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Tras la deportación en Siberia Occidental en 1900, y ya en el extranjero, Lenin comenzó a preparar la organización de un periódico revolucionario para toda Rusia, al que llamó Iskra (“La Chispa”). Se editó en Alemania, y la redacción se instaló en Munich, adonde se trasladó Vladimir Ilich. El primer número vio la luz en los alrededores de 1900, llevando como título: “¡De la chispa saldrá la llama!” Epígrafe premonitorio, pues en Rusia se encendió una enorme llama revolucionaria encabezada por la clase obrera. Huelgas obreras, campesinos levantados contra los terratenientes y estudiantes en permanente agitación hicieron posible que el periódico se convirtiera en el centro de unificación de todas esas protestas y fuese capaz de atraer a las masas a la lucha revolucionaria. Fue entonces, en 1902, cuando Lenin publicó su libro ¿Qué hacer? en el que exponía y argumentaba el plan de organización del partido proletario. “Un partido de nuevo tipo” en nada parecido a los partidos socialdemócratas de aquellos tiempos. “Un partido adaptado a la lucha revolucionaria”, capaz de encabezar el movimiento obrero, ser su fuerza dirigente y dotarse de la teoría marxista, porque - escribía Lenin - “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”.

El proletariado, “jefe de la revolución”

La batalla contra el oportunismo nacional e internacional, que negaba el papel revolucionario del proletariado, fue enorme hasta lograr en el II Congreso del POSDR (Partido Obrero socialdemócrata de Rusia) la creación del Partido marxista verdaderamente revolucionario cuyo objetivo es la construcción del socialismo. “Queremos una organización nueva y mejor de la sociedad. (…) No serán unos cuantos ricachones, sino todos los trabajadores los que habrán de recoger los frutos del trabajo común. (…) Esta sociedad nueva y mejor se llama sociedad socialista”, explicaba Lenin a los campesinos pobres en el folleto titulado A los pobres del campo en 1903, alentándolos a aliarse a los obreros. Aquel año se fundó por tanto el Partido que conduciría a la clase obrera y al campesinado pobre al poder en Rusia. Un Partido que debía constar de dos partes: “de un reducido círculo de revolucionarios profesionales, personas íntegras y totalmente entregadas a la revolución, y una amplia red de organizaciones locales del Partido, integrada por la masa de los miembros del mismo”. Propósitos que hallaron la resistencia de los “economistas” que negaban el papel político dirigente del proletariado, y que enfrentaron a “bolcheviques” (mayoritarios) y “mencheviques” (minoritarios) durante el desarrollo del mencionado II Congreso, pero que finalmente se decantó por un partido revolucionario marxista, modelo para los partidos comunistas y obreros del mundo entero. Sin embargo la oposición encarnizada de los oportunistas “mencheviques” no cesó, obligando a Lenin a escribir Un paso adelante, dos pasos atrás, libro publicado en 1904, y en el que se formulan las normas inmutables del Partido. Pese a todo, la cruel realidad zanjaba frecuentemente divergencias y disquisiciones. Fue el caso de las centenas de obreros ametrallados en Petersburgo durante las imponentes manifestaciones del 19 de enero de 1905. Sucesos en los que Lenin vio el comienzo de la revolución. Por ello, para su preparación, y para participar en el III Congreso del POSDR, el primer congreso bolchevique pues los mencheviques denegaron su asistencia, Vladímir Ilich salió de Ginebra para Londres en abril de 1905. Allí el Congreso examinó los problemas cardinales de la revolución en marcha: la insurrección armada, el gobierno provisional revolucionario y la posición política frente al campesinado. A su término, y después de ser elegido al frente del Comité Central, Lenin regresó a Ginebra donde escribió el libro Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, en el que se reflejan las discrepancias entre bolcheviques y mencheviques respecto al modo de enfocar la revolución y sus fuerzas motrices. Para Lenin y los bolcheviques el proletariado debía ser “el jefe de la revolución”, insistiendo además sobre los postulados marxistas en cuanto a la táctica a emplear en la revolución democrático-burguesa, y sobre las condiciones para su transformación en revolución socialista.

Potemkin, preludio de Octubre

Sin duda Lenin tenía razón en sus análisis, y los acontecimientos del verano de 1905, plagado de grandes huelgas en los principales centros industriales del país (Petersburgo, Varsovia, Lodz, Bakú, Odesa), lo ratificó. Símbolo inmortal de aquellos heroicos sucesos fue la sublevación en el acorazado Potemkin de la flota del Mar Negro, a la que Lenin atribuyó una enorme importancia. La historia demostró más tarde que se trataba incontestablemente del preludio de la revolución de Octubre. Un preludio que arrancó al zar, el 17 de octubre de aquel año, la promesa de la inviolabilidad personal y las libertades de expresión, imprenta, reunión y otras libertades civiles. Victorias todas ellas que no desviaron el objetivo de Lenin de continuar desarrollando la revolución hasta llevar a las masas a la insurrección armada. El punto culminante de la revolución de 1905 tuvo lugar en el mes de diciembre. Durante 9 días varios miles de obreros mantuvieron una heroica lucha armada en numerosas ciudades, finalmente aplastada por el Gobierno zarista. Sin embargo, de aquella derrota se extrajo la enseñanza de establecer la unidad en el Partido para luchar con más éxito contra el zarismo. Con ese espíritu se celebró en Estocolmo, en abril de 1906, el IV Congreso del POSDR, el Congreso de unificación. Pero las diferencias políticas entre bolcheviques y mencheviques provocaron la convocatoria de un nuevo congreso del Partido en abril de 1907. El V Congreso tuvo lugar en Londres y de él surgió el posicionamiento político frente a los partidos burgueses. Fue igualmente entonces que empezaron los penosos años de reacción y persecución implacable a Lenin, quien emigró de nuevo al extranjero. Esta vez por más de 9 años. Tiempos por tanto de repliegue, durante los cuales Vladímir Ilich defendió la necesidad de conllevar el trabajo clandestino con la participación en las organizaciones obreras legales y en la Duma de Estado, para que el Partido no se desconectara de las masas populares.

Efervescencia revolucionaria

En aquellos difíciles años Lenin no se desalentó jamás, ni en Ginebra ni en París. Combatió el liquidacionismo y el revisionismo menchevique y publicó, en 1908, el periódico Proletari. También escribió el libro Materialismo y empiriocriticismo donde desenmascara a los enemigos de la filosofía marxista, a los "revolucionarios de palabras bonitas”, demostrando igualmente que filosofía y política están estrechamente unidas. Asimismo, en ese tiempo de forzado exilio, Lenin explicó que, tras derrotar al zarismo, la tierra debía pasar de manos de terratenientes y capitalistas a manos campesinas. Además participó activamente en los congresos de la II Internacional con informes y artículos sobre el movimiento obrero internacional, al tiempo que comprobaba que en Rusia la efervescencia revolucionaria crecía exponencialmente con la lucha de las masas campesinas, el ejército y la flota. Motivado por esta situación política, y con el fin de aproximarse a Rusia, Lenin se trasladó de París a Cracovia donde vivió hasta comenzar la primera guerra mundial en 1914. Desde esa ciudad cercana a la frontera rusa colaboró con el periódico legal Pravda fundado en 1912 por los obreros de Petersburgo. Un periódico que forjó una nueva generación de obreros revolucionarios que más tarde contribuirían considerablemente a la victoria de la Revolución Socialista de Octubre. Pero los dados definitivos estaban aún por echar, y mucha sangre correría todavía por las calles rusas antes de tomar el Palacio de Invierno, símbolo del poder monárquico.

(Continuará)

José L. Quirante

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