Colombia, y las perspectivas que se abren con la victoria electoral de Gustavo Petro y Francia Márquez, necesita un artículo que contextualice y profundice la nueva situación que se abre, lejos de ilusiones y sesgos más o menos preñados de pensamiento mágico e idealismo.

Entender la realidad social, económica y política colombiana no es fácil desde la perspectiva europea. Colombia es un país que en sus 200 años de historia republicana ha vivido inmerso constantemente en conflictos de carácter interno; desde la guerra contra España, el conflicto entre el General Santander y Simón Bolívar, las guerras entre liberales y conservadores, la guerra interna contra diferentes guerrillas comunistas, de izquierdas y étnicas (FARC-EP, ELN, EPL, M-19, Quintín Lame…), los choques entre guerrillas, el fenómeno del narcotráfico, el paramilitarismo, los conflictos étnicos, los conflictos entre indígenas y campesinos pobres que se veían y ven obligados a ocupar los territorios indígenas, etc.

Todos esto conflictos tienen un actor común, una oligarquía que no ha dudado en ejercer la violencia en sus formas más extremas y brutales. 200 años de guerra y terror contra el pueblo han marcado el carácter de la sociedad colombiana. El poder ejercido por la oligarquía ha sido absoluto, y nunca han dejado margen a ninguna expresión social y política que pudiera disputarles ni un pedacito de su hegemonía. El asesinato del líder liberal Gaitán, de Galán (liberal), Jaime Pardo Leal (Unión Patriótica – Partido Comunista) y Bernardo Jaramillo (Unión Patriótica – Partido Comunista), han frustrado cualquier intento desde posiciones progresistas de obtener la presidencia de la República.

La visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos Nancy Pelosi y la provocación a China que ello entraña, solo se puede interpretar como una acción más en la escalada de tensiones que Washington quiere generar en el mundo a fin de sostener su hegemonía global.

La visita perseguía dos objetivos, uno de carácter coyuntural y táctico y el otro estructural y estratégico. El primero pretende dar respuesta y solventar la desesperada situación del partido demócrata de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre y su proyección a las presidenciales de 2024 en las que pareciera que el partido de Biden y Pelosi perderá el control del Congreso de Estados Unidos primero y de la Casa Blanca después si todo se mantiene como está hasta ahora, cuando el descrédito del presidente es el más alto para alguien de su investidura desde el fin de la segunda guerra mundial.

Biden y Pelosi, dos octogenarios que ya están “jugando los descuentos” en su vida política, En esa condición, cuando ya no tienen nada que perder, están asumiendo el “sacrificio” para intentar preservar al partido demócrata del desprestigio en que está inmerso bajo su liderazgo, después de haber estado en el pináculo de la gloria durante la “era Obama”.

Encarar el aspecto estructural es más complejo. El retroceso económico de Estados Unidos que se extiende a lo largo de los últimos años 40 años, es mucho más difícil de revertir y tal vez nunca pueda hacerse. Hasta ahora, la maquinita de producir dólares que Washington posee en exclusiva, su indudable poderío militar y el dominio sin parangón del complejo cultural mediático que manejan a placer, le permite soslayar la crisis, o al menos ocultarla a la vista de la opinión pública. Sin embargo, la pandemia primero y la guerra en Ucrania ahora, han exhibido las falencias de un sistema que no fue capaz ni siquiera de proteger a sus ciudadanos ni defenderlos de los males que aquejan al planeta.

Hablar de este personaje sin ver la evolución del eurocomunismo es poco científico. De cómo la hija de un sindicalista de CC.00. llega a aplaudir a la OTAN, a los demócratas norteamericanos y casi a morrearse con la derecha representada por Mascota Sánchez, es la viva representación evolutiva del eurocomunismo.

La susodicha, la amada lideresa de la burguesía más pijo progre del país, ondea banderas de todos los colores, se ampara en su progresismo y en ser mujer, olvidando las luchas obreras y las feministas. Nada le importa a señora tan preparada y tan bien vestida.

Sus relaciones sociales la acercan al jefe de los empresarios, a la OTAN y a la administración norteamericana.

Nuestra particular Cyrana de Bergerac (por su abultada napia más que por su capacidad para crear poesía…y sí, lo escribimos porque le duele seguro más que si la llamamos anticomunista) se ha despachado con noticias que ponen en alerta hasta a la patronal. Repasemos algunas:

  1. La no reforma laboral, que premia los contratos indefinidos a cambio de rebajar las indemnizaciones por despido. Menos es más o cualquiera de las otras frases que nos regaló el genio de la comedia Sr. Rajoy.

  2. Sus aplausos a Zelenski: ¿Con qué cara irá a otros parlamentos donde gentes, supuestamente menos progresista, no han aplaudido al neonazi?

