A raíz de la noticia que saltaba en los medios a principios de mayo de este año, hemos despertado de un letargo respecto a la reivindicación del tiempo de trabajo.

“La Sala de lo Social del Tribunal Supremo ha determinado que el tiempo que un conductor profesional pasa acompañando al camión que es transportado en un transbordador o ferry cuenta como jornada laboral y no como descanso.”

Sinceramente, en mi cabeza no cabe que ese tiempo que estás fuera de tu casa o de tu lugar de ocio, no fuera tiempo de trabajo… a lo mejor, poniéndole remos al camión, conseguían que el empresario sí lo considerara puesto de trabajo.

Pero pensando en todo esto, daremos un pasito más.

A la clase obrera se la está expulsando de las grandes ciudades o de las ciudades turísticas. La turistificación o gentrificación de las ciudades, de los cascos antiguos (donde aún en malas condiciones sobrevivía la clase obrera) es el detonante actual, pero volviendo la vista a las ciudades industrializadas del siglo XIX, veremos que no es nuevo.

Este tema ya se ha visto y estudiado en este medio más de una vez, pero ahora demos otra vuelta de tuerca.

Si la clase obrera quiere vivir cerca de su centro de trabajo (concentrado la mayoría de  veces en las grandes ciudades), tiene que pagar precios de compra o alquileres imposibles. Un ejemplo clarificador: el precio medio del alquiler en la ciudad de Palma en abril de 2024 es de 15,8 €/m2 (fuente: Idealista.com), con una subida interanual del 13,1 %. Recordemos que el precio de la vivienda está excluido del IPC, y pertenece a esa llamada despreciativamente, inflación subyacente. Hablando en plata, la inflación que nos afecta de verdad a todos: vivienda, energía y alimentación.

Van poco a poco, pero no se apartan ni un ápice de su hoja de ruta: el Gobierno, reducir las pensiones como le pide Europa; la patronal, pagar menos y ganar más; y CC.OO. y UGT han encontrado la gran fórmula de financiación a costa de nuestras pensiones. Dicen defender las pensiones públicas pero permiten la entrada a los fondos buitres en la gestión de los salarios de los trabajadores.

En junio de 2022 se aprobó la Ley de regulación para el impulso de los planes de pensiones de empleo (ley Escrivá), que sin duda es un misil contra las pensiones públicas. Para hacer más atractivos los Fondos de Pensiones se desviarán cuatro fuentes de ingresos públicos, aumentando la reducción en la base imponible del IRPF hasta 10 mil euros y, entre otras medidas, la empresa dejará de aportar hasta 400 euros por cada partícipe a la Seguridad Social. Así mismo, las empresas depositarias de los fondos estarán exoneradas del Impuesto sobre Transacciones Financieras.

El uno de febrero pasado entró en vigor el primer Plan de Pensiones al amparo de la citada ley, firmado por CC.OO. y UGT en el Convenio para el Sector de la Construcción, que afecta a 1 millón 300 mil trabajadores/as.   Otros sectores y empresas están negociando la inclusión de los Planes de Pensiones en los Convenios.   CC.OO. y UGT, en lugar de mejorar los salarios garantizando el poder adquisitivo, pactan salarios diferidos que nos reducen nuestro verdadero poder adquisitivo actual y futuro.

Por qué decimos esto desde la Comisión de Movimiento Obrero del PCPE:

Con más de 100 días de huelga a sus espaldas, la plantilla de Acerinox Europa está dando todo un recital de pundonor, dignidad, resistencia y decidida voluntad de no doblegarse a los chantajes y amenazas de la patronal.

Esta factoría, ubicada en Los Barrios (Cádiz), cuenta con una plantilla de unos 1 900 trabajadoras y trabajadores, quienes desde el pasado mes de febrero han parado la producción exigiendo un convenio más justo, que respete el poder adquisitivo de la plantilla junto con otras reivindicaciones, como la de que no haya despidos o se respete el derecho a la conciliación familiar, así como que anulen los despidos de los siete trabajadores que constituyen el Comité de Huelga.

