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Para hacer política, la juventud de la clase obrera necesita espacios donde realizar sus actividades. Lo sabemos y el enemigo de clase también lo sabe.
Necesitamos  espacios para reunirnos con seguridad, lejos de los tentáculos de los cuerpos estatales de represión. Los necesitamos para trabajar la solidaridad con nuestra clase, para apoyarnos entre familias trabajadoras, a las que el salario no nos alcanza para cubrir los gastos de la vida. Necesitamos espacios para preparar actos, charlas, donde hacer llegar nuestras posiciones a la clase trabajadora. Necesitamos espacios donde organizar nuestro ocio, alejado de las formas consumistas y de mercantilización del tiempo libre que el capitalismo nos quiere imponer.
La persecución del estado a nuestros espacios es más que evidente. No podemos poner libremente una mesa informativa en la calle sin riesgo a que la policía venga a decirnos que, sin permiso del ayuntamiento, no podemos estar ahí.

La plaza política de Tirso de Molina, en Madrid, demuestra que el derecho a poner nuestra política en las calles no se mendiga a las instituciones, se consigue colocando nuestra política en las calles independientemente de las amenazas de multas que se reciban.
Las experiencias también nos demuestran que no podemos depender de espacios físicos cedidos por los ayuntamientos o comunidades autónomas bajo sus condiciones, que se oponen a que les demos un uso que refuerce nuestras posiciones en la lucha de clases. Problema con el que nos hemos encontrado con mucha frecuencia cuando, por ejemplo, utilizamos los locales cedidos a las asociaciones vecinales de nuestros barrios, en los que no podemos acceder de noche para hacer agitación o hacer actos políticos, por miedo a una mirada delatora que llame a la policía a denunciar un uso irregular del espacio.

Es casi infinito el número de ejemplos en los que depender del permiso o la complacencia de las instituciones nos subordina a la docilidad impuesta por la clase dominante.
Como todo derecho en el capitalismo, el derecho a disponer de espacios no se puede esperar como una cesión desde el poder. Al contrario, hay que disputarlo hasta que sea nuestro. La lista de posibles maneras en las que disponer de espacios es casi igual a la lista de maneras en que la clase obrera persigue sus espacios. Aquí toca señalar a la socialdemocracia (la alianza Unidas Podemos, PSOE, UI/PCE o Más País) como ariete contra los centros sociales y demás espacios.

Tres casos muy diferentes entre sí bastan para ejemplificar esto. El primero sería el de la pura conciliación y pacto, como se dieron en Madrid durante el mandato de Manuela Carmena, cuando diversas casas okupas en el centro turístico y bohemio fueron reconvertidas a centros culturales; se consigue así convertir una voz disidente en el centro de la ciudad en un activo turístico y despolitizado. Un segundo ejemplo sería el del uso de la pura fuerza policial, como en el intento de desalojo del CSOA la Casika, en Móstoles, el 30 de mayo, cuando el ayuntamiento del PSOE mandó entrar sin respetar ningún cauce legal. Un tercer caso sería el de Centro Social La Cosa Nostra de Castelló, que en plena pandemia recibe una sanción judicial por coste de 75.000€ a cargo del gobierno del cambio (Compromís, PSOE, Podemos) de la Generalitat Valenciana.
La experiencia que podemos sacar de estos casos, y de todo lo anterior, es que los espacios deben  ser nuestros. Si el uso de esos espacios depende de las condiciones que el sistema nos imponga, nunca vamos a poder desarrollar una política libre en ellos, pues quien te da de comer, te controla.
Las experiencias para disponer de estos espacios son variadas, desde la okupación hasta conseguirlos por nuestros propios recursos económicos. Lo que queda claro es que los espacios para hacer política deben ser nuestros y hemos de disputar el derecho a usarlos. No podemos caer en la comodidad de pensar que la titularidad legal de un local nos garantiza tranquilidad alguna, y quien lo piense, que mire el cierre indiscriminado de herriko-tabernas en el País Vasco sin justificación legal alguna.

JCPE Madrid