La sentencia de la manada nos lo ha dejado claro, aunque la condena hubiera podido ser ejemplar dentro de lo previsto en la legislación penal burguesa, lo  que se ha puesto de manifiesto es  que  el problema de fondo sigue estando presente, los delitos contra las mujeres y su libertad sexual  tienden a minimizarse  y prácticamente nada se considera delito de  violación. 

La ley como instrumento normativo se plantea como una declaración neutra y objetiva, lo que es objetable. En ella se manifiestan diversos tipos de prejuicios o preconcepciones de quienes detentan el poder, que son quienes integran el Gobierno y Congreso Nacional como poderes colegisladores. En otras palabras, las reglas generales establecidas en toda ley son las que ellos (hombres) estiman convenientes y las prohibiciones establecidas son vistas por los grupos vulnerados como obstáculos para ampliar la distribución de poder y para participar en las decisiones sobre asuntos públicos.[…] Lo que hace el tribunal de justicia no es otra cosa que interpretar la norma (supuestamente neutra y objetiva) en base a consideraciones abstractas impregnadas de un orden natural patriarcal, lo que tiene como consecuencia una reiteración del estereotipo.1

Si repasamos las sentencias que se han salido a la luz en los últimos meses, podremos constatar, que la justicia efectivamente es machista y patriarcal.

Hemos asistido, en los últimos años, y tras dos reformas laborales, a una constante y significativa pérdida de nuestros derechos, de sobra es conocida la situación en la que nos encontramos la clase trabajadora en estos momentos, desempleo, sobreexplotación, jornadas interminables, contratos basura etc. En el caso concreto de las trabajadoras nuestra situación en el mercado laboral es insostenible, y no parece que vaya a mejorar.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) concluye su “Informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo” con la afirmación de que la desigualdad de género se seguirá reproduciendo a escala global. Esta organización calcula una diferencia de 26 puntos entre hombres y mujeres a la hora de acceder a un trabajo. Las predicciones para España que realiza esta organización tampoco son optimistas: 1,5 millones menos de mujeres de población activa que hombres y 476.000 más paradas que parados, con, según la OCDE, un 58% del total de graduados mujeres, el empleo que se creará en todo el 2018 será más para los hombres: 1,8 millones de nuevos empleos para ellos frente al 1,7 para nosotras.

“Jornada histórica. Primavera feminista. Mantener vivo el nivel crítico del 8 M. Asentar en medidas concretas las reclamaciones. Las empresas se preparan para la transparencia salarial. Regular un permiso parental individual e intransferible. Iniciativas sobre igualdad retributiva…”

La lista de titulares y propuestas parece variada, aunque en lo ideológico no lo es tanto. Prolifera y se difunde el feminismo interclasista, que al abandonar las posiciones de las trabajadoras es ocupado por la misma patronal a cuyo lucro tanto contribuye la sociedad patriarcal que relega a la mujer a una posición sumisa y subalterna.

En el seno de una familia acomodada de Cabezón de la Sal, nació la protagonista de nuestra sección La Mujer Nueva. En un ambiente familiar culto se desarrolló su infancia y su inclinación por el saber, la educación, el periodismo y las humanidades.

Fue una mujer preocupada por la cultura. En su pueblo, en los años 20 del siglo pasado, fundó la Academia Torre para difundir las ideas de humanismo e idealismo que defendía, allí se aplicaban los principios de la renovación pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza. En su constante inquietud por la cultura se dedicó a recuperar y recopilar danzas y canciones populares de su tierra cántabra. Colaboró como periodista en “La Región” y “El Socialista”, publicaciones a las que aportó miles de artículos.

A partir de que la actriz Alyssa Milano lanzara en Twitter un llamamiento a que las víctimas de agresión sexual lo denunciasen,diariamente surgen nuevos casos en el “glamuroso” Hollywood. Tras el escándalo del productor cinematográfico Harvey Weinstein, las redes sociales se llenan con miles de tuits con el hashtag #MeToo (yo también).

