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El próximo 23 de junio, la delegación de Cuba ante la ONU presentará nuevamente una resolución de condena contra el Bloqueo financiero, económico y comercial que el imperialismo norteamericano impone como elemento de guerra permanente contra la Revolución Cubana y la inmensa mayoría del pueblo, que apoyó el derrocamiento del sanguinario dictador Fulgencio Batista, y que ahora continúa firmemente respaldando a su gobierno, su Partido Comunista y su proceso socialista, tal y como ha sido constatado en el reciente VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, que tuvo lugar durante el pasado mes de abril.

Nuevamente Cuba expondrá las consecuencias internas para tan vil agresión, que agrava la incidencia de la pandemia de la Covid-19, al afectar directamente a productos sanitarios y medicinas necesarias para combatirla. Es tan execrable el mantenimiento del bloqueo que en la reunión de la Asamblea General de ONU que las votaciones favorables al levantamiento del bloqueo ofrecen un resultado abrumador de la práctica totalidad de los países miembros (sólo dos votos negativos, el del propio EEUU y el de la entidad sionista de Israel).

Desde el mismo comienzo de la Revolución, el entonces presidente Eisenhower presionó con medidas que impedían un libre comercio con la isla. La confrontación fue adquiriendo niveles muy peligrosos, incluyendo la “crisis de los misiles”, que estuvo a punto de encender un fuego a nivel mundial. Todo llegó a enquistarse a partir de 1962, cuando John Kennedy firmó una orden presidencial que declaraba “un bloqueo total contra la isla”.

Son pues, ¡59 años del bloqueo contra Cuba!, que parecía que se pudiese ir relajando con la presidencia de Obama, donde se produjo la reanudación de relaciones entre los dos países, pero que no afectó al bloqueo en sí. Trump, haciendo gala de su relación y vinculación con los grupos de la gusanera de Miami, endureció todavía más las normas que soportan el bloqueo. ¿Derribará Biden esa política de hostilidad hacia Cuba? A falta de conocer con precisión los intereses de los grupos oligárquicos a los que representará, no podemos esperar buenas noticias si tenemos en cuenta cómo ha intervenido en los bombardeos de la entidad sionista de Israel contra la población sitiada de Gaza, o incluso en el conflicto que se ha suscitado entre Marruecos y España a través de la playa del Tarajal.

El momento actual de la lucha de clases resulta frenético, superponiéndose los episodios y acontecimientos sin tiempo para respirar y digerirlos. Ya el año pasado, Díaz -Canel, en su condición de presidente de la República de Cuba, presentó el informe mencionando la excepcionalidad por la que estaba pasando el mundo entero, recordando al Comandante cuando sintetizó que “lo que necesitaba el mundo eran médicos y no bombas”, insistiendo en las consecuencias del bloqueo con estas palabras:

“Recrudecido (el bloqueo) brutalmente en los dos últimos años, incluso en tiempos de pandemia, como prueba de que ese es el componente esencial de su política de hostilidad hacia Cuba. La agresividad del bloqueo ha escalado a un nivel cualitativamente nuevo, que refuerza su condición de impedimento real y determinante para el manejo de la economía y el desarrollo de nuestro país”.

Nos encontramos, pues, en un momento donde se deben considerar fórmulas que cambien la dinámica de resistencia y contención, por otra de iniciativa y avance. El pueblo cubano debe recibir lo que está dando constantemente: ¡solidaridad! La campaña contra el bloqueo debe estar en la agenda diaria de las organizaciones comunistas y revolucionarias, que, sin retórica, desarrollen unas propuestas que centren sus esfuerzos en derribar ese muro imperialista.

Es momento para sentir que, en el almanaque de la solidaridad internacionalista con la Revolución cubana, todos los días son ¡SIEMPRE 26!

Secretaría de Internacional