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El imperialismo, esa voraz bestia que, ávidamente, va sembrando caos, barbarie y muerte allí donde pisa. Una bestia que no cesa en su acecho a su víctima; tratando de atraparla, de asfixiarla; tratando de cebarse con ella, aún más si cabe. Una bestia que no perdona que una digna y heroica isla del Caribe haya hecho una revolución frente a sus puertas, en el que fuera su patio trasero.

Llevamos años siendo testigos de cómo toda esta vorágine imperialista trata de aniquilar a sus víctimas; tratando de buscar cualquier hueco, cualquier grieta que le pueda permitir debilitarla. Y sí, el deporte tampoco queda exento de ser partícipe en esta agresión.

De sobra conocidas son ya las consecuencias del Bloqueo -impuesto por Kennedy en el 62- a Cuba; bloqueo que también la perjudica en el ámbito deportivo generando muchísimas dificultades a la hora de adquirir material deportivo y/o obtener materias primas para generar el mismo. Por ejemplo, otra de las grandes dificultades era también la imposibilidad de los deportistas cubanos de poder fichar por las grandes ligas sin necesidad de desertar de su país, renunciando así a su nacionalidad. Esta era una de las grandes barreras con la que se topaban los beisbolistas cubanos cuando despuntaban y trataban de fichar por la Major League Baseball (MLB).

Para situarnos mejor en el contexto vamos a remontarnos algunas décadas atrás en el tiempo. Desde que, tras la Revolución Cubana, en 1959, los y las atletas cubanas comenzaron a destacar internacionalmente, no han sido pocos los hostigamientos y el acoso al que se ha visto sometido el deporte cubano; y tampoco han sido pocos los intentos de “estimular” las deserciones en el deporte cubano. No es nada irrisoria la cantidad de atletas que, seducidos por jugosos contratos profesionales, han desertado rumbo a EEUU, vendiéndose al mejor postor y desagradeciendo así todos los esfuerzos y sacrificios de la Revolución por tratar de formarlos como deportistas de élite.

Esta situación se logró solventar –de manera temporal- tras el acuerdo al que llegaron en 2018 las grandes ligas de EEUU con la Federación Cubana de Béisbol. Acuerdo que rompería el anterior presidente, Donald Trump, por y según sus propias palabras “violar las leyes del bloqueo a Cuba”. Este acuerdo, alcanzado tras tres largos años de negociaciones, daba un marco seguro y legal para que los jugadores de béisbol cubanos pudiesen fichar por las grandes ligas norteamericanas sin verse en la obligación de renunciar a su patria y sin tener que embarcarse en peligrosos viajes destino Florida a través de traficantes; acabando así con la trata de jugadores cubanos por parte de organizaciones criminales. A cambio, el Gobierno Revolucionario obtendría una serie de ingresos, por parte de la MLB, por la formación de los atletas que recalaban en el país norteamericano. Y, como dijimos anteriormente, acuerdo que hizo añicos la Administración Trump. Esto no deja de ser una de las múltiples facetas de la guerra imperialista.

Hace algunas semanas, tuvimos la noticia de una nueva deserción: César Prieto; quien abandonó la Selección Cubana aprovechando su estadía en EEUU, rompiendo así el compromiso contraído con la Revolución y el pueblo de Cuba. Sobra decir que estas actitudes mercenarias se ven incentivadas por la ruptura de dicho acuerdo. Por el contrario, recordamos como ejemplos de firmeza revolucionaria aquellas figuras del deporte cubano ante las tentativas de hacerse con sus servicios en territorio yanqui.

Uno de los más dignos ejemplos fue el del boxeador, Teófilo Stevenson. Teófilo, uno de los mejores boxeadores olímpicos de la historia, con tres medallas de oro en su palmarés en la categoría de los pesos pesados, recibió su primera oferta para su deserción en los JJOO de Munich 72 a cambio de recibir una importante suma de dinero. Años más tarde, le ofrecerían un millón de dólares a cambio de combatir con el mismísimo Joe Fazier en EEUU. Tal era su compromiso y principios revolucionarios que respondió a la oferta con un “¿Qué es un millón de dólares comparado con el cariño de ocho millones de cubanos? No cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer”.

La enorme cantidad de recursos que destina el imperialismo yanki en hostigar a la revolución, consigue en ocasiones encontrar a determinados elementos que se dejan vender por dinero. A pesar de ello, la revolución cubana no solo sigue siendo ejemplo en la formación de grandes deportistas, sino también de seres humanos conscientes, con la dignidad y los valores humanistas por bandera.

¡Venceremos!

Axerax Trujillo

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