El pasado 1.º de Mayo, tuvimos la oportunidad de tener entre nuestras filas, en la manifestación que anualmente convoca la Confluencia Sindical de la Bahía de Cádiz por los barrios obreros, una numerosa representación de este colectivo de trabajadoras y trabajadores de Acerinox, y donde informaron de la nula voluntad de la empresa de llegar a una negociación que recoja las reivindicaciones de la plantilla, pero también trasladaron su voluntad de no dejarse pisotear y seguir luchando.

En los últimos días, la plantilla rechazó de plano una “propuesta” de la empresa, que no consistía en otra cosa que la de mantener las miserables condiciones que ya antes habían ofrecido. Esta vez la empresa ha contado con la complicidad de la Junta de Andalucía y del Consejo Andaluz de Relaciones Laborales, quienes, según palabras de los propios trabajadores, han presentado un copia y pega de la propuesta de la empresa de hace dos meses, pasando de ser mediadores a defensores de la patronal.

 

El concepto de la conciencia de clase está íntimamente ligado al concepto de la lucha de clases.

En su origen, las organizaciones sindicales obreras surgen debido a que, precisamente, por lo menos una parte de la clase obrera toma conciencia de “sí misma” y cae en la cuenta de que para defenderse del patrón se hace necesario organizar y agrupar fuerzas. En estos momentos históricos aún la clase obrera no ha tomado conciencia de clase “para sí” y sus reivindicaciones no exceden el marco “economicista”: mejores salarios, menos jornada laboral y poco más, y es en este marco donde surgen las primeras organizaciones obreras y los sindicatos.

Dicho esto y situándonos en el marco actual, en el Estado español nos encontramos con una proliferación de organizaciones sindicales que no se corresponde con el número de trabajadoras y trabajadores que están sindicalizados. Esta proliferación obedece a varios factores. Por un lado, la institucionalización de las dos mayores centrales sindicales, CC. OO. y UGT, con su abandono de la lucha de clases sustituyéndola por el pacto social y colaboración con la patronal, ha propiciado que una parte, con mayor o menor nivel de conciencia, de la clase obrera busque otras alternativas sindicales.

Por otro lado, la clase obrera, salvo excepciones, se encuentra sin claros referentes políticos y sindicales que sean capaces de defenderla sin reservas ni titubeos, sin chantajes ni imperativos legales que valgan.

Las organizaciones sindicales que se denominan de clase, en la mayoría de las ocasiones, no llegan a comprender del todo la imperiosa y urgente necesidad de conseguir unificar las luchas que se están dando por parte de la clase obrera en su continuo enfrentamiento con la patronal, limitándose a gestionar su reducido ámbito de influencia con más o menos éxito, pero sin lograr aglutinar amplias masas obreras que sean capaces de presentar un frente único ante las acometidas de la patronal, y, en todo caso, estos sindicatos realizan tímidos intentos de unificar luchas que resultan del todo insuficientes.

La externalización de servicios en nuestro país es un cáncer que se ha extendido hasta límites insospechados. Hay cuestiones que favorecen la externalización y son de ayuda como es la especialización de determinados oficios, pero los límites a los que se llega raya el absurdo.

¿Qué subyace debajo de la externalización?

Obviamente hay un interés en ahorrar costes, o sea, en aumentar la plusvalía de forma indirecta. A nadie se le escapa la mayor de las externalizaciones que son los Call Center. Mayor en el sentido de explotación laboral, llevándose los servicios a países con legislaciones laborales muy laxas y con niveles de explotación altos. En el caso de España, la facilidad de disponer de mano de obra barata en Latinoamérica, ha llevado a muchos de esos Call Center a Colombia. Por supuesto, la caída del servicio es obvia, no por el maltrato que dan esos trabajadores, sino por la desubicación del servicio que lleva a tener que explicarle al operador que tu pueblo está al lado del otro.

Por tanto, se pierde en calidad de servicio, como mínimo, y el capital aumenta su tasa de ganancia consiguiendo, además, saltarse las legislaciones laborales de los países “desarrollados”.

Pero, ¿Qué pasa cuando la bajada de la calidad del servicio puede provocar un aumento de la peligrosidad laboral?

Sin partido marxista -leninista no habrá situación de crisis revolucionaria, ni toma del poder político del proletariado y de las masas obreras

Este tiempo histórico, que nos ha tocado vivir, está marcado por la agudización de la crisis del modelo socio-político del capitalismo. Modelo fundamentado en la propiedad de los medios de producción y la concurrencia de la mercancía, pero principalmente en la extracción de plusvalía, como muy acertadamente situara Carlos Marx en su crítica al Capital.

