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En un momento de su guía de lectura de los libros II y III de El capital David Harvey distingue entre dos tipos de enfrentamientos a las clases dominantes según el enemigo en la lucha de clases. Si el enemigo lo constituye el capital industrial –la fábrica–, el movimiento obrero gana enteros y es capaz de atraer a clases cercanas –campesinado y pequeña burguesía asalariada–; pero, si el enemigo es el capital financiero –capital ficticio, bancos…–, tiene muchas posibilidades de cuajar el populismo. David Harvey no ignora que el populismo es un movimiento ambiguo que incorpora la reacción declamatoria del capitalismo en forma de fascismo. De todos modos, no es nuestra intención dirimir la corrección de las tesis de Harvey, sino utilizar su distinción para comprender la composición y los rasgos de ambigüedad de la resistencia al poder de Vought en The boys.

Como ya resumí la trama en un artículo anterior, en este hablaré de quiénes luchan contra la explotación, manipulación y dominio de la multinacional. La serie comienza con la aparición de la clase obrera. Jack Quaid trabaja de dependiente en una tienda de electrodomésticos. Es representado sin voluntad ninguna, movido por el mangoneo de su jefe, mientras que toda la resistencia que opone es inculcada en él por su novia. El asesinato de su novia por uno de los supers lo lleva a ser reclutado por la resistencia. Por el jefe de ella, Carnicero. Es cierto que la relación entre ambos está siempre al borde de la ruptura, pero el ejercicio de la dirección –la hegemonía– vuelve siempre a Carnicero. Carnicero, antiguo miembro del servicio secreto, casado con una científica, un pequeño burgués en toda regla que participa en la lucha por odio y deseo de venganza, significa todo lo contrario que Jack.

El resto de personajes de la resistencia tienen también su interés: Un francés, traficante de armas y drogas –un extranjero marginal–; un negro, Leche Materna, hijo de un abogado de los derechos civiles asesinado por Vought; una super de moralidad estricta que descubre la inmoralidad de la multinacional –en términos de clase, la pequeña propietaria rural estadounidense– y una víctima asiática de las políticas internacionales de Vought. Una colección de marginales y clases sociales en vías de proletarización. Pero todos, y esto es lo importante, bajo la dirección política de Carnicero.

En uno de los capítulos de la segunda temporada Carnicero deja a su suerte, prácticamente traiciona, al grupo de la resistencia porque antepone sus intereses personales al objetivo de destruir a Vought. Jack hace ver a sus compañeros la deslealtad de Carnicero y se propone a sí mismo para sustituirlo en la dirección del grupo. El giro de guion es suficientemente interesante en cuanto explica cómo para la izquierda estadounidense la dirección de la clase obrera es imposible. El desarrollo de la serie evidencia la valía de Jack: Ha demostrado su heroísmo, capacidad de decisión y su corrección estratégica; también su integridad moral y solidaridad frente a la depravación y egoísmo de Carnicero; al mismo tiempo, Carnicero instrumentaliza a sus compañeros para sus propios intereses, algunos mezquinos.

Sin embargo, ninguno de sus compañeros, salvo la pequeña propietaria agraria, actúan, aunque con pleno conocimiento de las razones de Jack, como si simplemente la dirección del grupo de resistencia perteneciera por derecho natural a Carnicero, el pequeño burgués extraño. Es fundamental entender que la negativa de los demás no requiere argumentación, se da como necesaria.

Yo no hago aquí una defensa del populismo; antes al contrario, quiero dejar constancia de qué alianza de clases imagina la izquierda estadounidense y quién la hegemoniza, porque eso dicta sus límites.

Jesús Ruiz