Durante los últimos meses, en todo el estado español se están llevando a cabo luchas y movilizaciones continuas para reclamar un aumento de las pensiones que permita vivir con un mínimo de dignidad en el marco capitalista actual. El nivel medio de las pensiones hoy equivale de media al 82% respecto del salario mínimo interprofesional, lo que supone una pensión media de 677 euros al mes, pero su cuantía varía dependiendo de muchos factores, como muestra el gráfico1. Podemos ver aquí como no todos las/os pensionistas son jubilados/as, sino que la orfandad, la viudedad o la discapacidad son causas comunes. La conclusión es clara, en un sistema donde lo único que importa de la clase obrera es la capacidad de producir ganancia a su jefe/a, aquellas personas que no pueden producir no merecen vivir.

El sistema bajo el que vivimos es un sistema dual: patriarcal y capitalista. Las influencias sociales que suponen estos sistemas a la población son infinitas, y más claras cuando se analizan adecuadamente. Las mujeres trabajadoras vivimos bajo el doble yugo que este sistema perpetúa y nuestra experiencia viene marcada por sus efectos.

Los último caso viralizados en el mundo de las redes sociales es una de las muchas evidencias de cómo ambos sistemas consiguen ejercer su influencia en la sociedad a todos los planos. Cómo las mujeres por nuestro género, incluso dentro del mundo laboral, somos víctimas directas de ésta. Desde claras y más comúnmente conocidas evidencias como son la brecha salarial de género, hasta el plano más íntimo y encubierto que es el acoso sexual.

Si queremos saber cuál es el máximo de horas que puede figurar en nuestro contrato laboral, como horario de trabajo, debemos irnos a la sección V del Texto Refundido del Estatuto de los Trabajadores. Aunque está sujeta al convenio, la jornada laboral ordinaria será de un máximo de 40 horas semanales alo largo del año, aunque la empresa podrá distribuir mediante pacto con los trabajadores estas horas de forma desigual, siempre que el cómputo sea de 40h/semana. De no haber pacto, la empresa podrá distribuir solo el 10% de las jornadas laborales al año. Las diferencias que podría ocasionar la distribución de las horas de forma irregular o desigual se subsanarán mediante el convenio, o pacto entre trabajadores y patronal. Algo muy importante, que debemos tener en cuenta, es que entre el final de una jornada laboral y el inicio de la siguiente deben pasar 12h.

Es muy importante, también, tener en cuenta que, salvo que el convenio diga lo contrario o haya pacto entre trabajadores y patronal, no se podrá superar la jornada de 9 horas diarias. Para los más jóvenes (menores de 18) la jornada no podrá exceder de 8 horas al día, contando ahí dentro el tiempo que la empresa dedique a su formación. Otro punto a tener en cuenta, muy importante, es que para jornadas de más de 6 horas tenemos derecho a un descanso de 15 minutos, y, en caso de ser menores de edad, de 30 min, tal como viene regulado en el artículo 35 del Estatuto de los Trabajadores.

Si todo marcha según lo previsto, dentro de unos pocos meses tendremos en nuestro Estado una nueva ley que regule e intente combatir el consumo de alcohol entre la juventud. Y es que, como apunta la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción), España es un país cuyos menores tienen unas tasas de consumo de alcohol elevadas, con cerca de 500.000 menores emborrachándose mensualmente. Esta ley, textualmente, tiene como objetivo retrasar la edad de inicio de consumo a los 18 de años, en ningún caso frenar su consumo al conjunto de la población. Muchas de las medidas que esta nueva ley propone -regulaciones horarias a tiendas, prohibición de la venta a menores o sanciones a quienes las incumplan- ya se aplican con otros productos como el tabaco, con escaso éxito a la hora de alejar a la juventud de este hábito. Otros países, como Estados Unidos o el Reino Unido, tienen leyes similares o incluso más restrictivas, sin embargo su población adulta consume alcohol de forma totalmente patológica y tóxica, y sus medios de comunicación idealizan la juerga -con la bebida y las chicas como eje central y necesario- como el objetivo al que debe aspirar cualquier persona que desea salir de una vida de tedio y aburrimiento. Sin olvidar que son los ciudadanos de estos países quienes vienen a nuestras playas con turismo de sol, playa y borrachera.

Uno de los grandes inconvenientes de la mujer trabajadora, a la hora de enfrentarse al mundo laboral, es quedarse embarazada.

Sabemos de sobra que dentro de la lógica capitalista no importan las personas sino los beneficios económicos y en esta situación eventualidades como el fallecimiento de un familiar, la baja médica o un embarazo son un gran peligro para las trabajadoras.

El Estatuto de los Trabajadores en su art. 55.5 dice que

“Será nulo el despido que tenga por móvil alguna de las causas de discriminación prohibidas en la Constitución o en la Ley, o bien se produzca con violación de derechos fundamentales y libertades públicas del trabajador.

