Una cosa es la realidad material, la realidad siempre es material, y otra la ficción, que forma parte de la realidad a la que pertenece: la ficción pertenece a la realidad. Como la realidad, no es inocente porque no es neutral, porque nada es neutral.

Cuando surge la corriente literaria del Realismo en el siglo XIX y su prolongación en el siglo siguiente, el marco teórico de la historiografía literaria se centra en la verosimilitud frente a lo inverosímil. Siglos antes, la alegoría y la metáfora abrían territorios ignotos por descubrir. La literatura posibilita un impresionante horizonte de posibilidades a través de una fuente inagotable como es la imaginación. La explotación nos oprime en la realidad y nos coloniza a través de la imaginación con fantasiosas utopías o distopías. Lo distópico, hoy puesto en valor: la moda de temporada.  A lo largo de la historia literaria encontramos precedentes que luego aparecen en la realidad, solo recordar a Julio Verne o a Borges que a través de su biblioteca infinita vislumbra el universo ilimitado de internet.

Le atribuyen a Unamuno la frase: El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando, aunque hay discusión sobre el tema y hay quienes defienden que la frase es de Pío Baroja y se refería al Carlismo.

En cualquier caso, es un derecho y un deber formarse, y si eres comunista, doblemente: 1. Como ser humano, para que no te pisen. 2. Como comunista para enfrentar al enemigo, al de fuera y al de dentro.

Me decía mi profesor y camarada, Güi Arbelas (no se asusten, que es un seudónimo), que la frase, sea de Unamuno, sea de Pío Baroja, no es una verdad absoluta. De nada sirve leer el Mein Kampf o las memorias de Mariano Rajoy, ni mucho menos el libro negro sobre el comunismo. Tampoco se curaría si solo leemos a Marx y se nos olvida que el enemigo tiene teóricos a los que hay que rebatir.

No tengo muy claro si los señores de la R.A.E. tienen muy claro lo que significa (1. f. Falta de arte, gusto y mérito estimable. 2. f. Dicho bajo o insustancial.), pero yendo al contenido de lo que a los de a pie entendemos, este país es chabacano, pese a nuestro arte con mayúscula.

Desde que la gente gritaba por las calles viva la inquisición muera la libertad hasta el espectáculo de futbolistas y toreros, y sobre todo, pasando por una parte de los políticos y empresarios de este país.

La señora Rita Barberá era chabacana con su i, sus visitas papales, su Fórmula 1 y su providencial muerte por infarto cuando tenía que declarar (no me meteré con el tema judicial, no sea que me larguen una demanda); lo es Susana Díaz que parece una verdulera con su discurso falto de contenido, sí, pero chillón, que así es como le votan la gente del pueblo (y perdón por las verduleras, que como gente del pueblo de verdad sí me merecen respeto), ya no hablemos de la caterva voxiana, que entre todos no suman un cerebro, pero chillan y echan cojones y viva España. 

 

“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (tesis nº11 sobre Feuerbach, Carlos Marx 1845)

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