Nacer en el seno de una familia de clase trabajadora en el actual sistema capitalista entraña toda una serie de desafíos, de ingentes obstáculos. Pero nacer mujer en el seno de una familia de clase trabajadora en el actual sistema capitalista y patriarcal representa una multitud de problemas y riesgos añadidos que acrecientan la necesidad de combatir de raíz esta alianza estructural de dominación que actúa implacable, día tras día, contra miles y miles de compañeras.

 

Las mujeres, por el mero hecho de serlo en esta sociedad, nacemos con un lastre que nos condiciona a lo largo de la vida. Nuestra realidad tiene un trasfondo de miedo, de inseguridad, de incerteza. Porque a diferencia de nuestros compañeros, nosotras sentimos temor al salir solas a la calle, un temor que crece a medida que el cielo se oscurece, y que nos empuja a caminar en constante vigilancia. Porque ni siquiera en un entorno aparentemente amable entre personas aparentemente de confianza podemos estar seguras de que no vamos a ser víctimas de una violación, una agresión o abuso sexual. Porque, si esto ocurre, se nos empuja al silencio y al sentimiento de culpa.

Cuatro años. Casi cuatro años han pasado desde la última huelga general en la educación, en aquel lejano octubre de 2013. Por fin, el próximo 9 de marzo toda la comunidad educativa saldrá de nuevo a las calles y se fundirá en una sola voz, una voz que gritará alto y claro que no vamos a tolerar más recortes y privatizaciones; y no sólo eso, sino que estamos preparados para reconquistar la educación que nos han estado arrebatando durante estos últimos años.

Han sido más de tres largos años sin una gran movilización unitaria en la educación. Ha habido huelgas y manifestaciones en los distintos sectores; los estudiantes, por ejemplo, hemos seguido nuestro camino y hemos salido a la calle en varias convocatorias para protestar contra los constantes ataques a la educación pública. Sin embargo, éramos conscientes de que únicamente con nuestra fuerza no bastaba, de que uniendo nuestras fuerzas con las de los demás actores de la educación seríamos mucho más fuertes. Y con tesón y amplitud de miras finalmente se ha logrado convocar esta jornada del 9 de marzo.

Para hablar de la situación de la juventud en nuestro país, podemos emplear dos tipos de lenguaje: el de las patronales y gobiernos y el de la clase trabajadora. Ellos dicen “crecerá la economía un 3,2%”, “crecerá el PIB un 2,3%”, pero no concretan nada. ¿Crece igual la economía para unos que para otros? ¿Responde la subida del PIB a una mejora de nuestras vidas? Nosotros sabemos que no.

Cada joven con contrato puede verse desde ambas posturas. Para ellos es un dato, un parado menos, una victoria. Para nosotros, que somos esos jóvenes o estamos muy cerca de ellos, es una persona que cotiza diez horas, cobra veinte y trabaja treinta, que tiene un contrato temporal que no se prolongará, que está en prácticas cobrando lo mínimo o que trabaja de sol a sol por un sueldo que no le vale para conseguir la independencia y seguridad económicas.

Como se demuestra, aparte de privatizar servicios públicos, uno de los principales modos de “superar la crisis” para el capitalismo español es aumentar la explotación, y especialmente la explotación de sectores de la clase obrera más vulnerables, como la juventud o los y las trabajadoras inmigrantes. 

En los días 9, 10 y 11 de Diciembre se celebró en Roma el II Congreso de la Juventud Comunista Italiana con el lema "Organizar las luchas, fortalecer la juventud para la reconstrucción comunista". Dicho lema no es sino un reflejo de la ofensiva política de los camaradas italianos, quienes comprenden que al enemigo de clase se le combate desde la organización de todos los obreros y obreras y que para ello es necesaria la presencia de los y las comunistas liderando las luchas.

Para el aparato propagandístico que despliega el capitalismo por los medios de comunicación, parece que las y los jóvenes tenemos que alegrarnos de que llegue la Navidad, y no porque vayamos a disfrutar de unas vacaciones junto a la familia, sino porque ciertos sectores van a ofertar toda una serie de puestos de trabajo que nos permitirán “sacarnos unos ahorrillos” estas fiestas.

No se le escapa a nadie que el capitalismo en el mundo occidental ha sabido crear alrededor de la Navidad un modelo de celebración festiva muy centrado en el consumismo, que tiene, por un lado, a unas empresas que incrementan beneficios y, por otro lado, a una mano de obra con la suerte —al parecer— de poder ganarse un dinero en Navidad. Y somos, sobre todo, las y los jóvenes esos agraciados.

 Estudiar bachillerato siempre es complicado por la presión que genera ese final tan temido como es la Selectividad, pero este curso es un auténtico problema para las y los estudiantes de segundo de bachillerato. A día de hoy, con la LOMCE aprobada y en proceso de implantación, nadie sabe bien cómo son los exámenes que suplen la antigua Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Ni las y los alumnos, ni el profesorado, ni siquiera el Ministerio de Educación sabe cómo serán las reválidas de junio. No se tiene una idea concreta ni en lo que se refiere a evaluación, ni en temario, ni absolutamente en nada. Esto genera unas situaciones de estrés entre los estudiantes de segundo de bachillerato que pueden llegar a ser incluso perjudiciales para la salud.

Durante el día 26 de Octubre miles de estudiantes salieron a la calle en las principales ciudades y pueblos de España. Desde las estructuras de masas los CJC cristalizaron durante toda la jornada de huelga la tesis leninista de la dirección de masas, así como el lema de "llenar las calles" que lanzamos al iniciar el curso.

El pasado 26 de octubre los Colectivos de Jóvenes Comunistas llamamos a los miles de estudiantes con los que compartimos aulas a salir a las calles, a luchar por una nueva educación al servicio del pueblo. Durante las semanas previas y la propia jornada de huelga, fueron cientos de manifestaciones, concentraciones, cierres de facultades e institutos donde la Juventud Comunista asumimos un papel determinante en la lucha de masas.

Se ha terminado el verano, ha llegado la “vuelta al cole” y nuestros barrios retoman su actividad normal, y con todo ello la realidad vuelve a las vidas de esos miles de jóvenes que en los meses estivales han tenido acceso a un contrato temporal. Regresa esa realidad del paro para ese 46,5% de jóvenes de nuestro país que desea y no puede trabajar; y que lo único que puede encontrar, sean cuales sean sus estudios, sea un precario contrato temporal en los dos o tres meses que duran las piscinas abiertas, los hoteles llenan sus habitaciones o las empresas de ocio y tiempo libre desarrollan sus actividades.