A principios de marzo de 2022 fueron detenidos los hermanos y camaradas Mikhail Kononovich y Aleksander Kononovich, secretario de la Unión de la Juventud Comunista Leninista de Ucrania. Esta detención se produjo por la acusación de ser espías de Rusia y Bielorrusia, una excusa para perseguir el movimiento comunista en Ucrania, que a finales de 2015 ya ilegalizó los tres partidos comunistas; casi un año y medio después de la masacre de Odessa del 2 de mayo de 2014, contra la militancia antifascista y comunista.

Este 10 de abril de 2024 continuaba el proceso contra ellos, una audiencia que llega después de interrogatorios a sus camaradas del Komsomol de Kiev, y otros puntos de Ucrania. Los hermanos Kononovich están en arresto domiciliario, después de una detención en la cual se incumplieron los derechos básicos, fueron agredidos y maltratados durante este periodo, del cual aún arrastran secuelas.

Con la persecución al comunismo que se da lugar en Ucrania, y la exposición a la que les han llevado sabemos que el arresto domiciliario es igual de peligroso que seguir presos, ya que les han señalado y buscan su persecución pública,

La audiencia, que a diferencia de los juicios, es cerrada, sin jurado ni secretario de corte, como ya vienen haciendo, pretendían transmitir por Youtube en un intento de que sea lo más limpio posible, durante las transmisiones sólo se les escucha a ellos, y cuando habla la parte acusadora, tapan el micro o dificultan la entrada de sonido.

Con los juicios sobre el fraude a Hacienda por parte de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, recordamos cuántas veces su respuesta sobre la situación de la juventud ha sido decir que nos falta cultura del esfuerzo, que nos falta talento y mérito.

Está clara la contradicción de culpar a generaciones enteras de falta de esfuerzo,  por parte de quien el único mérito es tener contactos para enriquecerse y cubrir los fraudes de su familia. Pero el mensaje continuo a la juventud, de culparla por su situación, cala entre muchos sectores, incapaces de analizar la realidad que vivimos y, por tanto, de superarla.

Según la EPA (Encuesta de Población Activa) casi la mitad de la juventud menor de 25 años cobra menos del salario mínimo interprofesional. El tramo de edad hasta los 29 años tampoco anda mejor de salarios, que pueden llegar a ser hasta un 35 % más bajos que la media. Si añadimos los datos del precio de la vida, el panorama de pobreza resulta abrumador: la media del alquiler de una vivienda está en 944 €, el más alto desde que hay registros, ello supone dedicar  un 93'9 % de un sueldo medio; alquilar una habitación ronda los 375 €/mes, eso es más del 30 % del salario, además de que dichas cifras superan el máximo del 30 % que se considera adecuado dedicar a la vivienda, evidencian que si eres joven aunque trabajes serás pobre.

De todo este discurso del esfuerzo, el talento, y el mérito viene el descontento de las generaciones de la clase trabajadora: gran parte se han dirigido a buscar la formación, con diferentes grados de esfuerzo propio y familiar para estudiar, creyendo en la suerte del éxito individual con todas las historias que nos han contado. Historias de la cultura del emprendedurismo que acaban en las listas de los más ricos, poniéndonos una meta imposible para nuestra clase y condenando a quienes toman esa meta como suya a la frustración constante.

De forma incesante, la locomotora capitalista, alimenta un pensamiento, el cual cala en mayor o menor medida, en el modo en cómo miramos al mundo y cómo nos posicionamos ante éste.

Cuánto de “supuestamente fácil” resulta, en el actual escenario histórico, dejarse llevar por un volátil presente, del cual no somos los actores principales; quizá ilusoriamente, tan sólo eternos secundarios. En ocasiones, el sistema permite que hagamos algún cameo, por el cual sintamos, efímeramente, que rompemos alguna de las cuerdas que nos manejan y podamos así sostener, con cierta “independencia”, ciertas decisiones en distintas áreas de nuestra vida, pese a que éstas se estrellen una y otra vez con la locomotora sin frenos del capital, la cual, en ocasiones, se ofrece en versión “golosa” para despistar a nuestra clase y sobre todo a nuestra juventud que, en su lucha a contra reloj por alcanzar ese horizonte incierto que nos depara la bestia, hace por gestionar y saborear las supuestas “mieles” de sus migajas, en una rueda sin fin y con difícil escapatoria.

