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Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases, el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social de las distintas mujeres. Cada clase social percibe la lucha feminista en función de los privilegios de clase que disfruta o de la explotación que padece.

El feminismo institucional, excluye de su análisis la perspectiva republicana y socialista porque considera indeseable la transformación de las relaciones de producción y el socialismo. Por esa razón está incapacitado para liberar a la parte femenina de la clase obrera, cuya discriminación de género está directa e intrínsecamente unida a la explotación de la clase social de pertenencia. Las mujeres del pueblo trabajador no mejoraremos nuestras condiciones de vida y trabajo por mucho que las señoras de la oligarquía consigan asientos en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35, ni la discriminación y explotación acaban por la existencia de reinas, princesas y porque ya no impere la ley sálica.

Nuestros intereses son otros y, por tanto, nuestra agenda de reivindicaciones y de lucha también lo es. Alejada y en las antípodas de la que nos imponen los medios de propaganda del sistema. Aprovechando la semana de movilizaciones por el 14 de abril, la denuncia de la monarquía cleptómana y la lucha por la 3ª República, pero no de cualquier tipo, sino de una República Socialista y de carácter confederal, vamos a colocar algunos elementos y propuestas desde el feminismo de las mujeres de la clase obrera.

Programa republicano para la emancipación de la mujer.

Extinción de la violencia patriarcal, que es una manifestación específica de la violencia que generan las relaciones de poder entre los géneros, agudizada por la violencia estructural del sistema capitalista, especialmente en fases de crisis sistémica como la actual. Las medidas gubernamentales (leyes protectoras, vigilancia policial y juzgados especiales) son inocuas frente a un conflicto social de profundas raíces históricas, culturales, económicas, políticas y sociales.

Supresión de la discriminación laboral: En el marco de la crisis capitalista y ofensiva patriarcal, se agrava el paro, la desigualdad salarial, la contratación a tiempo parcial y la temporalidad del mercado de trabajo femenino. Se extiende la feminización de la pobreza. Y las reformas laborales, de las pensiones y el debilitamiento de la negociación colectiva colocan a la mujer en una posición extremadamente vulnerable.

Reparto de todo el trabajo y servicios públicos. El trabajo familiar (doméstico, reproductivo y de cuidados) debe repartirse entre hombres y mujeres y los servicios públicos han de cubrir las necesidades de todas las personas. Pero la crisis capitalista y la precarización de la vida laboral colocan a la mujer en una posición cada vez dependiente del varón, tanto en lo económico, puesto que el capitalismo patriarcal adjudica al hombre el papel de proveedor y protector de la familia, como en lo psicológico, porque la mujer vive al límite de la estabilidad emocional como consecuencia de la doble carga laboral y familiar, el menosprecio social de lo femenino, la violencia de género y la invisibilización de su aportación a la sociedad.

Libertad sexual y derecho al aborto libre y gratuito:

El Código Penal de la Democracia y la Reforma de la ley del aborto mantienen como delito la interrupción voluntaria del embarazo, con pena de cárcel para el personal sanitario que lo practique ya que está limitado a unos plazos determinados que no contemplan todas las opciones y que deja fuera a las menores. La liberación de la mujer pasa por recuperar la soberanía sobre su propio cuerpo, su vida y su maternidad, y la Iglesia Católica deberá guardar silencio político y limitarse a impartir normas morales para su propia base militante.

Educación igualitaria, laica y antipatriarcal: La publicidad sexista, la imagen de la mujer en los medios de comunicación, la industria cosmética y de la moda, el cine de Hollywood, etc., promocionan roles patriarcales y una construcción desigual de los géneros. El lenguaje sexista y los modelos femeninos que promueve la cultura dominante, fomentan la percepción de la mujer como objeto sexual al servicio del placer masculino y como un ser débil, dependiente y vulnerable, subordinado a las necesidades de la familia y de los maridos.

Incorporación de las mujeres a la lucha por la República Socialista: Frente a la invisibilización y el olvido del histórico compromiso militante de las mujeres, el programa republicano debe promocionar la contribución femenina a las luchas de los pueblos y de la clase obrera por su emancipación. Y combatir al mismo tiempo las barreras internas persistentes en las organizaciones de clase, que impiden a las mujeres desarrollar todas sus capacidades políticas en igualdad de condiciones. La clase obrera no podrá acumular la fuerza suficiente para tomar el poder si se halla dividida en géneros y las mujeres no participan de la lucha. Para ello la clase obrera debe asumir el programa feminista de liberación de la mujer.

Perspectiva revolucionaria. Pero ese programa republicano antipatriarcal no será más que una declaración de principios mientras no se coloque en la perspectiva revolucionaria de construcción del socialismo.

Las reformas estructurales que necesita ese programa para su culminación, es decir, las reformas que necesitamos las mujeres de la clase obrera para alcanzar la igualdad como trabajadoras y como mujeres, únicamente un estado socialista puede (y está en su ideario hacerlo) acometer. La República socialista es el marco político, económico y social apto para la derrota del patriarcado, es la condición necesaria, aunque no suficiente, de la liberación femenina.

La lucha por la III República necesita ligar su programa a un proceso revolucionario de abolición simultánea del capitalismo y el patriarcado.

La mujer nueva de nuestra II República y de la revolución rusa se incorpora al trabajo asalariado para alcanzar su independencia económica, al partido, hace la revolución y la guerra, tiene un proyecto emancipatorio propio y transforma profundamente su psicología para romper con la subordinación y dependencia psicológica del varón. Pero para muchos varones la liberación femenina significa comida fría y botones sin coser, aflorando el antagonismo de género en el interior de la clase obrera consecuencia de la estructura patriarcal.

El proyecto republicano socialista debe reconocer las contradicciones de género existente entre las clases populares, denunciarlas, combatirlas, y asumir las reivindicaciones feministas como propias de la clase obrera. Y debemos comenzar ahora en lugar de esperar el triunfo revolucionario. Alejandra Kolontai puso de manifiesto que las nuevas relaciones de género de la clase obrera (la moral sexual proletaria) no es sólo una superestructura que surgirá una vez se haya transformado la base económica mediante la toma del poder revolucionario, sino que la ideología y la construcción de los géneros de una clase ascendente, se forman en el proceso mismo de lucha contra el enemigo de clase.

Epílogo: cobra importancia traer al presente para proyectar al futuro las lecciones de nuestra historia. Paro, miseria y explotación es el destino del capitalismo para el pueblo obrero desde sus orígenes, si avanzaron derechos no fue por la dadiva generosa del patrón, sino por la lucha organizada del movimiento obrero, en el que las mujeres han sido parte importante. En la construcción de la nueva sociedad y la lucha por la emancipación de clase decir que “Sin liberación de la mujer no hay república socialista y sin república socialista no hay liberación de la mujer” es mucho más que una consigna. Es parte irrenunciable del proyecto emancipador.

Ana Muñoz.