Nos habíamos propuesto glosar a Felipe González pero nunca encontrábamos el momento, siempre quedaba para otro día que tuviéramos tiempo, pero no queremos seguir arrebatando el espacio que merece un hombre que ha dedicado toda su bendita vida a construir la historia de la una, grande, libre y ancha España.

No podíamos creernos lo que nos contaban; los clérigos, diáconos, presbíteros, párrocos, religiosos, capellanes y obispos de la Iglesia católica, la elegida de Dios, la única verdadera, la más bendecida y sagrada de toda la cristiandad, la que congrega a los fieles cristianos unidos en Jesucristo, por la noche, desabrochan las sotanas y en vez de mortificarse con cilicios que conforten el alma hacen cosas feísimas para recrearse el cuerpo, los muy cochinotes.

Cuando en Izquierda Unida se recibieron noticias de que Moral Santín andaba en esto de las tarjetas black se echaron las manos a la cabeza.

Las noticias del último mes fueron tantas y tan arremolinadas que nos ha producido mucho quebranto decidir el tema para esta insignificante columna. Dudábamos entre las mortajas y las opulencias. No sabíamos si atender a los difuntos o a los que duermen y reposan a pierna suelta con sus ahorros en Suiza.

Desafiando a los otros dos candidatos, con vaqueros nuevos, postinero y reluciente que daba gloria salió elegido el Secretario General del PSOE. Nosotros, de los tres bandos contendientes, apostábamos por Pedro porque es evidente que la facha y el empaque de Pedro estimula a la hora de sentarse a ver un telediario.

Hacía mucho que la sociedad española no vivía emociones fuertes,  así que cuando Juan Carlos anunció su abdicación nos dejó con el corazón arrugao. No podíamos hacernos a la idea de vivir sin él. Fueron 39 años tan intensamente monárquicos que recibir aquella revelación  tan súbitamente por poco nos provoca un desenlace más que fatal. Don Juan Carlos, con una enorme e inexplicable alegría, cedía el trono al chavalote.

Es de plena evidencia que las militantes del Partido Popular  en León se toman muy malamente que se adjudiquen las plazas que ocupan a quienes  las ganan mediante oposición.

Los últimos lances de Esperanza Aguirre tienen una singularidad tan atosigante que no podemos con ella.