El pasado jueves 14 de julio, el Congreso ha aprobado la ley de Memoria Democrática con la que el Estado burgués se proponía actualizar la ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. La reacción de la extrema derecha no se ha hecho esperar: tras la promesa de Feijóo de derogarla si gana las elecciones, la Falange mostró su apoyo con una movilización frente al Congreso contando, por supuesto, con la complicidad de la policía. Sin embargo, a pesar de que la socialdemocracia presume de su moderación y justicia, desde el PCPE solo vemos un nuevo intento por maquillar el régimen fascista.

Lo primero que hay que destacar es la continuidad de la ley de Amnistía de 1977, que sirvió para proteger a los criminales del franquismo y evitar la reparación a las víctimas del terrorismo de Estado. En esta misma línea, aunque la ley considera ilegal el Estado fascista, así como las condenas de todos sus tribunales, no recoge explícitamente la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad perpetrados durante la dictadura.

Otro punto destacable es la constitución de una comisión que investigará los crímenes entre 1978 y 1983 que, entre otros asuntos, podría dedicarse a los asesinatos y las torturas llevados a cabo por los GAL. Sin embargo, las víctimas de este período no podrán ser consideradas víctimas del franquismo, lo que demuestra, una vez más, que el gobierno de coalición (PSOE-UP-PCE) no entiende (o no quiere entender) que el fascismo siguió integrado en las instituciones del Estado después de 1978 y continúa hasta ahora.

 DECLARACIÓN DEL COMITÉ EJECUTIVO DEL PCPE

Los episodios concatenados en los últimos meses por el imperialismo norteamericano están alcanzando un vértigo cuyo desenlace resulta inesperado por el desquiciado comportamiento que expresa sus permanentes dinámicas belicistas y criminales.

Algunos análisis sobre la acción militar de Rusia en Ucrania, advertían que, sobrepasado este frente, el objetivo era la República Popular China. Impedido el avance del imperialismo por la legítima Operación militar rusa, la acción va directa al corazón del propósito.

La provocación de Nancy Pelosy, Presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, visitando oficialmente el territorio de Taiwán con un avión militar, incide en la guerra como única vía de los EE.UU y la OTAN para sostener su decadente hegemonía económica, política y militar.

Taiwán es el refugio de los anticomunistas del Kuomitang que encontraron en la isla el lugar donde establecerse con el amparo y protección norteamericana. La política del Partido Comunista de China con respecto a Taiwán se ha basado en el diálogo y en la solución pacífica para recuperar la total soberanía territorial del estado chino. Pero las constantes tensiones y provocaciones que se están produciendo por parte de los EE.UU, actúan como acicates que convierten a la guerra en el instrumento dominante en las relaciones internacionales.

Si tenemos a la equidad como una variable insoslayable en ese empeño, tendremos mayores probabilidades de éxito en esa imprescindible lucha contra la pobreza

 

La equidad en el socialismo cubano es el punto de partida para cualquier decisión. Foto: Ariel Cecilio Lemus

Hay muchas variables a la hora de hablar sobre la pobreza. Es imposible hacer un examen serio sobre este fenómeno sin abordar su carácter multidimensional, que va más allá de lo estrictamente financiero: no se puede medir la pobreza exclusivamente por cuánto dinero se tiene (o no). Hay condiciones de vida, oportunidades de superación, posibilidades de acceso a la cultura o a la recreación que complementan el análisis. También está, por supuesto, el contexto: no es lo mismo «ser pobre» en Europa que en América Latina.

En Cuba, tras el triunfo revolucionario, hubo un parteaguas en lo que a lucha por la erradicación de la pobreza se refiere. Cientos de miles de personas que vivían en la más absoluta miseria tuvieron por primera vez la oportunidad de vencer el analfabetismo, estudiar una carrera universitaria, asistir con carácter regular a espectáculos artísticos y deportivos. Muchos mejoraron sus condiciones de vida, aunque la guerra económica contra el país, los lógicos errores cometidos en el inexplorado camino socialista y los vaivenes de la economía global impidieron que ese bienestar material estuviera a la altura de lo que en un momento se pensó para el país.

Sin embargo, las precariedades que conspiraban contra la sociedad en pleno (dígase apagones, desabastecimiento, etc.) no erosionaban la moral pública de forma ostensible, en tanto existía una igualdad social en la que la inmensa mayoría gozaba y sufría, respectivamente, con los mismos beneficios y pesares. El equitativo reparto de la riqueza era un estandarte para la lucha ideológica a favor del proyecto socialista: puede que no nos sobre el pan, pero hay justicia social.

