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Cuando el primer político del partido de Los Verdes, Joschka Fischer, se presentó en el parlamento de Hesse para ser investido Ministro de Medio Ambiente, los ordenanzas en las entradas le denegaron el acceso a la sala de las sesiones plenarias porque iba vestido de zapatillas de deporte blancas1, vaqueros, jersey y – como máxima concesión de un ex-combatiente callejero y antisistema a las costumbres de los partidos tradicionales – una americana cutre. La imagen que los ecologistas acuñaron en los primeros años de su existencia fue de un partido progresista, de izquierda no ortodoxa y un partido antipartidos.

En el año 2021 la pregunta por tanto es, ¿cambiaría la política alemana incluso europea como sospechan o temen algunos, si la presidenta del partido de “Los Verdes“ en Alemania llegara a la presidencia del gobierno federal después de las elecciones en septiembre del año en curso?

Sin duda la existencia del movimiento ecologista desde los años 70 y por consiguiente el partido verde ha contribuido a sensibilizar la sociedad – y no sólo en Alemania – acerca de los problemas medioambientales que ha producido la industrialización y la economía capitalista a lo largo de su historia. Muchos activistas anticapitalistas pretendían una transformación ecológica de la sociedad, cambiando radicalmente el capitalismo.

Militantes de grupos ecologistas se encadenaron en los años 70 y 80 en las vías del tren para obstruir el traslado de contenedores (Castor) hasta los cementerios radioactivos de los residuos de la energía nuclear; se enzarzaron en crudas batallas campales con las fuerzas especiales de la policía alrededor de las centrales nucleares, en Frankfurt contra la ampliación del aeropuerto y en todo el país delante de las bases militares; en 1982 diputados verdes del parlamento regional de Hesse protestaron contra los misiles americanos desplegados en Alemania en un acto oficial con un General de la tropas estadounidenses rociándolo con sangre; estuvieron en contacto con movimientos revolucionarios en América Latina y en Palestina.

Los primeros promotores del partido verde proceden de los partidos tradicionales (partido socialdemócrata, democracia cristiana), pero como una onda expansiva de las movidas y protestas políticas de la generación del 68, los militantes de muy diferentes grupos y partidos de la izquierda radical (incluido partidos comunistas) se incorporaron pronto al nuevo partido; el lazo de unión fue la ecología aunque algunos y algunas (ex-)comunistas guardaron la esperanza de que cambios más radicales en el sistema político y económico de la República Federal de Alemania hacia el socialismo fueran posibles.

Antes de la formación del partido a nivel nacional (en la Alemania llamada “federal”) habían surgido grupos y partidos locales y regionales que aglutinaron un espectro muy variopinto de los, en aquél entonces, denominados “Nuevos Movimientos Sociales”: anti-nuclear y protección del medio ambiente, pacifistas y feministas, antimilitaristas y antiimperialistas; desde eco-fascistas2 y ecologistas conservadores hasta socialdemócratas y comunistas. Antes de la fundación del partido ya habían presentado una lista encabezada por un ex-diputado democristiano y la activista Petra Kelly3 del SPD (socialdemócrata) a las elecciones europeas. Consiguieron unos 3,2 % de los votos y ningún escaño, pero como subvención electoral ingresaron unos 4,5 millones de marcos, una buena base para el futuro desarrollo del partido.

El 13 de enero 1980 fundaron representantes de todos estos grupos y partidos en una pequeña ciudad del suroeste de Alemania, Karlsruhe, el partido “Die Grünen” (Los Verdes).

De la oposición fundamental a la “Realpolitik”

Poco después de la fundación se incorporaron militantes de pequeños partidos comunistas. El grupo más famoso fue la “fracción central” procedente de la Alianza Comunista (Kommunistischer Bund) que formó – por poco tiempo – junto con otros ex-comunistas dentro del partido verde una corriente socialista. A largo plazo no tenían mucha influencia, pero cosecharon en el congreso de fundación una victoria táctica sobre los conservadores: la mayoría de los congresistas situaba el partido a la izquierda de la socialdemocracia. En los primeros años las luchas ideológicas eran el pan de cada día: los ecosocialistas con su ideología más radical que abogaban por una transición al socialismo eran los fundamentalistas o “Fundis”; la mayoría de ellos abandonó el partido antes de la unificación con los verdes de la RDA. La corriente enfrentada, los “Realos”, que finalmente han podido imponer sus ideas, defendía una política más pragmática: conocido en la historia política como “Realpolitik”4, sobre todo con vistas a posibles cooperaciones y coaliciones con la socialdemocracia y más adelante también con los democristianos.

Los afiliados y también los votantes del partido eran y lo son hoy en día lo que se llama en Alemania “Bildungsbürger” (ciudadanos cultos), es decir personas con cierto nivel cultural (y económico) y procedentes de la pequeña burguesía, que habían tomado conciencia acerca de los problemas medioambientales. Un buen ejemplo son los militantes que procedían de dos pequeños partidos comunistas, uno con un número importante de militantes obreros: la Alianza Comunista (KB = Kommunister Bund), el otro: La Alianza Comunista de Alemania Occidental (KBW = Kommunistischer Bund Westdeutschland) una organización maoísta, muchos de sus militantes de las clases medias altas. Los del KB formaban la corriente socialista siguiendo fiel a sus ideas; los del KBW no tenían problema alguno de “aclimatizarse”, convertirse en “realo” del partido verde recuperando la pertinencia a su clase de origen.

