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Miles de migrantes marroquíes, que en estos meses últimos llegan a las Islas Canarias, son la expresión visible de la estrategia del chantaje que Mohamed VI sigue contra el Gobierno de Pedro Sánchez. El envío de pateras, en esta etapa desde las costas saharauis y en otras ocasiones desde las costas mediterráneas, la modula Marruecos al hilo de la presión que quiere ejercer sobre España en cada momento para alinearla con su estrategia expansionista.

Desde la Marcha Verde (noviembre de 1975), Marruecos ha declarado, de forma expresa, su voluntad de apropiarse de los territorios de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Con esa Marcha, en momentos de agonía del dictador Francisco Franco, se escenificó el primer paso hacia ese objetivo. Hasta el día de hoy hay una línea continua desarrollada en ese sentido por el régimen alauita.

Marruecos quiere ocupar la totalidad del área noroccidental del continente africano, sumando a sus costas las pertenecientes al Sáhara Occidental. Ello le supondría la posesión de una longitud de 4.500 km del litoral atlántico, y le permitiría convertirse en el sujeto determinante de toda la geopolítica en esta parte del planeta. Su alianza con el imperialismo yanki, y con el sionismo, coloca toda esa ribera del Atlántico subordinada a la lógica de los imperialismos más agresivos.

Ese objetivo expansionista implica una ventaja absoluta en el control del Estrecho de Gibraltar, que se complementa con otros 350 km de costa que Marruecos tiene en el litoral Mediterráneo.

España, al firmar los Acuerdos Tripartitos de Madrid (14/11/1975), abandonó de facto sus responsabilidades como Potencia Administradora, responsabilidad que no puede eludir en cuanto antigua potencia colonial. El Sáhara Occidental quedó entregado al despotismo criminal de la dictadura marroquí, que deja una estela de desapariciones, violaciones, torturas, encarcelamientos arbitrarios con total impunidad, ya que ningún gobierno español, y menos la corrupta monarquía de los Borbones asociada en múltiples negocios con la monarquía alauita, hacen la más mínima crítica de esta ocupación criminal.

Recientemente se han celebrado unas maniobras militares conjuntas entre EE UU y Marruecos, Lightning Handshake (”apretón de manos relámpago”), sin que ninguno de los dos países participantes haya informado previamente al gobierno español. Fueron los controladores aéreos en Canarias quienes empezaron a ver en sus pantallas de radar aviones no identificados, sin comunicación previa de su presencia, ni ruta ni horario. Estos aviones fueron detectados por sorpresa a escasos kilómetros de la isla de Lanzarote.

Estas maniobras no se pueden interpretar de otra forma que como una demostración de fuerza para imponer una determinada estrategia en la geopolítica de la zona. Es también una amenaza en el escenario de guerra que se da entre Marruecos y el F. POLISARIO, guerra que España silencia y pretende ignorar, pero que existe.

La torpeza, y la miserable sumisión, de los distintos gobiernos de nuestro país, con los Borbones a la cabeza, no tienen límites. Someterse a la estrategia del expansionismo marroquí es dejar que en un lugar estratégico, que es zona inmediata de influencia geopolítica de España, se consolide un potente país que cuenta con el apoyo yanki y del sionismo internacional, que se constituye en la potencia única del litoral inmediato en una extensión cercana a los 5.000 km de costa, es debilitar la influencia política de España en relación al Mediterráneo, pero especialmente, es dejar vendida a Canarias, y dar una ventaja inmensa a Marruecos.

Próximamente el archipiélago canario va a vivir un proceso de remilitarización –que ya ha empezado con la decisión de sustituir los veinte aviones F-18 de la base de Gando por veinte Eurofigther-, lo cual no hace otra cosa que convertir a Canarias en un objetivo militar internacional. Unas islas que por su dimensión tienen una absoluta desventaja en un escenario de guerra.

Pero en este pulso interimperialista ningún gobierno de España actuará de otra forma diferente. Siempre arrodillado ante las grandes potencias y sus gendarmes en la zona.

Esas son las condiciones concretas de la lucha de clases para el pueblo canario hoy, y el Gobierno nos vende.

C. Suárez