre, la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea. Digamos que es como si la FIFA pusiese una foto del estado de Heysel como imagen central de una campaña de promoción del mundial de fútbol. Grecia ha sido (y es) el país más afectado, en términos generales, por las políticas emanadas precisamente de la Unión Europea que ahora le corresponde presidir al señor Antonis Samaras, primer ministro heleno.

Tiene un interés casi morboso conocer un poco más sobre qué es lo que propone el gobierno griego (sostenido por Nueva Democracia y el PASOK), después de varios años en los que, fundamentalmente, se ha dedicado a aplicar sistemáticamente todos y cada uno de los memorandos, cada uno más salvaje que el anterior, dirigidos contra los trabajadores y sectores populares del país, que han visto descender sus niveles de vida hasta niveles insoportables. Los objetivos y prioridades de la presidencia griega están por escrito en un documento de casi 60 páginas donde, al principio, es habitual la retórica del lenguaje comunitario a la que se agarran muchos para defender el modelo de construcción europea: crecimiento económico, creación de empleo, estabilidad, competitividad, cohesión social, etc. Todas esas palabras que se han convertido en características del discurso “europeísta” y que no hacen más que envolver en papel brillante y colorido unos objetivos que huelen realmente mal.

Aunque huela mal, no estamos desprevenidos.

Sabemos que, cuando en la UE se habla de cosas como la profundización en la Política Exterior y de Seguridad Común o en la Política Común de Seguridad y Defensa, la realidad nos acaba demostrando que el resultado es mayor intervención de la UE y sus EEMM en otras zonas geográficas, tratando de reforzar la penetración de los monopolios europeos en los mercados de esos países conocidos como “vecindario estratégico”, así como propuestas de mayor gasto de defensa que beneficie a los monopolios del sector, como Airbus.

Somos conscientes de que, cuando en la UE se habla de inmigración e integración, la realidad nos acaba demostrando que lo que quieren los capitalistas europeos y sus representantes políticos es atraerse a la mayor cantidad posible de trabajadores formados y cualificados de terceros países para dar “competitividad” a sus empresas (es decir, mayor rentabilidad a su capital) mientras se ignora y se condena a una existencia miserable a quienes no cumplen ese perfil y se pudren, o mueren, como el armenio Aramis Manukyan en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona o los náufragos de Lampedusa, sin haber llegado a pisar este “paraíso” del trabajo, la vivienda, la sanidad y la educación para todos y todas que es la UE (nótese la ironía).

Cuando en la UE se habla de seguridad y de combatir el terrorismo, la realidad nos ha demostrado que el resultado es un mayor control sobre la población, el recorte de derechos y libertades civiles y un incremento de la brutalidad de las fuerzas policiales.

Cuando en la UE se habla de aplicación y seguimiento de los programas de estabilidad y convergencia y de los programas nacionales de reformas basado en la estrategia Europa 2020, la realidad nos ha demostrado que el resultado son más políticas de ajuste, más recortes en el gasto público y adelgazamiento de las estructuras estatales bajo la forma de privatizaciones, más políticas fiscales basadas en el estrangulamiento de los sectores populares y amplias exenciones para los poseedores de grandes fortunas, así como continuas pérdidas de derechos laborales y sociales para la clase trabajadora.

El gobierno griego marca una línea de continuidad total con las políticas seguidas hasta ahora por las instituciones y EEMM de la UE. Nada nuevo bajo el sol, nadie esperaba otra cosa. Si alguien llegó a pensar que el gobierno griego, en un arranque de autoestima, iba a poner coto a las políticas que están hundiendo a la clase obrera y sectores populares de ese país (y de otros), se equivocaba de cabo a rabo. Tal como está montada la estructura de la Unión Europea, donde en última instancia las líneas generales de actuación en los ámbitos económico y social las marcan los gobiernos estatales por consenso, es impensable una orientación política distinta por parte de uno u otro presidente de turno del Consejo de la UE. No cabe más que seguir avanzando sobre las mismas líneas acordadas previamente y gestionar, con más o menos éxito, los seis meses de “gloria” que le corresponden a cada uno.

Al hilo de este asunto, la Sección de Relaciones Internacionales del CC del KKE ha publicado muy recientemente una interesante nota en la que se analizan los principales elementos de esta presidencia griega y señala que “la vida ha demostrado que la Unión Europea es una unión interestatal capitalista que no puede cambiar y ser favorable al pueblo ni desde “arriba”, ni “por dentro”, para concluir que “los acontecimientos confirman que la Unión Europea solamente puede llegar a ser peor, no mejor”. Pero no, hay quien sigue empeñado (los miembros del PIE, cada uno en su país) en plantear posiciones de cara a la galería, pretendiendo vender humo a los trabajadores y trabajadoras y prometiendo a todo el mundo lo que quiere oír con el único objetivo de ponerse a gestionar el capitalismo “de otra manera”. Y todo eso, ¿para qué?, ¿para no tener más remedio que cumplir con los acuerdos de las instituciones de la UE? Valiente engaño.

Ástor García