Mientras la juventud sortea este laberinto, inexorablemente asume el riesgo de ahogar su inconmensurable potencial, mientras lucha por liberarse de dicha condena; la condena del macabro programa que el capital le tiene encomendado, siendo éste catalizador de distintas realidades que hieren de muerte a la verdadera libertad, como es la organización activa y plena en la toma de decisiones, en todo aquello que verdaderamente atañe a la vida de las personas, en las distintas esferas de su vida; y no la libertad de poder hartarte a cañas. 

Los y las jóvenes de extracción obrera y popular condenados a no tener voz ni voto, conducidos por el capital al páramo yermo de la historia.

Una juventud condenada por los agentes del capital, a un estado de barbecho indefinido, a un porvenir difuso, sin horizontes nítidos. Y es aquí donde surge el cambio de tornas. Una juventud sin objetivos claros ni método emancipador es enormemente maleable, nunca será considerada un peligro que resquebraje lo más mínimo el orden imperante, pero sí aquella juventud dotada no sólo de esperanza vana, sino de un marco ideológico que la empuje, como sujeto revolucionario, en la consecución de una ilusión colectiva y concreta, reconocidos como una misma clase, no siendo otra, que la juventud de extracción obrera y popular, la cual analiza la realidad en su dialéctica material e histórica, tomando partido en ella.

Durante febrero hemos visto cómo las protestas del sector agrícola volvían a las noticias, empezando en Europa y replicándose más tarde en el estado español, paraban carreteras y se movilizaban delante de las instituciones de gobierno y comunidades.

No podemos obviar quiénes son los protagonistas de estas reivindicaciones y cómo, en el sector agrícola, es la agroindustria la que tiene a su servicio la legislación de la UE .

Quienes vivimos en ciudades ahora porque nuestros abuelos y abuelas tuvieron que salir del campo para poder ganarse la vida, podemos en un primer momento, al ver las protestas del campo, pensar en nuestra familia; pero la conciencia de clase y la formación nos dejan claro que la gran mayoría de quienes protestan no somos nosotras, ni nuestra clase.

Los medios de comunicación informan teniendo esto en cuenta y con la estrategia de obviar a los grandes productores del sector primario, borrando cualquier rastro de lucha de clases.

Debemos tener claro que es el capitalismo, con las políticas de la UE buscando la división internacional del trabajo, el culpable de la situación del sector primario. La PAC (Política Agraria Común) reparte subvenciones de las que se benefician principalmente los grandes propietarios. El modelo que proponen (y asientan) es el que ha precarizado el campo español e impone una concentración de cultivos, alejándose de las prácticas agrícolas sostenibles.

 Parte de la juventud, en planteamientos ecologistas y anticapitalistas, habla de la vuelta al campo, la vuelta a la huerta. Este modelo de vida solo es posible para unos pocos, en el cual su rechazo a la realidad capitalista les hace huir de ella, sin confrontarla. Acudir a trabajar un terreno y vivir de ello no es posible para la totalidad de la clase obrera, no solo por la capacidad de la tierra y la fuerza de trabajo, sino también porque tenemos necesidades que es imposible cubrir de una forma tan individualista y porque supone aspirar a una especie de capitalismo de pequeños productores que ya no es posible hoy. El rechazo al sistema es un primer paso con el que trabajar, pero con las acciones individuales de aislamiento y consumo la realidad no se modifica, solo dejamos de verla. Luchamos por unas condiciones dignas de trabajo, que la UE no se aproveche de los trabajadores del campo, ni pequeños o grandes burgueses de nuestro trabajo. Solo mediante la militancia la realidad cambiará, huir de ella es una romantización individual que mantiene la condena de nuestra clase.

“¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres, ignoran las leyes, su moralidad decae.” (Cita atribuida a Platón en el 330 a.n.e.)

