El imperialismo o fase superior del capitalismo, como decía Lenin, configura un mundo caracterizado por la desigualdad económica entre países, donde el grado de explotación de la clase obrera aumenta dramáticamente a todos los niveles, y donde se multiplica el peligro de la guerra generalizada -derivada de la agudización de las contradicciones inter-imperialistas-.

Podríamos definir al imperialismo como un capitalismo parasitario; a la burguesía de los diferentes países no les vale con el saqueo constante de su propia clase obrera y recursos, sino que necesitan ampliar los horizontes de su mercado, un mercado caracterizado por un incremento bestial de las condiciones de esclavitud obrera y el expolio y saqueo de los recursos naturales de estos países. Hoy en día está muy generalizada la idea de la posibilidad de que cualquier capitalista, de cualquier punto del planeta, tenga su centro de producción en un país donde la fuerza de trabajo es barata, fíjense en nuestro querido compatriota Amancio Ortega.

Las contradicciones entre las principales potencias capitalistas se han agudizado exponencialmente en los últimos años, lo que genera un muy alto grado de inestabilidad y grandes peligros para la clase obrera mundial; una agudización más acelerada desde el triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética.

Pues eso, este Febrero vuelve la Champions League y lo hace cargada de emociones y sobretodo de jugadores con fichas astronómicas, uno de los partidos con más dinero sobre el césped será el Real Madrid – PSG, sin nada que envidiar al Barcelona – Chelsea en el cual también hay mucho dinero en juego. Hablamos de partidos nivelados debido al alto coste de las plantillas, plantillas que en sus respectivas ligas locales contrastan con otros clubes más austeros. Y esto es lo que vende, que es de lo que va realmente este rollo del futbol moderno como hemos comentado en otros artículos, de vender, de tener equipos con todos los cracks y que los buenos jueguen con los buenos y a los equipos pequeños que les den. Y por ahí van las apuestas de la ECA (la asociación de clubes de fútbol), por crear una liga europea con los 20 mejores clubes de Europa que sustituiría a la Champions.

De entrada el cambio de formato es una involución en toda regla, si algo tiene el formato eliminatorio respecto al formato liga es que permite que un equipo pequeño planteando una buena eliminatoria sea capaz de eliminar a un grande (si no que se lo digan a los aficionados del Alcorcón que seguro que recordarán aquella mítica eliminatoria contra el Real Madrid en Copa del Rey). Bien, más allá del cambio de formato, ya vemos como se introducen algunos cambios en la Champions que apuntan a una competición solo para los grandes, por ejemplo el hecho de que las grandes ligas tengan 4 clubes en la máxima competición, esto les reserva a Inglaterra, España, Italia y Alemania 16 plazas, dejando otras 16 para que se maten por ellas el resto de países, si a eso le añadimos que Francia, Rusia y Portugal se aseguran 2 cada uno, tenemos 22 de 32, quedando las 10 restantes a repartir entre el resto del continente. Con el nuevo formato que se jugaría entre semana (como la actual Champions) esto empeoraría, ya que, si hablamos de ligas de 20 equipos, seguramente gran parte de los equipos de las ligas pequeñas ni siquiera tendrían la oportunidad de competir y representar a sus países en esa Superliga.

Una breve revisión a los datos macroestadísticos de 2017. 

Según la prensa al servicio del capital, 2017 ha sido el año en el que se confirma el fin de la crisis económica -no hace falta que se diga para quién ha acabado, ¿verdad?-, y es que ya el año anterior el crecimiento del PIB español superaba el 3%, confirmado durante los tres primeros trimestres de 2017 que se ha situado siempre por encima del 3% (INE, 2017). Pero, como siempre en el actual sistema, las ganancias van siempre a las mismas manos. Y es que, pese a haberse producido un aumento del Producto Interior Bruto Per Cápita, el sueldo medio ha descendido casi un 1% (INE, EPA 2016).

Desde la Secretaría Internacional de la juventud hemos contactado con STAËRCK Gilliatt, Gerente Nacional JRCF, para que nos responda a unas preguntas:

[UyL] En primer lugar, nos gustaría agradecer a la juventud del Renacimiento Comunista de Francia por hacer esta entrevista.

Y agradecemos al movimiento de la Juventud del PCPE por sus preguntas y esperamos que las respuestas aportadas sean claras para los camaradas y lectores españoles.

[UyL] En los últimos años, ha habido grandes manifestaciones y huelgas generales en Francia por medidas antiobreras que el gobierno de Macron ha hecho, ¿cuál es la situación de los jóvenes trabajadores en Francia? ¿Cómo afecta la reforma laboral de Macron a los jóvenes trabajadores franceses?