Crisis general del capitalismo, en su fase superior, el imperialismo, producto esta de una elevada superproducción de mercancía. Y Marx dice.: “Como fanático de la valorización del valor, el capitalista constriñe implacablemente a la humanidad a producir por producir, y por consiguiente, a desarrollar las fuerzas productivas sociales… La sobreproducción de mercancías es sobreproducción de capital (ya que el capital mismo está compuesto de mercancías). Y la sobreproducción de capital es la sobreproducción de valor destinada a producir plusvalía; o, desde el punto de vista material, es sobreproducción de mercancías destinadas a la reproducción, esto es, a la reproducción en escala demasiado ampliada, que es lo mismo que la sobreproducción pura y simple”. Lo cual significa que “se ha producido demasiado con vistas al enriquecimiento”. Cómo y con qué claridad explicaba este Marx las leyes del Capital.

Leyes irrefutables que, a través de los años  en los que el capitalismo se desarrolla,  hemos llegado a la crisis de su modelo social político; crisis  que hoy azota a más de tres cuartas  partes de la humanidad, de la que el capital solo encuentra una salida, que no es otra que la destrucción en masa de fuerzas productivas y como última carta, destruir estas a través de la guerra generalizada, para de paso, apropiarse de todos los recursos energéticos posibles y, cómo no, de todo el mercado a su alcance.

La actual situación del sistema capitalista, herido de muerte por una crisis estructural irresoluble, coloca a la clase obrera y a los sectores populares en un escenario que, de seguir evolucionando en el mismo sentido que lo hace hasta ahora, la miseria y la devastación, tanto en vidas humanas como de medios materiales, están aseguradas.

Por un lado, el sistema capitalista se lanza contra todo lo que le pueda suponer beneficio para frenar la caída tendencial de su tasa de ganancia, atacando directamente el precio de la fuerza de trabajo que día a día la clase obrera se ve obligada a venderle, bajándolo a niveles que, en la mayoría de los casos, no cubre ni siquiera el coste de la vida. Ataca los derechos adquiridos por los trabajadores y trabajadoras en cruentas luchas: las pensiones, derechos laborales y sindicales… En resumen, todo aquello que es susceptible de ser arrancado a la clase que todo lo produce, el proletariado.

Por otro, este capitalismo senil y violento, se lanza a una aventura guerrerista de consecuencias imprevisibles que, de no ponérsele freno, puede terminar acabando con la propia vida en el planeta. Ataca a todo el ecosistema con su voraz ansia de exprimir hasta el agotamiento todos los recursos naturales, eso sin hablar del despilfarro irresponsable del que hace gala sobre tales recursos, sin importarle un ápice que los mismos sean finitos.

Así pues, encontrándonos en la perentoria necesidad de frenar esa locura, dirigimos nuestras miradas hacia el único sujeto social que puede hacerlo, la clase obrera. Y se nos preguntará el por qué de tal afirmación.

La clase obrera, por el lugar que ocupa en el sistema de producción, es la clase que lo produce todo. Desde un alfiler hasta una locomotora. Todo el proceso productivo necesita ineludiblemente su participación. Y precisamente, esta cualidad suya hace que esté en su mano hacer frente a los intereses del capital.

A finales del año 2021 la Patronal, CCOO, UGT ratificaban la Reforma Laboral del Gobierno Progresista de la mano de la Ministra de Trabajo Yolanda Diaz. Durante la campaña electoral nos vendieron que iban a derogar la reforma de PP del año 2012. Con esa firma daban por finiquitada las duras luchas laborales de los años 2010 y 2012, que nos llevaron a las últimas huelgas generales convocadas en este país. Pero lo cierto, por desgracia para la clase obrera, es que fueron huelgas generales convocadas sin ganas, sin preparación, sin asambleas en las empresas ni plan de continuidad. Convocaron huelga porque no quedaba más remedio pero no echaron la carne en el asador, estaban esperando un acuerdo, la legitimación social como interlocutores y eso se lo dio el Gobierno Progresista y la falsa derogación.