Sin embargo,el verdadero origen del movimiento “me, too” es de diez años atrás,en Filadelfia. Allí son conocidas las duras condiciones de vida enalgunos de susbarrios populares, en uno de ellos, la activista feminista Tarana Burke, trabajaba con jóvenes de distintas etnias, la mayoría en riesgo de exclusión social.  Un día, en uno de los campamentos en los que era la directora -recuerda en una de las entrevistas que se le han hecho en los últimos tiempos- una de las jóvenes, apenas una niña de tan sólo trece años, le hizo la confidencia de que estaba sufriendo abusos por parte del novio de su madre y no se atrevía a decírselo a nadie, Tarana, que también había sufrido abusos en su adolescencia, fue capaz de ponerse en su lugar y en ese momento, pensó:  “Me too” era la respuesta que me hubiera gustado que me dieran a mí y que me gustaría haber sido capaz de dar".

He presenciado atónita las campañas publicitarias que con motivo de las fiestas “navideñas” se llevan a cabo en todo tipo de medios de comunicación (televisión, radio, prensa, redes sociales, vallas publicitaria etc.) , y aunque es verdad que el machismo, la cosificación y la discriminación hacia las mujeres son una constante en la publicidad en cualquier época del año, en estas fechas, en las que se potencia el consumo, el capitalismo, sin escrúpulos, denigra, aún más, la imagen de la mujer en su carrera hacia el “compra, compra, compra.”

Actualmente el 70% de los anuncios publicitarios trata de elementos ligados a las mujeres, el 28% giran en torno al “hogar”; el 18.7% intentan vendernos productos de belleza; el 13.3% todo tipo de alimentos y el 12% medicamentos. Si analizamos el papel de las mujeres como sujeto y objeto de la publicidad la conclusión es obvia, y cualquier estudio, así lo demuestra, las campañas publicitarias contribuyen a perpetuar el estereotipo de mujeres desde una perspectiva machista y patriarcal. 

Vivimos en una sociedad capitalista que saca beneficio extra siempre que puede y la Navidad es una clara manifestación ello, bombardeándonos al consumismo excesivo y compulsivo al que empujan al pueblo trabajador en estas fechas. Al tener el capitalismo un marcado carácter patriarcal y dándose una retroalimentación mutua los regalos navideños tienden a estar cargados de estereotipos sexistas que perpetuán unos roles predeterminados y asignados según los dos sexos socialmente aceptados: hombre o mujer, niño o niña. Esta división binaria de las personas en función del sexo construye a partir de la educación sexista y el reparto de tareas en función de esa diferencia sexual, dos géneros con roles, comportamientos y expectativas diferenciadas entre niños (hombres) y niñas (mujeres) y justifica una división sexual del trabajo en las sociedades capitalistas, estructuralmente desiguales y de opresión patriarcal, que permite el incremento de beneficios. Los juegos y juguetes no son algo anodino, nada de lo que tiene que ver con la construcción del ser social lo es, y tienen un papel fundamental en el desarrollo psicosocial de la infancia aunque no todos los juegos y juguetes ejercen una influencia positiva en niñas y niños.

¿Cuéntanos Marina cuáles fueron los comienzos de esta lucha?

Nuestra lucha comienza hace ya más de dos años y medio, en marzo de 2015. Durante ese mes de marzo comenzamos las primeras movilizaciones que dieron lugar a la huelga que finalmente duró 370 días, de la que podemos decir que es la huelga más larga protagonizada por mujeres en nuestro país.

El trabajo de cuidados y reproductivo se ha cargado históricamente en las mujeres de clase obrera, cuando estos trabajos se profesionalizan en el capitalismo, éste se encarga de considerarlo un trabajo menor, de no darle valor a estas tareas y los salarios que se pagan son miserables. Por otro lado, la privatización de los servicios de cuidados, lleva a las empresas concesionarias a mecanizarlos con el único objetivo de enriquecerse a costa de la explotación de las trabajadoras, constándole en muchos casos la salud, y del dinero de pacientes y familiares.

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