Algunos han llegado – en una sociedad con una fuerte política anticomunista - a ocupar puestos en la cúpula de la administración y del gobierno del estado: ministro de medio ambiente, ministra de salud, secretario de estado, etc. Joschka Fischer, en su fase radical se pegaba con la policía en las manifestaciones de Frankfurt, fue Ministro de Exteriores y Vicepresidente primero del gobierno con los socialdemócratas desde 1998 hasta 2005 (es como si en el gobierno del estado español estuviera Arnaldo Otegi de vicepresidente primero y ministro de economía), en el estado federado más conservador gobierna desde hace diez años un primer ministro verde que se arrepiente hoy de su pasado como comunista del KBW.

Un significativo paso hacia la derecha fue la incorporación de los miembros de la coalición “Bündnis 90” (Alianza 90) un partido anticomunista surgido de los grupos que conspiraban contra el gobierno de la RDA. Conforme abandonaron los anticapitalistas el partido y los de la corriente pragmática con fuerte tendencia neoliberal ganaron terreno, el partido se vuelve cada vez más aceptable para amplias capas de la burguesía incluso encuentra apoyo entre la oligarquía capitalista. Los realos alcanzan en 1998 una primera meta: entrar en el gobierno federal.

Hasta 2005 los ministros y el vicepresidente primero verdes demuestran que saben adaptarse y atender las necesidades de la economía capitalista. La ideología neoliberal se incorpora rápidamente en el programa de los verdes y juntos con los socialdemócratas inician una profunda reestructuración, a costa de la clase obrera, del sistema de seguridad social. Las reformas laborales del gobierno “rojiverde” – que más tarde serán el modelo para otros estados de la Unión Europea – salvan la tasa de ganancia de la oligarquía empresarial y los dividendos para los capitalistas; al mismo tiempo hacen crecer los trabajos precarios (los famosos minijobs) y durante más de diez años los salarios bajos bajaban aun más y los altos subían más. Los jubilados de la clase obrera veían como, por las reformas, sus cotizaciones de toda su vida laboral ya no les daban para sobrevivir después de la jubilación. Hoy cobran una pensión que les obliga seguir trabajando a menudo asumiendo trabajos precarios. Las reformas del sistema de seguridad social (salud, desempleo, jubilación) por parte del gobierno rojiverde, con medidas muy represivas para los más débiles, produce un creciente sector de trabajadores precarios y trabajadoras precarias que antes era casi desconocido en Alemania.

¿El discurso verde se vuelve hegemónico?

El partido ecologista ha ampliado paulatinamente su presencia en la política alemana, tiene en 2021 casi 100.000 afiliados y participa en el gobierno de once estados federados y con ello se ha extendido el discurso ecológico y social hasta que es asumido también por amplios sectores de la burguesía. Lo que hasta hace poco no era posible por “la imposibilidad de afrontar ciertas cuestiones de la filosofía de la praxis en cuanto que estas todavía no se han vuelto actuales para el curso de la historia general o de un determinado agrupamiento social” (A. Gramsci, Cuaderno de la cárcel 11). Hoy la cuestión del medio ambiente es muy actual y por eso existe un amplio consenso de que la protección del clima es, como proclama la candidata verde a canciller, una de las principales tareas del próximo gobierno. Parece que el movimiento ecologista domina con la agenda medio ambiental el discurso político en Alemania, pero las ideas de la sociedad contemporánea son siempre las de la clase dominante, y estas Los Verdes hace tiempo que las han incluido en su ideario y sus programas electorales.

Quizá existe una hegemonía social por lo que se refiere a la agenda ecológica, pero la hegemonía política la sigue ejerciendo la burguesía neoliberal, sus ideas parecen reflejar la realidad objetiva, es decir, que quedan fuera de discusión, incluso se consideran descripciones verdaderas del mundo que son capaces de guiar las clases subalternas (A. Gramsci). Así todo el programa político de Los Verdes se ciñe al marco que determina la economía capitalista. Esto queda claro cuando en una encuesta entre 1.500 ejecutivos una amplia mayoría ve con buenos ojos la pretendiente de los ecologistas como canciller; será porque no temen que finalmente ellos tendrán que pagar la factura. Parece que estén bastante seguros que con Annalena Baerbock los intereses del capital están en buenas manos. En realidad es la presidenta de los verdes, la garantía de que un gobierno verde respetará siempre las reglas del juego. Ella fue elegida en 2020 para entrar en la red social más exclusiva del mundo: los “Young Global Leaders”. Es el club de los futuros líderes políticos y económicos creado por la fundación del Foro Económico Mundial que reúne cada año en Davos/Suiza la “creme de la creme” del capitalismo global – vamos: la fragua de los explotadores y las explotadoras de mañana.