Como podemos ver, a lo largo de la historia, la juventud ha sido objeto de numerosas críticas que destacan las supuestas fallas en su carácter y valores. No obstante, debemos tener en cuenta la función que cumplen este tipo de afirmaciones en la actualidad. En este sentido, Karl Marx afirmaría: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época […] (Marx, 2007, p 31)” es decir, que las ideas que prevalecen en una sociedad son aquellas que benefician a la clase dominante en esa sociedad en un momento determinado. En este marco, la narrativa que presenta a la juventud como personas que “no se esfuerzan” o “no tienen valores” etc. nace de una ideología que busca desviar la atención de las verdaderas problemáticas sociales. Así mismo, en lugar de examinar críticamente el sistema que condiciona las oportunidades y el desarrollo de la juventud obrera, se perpetúa una narrativa que estigmatiza y culpabiliza a las nuevas generaciones.

Además, cabe destacar la gran cantidad de adversidades que la juventud de extracción obrera y popular experimenta al ingresar al mercado laboral, donde la precariedad y la explotación se manifiestan de formas muy diversas: falsos autónomos, contratos temporales encadenados uno tras otro, horarios imposibles o cobrar sin cotizar, son solo algunos ejemplos de la realidad de los y las jóvenes trabajadoras.

A esta situación, se le suma la dificultad para independizarse debido al elevado costo de la vivienda. En este sentido, la expectativa de independencia, choca con la realidad de un mercado inmobiliario que, impulsado por intereses especulativos, eleva los precios a niveles inalcanzables. Esta barrera económica no solo afecta la autonomía de la juventud, sino que también perpetúa la dependencia económica, dificultando la construcción de un futuro sólido.

"Estudiantes de la universidad de Tulkarem, con un campo de entrenamiento de las fuerzas de ocupación en el campus"

Desde hace meses somos testigos de la masacre que el sionismo está intentando llevar a cabo en Palestina. Las fuerzas de ocupación sionistas, como brazo armado y consentido del imperialismo atacan con especial dureza a la infancia y la juventud. Esto ocurre por varias razones, se busca meter miedo a sus familias, y que se marchen o dejen la lucha, y buscan acabar con la fuerza revolucionaria de la juventud.

Las detenciones a niños y niñas que usan como estrategia las fuerzas de ocupación desde hace años tienen como único objetivo el miedo, crear miedo a futuros militantes, y a sus familias actualmente para que abandonen la movilización. Detener y torturar a la infancia nunca puede tener ningún resultado más que el miedo, y es lo que buscan para renunciar a la lucha por la tierra.

La juventud y la infancia en Palestina están sufriendo detenciones, bombardeos, cortes de agua, electricidad, y especialmente la juventud sigue realizando una gran labor informativa en las redes sociales, que nos permiten seguir su situación, y sin esa información sería imposible el apoyo.

La Juventud Comunista conoce y apoya la causa Palestina desde los inicios de nuestra militancia. El pasado 7 de octubre vimos cómo la situación volvía a los telediarios, llevamos casi 80 años de ocupación de las tierras palestinas, prácticamente la totalidad de las filas comunistas hemos desarrollado nuestra militancia con esta ocupación existiendo, adquiriendo conciencia por los pueblos, contra el colonialismo, y analizando la forma de operar del  imperialismo  a través de la UE y EEUU.

El pasado junio se aprobó el “Estatuto del becario”, que entra en vigor en enero de 2024, acordado con los sindicatos del pacto social, con la patronal y Universidad en contra. Estas medidas se supone regularán contra el abuso de los estudiantes de prácticas, limitando, así, sus horas de prácticas,  y el número de estudiantes. Junto con la cotización por becario aprobada en la reforma de las pensiones, desde el 1 de octubre de 2023, los becarios tienen derecho a cotizar, pero entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2024.

Los rectores de la Universidad piden que no se aplique, y que se apruebe una moratoria, pero la realidad de la aplicación de esta medida es que la Universidad y los centros de formación, que hacen negocio con las prácticas del estudiantado y tienen que garantizar las curriculares, no tienen ningún poder de negociación frente a las empresas, con cada vez más poder en nuestra educación.

