¿Cómo llegamos?

Este Primero de Mayo de 2022 se nos presentaba complicado, desde un primer momento, al PCPE. La jornada de lucha más importante del año para la clase obrera (y para nuestro Partido), por un lado, dejaba atrás una pandemia que en su comienzo nos metía en nuestras casas (recordemos el 1.º M del año 2020) y, por tanto, era de esperar una mayor afluencia en la calle. Por otro lado, llegamos a este día en un momento de reflujo generalizado de la lucha y movilización de la clase obrera y sus organizaciones, con el miedo al coronavirus, miedo que sigue en un porcentaje cada vez menor de nuestro entorno y, sobre todo, venimos de un choque frontal reciente con los sindicatos “mayoritarios” CC. OO. y UGT, por su papel vergonzoso en el acuerdo por la reforma laboral de Yolanda Díaz. Estos elementos, a priori, condicionaban la recuperación de la participación masiva en las manifestaciones por el día internacional de la clase obrera anteriores a la pandemia.

Nuestra militancia tuvo claro el trabajo que había que hacer. La unidad de acción sindical es prioritaria. En aquellos lugares donde solo había una manifestación la consigna era clara: reforzar esa única convocatoria. Donde hubiera varias, intentar no dividir más a nuestra clase y acudir a aquella donde estaban las y los manifestantes más conscientes, reforzando siempre el bloque combativo del PCPE.

El pasado mes de marzo los sindicatos de la Mesa Sectorial de Educación pública de Catalunya convocaron una huelga de educación de 5 días (15, 16, 17 y 29, 30). Los sindicatos que forman parte de la Mesa Sectorial son los que obtienen más de un 10 % de los votos en las elecciones sindicales para ejercer el derecho del personal docente a la negociación colectiva, en este caso USTEC, I-CSC, CC. OO. y ASPEPC, además de UGT (sin tener los votos), ya que junto con CC. OO. tienen la condición de “más representativos”, lo cual les da acceso a cualquier tipo de representación sindical independientemente de los votos obtenidos.

A la convocatoria unitaria de huelga se sumaban además los sindicatos USOC y CGT.

Des de el primer momento, tanto los representantes del Govern como los medios de comunicación catalanes se lanzaron a deslegitimar los motivos de la huelga, reduciéndola al anuncio del cambio de calendario escolar que adelanta su inicio una semana en septiembre de 2022.

Pero como se gritaba en los piquetes y manifestaciones en las calles durante los días de huelga, son muchas las razones que han llevado a decenas de miles de docentes a organizarse para secundar la huelga.

En Catalunya hay alrededor de unos 100.000 docentes y unos 30.000 lo son en régimen de interinaje, la gran mayoría en fraude de ley.

Si Putin tiene la culpa de todo, mejor mandemos a Putin a la Moncloa, al menos tendremos a quien pedir explicaciones.

Después de ajustar a la clase obrera con el cinturón del despropósito, el gobierno capitalista y borbónico de España, nos azuza el miedo de que vienen los rusos una vez más.

Así llevamos un siglo, aguantando a títeres un día sí y otro también, desde la derecha más rancia en los años 30, el franquismo más visceral hasta los 70, el eurocomunismo de los 80 y los pijo progres de PSOE y UP del 2000 en adelante. Primo de Rivera, José María Gil Robles, Franquito, Suarez, Felipito, el Campechano, Aznar, Zapatero, Rajoy y  el Perro Sánchez. Todos ellos apoyados en los revisionistas y trotskistas del PCE, IU, UP. Que vienen los rusos decían, dicen y dirán.

Cuando desapareció la URSS, se inventaron el peligro de los árabes-musulmanes-no lameculos, porque nadie atacó a Qatar, Kuwait, Omán, Arabia Saudita ni otros esbirros.

La culpa siempre es de otro. La crisis última, a la que llamaron del ladrillo, pero que vino precedida de la caída de un banco norteamericano; vino seguida del COVID, y cuando ya veíamos la luz del túnel ahora la culpa es de que Putin que no nos quiere regalar su gas.

Mientras tanto, el IPC que fabrican da risa. Si hace 40 años con el salario -magro salario- podías a duras penas comprar un piso, un cochecito y pagar y pagar, ahora hacemos lo mismo con 2 salarios. Los salarios suben lo que dice el IPC, pero a veces tampoco, porque estamos en crisis y las pobres empresas van a quebrar.

En cada centro de trabajo es necesaria la presencia de un sindicato, en cada sector es imprescindible el trabajo organizado para defender los derechos de la clase obrera.  Mientras las patronales se organizan y se movilizan para conseguir mayores tasas de beneficios, los que todo lo producimos estamos cada día más desorganizados, cada día más preocupados por lo individual y menos por lo colectivo.

Solo hace falta repasar que las últimas huelgas generales fueron en el 2010 y 2012, como consecuencia de la crisis sistémica que el capitalismo soluciona recortando derechos sociales y laborales.  Llevamos 12 años de incremento de la precariedad, de rebaja de las indemnizaciones, de permitir que los convenios de empresa frenen la capacidad de negociación sectorial. En definitiva, de disminución de los derechos de la clase obrera.

Mientras los sindicatos mayoritarios están firmando convenios por debajo de la subida del IPC, permitiendo con su firma el empobreciendo de las personas en activo o jubiladas, la patronal se manifiesta exigiendo dinero al gobierno, y lo consiguen. Ahora, con un IPC absolutamente desbocado, nos plantean un pacto de rentas, es decir, perder dinero los de siempre, porque mientras unos nos hacemos más pobres, otros se hacen más ricos.

 

Hace unos días CC. OO y UGT han presentado en público el nuevo convenio sectorial de la construcción firmado desde las alturas con la CNC, patronal del sector.