Un diálogo estratégico con el capital

En el año 2011 ganaron las elecciones en la autonomía Baden-Württemberg, uno de los estados federados más conservadores con sede de importantes y poderosas industrias, como son la Mercedes, Porsche, Bosch, pequeña y mediana empresa del sector metal, etc. Después de diez años gobernando primero con los socialdemócratas y a partir de 2015 con los conservadores todos los patronos están muy contentos con el gobierno verde porque uno de los mayores preocupaciones del primer ministro fue atender las demandas del capital industrial, sobre todo automovilístico. En la dicción del primer ministro se llama: diálogo estratégico cuando se reúne con los capitanes industriales. Las cantidades de donaciones que ingresan estas firmas en las cuentas de los ecologistas muestran lo felices que son, desde luego la industria del automóvil o por ejemplo la patronal de la industria de metal y eléctrica, que integra entre otras las mayores empresas armamentísticas, dona cada año unos 110.000 euros a los verdes del suroeste alemán.

El militarismo es parte integral del capitalismo

Parece una pequeña inversión, pero puede resultar muy rentable, pues los halcones verdes, la presidenta y su co-presidente han anunciado que – cuando estén en el gobierno - aumentarán los gastos militares en Alemania y abogarán por una fuerte militarización de la Unión Europea. Los Verdes se están perfilando como el partido más belicista y agresivo sobre todo frente a Rusia y China. Están a punto de adelantar la derecha alemana por la derecha. El objetivo de estos neocons verdes es sostener la supremacía occidental, por eso, reza su programa electoral, que “el ejercito alemán junto con la imprescindible OTAN debe integrar cada vez más personas de muy variada procedencia social y étnica.”

El militarismo es parte integral del capitalismo como explica muy claramente la Teoría del Imperialismo de R. Luxemburgo: “Es para el capital un medio de primera magnitud para realizar la plusvalía”, su función es por tanto orgánica, es parte del sistema de explotación. Una función de la OTAN es apoyar al imperialismo europeo y de USA ampliando y conquistando nuevos mercados y allanar el camino para los mercaderes del capitalismo occidental. Un ejemplo reciente y prueba del belicismo de Los Verdes es la guerra de Yugoslavia, donde intervinieron soldados alemanes con el consentimiento explícito del Ministro de Exteriores de aquél gobierno: Joschka Fischer de los Verdes.

Camaradas del DKP se preguntan ¿Los Verdes no querrán la guerra?

El periódico de los y las camaradas del DKP en Alemania titula¿Los Verdes no querrán la guerra?”. Seguramente una pregunta retórica porque en su programa electoral, los ecologistas no dejan a sus potenciales votantes en la duda: Si llegan a formar gobierno federal, el ejercito alemán defenderá la democracia (y se supone los intereses económicos) de Alemania en todas partes del globo.

Incluso en la política acerca del cambio climático pretenden, en una cooperación con Estados Unidos, contrarrestar la competencia de China. El “Green New Deal”, actualmente en boca de todos, desde Estados Unidos y el Reino Unido hasta Rusia y China, es en las economías capitalistas un intento de superar las crisis estructural del sistema. En diciembre presentó la comisión de la UE a través de su presidenta Ursula von der Leyen su propuesta de un “Nuevo Tratado Verde” que no es otra cosa que un programa de subvenciones para las empresas europeas, para que puedan competir sobre todo con China y USA.

En las últimas elecciones al Parlamento Europeo consiguieron Los Verdes más del 20 % de los votos y parece que los Verdes Europeos 5 representan hoy la pequeña burguesía que Marx y Engels ubicaron entre la clase obrera y la gran burguesía.

En el Manifiesto Comunista hablan Marx y Engels del Socialismo burgués: “A esta categoría pertenecen los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que pretenden mejorar la suerte de las clases trabajadoras, los organizadores de la beneficencia, los protectores de animales, los fundadores de las sociedades de templanza, los reformadores domésticos de toda laya. […] que quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren perpetuar la sociedad actual sin los elementos que la revolucionan y descomponen. ” Habría que añadir a esta categoría los ecologistas del partido “Los Verdes”.

El partido sigue teniendo una imagen pública de progresista, aunque los ideales del principio como el antimilitarismo y el pacifismo hace tiempo que están en el museo de la democracia burguesa – igual que las zapatillas blancas de Joschka Fischer hoy están en el Museo de la Piel en Offenbach.

Drahreg


1 Se las puso únicamente para la investidura, fue una provocación intencionada.

2 En los primeros años existía una minoría de ecofascistas que pronto fueron expulsados o abandonaron el partido.

3La activista Petra Kelly promocionó también la fundación del partido Verde en España en 1984.

4 Machiavello fue quizá el máximo defensor de la Realpolitik, que pretende alcanzar sus objetivos políticos y entonces todo, los ideales, valores y los medios son negociables.

5 El Partido Verde Europeo integra unos 22 partidos nacionales, cuatro de ellos forman parte de gobiernos nacionales: Austria, Suecia, Finlandia, Luxemburgo.