Tras más de un lustro con un reguero inagotable de datos macroeconómicos tan negativos como son la caída constante del PIB, el incremento de la deuda pública –llegará al 100% del PIB en 2.014-, la permanente bajada demográfica o la necesidad de pedir a la UE y avalar por el Estado un rescate a la banca privada de 67.300 millones de €, en este momento, el aparato de propaganda del estado burgués está inmerso en una fuerte campaña orientada a modificar la subjetividad de la población respecto a la evolución de la crisis estructural capitalista.

 

En un osado ejercicio de manipulación ideológica se busca, con la repetición de unos pocos e irrelevantes datos macro de relativo avance económico como la cuestionada previsión de incremento del 0.7% en el PIB de 2.014, un aumento de la inversión extranjera en los devaluados oligopolios españoles o la mejora de la balanza comercial - motivada por el hundimiento de las importaciones-, trazar una línea de pensamiento que genere confianza en una pronta superación de la crisis. No es tarea fácil convencer a quienes el paro y la precariedad laboral les supone en su cotidianeidad miseria y exclusión social que, pese a su pobreza objetiva y falta absoluta de perspectivas de mejora, nos hallamos en la senda de la recuperación económica. Es a las 6.000.000 de personas sin empleo, al 56% de jóvenes parados, a los millones de mujeres expulsadas de la actividad laboral1, a los 452.000 trabajadores y trabajadoras afectados/as por un ERE el año pasado, a los millones que ven bajar sus salarios, al 1.807.000 de hogares con todos sus miembros en paro, a los 101.034 desahuciados en 2.012 y a las 700.000 personas forzadas a emigrar desde 2.008 a quienes se les tiene que convencer que las alegrías del gobierno y de oligarcas como el banquero Botín anunciando el pasado mes que le chorrea el dinero, son las suyas.

Muy altos han de ser los niveles de alienación de un pueblo y muy escasas las voces ajenas al poder que se le permita escuchar para, con esos datos objetivos que hemos relacionado, mantener l a paz social. En España, con un incremento constante de la conflictividad laboral y una creciente radicalización de la misma, a la clase dominante se le pone ante sus ojos el riesgo de ver quebrados los consensos sociales que le permite ejercer su dictadura con apariencia democrática y, consecuentemente, reacciona a todos los niveles. Modifica leyes para fortalecer su dominación (seguridad ciudadana, código penal, reforma pensiones, reforma laboral…) e incrementa el número y la intensidad manipuladora de sus aparatos de propaganda. Todo vale y si el estado y las agencias de información son propiedad de los mismos monopolios por qué limitarse dirán ellos. El objetivo es lograr que la clase trabajadora y los sectores populares condenados a proletarizarse no tengan la capacidad de ser consciente ni de su propia desolación y si para conseguirlo es necesario utilizar la mentira y repetirla mil veces emulando a Goebbels hay que prepararlo todo para que nada se lo impida.

Por ello, hoy más que nunca, nuestro deber es intervenir ante nuestra clase, utilizar profusamente la propaganda y hacer de cada militante un agitador/a con capacidad de demostrarle a los trabajadores y trabajadoras que en el capitalismo del siglo XXI no hay espacio para la mejora de sus condiciones de vida; que son ellos o nosotros y que sus brotes verdes son nuestra miseria.

Julio Díaz


 

 

1 La actividad laboral entre las mujeres en España es de sólo el 53% y, de ellas, el 26.55% están en paro

 

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