No es novedoso que el corrompimiento de las centrales sindicales mayoritarias ha supuesto la renuncia a una tradición de presión con lucha obrera organizada en la calle y paulatinamente se ha sustituido por un sindicalismo de servicios por el que se paga a cambio de los mismos.

El Pacto Social auspiciado por las principales centrales sindicales desde hace ya tantos años no ha sido otra cosa que la renuncia total a la defensa organizada de los derechos de la clase obrera frente a la patronal. La pobredumbre ideológica que se fue implantando en su estructura allanó bien el camino para llegar a día de hoy las cuales son unas patas más del sistema (bien necesarias para la patronal). En la práctica se fue creando un modelo que más bien servía para apagar la fuerza de lucha de los trabajadores y trabajadoras en la defensa de sus derechos frente a la patronal.

Flaco favor a la defensa unida en la lucha de los trabajadores y trabajadoras pues los elementos más conscientes abandonan estás centrales y crean cientos de ellas (algunas bien combativas) pero muy disgregadas, lo que se traduce en otro éxito para la burguesía ya que un movimiento obrero atomizado no hace la suficiente fuerza para hacer frente a la reacción de la patronal y las medidas antiobreras que paulatinamente el sistema va implementando.

Frente a la pérdida del sindicalismo de clase, hoy más que nunca se hace necesaria su recuperación sin ambages.

Vaya por delante que con más frecuencia de la que me gustaría, se me frunce el ceño cuando leo los títulos de los cursos de formación que en mi sindicato imparten para quienes comienzan su andadura como representantes sindicales de la clase trabajadora. “Instrumentos básicos del diálogo social”, “Retos del diálogo social”… parecen dictados por nuestro enemigo de clase. Propongo que un día hagamos una lista de los títulos y contenidos que sí debería manejar un plan de formación de cualquier representante que se precie de serlo. Uno de esos cursos debería ser del estilo siguiente: “Cómo gestionar y comunicar las victorias obreras”. Porque, ¿Cuántas veces se gana una lucha obrera y solo se enteran de la misma quienes integran la plantilla o su círculo cercano en el sindicato? Este error es habitual entre luchadores y luchadoras con más o menos experiencia. Todo apunta a que no se le da la importancia suficiente y que sumado al cansancio de tantos meses peleando o quizá a una recta final “judicializada” del conflicto, conduce a que importantes victorias que pueden convertirse en “patrimonio” de la clase trabajadora terminen perdiéndose lamentablemente por el sumidero del olvido.

Estanterías de supermercados vacías, esta vez no de papel higiénico, pero sí de aceite de girasol porque se producía en Ucrania y en Rusia, pero es que España también lo produce y es excedentaria (vamos que exporta más de lo que consume) porque donde vaya el aceite de oliva, que se quite el resto.

Pero nos manejan a su gusto, la acumulación de capital se acelera en este sprint final del capitalismo. En su fase imperialista la clase obrera sufrirá aún más los efectos de las crisis.

La guerra de Ucrania, que más bien parecen las Cruzadas, por cómo se están comportando los que gobiernan España, afecta a la clase obrera.

No hubo reforma laboral ni se derogó la ley mordaza, la sanidad se sigue privatizando y la educación va por el mismo camino. Las pensiones ya tienen un anteproyecto por el que se comienza su privatización. Y todo esto lo hace el “gobierno más progresista de la historia”.

Incluso dentro de los países capitalistas hay diferencias y si la clase obrera española se creyó europea ya puede despertar de su sueño. Da igual que estemos en la Unión Europea o en la OTAN, seguimos siendo los camareros de Europa, pese a que tengamos a generaciones de jóvenes cada vez más preparados. Es la labor que nos ha encomendado el gran capital europeo, además de ser mano de obra barata y lugar de vacaciones, también seremos los soldados que van al frente a luchar contra Rusia.

Andrea es una de las compañeras, del sector de la limpieza. que desde el pasado mes de diciembre vienen manteniendo una huelga indefinida en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Ella se ha ofrecido amablemente a contestar a nuestras preguntas sobre este conflicto y las condiciones en las que este personal se encuentra.

UyL: Cuéntanos sobre el origen del conflicto que mantenéis con la empresa ¿Es una contrata?

Andrea: Este conflicto comenzó hace ya 20 meses, que fue cuando se empezó la negociación del convenio, desde entonces estamos intentando negociar sin éxito con la patronal. La empresa es una contrata, nosotras trabajamos para la empresa que coja la contrata, con lo que somos subrogadas.

UyL: ¿Vuestra plantilla está compuesta fundamentalmente por mujeres?

Andrea: Somos en la mayoría mujeres, a excepción de algún hombre, los cuales ocupan los trabajos especializados, con lo cual se fomenta aún más la diferencia entre personal femenino y masculino.

Parece una obviedad, pero no lo debe ser, ya que para recortar gastos (la administración) y aumentar beneficios (la empresa adjudicataria), lo primero que se hace cuando se renueva una contrata de limpieza en un área de salud es reducir el personal.

El caso del Hospital de la Vega Baja no es distinto. La Generalitat Valenciana, muy "progre" cuando se trata de hablar, pero igual de liberal cuando toca gestionar, redujo fraudulentamente el tamaño del hospital en más de 3000 metros, lo que supuso que la empresa adjudicataria dijese que le sobraba plantilla. Pero la reducción de personal ha sido constante durante años, pasando de más de 80 limpiadoras hace diez años a 65 en la actualidad, y ahora Ferrovial pretendía despedir a 14 trabajadoras, entre otros motivos, por la ficticia reducción del tamaño del hospital.