Caminaba el otro día por las calles de mi ciudad, después de una temporada fuera, y llamó mi atención los balcones de cada barrio de ésta, llenas de banderas españolas –más como una declaración de dominancia que como una muestra de “patriotismo” - y un balcón en concreto, en el centro de un barrio obrero, enarbolando la bandera franquista con total impunidad. Esto pasa en mi ciudad, pero estoy seguro de que al lector/a le resulta familiar, puesto que es una nueva regla social que se ha instalado en todos los municipios españoles de bien. Hoy, esta nueva realidad de normalización de lo que sutilmente llaman “preconstitucionalismo”, es decir, el régimen fascista de toda la vida, se ha extendido hasta el punto de que somos bombardeados con noticias del avance de la extrema derecha en España y no produce ningún tipo de preocupación en la sociedad. El fascismo no ha cambiado su esencia, pero sí ha sabido adaptarse para avanzar en un país cuya esencia ya estaba manchada por ideologías fascistas que se quedaron en un segundo plano para sobrevivir y que hoy resurgen públicamente sin ningún tipo de pudor.

Hablar del avance del fascismo y de la extrema derecha en el estado español es hablar de la crónica de una muerte anunciada. El grado de normalización y de legitimidad con la que el fascismo enarbola sus símbolos en este país no es casual ni tampoco una cuestión de “nostálgicos”. Es simple y llanamente, la expresión tangible de la historia de la lucha de clases en el Estado español.

El avance de VOX, de la extrema derecha y del fascismo puede verse desde dos perspectivas diferentes:

- para la socialdemocracia y el liberalismo, se trata de algo excepcional y circunstancial a momentos de crisis económicas, y prácticamente, algo con lo que hay que lidiar dentro del juego de la democracia ya que todas las opiniones son respetables.

Lucha de clase, organización y participación hasta acabar con el capitalismo

Solo han pasado tres semanas de las elecciones que ganó con mayoría absoluta el PP en Andalucía y parecería una frivolidad detenerse a analizar su significado.
El  acelerado ritmo de los acontecimientos, impone la superficialidad de la inmediatez y la tiranía de la respuesta automática a la última noticia, como la única forma de intervención política acorde a los tiempos y a las exigencias de unos medios en los que, desde hace años, se viene gestando un discurso que, poco o nada, tiene que ver con la realidad de la sociedad y sí mucho con los intereses de los grupos oligopólicos que son sus propietarios.

Pese a ello, y aún lo intrascendente del resultado para los intereses objetivos del pueblo trabajador andaluz, por lo que suponen de continuidad con las políticas desarrolladas durante muchos años por gobierno del PSOE y del PP, situamos un párrafo sobre esa victoria de Juanma Moreno.

Si durante décadas un Partido llamado de izquierdas como el PSOE, hace una gestión de gobierno  despótica, fundamentada en el clientelismo y propiciando valores económicos y culturales de corte liberal y profundamente conservadores, es solo cuestión de tiempo que en la alternancia parlamentaria propia de este sistema, se imponga el legítimo representante de esos valores que, por lo demás, con su gestión de gobierno ha demostrado que no hace las cosas muy diferentes a como las hacían sus predecesores. 

Va a hacer un año, exactamente el 13 de julio, que los ministros de Economía y Hacienda de la UE aprobaron el primer lote de los planes nacionales de recuperación y resiliencia.

Doce países de la Unión Europea, entre ellos, Alemania, Francia, Italia y España, recibieron el OK para usar los fondos con el objetivo claro e inequívoco de impulsar la economía y recuperarse de las consecuencias de la COVID-19.

Ni desde las derechas, ni desde las izquierdas reformistas ha habido un análisis realista y profundo de lo que la pandemia ha supuesto para la economía mundial. Ninguno de ellos ha puesto en relación esta cuestión con los problemas que el capitalismo mundial viene arrastrando desde el fin de su edad de oro con la crisis del petróleo de los 70, la etapa neoliberal de los 80 o la gran recesión de 2008.

Casi todos los pronunciamientos son sesgados y atribuyen a la pandemia y sus consecuencias inmediatas: “paralización de la producción y el comercio”, subconsumo”, “rotura de la cadena de suministros…” la situación de dificultad del capitalismo actual para recomponer la reproducción a escala ampliada. Sólo desde un marxismo convencido se apunta a la obviedad de la cada vez más pronunciada caída tendencial de la tasa de ganancia. Desde un marxismo convencido y desde la gestión estratégica de los propios monopolios que son quienes sufren directamente esa realidad de forma palpable. La búsqueda de la rentabilidad se está convirtiendo cada vez más en un laberinto difícil de recorrer.

En este sentido, y conscientes de ello, los estados miembro de la Unión orquestaron los planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Todos con unos objetivos explícitos: acción por el clima, transición digital, respeto al medio ambiente de las inversiones y prevenir el fraude, la corrupción y los conflictos de intereses.