Ángela Figuera Aymerich

Es recurrente el pensamiento de que, a lo largo de la historia, las mujeres no han escrito tanto como los hombres, sostenido por argumentos como “no tenían tanto tiempo libre” o “no tenían acceso a la misma formación académica”, pero esto es preciso matizarlo y corregirlo. Ambas cuestiones, “tiempo libre” y “formación académica”, son asunto no solo de género, también de clase. Si bien hombres y mujeres burguesas recibían siglos atrás una instrucción distinta, con distintas materias, y ocupaban roles diferentes tanto en la familia como en la sociedad; está claro que, en un contexto en el que hasta no hace demasiado la clase obrera no tenía acceso a la educación, era en su mayoría analfabeta y vivía para trabajar, no iban a aparecer muchos escritores de esta extracción social, perteneciesen a uno u otro género, pero menos aún del femenino. Ya Virginia Woolf llamó la atención sobre estos factores sociológicos en Una habitación propia (1929): “Una mujer debe tener dinero y un cuarto propio si ha de escribir”.

Teresa Vega, una mujer de 47 años, quienes la conocen la definen como una luchadora nata que no se ha rendido ni cuando fue despedida a raíz de defender los derechos e impulsar en la calle la lucha de las Kelly. Es una persona que tira del carro, una sindicalista con las ideas muy claras y un gran instinto de clase. Se pasó al turismo proveniente de una familia luchadora del mundo agrícola, de los tomateros a los hoteles, viaje de una mujer por la economía del latifundio en Canarias. En definitiva como se dice aquí, Teresa es una puntal.

Ana, una joven profesora interina de primaria, a la que la pandemia ha obligado a adaptarse en su trabajo para garantizar, en la medida de lo posible, la educación a su alumnado con los pocos medios que aporta el Estado. Es una de las miles de educadoras a las que se les exigió un sobre esfuerzo tanto en el confinamiento como en la vuelta a las aulas, de las esenciales que tuvieron que afrontar de un día para otro clases y tareas on line con jornadas maratonianas.

Le preguntamos cómo afectó el confinamiento a su trabajo, siendo profesora y con el cierre de los centros educativos, nos cuenta que “El confinamiento fue muy duro debido a que lo viví sola, mi hermana es sanitaria y mis padres son personas de riesgo”.

Con tan solo 25 años ha tenido que mostrar en su vida grandes dosis de valentía. A pesar de contactarla con poco tiempo nos responde sobre la marcha que sí, que contemos con ella. Nos cuenta su año, su historia de forma abierta, sincera y decidida.

Yuli Pérez Yumar, una mujer que a pesar de su preparación está condenada por este sistema a empleos precarios y discontinuos, la situación fue complicada, estaba trabajando y días antes de la declaración del estado de alarma la echaron del puesto de trabajo, era una de las últimas incorporaciones. ..”Esto me hizo sentir supermal, porque por así decirlo, estaba volviendo a insertarme en el trabajo, estaba dando pasos a crecer otra vez en mi forma de trabajar, a darme validez a mí misma”. Afrontó el confinamiento en estas circunstancias...”Entonces me encerraron de una manera que me quedé sin trabajo, sin ERTE, sin paga, nada". Sin ayudas al no cumplir los requisitos mínimos, cayó enferma…”Para mí eso fue un boom porque a raíz de eso me empezaron a dar ataques de ansiedad y caí en un poco de depresión, casi no salgo. Me salió una dermatitis, a día de hoy siguen mirándomela. Hemos llegado a la conclusión de que todo esto es a raíz de la depresión que sufrí durante el Covid y además no me pueden dar más medicación por no afectar al hígado”.

Nayara Sánchez una joven de 17 años, los mismos que lleva luchando con la Fibrosis Quística y contra las deficiencias del sistema sanitario. Lejos de asumir con resignación su situación se ha organizado para mejorar las condiciones y atención de todas las personas afectadas por esta enfermedad genética grave y de momento incurable. Una mujer que sorprende por su fortaleza, una guerrera por la vida.

Está estudiando la ESO, y este año ha visto afectados sus estudios, como el resto del estudiantado, admite que las primeras semanas de confinamiento le costaba seguir el ritmo de las clases…” Creo que mí situación académica ha cambiado, aunque estoy acostumbrada a faltar a clase con asiduidad porque debo de acudir al médico con bastante frecuencia y también tengo ingresos hospitalarios que suelen durar tres semanas, estudiar desde casa siempre me ha costado mucho, prefiero las clases presenciales pero no ha quedado otro remedio que habituarse”.

Coincidimos en un café una mañana de agobios, pero María tan accesible y predispuesta como siempre, me dijo que sí para la entrevista. Tras las risas y confidencias hicimos una foto y nos emplazamos para más adelante hacerla. Cuestiones sanitarias se cruzaron en el propósito y la hemos hecho por correo electrónico y tal cual la reproducimos. Incluso cuando se encuentran cosas positivas en lo vivido, siempre caen cosas del “platillo” contrario. Especialmente en el tema del trabajo donde es recurrente el aumento de las cargas de trabajo y la falta de incrementar los medios y recursos.

P ¿Cómo viviste el confinamiento, afectó a tu trabajo?

 

Vanesa Duque es tapicera y al igual que arregla, restaura muebles y crea cosas bellas, sensibiliza, conciencia y organiza para crear entre todas un sociedad libre, sostenible, feminista e igualitaria que tenga a las personas en el centro y no el capital. Es sensible, alegre, generosa, militante y fuertemente comprometida con la vida, aunque en ocasiones no se lo ha puesto fácil. Sostiene que en el fondo la gente sabe lo que quiere y necesita “una vida digna de ser vivida”.

Trabajadora de la limpieza hospitalaria, uno de los sectores básicos tal y como quedó patente estos meses del 2020 de duro confinamiento, hacemos un balance de su situación con Pallomi (como ha decidido figurar en la entrevista) que a sus 59 años y pese a que ha vivido a lo largo de su carrera laboral desde impagos de salarios, dudas en las subrogaciones de las empresas adjudicatarias del servicio, recortes, aumento de ritmos de trabajo, y también huelgas en exigencia de derechos y conquista de alguna mejora a la patronal, se muestra contundente en que a partir del confinamiento de marzo su trabajo se vio afectado y que sus condiciones laborales son ahora mucho peores que al inicio de año.

Nieves es Técnico en Educación Infantil trabaja a tiempo parcial con contrato indefinido, sus escuetas respuestas muestran una mujer con las cosas claras, organizada y decidida. Lidera la lucha de las guarderías municipales de Las Palmas de Gran Canaria, es miembro del comité de empresa y siempre ha tenido claro que si no sacaban su lucha a la calle no iban a alcanzar sus objetivos, algo tan básico como que les pagaran el salario en tiempo y forma.

Si algo la define es su constancia en el trabajo y apuesta por la asamblea de compañeras como la mejor forma de decidir colectivamente. Al pensar en ella viene a la cabeza la consigna “mujer trabajadora, libre y luchadora”.

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