Será también nulo el despido en los siguientes supuestos:

  • El de los trabajadores durante el período de suspensión del contrato de trabajo por maternidad, riesgo durante el embarazo, riesgo durante la lactancia natural, enfermedades causadas por embarazo, parto o lactancia natural, adopción o acogimiento o paternidad al que se refiere la letra d del apartado 1 del artículo 45, o el notificado en una fecha tal que el plazo de preaviso concedido finalice dentro de dicho período.

En cualquier espacio que reúna a gente luchando por una reivindicación, por pequeña que sea, es recurrente la idea de que el Pueblo, pasa de todo. “Somos cuatro gatos”, “la gente pasa de ésto”, “mira cómo están las cosas y el PP sigue sacando mayoría absoluta”, incluso muchas personas que en un principio tienen predisposición a organizarse, a un nivel pequeño, como una asamblea de barrio o una agrupación estudiantil, pero al fin y al cabo personas con una conciencia suficiente para ver que es necesaria una organización para luchar conjuntamente por esa reivindicación, acaban superadas por esta situación de desidia generalizada y se suman a ese grupo de gente indiferente ante la injusticia y sufrimiento que se ve delante de sus ojos.

Un compañero de una asamblea de trabajadores, despedido por su actividad sindical y que se niega abandonar la lucha por los derechos de sus -por ahora- antiguos compañeros pese a los intentos de su empresa de callarle con dinero, me decía el otro día: a los trabajadores nos han desarmado. Cuando alguno habla en el trabajo, lo despiden; si protesta en la calle, le pegan, multan y detienen; si habla lo que no debe, ahí está su ley para callarle.

Las y los camaradas de la Jeunes pour la Renaissance Communiste en France (JRCF) han realizado una entrevista a Javier Ortega y Alejando Navarro, Responsable Internacional y Político, respectivamente, de la Juventud del Partido Comunista de los Pueblos de España (J-PCPE), que os dejamos en este artículo:

1. En los últimos meses, las noticias españolas han circunnavegado al mundo sobre la "crisis catalana". ¿Cuál es la situación hoy? ¿Cómo interpretaron los jóvenes de diferentes Comunidades Autónomas este evento?

La “crisis catalana” es la crisis del capitalismo español entorno  a la “cuestión nacional”, incapaz de resolver esta problemática al no reconocer el derecho del pueblo catalán a elegir su propio destino. Actualmente, la movilización popular ha disminuido, continúan los principales líderes independentistas en la cárcel y la burguesía nacional catalana no encuentra salida ante la represión ejercida por el estado español. Sin embargo, el aprendizaje por parte de la clase obrera y los sectores populares catalanes son de gran trascendencia, han demostrado con su capacidad de organización, que pueden vencer al estado capitalista.

La música -y el arte en general- no son ajenos al desarrollo de la lucha de clases y de la historia; en ellos se ve un reflejo de cada etapa de la humanidad. Cuando los jóvenes queremos escuchar alguna producción musical de las que podríamos calificar como de calidad, destaca un hecho: la mayoría de grupos que catalogamos como buenos no son de nuestra generación. Si comenzamos a hacer una lista de grandes grupos de los años 60, 70 y 80 la lista es prácticamente interminable; The Beatles, The Doors, Led Zeppelin, Pink Floyd, The Kinks, Queen, David Bowie, The Velvet Underground, Sonic Youth o Iron Maiden. Incluso el producto musical más masivo de la historia es de una calidad bastante alta en comparación a sus equivalentes actuales, como es el caso de Michael Jackson. En España encontramos ejemplos como Triana, Loquillo, Eskorbuto, Medina Azahara, Camarón, Serrat, Mecano o Mikel Laboa. Nos encontramos ante una amplia variedad de géneros y estilos, y es fácil llegar a la conclusión de que todos son más o menos buenos músicos y con un consumición masiva de su producto. Sin embargo, si intentamos crear una lista parecida con artistas de los años 90 y lo que llevamos de siglo XXI, la tarea se vuelve mucho más compleja, especialmente compleja cuanto más nos acercamos a la era presente. ¿Hemos perdido los millennials la capacidad de hacer buena música? La respuesta está como siempre en el desarrollo de los medios de producción.

Iniciamos esta sección en la que esperamos ser de ayuda para los jóvenes trabajadores que están entrando en el mundo laboral. Vamos con un tema candente, los contratos temporales. Si eres joven y trabajas estoy casi seguro de que tu contrato será temporal (a la par de cobrar una mierda de sueldo, hacer más horas que un reloj y aguantar a algún capullo de jefe, pero esto lo dejamos para futuros números). Al grano, seguramente no te habrás planteado si tu contrato es legal o no. Lo más probable es que esté en fraude de ley y uno de los motivos por los que lo podría estar te lo contamos hoy. Según el artículo 15 del Estatuto de los Trabajadores se podrán celebrar contratos temporales cuando:

  • Se trate de un contrato por obra o servicio, es decir cuando en contrato sea para realizar un trabajo concreto y determinado, como, por ejemplo, contratar temporalmente a un albañil para hacer una reforma. Dentro de una empresa los convenios de sector y de empresa señalarán qué trabajos tienen esta consideración. El límite de estos contratos es de 3 años.