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Por segunda vez Saint-Barthélemy escribe un capítulo en la lucha de clases. Este es un un barrio del norte de Marsella, donde los 77 empleados de un McDonald’s ya protagonizaron un capitulo de lucha contra la empresa transnacional en el año 2018, cuando iniciaron una huelga para evitar el cierre del establecimiento. Denunciaron que bajo la excusa de tener pérdidas, lo que se escondía era un intento de acabar con un establecimiento que era un foco de activismo sindical, puesto que según la plantilla el restaurante era viable.

Ese era uno de los últimos pulmones económicos de un barrio marginal. Una de las zonas más pobres con unos 250.000 habitantes y una tasa de desempleo oficial del 25% (8,5% al nivel estatal) y un 39% de la población viviendo por debajo de la tasa de pobreza. Los residentes de la zona se juntaban a menudo allí y para muchos de quienes trabajaban ahí era su oportunidad de alejarse de la droga, ahorrar para los estudios o para el carnet de conducir.

Iniciaron una batalla judicial para evitar el cierre y siempre han mantenido que “ No combatimos a favor de McDonald's, combatimos por lo que McDonald's representa para las personas del barrio ", según uno de los representantes sindicales. Otro sindicalista, a Kamel Guemari, que trabajaba en ese McDonald’s desde sus 16 años, amenazó con prenderse fuego en el restaurante vacío logrando atraer las miradas de la prensa hacia el conflicto.

Finalmente el pasado mes de diciembre llegó la decisión de liquidación judicial del local y con esa decisión la consiguiente ocupación del restaurante.

Frente a la situación social nacida de la contingencia sanitaria, pasaron de ocupar el restaurante a movilizarse y a abrir las instalaciones, usándolas para almacenar, preparar y distribuir paquetes de alimentos con destino a uno de los barrios más pobres de la ciudad. Con un respaldo masivo por parte de las asociaciones barriales y de algunos sindicatos, reparten directamente en los portales de los edificios o frente a los apartamentos. La tarea se lleva a cabo respetando las medidas sanitarias y de distanciamiento social. Para Kamel Guemari, de Force Ouvrière, «Si frente al estado de emergencia no nos movilizamos por nuestros barrios, ¿quién lo hará?».

La firma se ha opuesto a la iniciativa y la ha condenado, los trabajadores y trabajadoras han decidido ignorar a la multinacional. Le plantan cara en Marsella, demostrando que un modo de producción y distribución diferente es posible. La clase trabajadora tomando los medios de producción para ponerlos a funcionar al servicio de las necesidades sociales. Un ejemplo de lucha de la clase obrera en Francia y un extraordinario ejemplo para la clase obrera internacional.

Fuente: Redacción UyL y RFI

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