Los centros de prácticas han conseguido que numerosas universidades, y centros de FP asuman la cotización por estudiante de prácticas, presionando al alumnado con que si su centro no asume la cotización, no podrá realizar las prácticas. Las matrículas de centros de FP privados han aumentado, previendo ese gasto, y las de la pública lo harán años posteriores, posiblemente.

Tenemos claro el negocio que suponen las prácticas, y que, por supuesto, no deberíamos tener que pagar por trabajar para terminar nuestra formación, al igual que reivindicamos una educación para nuestra clase, a la que podamos acceder sin que medien becas, ni años de ahorro, una educación accesible para la clase de extracción obrera y popular.

En la sociedad capitalista, los principales indicadores de valor se centran en la producción y la eficiencia, lo que a menudo conlleva a la invisibilización de las discapacidades, especialmente aquellas que no son evidentes a simple vista, como las condiciones de salud mental o las discapacidades cognitivas. Estas afecciones rara vez son reconocidas o atendidas en el entorno laboral, lo que resulta en una falta de apoyo y la sobreexplotación de las personas que las padecen.

Esta situación es consecuencia directa del sistema de producción capitalista, cuyo objetivo principal es maximizar las ganancias y minimizar los costos de producción a costa del sudor de la clase trabajadora. Por este motivo, las personas con diversidad funcional (término que, contrariamente al de discapacidad, no estigmatiza ni infravalora a estas personas en concreto), habitualmente se ven obligadas a ocultar sus condiciones por temor a la discriminación, lo que perpetúa su marginación en el centro de trabajo.

En este marco, la estigmatización de las personas con diversidad funcional surge de la lógica de la competencia y la explotación. Aquellos que no pueden mantener el ritmo implacable de la producción son considerados una carga para la empresa y la sociedad en su conjunto. Esta estigmatización se refleja en los estereotipos y prejuicios que enfrentan dichas personas al buscar empleo y en el centro de trabajo.

En este contexto, la falta de solidaridad obrera se deriva de la competencia por empleos y recursos limitados, lo que puede llevar a la discriminación y la exclusión de aquellos percibidos como menos productivos.

Este problema afecta profundamente a la juventud, ya que las personas jóvenes con diversidad funcional se enfrentan a obstáculos adicionales al ingresar al mercado laboral. La competencia y la presión por ser productivo pueden ser aún más intensas para la juventud obrera, lo que puede resultar en una discriminación sistemática y la negación de oportunidades. Además, la falta de apoyo y visibilidad en el ámbito educativo puede limitar el acceso de la juventud de extracción obrera con diversidad funcional a una formación adecuada y a un desarrollo profesional pleno.

El pasado fin de semana del 22 al 24 de septiembre, la Juventud Comunista de los Pueblos de España (JCPE) celebró en la sierra de Segovia su III Campamento desde la I Conferencia.

Estas fechas iban a ser cruciales para la militancia comunista, pues además de formación, el Campamento es una gran oportunidad para convivir entre camaradas de distintos territorios, intercambiar experiencias, debatir, y volver a nuestra actividad de base con la energía recargada.

Como era la intención de la Secretaría de Juventud, así fue, y los temas que abordaron las distintas ponencias y actividades fueron más que pertinentes para el momento histórico que viven hoy las y los jóvenes de extracción obrera y popular.

La Responsable de Organización de la JCPE, Edurne Batanero, abrió el encuentro con unas palabras que recordaban la necesidad de intervención y lucha que tiene hoy la juventud. A la mañana siguiente, presentó una charla-coloquio sobre feminismo y mujer joven. Nos negamos a callar ante discursos reaccionarios y disfrazados de comunistas que sostienen que el feminismo es un movimiento burgués. Las mujeres comunistas hemos construido a lo largo de la historia un feminismo de clase que ha contribuido a nuestra emancipación respecto al patriarcado y el capital que nos oprimen.

Por la tarde de ese mismo sábado, la Responsable de Relaciones Internacionales, María Sánchez, expuso "Otan no, bases fuera: una reivindicación también para la juventud", en donde se analizaron el papel y la historia de la OTAN, y se debatió sobre las reivindicaciones propias que debe tener la Juventud Comunista al respecto.

uyl_logo40a.png