Hay una serie de temas que son recurrentes en la vida de cualquier joven obrero/a: los estudios, la precariedad, las ganas -y la imposibilidad- de emanciparse y el amor. A este último tema se le va a dedicar el artículo, así como la vinculación de este con la ciencia marxista.

Recurrentemente, desde los diversos polos de la izquierda más “radical”, se ha intentado dar una respuesta a la pregunta “¿Qué es ser comunista?”. Algunos, avergonzados, eluden la pregunta diciendo que ellos no lo son (y no mienten); otros, que tienen las hoces y martillos para decorar con tonos rojos su piso en el barrio bohemio de la gran ciudad, responden con trivialidades como la que en su día dijo Alberto Garzón: “Ser comunista es ser buena persona” -seguro que el policía que desahucia con una sonrisa en el alma y cara seria tras la pantalla del casco, también es una buenísima persona que saluda siempre en el portal-. Una respuesta acorde a esta pregunta requeriría una extensión bastante mayor que la que pueden abarcar un par de frases; no obstante, una síntesis breve podría ser: ser comunista es mantener los ojos abiertos a la realidad del mundo para extraer de él sus leyes fundamentales, contrastar nuestras ideas surgidas de esta realidad con la experiencia que nos proporciona, para luego convertir los ideales en algo real con la certeza de que es posible, entendiendo (a raíz de ello) que todos los aspectos de la vida de una persona son aspectos políticos.

El pasado 11 de noviembre se cumplieron 10 años del asesinato de Carlos Palomino en el metro de Madrid a manos de Josué Estébanez, un militar fascista. Carlos y un grupo de antifascistas acudían a una manifestación convocada para mostrar su rechazo a una movilización organizada por la extrema derecha en la capital. Han pasado 10 años y las imágenes de su asesinato aún siguen grabadas en la retina de miles de personas.

Tras el asesinato del compañero Carlos Palomino, seguramente se dieron las movilizaciones antifascistas más grandes de los últimos años. Unas manifestaciones que volvieron a sacar a la palestra los crímenes del fascismo y la impunidad con la que venía actuando desde hacía muchos años, por mucha “Transición” que nos quisieran vender.

Los homenajes al compañero se han ido sucediendo durante estos años, tanto en Madrid como en diferentes pueblos y ciudades, los cuales siguen sacando a la calle a miles de compañeros y compañeras.

El pasado 25 de septiembre, en otro día más de lucha por el soterramiento de las vías que parten la ciudad de Murcia y contra la construcción de un muro para el AVE, los vecinos marcharon por las calles manifestando el derecho a decidir sobre sus barrios y la voluntad de impedir que intereses empresariales marginaran a los barrios del sur. Durante la manifestación, de forma espontánea se procedió a la ocupación de las vías, pero la policía cortó el paso y solo unas cincuenta personas quedaron dentro, a las que estos cuerpos represivos desalojaron de forma violenta, causando heridos. El siguiente poema es el relato que vivieron unos camaradas de la Juventud.

 Me lo arrancó la zarpa del traidor

que quiso enterrarnos bajo la piedra;

tú, compañero mío, te abrazaste a mí

cubriendo mi desnudo y tu promesa

Las y los comunistas no pararemos de repetirlo: el capitalismo no acepta reformas, es un sistema completo, con sus propias leyes y que aplasta todo aquello que no esté del lado de los intereses del grupo dominante (en la actualidad el gran capital monopolista). Como murciano, hay un asunto que ejemplifica perfectamente esta situación: la construcción de un muro de casi 10 kilómetros de largo y 5 metros de alto que, literalmente, divide en dos mitades todo el área metropolitana de la ciudad de Murcia para la construcción de un tren de Alta Velocidad a precios impopulares y que servirá para mover mercancias a un coste mucho menor del que resultaría de enviarlas por carretera. Fruto de esto, los barrios al sur del muro -habitados principalmente por familias trabajadoras y pequeños propietarios, aunque también alguna mediana empresa- se quedan marginados en beneficio de unas pocas grandes empresas.

La revolución de octubre de 1917, como toda transformación social fue una obra de las masas. El protagonismo y la fuerza fundamental de aquel proceso estuvo en la clase obrera a la que se sumaron otras clases sociales. Sin embargo, uno de los actores poco referenciados en la etapa prerevolucionaria y durante el triunfo de la revolución, es la juventud, pero ésta tuvo un significativo accionar.

Los primeros grupos marxistas aparecieron a inicios del siglo XX entre los obreros, pero también en las universidades y colegios. En ambos espacios los más entusiastas y enérgicos activistas fueron los jóvenes, Lenin y Stalin fueron ejemplo de aquello.