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Julio-Agosto 2013

En toda crisis del sistema capitalista este modo de producción necesita, por un lado, destruir el capital sobreacumulado y, además, crear otras condiciones nuevas que le permitan recuperar la tasa de ganancia. En esta situación, en la que el sistema tiene un alto grado de agotamiento histórico, el capital necesita recurrir a grados de violencia cada vez mayores para imponer estos objetivos. La reducción del precio de la fuerza de trabajo es una de las estrategias fundamentales del capital para tratar de recuperar su imprescindible tasa de ganancia. Aunque ello no es condición suficiente para la superación de la crisis dentro los límites del sistema.

La advertencia de estos días, realizada por el FMI, de que en España el gobierno debe proceder a una nueva contrarreforma laboral que reduzca más los salarios y abarate el despido, es coherente con lo dicho arriba. La rebaja de las pensiones también está encima de la mesa del gobierno, con la mentirosa coartada de la “comisión de expertos”.

Todos los gobiernos desde 2007, en España, han sometido su línea de actuación a esta necesidad imperiosa del capital. Ya los indicadores generales constatan la reducción (-1,8%) de la masa salarial total en el último año. Podemos preguntarnos ¿hasta dónde continuarán bajando los salarios?

Hoy día jóvenes con titulación universitaria firman contratos de trabajo a razón de seis euros la hora, en la construcción o la hostelería se pagan sueldos de menos de la mitad que hace cinco años, en el campo la rebaja salarial no tiene límites, y salarios de dos y tres euros la hora son normales. Las jornadas de trabajo se vuelven interminables, sin que tengan una contraprestación salarial. Algunas empresas españolas están considerando revertir sus deslocalizaciones, pues ya les puede resultar ventajoso producir en este país al precio actual de la fuerza de trabajo.

Otro elemento que va ganando importancia -en esa estrategia de reducción del precio de la fuerza de trabajo-, es el aprovechamiento, por parte del capital, de las modernas tecnologías de la comunicación, para así llevar la competencia por el trabajo a un rango mundial. Hoy en internet se producen millones de ofertas de trabajo -que se ejecutan por medios telemáticos- para las que se ofrecen, simultáneamente, trabajadores y trabajadoras de los más diversos países, pujando a la baja para obtener ese precario empleo; por ejemplo la traducción de un texto a otro idioma, que puede ser realizado por cualquier persona sin importar su país de residencia, o la realización de pequeños programas informáticos o diseños web.

El panorama para España, dentro del capitalismo, es el de un futuro en el que los salarios de cuatrocientos o quinientos euros por una jornada de trabajo completa serán normales (esto ya ocurre en ciertos sectores), y donde las pensiones se situarán también en cifras similares. Una sobreexplotación de la clase obrera, que vivirá en una situación de empobrecimiento y carencias de todo tipo, educativas, sanitarias, culturales, asistenciales, etc.

Aún así el capitalismo español no encuentra el camino para resolver esta situación de crisis. Complejos factores, que el PCPE analiza de forma continuada, harán que esta situación continúe en el tiempo y que se agudicen las contradicciones internas del sistema, poniendo de manifiesto lo inexorable de sus límites históricos.

Por todo ello, decir que el futuro es el poder obrero y la construcción de la sociedad socialista, y que este es el emplazamiento para la organización de vanguardia de la clase obrera española -y para la misma clase obrera-, es un punto de partida imprescindible para una acción política con bases científicas y posibilidades de victoria.

CONSTRUIR EL PARTIDO, DEFENDER AL PARTIDO

En los últimos meses el PCPE ha tenido que enfrentar algunos complicados acontecimientos, protagonizados por militantes que recientemente se habían incorporado al Partido, y a los CJC, en procesos unitarios. Estos hechos plantean cuestiones relativas al desarrollo del PCPE como el instrumento para la emancipación de la clase obrera en nuestro país. Hechos que han provocado un cierto debate, más en el espacio cibernético que en la realidad de la lucha de clases; es decir, son acontecimientos que han tenido una atención constreñida, en lo fundamental, a los mismos protagonistas de estos hechos, y no tanto a la realidad de la práctica política diaria. Eso es ya un dimensionamiento de su grado de alcance, de su misma trascendencia; aunque no por ello es una cuestión menor, puesto que la frustración de procesos unitarios, quiérase o no, es un fracaso.

El PCPE es hoy una fuerza política organizada que juega un cuantificable papel de mediación con la clase; en la lucha obrera, en la solidaridad internacionalista, en el movimiento estudiantil, etc. Evidentemente queda mucho camino que recorrer hasta llegar al Partido por el que trabajamos y que tenemos el compromiso de construir, pero en ese camino ya una parte de la clase obrera tiene un referente claro en nuestra intervención de masas y en nuestro programa para la construcción socialista. Estos hechos recientes suponen dificultades, no previstas, en el camino.

Como desarrollo de nuestro trabajo de construcción partidaria el PCPE apostó por determinados procesos de unidad comunista, poniendo en ellos todo su empeño. Los resultados alentadores de la fase inicial se han visto frustrados en su mayor parte, siendo cortas las posiciones consolidadas. En esta situación tenemos que huir de valoraciones esquemáticas que no profundicen en las causas y en los errores cometidos, en el voluntarismo o en la precipitación de determinadas iniciativas unitarias. Por otra parte el crecimiento, tanto del Partido como de la Juventud, que sí se consolida es el de la nueva militancia que cada día se incorpora a nuestras filas como experiencia inicial.

En su actuación diaria el PCPE se guía por una rigurosa máxima rectora: siempre la prioridad está marcada por la construcción del Partido; y nada se arriesga si lo que se afecta es el mismo proceso de construcción del Partido y el bloqueo de su intervención en la lucha de masas, para dedicar las energías a procesos internos que no trascienden hacia la lucha de clases. Y cuando determinadas actuaciones ponen en riesgo al Partido, la prioridad es siempre el Partido. Esa actuación rigurosa -compartida tanto por las organizaciones de base como por los órganos de dirección- es la que ha permitido al PCPE consolidar los avances de los últimos años; y por esa senda seguiremos, porque sabemos que sin Partido no hay nada en la lucha de clases.

Una característica común en estos acontecimientos pasados ha sido la falta de una concepción de los tiempos políticos por parte de quienes se incorporaron a los procesos de unidad en el PCPE. No ha habido una perseverancia, una concepción de los desarrollos, ni un trabajo en el que prime lo colectivo sobre lo individual y la aplicación del centralismo democrático como norma rectora; sino que ha existido un apresuramiento, un desasosiego, por conseguir que determinadas posiciones fueran evaluadas con rapidez por la dirección central del Partido. Una de las responsabilidades más serias de la dirección del Partido es la de desarrollar los debates en los órganos según un plan de trabajo sometido a la estrategia central de la construcción partidaria.

El Partido Comunista es una construcción social y política que se desarrolla al hilo de la lucha de clases (El Partido es la expresión de la conciencia de la clase. V.I. Lenin), que tiene sus propios ritmos y sus propias reglas, que ningún destacamento se puede saltar. Ignorar esto solo lleva al aventurerismo y al fracaso.

El PCPE seguirá trabajando por la unidad comunista, aprendiendo de las experiencias pasadas para conseguir mejores resultados en el futuro.