El servicio postal nace en el año 1716, ya como servicio público para vertebrar el territorio. Han pasado más de 300 años, muchos cambios sociales desde entonces, pero la necesidad de unir a las personas sigue siendo vital para un estado. Ese es el motivo por el que la gran mayoría de países mantienen y cuidan su correo.

El correo debe servir para evitar esa sensación que tienen los habitantes de lo que hoy llamamos “España vaciada” de abandono, al ser un punto de acercar la administración a todos los lugares, por pequeños que sean.  Correos tiene más de 8.300 centros de atención y alrededor de 6.500 carteros y carteras rurales.

Es cierto que el cartero de “Crónicas de un pueblo” tiene los días contados; vivimos en la sociedad de la inmediatez (algunas veces de la estupidez, por ejemplo que te llegue tu pedido de Amazon un domingo por la mañana), y esa rapidez está reñida con precios razonables, regularidad, cercanía, que da y debe seguir dando el Correo Público.

“Tout pour le peuple, rien par le peuple” 1  . Esta frase aparecida allá por el siglo XVIII y que definía la forma de actuar de lo que, en Historia, se conoce como Despotismo Ilustrado, parece que lejos de perder su significado con el paso del tiempo sigue manteniendo toda su frescura en la actualidad.

Y esto viene a cuento de lo que, de forma rutinaria, se viene practicando por el gobierno de turno, da igual que sea de la derecha más cerril o del “más progresista de la historia”, que en unión de los llamados agentes sociales, esto es, patronal y sindicatos mayoritarios, se arrogan la representatividad de todo el conjunto de la clase obrera y de los sectores populares, no por así habérselo encomendado directamente esta clase o estos sectores, sino por virtud de unas disposiciones legales de las que ellos mismos se han dotado.

Las claves para entender este descarado escamoteo de la participación de la clase obrera en la toma de decisiones fundamentales que le afectan nos hace retroceder décadas atrás.

El panorama del sindicalismo en el Estado español es, ciertamente, bastante desolador, un movimiento obrero atomizado y dividido en múltiples sindicatos hace que nos veamos en una difícil tesitura para dar una respuesta ante la reacción que está llevando a cabo la patronal contra los derechos de los trabajadores. Tras 10 años de crisis capitalista vemos ante nuestros ojos cómo se tumban derechos que han costado mucho sacrificio conseguir.

Para situarnos de por qué se ha llegado a esta situación hay que remontarse a un pasado más bien reciente. Los Pactos de la Moncloa que firmaron las grandes centrales sindicales CC. OO. y UGT supusieron la claudicación y el abandono de la idea clave que supone la organización y la movilización para conquistar nuestros derechos.

Decíamos en un artículo publicado en este mismo órgano, en diciembre de 2019, que abordar el tema de la unidad sindical no resulta una tarea fácil 1. No obstante, la tarea de conseguir que, ante las agresiones constantes del capital la clase obrera presente un frente lo más unitario y firme posible, sí es susceptible de ser llevada a cabo con éxito si tenemos claro lo que significa la “unidad de acción sindical”. Esto no significa que sea una tarea fácil, solo significa que es posible.

Desde 2010 la banca española ha destruido más de 100.000 puestos de trabajo, de ellos más de 15.000  en plena pandemia y según palabras del presidente de la AEB,  José María Roldán “aún queda ajuste para más”.

Cinco bancos en régimen de oligopolio de grandes capitales bancarios controlan al estado y medios de comunicación a su servicio concentrando  el 80% del mercado bancario español,  CaixaBank, Santander, BBVA, Bankinter y Sabadell han declarado en el primer trimestre del año ya la mitad de todos los ingresos que consiguieron en 2019 “no es que puedan seguir ajustando más”, es que la única salida que conocen para superar sus crisis es destruir fuerzas productivas y reducir salarios, incrementar la tasa de explotación de quienes todo lo producimos.

No debería ser complejo valorar lo que debe hacer una organización sindical el día de la clase obrera, en ese día que mundialmente conmemora la lucha con huelgas y muertos por la jornada de 8 horas hace más de 135 años, cuando en la actualidad, en muchas empresas se siguen trabajando más horas sin cobrarlas ni cotizarlas.

No debería ser complicado valorar qué hacer, cuando las reformas laborales por las que se convocaron huelgas generales siguen vigentes.

Debería estar clara la posición sindical frente a los masivos despidos en las empresas con altísimos beneficios que además han sido saneadas con dinero público.

Respecto a la huelga, decía Lenin que “el capitalismo lleva necesariamente a la lucha de los obreros contra los patronos, y cuando la producción se realiza a gran escala, esa lucha se convierte necesariamente en lucha huelguística”.

A lo largo de la historia del movimiento obrero, los obreros y obreras se van uniendo en la lucha contra las condiciones que les imponen los patronos para lograr mejores condiciones de vida. En esta lucha, la huelga ha jugado un papel fundamental, pues es el momento en el que el proletariado toma el control efectivo sobre la producción, con el subsiguiente perjuicio -y terror- para el patrono.

Cómo es lógico, la huelga, como instrumento de la clase obrera, ha estado siempre en el punto de mira de la burguesía, la cual ha tratado por todos los medios a su alcance, que no son pocos, de impedirla y, en todo caso, desviarla y hacerle perder su carácter reivindicativo y de clase.

“La historia entera no es más que una transformación continua de la naturaleza humana”. Karl Marx, Miseria de la Filosofía.

Por eso, a la pregunta: ¿Qué hacer para aportar a los obreros conocimientos políticos?

Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.

(V.I. Lenin, ¿Qué Hacer?)

Y por eso, el PCPE nos hemos dotado de la propuesta comunista de los CUO. La hemos denominado Comités de Unidad Obrera, como síntesis del mensaje a trasladar a la clase obrera. Lo primero es la unidad. No se debe olvidar que fueron tácticas imperialistas las que dieron lugar al antiguo aprendizaje de “divide y vencerás”.

Sólo el 14% de las personas trabajadoras en situación activa o en edad laboral se encuentran organizadas dentro de sindicatos. Este dato refleja claramente el alto grado de desorganización presente en la clase obrera.