Para la Administración la evidencia científica no cuenta, lo que cuenta es la cuenta, y a pesar de estar constatado que los recortes presupuestarios y la contratación con empresas externas de los servicios de limpieza contribuyen al aumento de la incidencia de graves infecciones hospitalarias, no varían su postura, nos venden la recuperación de la gestión pública para inmediatamente sacar la licitación servicios.

Como consecuencia de la lucha de clases en estos momentos y del agravamiento de la situación del conjunto de la clase obrera, producto esto de la necesidad del capital de incrementar la explotación y represión que posibilite una mayor extracción de plusvalía. Un amplio número de organizaciones sindicales de marcado carácter de clase, comprendiendo que la actual situación de división en el seno de la clase obrera favorece que el capital pueda mantener sin muchas dificultades su dictadura, han decidido que sin más espera deben trabajar en el camino de la unidad. Unidad con la que poder hacer frente a las políticas que la burguesía impone a través de los gobiernos a su servicio. Unidad que posibilite que, desde los espacios de intervención sindical los objetivos sean comunes al conjunto del proletariado y del resto de la clase obrera.

Es el objetivo de conseguir la unidad de acción e intervención sindical lo que hoy se hace más y más necesario, la actual situación de división, sentencia a la clase obrera a seguir con los grilletes del capital atados a sus tobillos y cuellos. Como nos ha demostrado la historia reciente, la división, favorecida esta por el abandono de posiciones revolucionarias, por parte de organizaciones sindicales y políticas -PCE- ha traído consigo que se imponga el malvado y nocivo pacto social con el que la burguesía puede llevar a cabo sus políticas económicas con las que aplicar leyes y decretos que intensifican la explotación y opresión.

No pasó ni una semana de la aprobación de la nueva Reforma Laboral y ya el Gobierno se lanzaba a la palestra a anunciar una nueva subida del SMI, quedando en torno a unos 1000€.

Una Reforma que solamente maquilla un poco la grave explotación de la clase trabajadora, afianzando todas las anteriores ya que no han cambiado cuestiones básicas como las indemnizaciones por despido o la recuperación de los salarios de tramitación.

Cuestiones económicas aparte, no deja de ser chocante que el autodenominado “gobierno más progresista de la historia” después de un largo compadreo con la CEOE y con los sindicatos mayoritarios quiera dejar de lado ésta cuestión para anotarse un tanto social con la nueva subida del SMI. Subida salarial que ante un IPC disparado, sigue suponiendo pérdida de poder adquisitivo para la clase trabajadora. De esta forma se mantienen las duras condiciones de reformas laborales anteriores, para luego así por contraparte dar un pequeño caramelito, algo dulce (pero no demasiado) como es la subida del SMI, para calmar las posibles reacciones que puedan surgir ante dicha regresión.

La enfermería en el Estado Español tiene un problema de plantilla insuficiente y es que según datos de la OCDE, la ratio es de 5,7 enfermeras por cada 1 .000 pacientes, uno de los países con la ratio enfermera/paciente más bajo, estando la media en 8,8/1 000 y siendo el país con mejor ratio Noruega con un ratio de 17,6/1 000.

Esta situación se ha visto perjudicada aún más por la pandemia de la COVID-19, en la que se ven sobrecargadas de tareas, y es que según una encuesta a casi 20 mil enfermeras, el 46,5 % se ha planteado dejar la profesión. Una profesión que registra una incidencia de contagios de COVID-19 de más del doble que la población general, lo cual es un factor más que genera que el 16,5% haya tenido que solicitar la baja por ansiedad, estrés o agotamiento mental.

Esto se encrudece cuando hablamos de la lucha diaria por conciliar la vida laboral con la familiar. Debe entenderse que es una profesión altamente feminizada, sobre la que recae en mayor parte los cuidados de hijos y personas dependientes; por lo que la falta de estabilidad en un puesto (donde se han normalizado incluso contratos de días), turnos de noches, turnos de 12h o guardias de 17h o 24h; dificultan en gran medida la vida familiar y descanso de las enfermeras.

 

Si escuchamos el relato del acuerdo sobre las pensiones publicado el 28 de diciembre en el BOE, tanto de los firmantes, CEOE, sindicatos y Gobierno; como de los medios de comunicación, tendremos claro que la pensiones han subido un 2.5 % y se ha recuperado la sostenibilidad del sistema. Isabel Rodríguez, portavoz del Gobierno dice: "A partir de ahora ningún pensionista tendrá que preocuparse de sus pensiones, siempre se van a poder revalorizar". Por su parte, CC. OO. muestra su satisfacción por el importante acuerdo alcanzado en la mesa de diálogo social, que corrige la reforma de las pensiones de 2013; garantiza su poder adquisitivo conforme al IPC; deroga el Factor de Sostenibilidad y mejora la financiación del sistema para no deteriorar las pensiones de las futuras generaciones. Eso es el relato, la realidad viene de lejos.

El Pacto de Toledo se firma en 1995 con un PSOE en declive y un Partido Popular a las puertas de entrar en el Gobierno. En estas circunstancias, en lugar de apostar por la clase obrera, se jugó a favor del capital, tratando de dejar el sistema atado por años. Sin embargo, el pacto de Toledo, en lugar de ser perdurable, ha sufrido muchas modificaciones, con la excusa de su viabilidad. En todas ellas las pensiones se han rebajado y endurecido los requisitos.

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