Llama especialmente la atención que en la declaración pública estas dos organizaciones sindicales, celebren a bombo y platillo la paz social, confraternidad con el explotador. 

Declaran: Esta larga tradición negociadora de los Agentes Sociales del Sector ha proporcionado una paz social que ha superado, en los últimos años, crisis tan notables como la económica de 2008 y la derivada de la COVID-19 en 2020.

Lo que se manifiesta en esta declaración, es el hecho irrefutable de que las dirigencias de estos sindicatos desde hace ya largo tiempo dieron las espaldas y abandonaron el sindicalismo de clase para asentarse en un modelo sindical que ejerce de agente intermediario y comercial, desde donde una aristocracia bien remunerada, firma y pacta con el patrón sin haber debatido en las bases a que acuerdo llegar. Estas dirigencias se enorgullecen de haber contribuido con sus políticas a mantener una paz social que como resultado ha tenido el enriquecimiento de la patronal explotadora.

Unidad y Lucha: Tras 12 años desde la 1ª Conferencia de MOS del PCPE. ¿En qué contexto se presenta la lucha de clases ante esta 2ª Conferencia de MOS?

Juan José: La situación en esta última década, si tenemos en cuenta que la lucha de clases está determinada por la correlación de fuerzas entre burguesía  y clase trabajadora, y esta principalmente está determinada por la independencia ideológica de la clase obrera, la podríamos considerar como de estancamiento y/o retroceso. Ésta correlación por razones históricas, en el estado español, desde la década de los 90 del siglo XX ha sido favorable a la clase en el poder la burguesía. Este estancamiento o retroceso han estado propiciados por el abandono de posiciones de clase por parte de un sector amplio del sindicalismo, que bajo el concepto y práctica del pacto social han ido desarmando de ideología propia a la mayoría del conjunto de la clase obrera.

No es novedoso que el corrompimiento de las centrales sindicales mayoritarias ha supuesto la renuncia a una tradición de presión con lucha obrera organizada en la calle y paulatinamente se ha sustituido por un sindicalismo de servicios por el que se paga a cambio de los mismos.

El Pacto Social auspiciado por las principales centrales sindicales desde hace ya tantos años no ha sido otra cosa que la renuncia total a la defensa organizada de los derechos de la clase obrera frente a la patronal. La pobredumbre ideológica que se fue implantando en su estructura allanó bien el camino para llegar a día de hoy las cuales son unas patas más del sistema (bien necesarias para la patronal). En la práctica se fue creando un modelo que más bien servía para apagar la fuerza de lucha de los trabajadores y trabajadoras en la defensa de sus derechos frente a la patronal.

Flaco favor a la defensa unida en la lucha de los trabajadores y trabajadoras pues los elementos más conscientes abandonan estás centrales y crean cientos de ellas (algunas bien combativas) pero muy disgregadas, lo que se traduce en otro éxito para la burguesía ya que un movimiento obrero atomizado no hace la suficiente fuerza para hacer frente a la reacción de la patronal y las medidas antiobreras que paulatinamente el sistema va implementando.

Frente a la pérdida del sindicalismo de clase, hoy más que nunca se hace necesaria su recuperación sin ambages.

Vaya por delante que con más frecuencia de la que me gustaría, se me frunce el ceño cuando leo los títulos de los cursos de formación que en mi sindicato imparten para quienes comienzan su andadura como representantes sindicales de la clase trabajadora. “Instrumentos básicos del diálogo social”, “Retos del diálogo social”… parecen dictados por nuestro enemigo de clase. Propongo que un día hagamos una lista de los títulos y contenidos que sí debería manejar un plan de formación de cualquier representante que se precie de serlo. Uno de esos cursos debería ser del estilo siguiente: “Cómo gestionar y comunicar las victorias obreras”. Porque, ¿Cuántas veces se gana una lucha obrera y solo se enteran de la misma quienes integran la plantilla o su círculo cercano en el sindicato? Este error es habitual entre luchadores y luchadoras con más o menos experiencia. Todo apunta a que no se le da la importancia suficiente y que sumado al cansancio de tantos meses peleando o quizá a una recta final “judicializada” del conflicto, conduce a que importantes victorias que pueden convertirse en “patrimonio” de la clase trabajadora terminen perdiéndose lamentablemente por el sumidero del olvido.

Estanterías de supermercados vacías, esta vez no de papel higiénico, pero sí de aceite de girasol porque se producía en Ucrania y en Rusia, pero es que España también lo produce y es excedentaria (vamos que exporta más de lo que consume) porque donde vaya el aceite de oliva, que se quite el resto.

Pero nos manejan a su gusto, la acumulación de capital se acelera en este sprint final del capitalismo. En su fase imperialista la clase obrera sufrirá aún más los efectos de las crisis.

La guerra de Ucrania, que más bien parecen las Cruzadas, por cómo se están comportando los que gobiernan España, afecta a la clase obrera.

No hubo reforma laboral ni se derogó la ley mordaza, la sanidad se sigue privatizando y la educación va por el mismo camino. Las pensiones ya tienen un anteproyecto por el que se comienza su privatización. Y todo esto lo hace el “gobierno más progresista de la historia”.

Incluso dentro de los países capitalistas hay diferencias y si la clase obrera española se creyó europea ya puede despertar de su sueño. Da igual que estemos en la Unión Europea o en la OTAN, seguimos siendo los camareros de Europa, pese a que tengamos a generaciones de jóvenes cada vez más preparados. Es la labor que nos ha encomendado el gran capital europeo, además de ser mano de obra barata y lugar de vacaciones, también seremos los soldados que van al frente a luchar contra Rusia.