Las reformas laborales del PSOE y del PP en el 2010 y 2012 redujeron la indemnización por despido de 45 a 33 días con un máximo de 24 mensualidades en lugar de las 42 que habían. Desaparecieron los salarios de tramitación, facilitaba la modificación de las condiciones laborales y flexibilizaba la movilidad. Permitía el descuelgue salarial y la inaplicación de materias del convenio…..Todo esto no se tocó en la llamada derogación de la Reforma Laboral, y todo ello fue firmado por el Gobierno, UGT, CCOO y la Patronal, asumiendo desde ese momento el texto como suyo.

Pero el Comité Europeo de Derechos Sociales del Consejo de Europa en el año 2022 estableció ante reclamaciones de los sindicatos Franceses, Italianos y Finlandeses, que las indemnizaciones por despido tenían que ser disuasorias para las empresas al tiempo que deben proteger a los trabajadores despedidos.

Cuando UGT comprobó lo que decían en Europa no tardó en reclamar lo que acababa de firmar a bombo y platillo con el Gobierno en Diciembre del 2021, dejando en manos de Europa lo que deberíamos haber conseguido si de verdad se hubieran derogado las reformas. Viendo lo que se les venía encima, CCOO también reclamó en Europa, sumándose a su colega de recortes laborales.

El 1º de Mayo, sin duda es, y debe ser, una fecha clave, central para el conjunto de la clase obrera, pues por mucho que se quiera edulcorar y vaciar de contenido esta fecha, los ecos de las luchas pasadas todavía resuenan cuando se sale a la calle en este día.

Como todo en la vida de la clase obrera, ésta se basa en la lucha constante -y en no pocas ocasiones intestina- para arrancar derechos a un sistema capitalista inhumano que pasa por encima de la vida de las personas. Todo para que la burguesía pueda seguir manteniendo sus privilegios y ganancias. El origen pues del primero de mayo fueron las luchas de los obreros y obreras de Chicago en 1886, donde éstos reivindicaban la jornada de 8 horas en tiempos en los que la burguesía disponía de barra libre de explotación para extraer el máximo beneficio de cada obrero y obrera. La fuerte lucha y sangrienta represión quedaron impresas en la piel de la clase obrera internacional, que acabaría fijando el 1 de mayo como el día internacional de la clase obrera.

Toda una serie de acontecimientos han contribuido sobremanera al edulcoramiento de un día reivindicativo tan importante. La pérdida del polo de referencia de la clase obrera mundial que fue la URSS y demás países socialistas (valiosa experiencia para la clase obrera internacional). La institucionalización e instrumentalización de las grandes centrales sindicales, que en décadas de Pacto Social apagafuegos y conversión en sindicalismo de servicios no ha hecho sino alejar a la clase obrera de su primera base organizativa. El propio sistema capitalista, la burguesía también aprovecha toda su maquinaria propagandística para descafeinar y vaciar de contenido esta fecha (como con otras fechas reivindicativas) llamándolo “día del trabajo”, por poner un ejemplo. La socialdemocracia (en sus nuevas y viejas formas) ha convertido un día de reivindicación obrera y popular en un mero día “folklorista” en el que por inercia se sale a la calle de procesión; manejar un día como el 1 de mayo de esta manera en la práctica evita la elevación de conciencia de las masas obreras y permite canalizar el posible descontento a las sendas institucionalistas para gozo de una burguesía cada vez más impune.

El Primero de Mayo ha de ser una fecha para recordar, reivindicar, denunciar y solidarizarse. Recordar el origen y todas las potentes luchas en las que la clase obrera ha marchado hacia delante -pagando siempre con sangre- para decir basta a una burguesía que tiene todo un sistema propio montado para ganar siempre y para la que jamás es suficiente. Reivindicar nuestros derechos cada día más cercenados por una patronal envalentonada en ausencia de oposición, por eso hay que reivindicar más fuerte que nunca la unidad de la clase obrera, para golpear como puño y resistir la ofensiva reaccionaria de la burguesía. Denunciar la miseria a la que nos están llevando y denunciar bien alto el camino que están construyendo hacia la guerra total, los muertos, como en la primera gran guerra imperialista de 1914, los pone siempre la clase obrera. Solidaridad con las luchas obreras que actualmente se están sucediendo tanto aquí como en el resto del mundo. 

uyl_logo40a.png