En el contexto actual de la lucha de clases, el momento presente se convierte en pasado en un ligero instante. La agenda del motor de la historia se gestiona principalmente desde el Poder, y la clase obrera en los países donde es hegemónico el modo de producción capitalista trata de responder con lucha a las medidas criminales que el enemigo de clase adopta para seguir manteniendo la plenitud de su dominio. Evidentemente, este párrafo inicial es una boutade, pero hay que señalarla para poder analizar decisiones que se adoptan para sobrevivir.

Parco resulta pues este artículo que trata de valorar a “bote pronto” las medidas que el Partido Comunista de Cuba propone para debatir y aprobar en la Asamblea Nacional de Cuba. Vamos a ver si el etiquetismo de revolucionario y comunista lo podemos seguir pronunciando con ese ardor “pechero”, sin renunciar ni obviar las leyes científicas del marxismo, de la dialéctica, de la termodinámica y/o de todas las ramas del saber y el conocimiento.

Prejuiciando – por valoraciones marxistas – que el capitalismo se encuentra en su fase final, asistido mecánicamente y con abruptos espasmos cardiacos, no somos capaces de anunciarle a Las Parcas (sobre todo a Átropos) para que intervenga en favor de los pobres del planeta y lo traslade al basurero de la historia.

Y, mientras tanto, nos debemos ocupar de lo que siempre nos preocupa. Inquietante resulta pensar que lo que estamos haciendo no es lo correcto, lo conveniente, lo práctico y eficaz, pero en la guerra, la duda te degüella, así que hay que seguir machadianamente “haciendo camino al andar” sin perder de vista a la bestia parda del imperialismo que asola todos los terrenos que pisa. Como casi siempre, aparece Lenin con su ¿Qué hacer?

Desde este espacio siempre hemos acompañado las decisiones de la Revolución porque se han adoptado desde los principios básicos del marxismo-leninismo y la implicación y la participación del pueblo soberano. Por ello, las nuevas medidas nos obligarán a interpretar la finalidad y los medios empleados para el propósito perseguido. Se destaca en las intervenciones que la propiedad colectiva de los medios de producción se mantiene como piedra angular de la construcción socialista, que se irá dinamizando con el desarrollo de las fuerzas productivas y la necesidad de profundizar en la obtención de plusvalía a partir del trabajo que operará en el tejido productivo. No es posible la construcción del socialismo sin una base material sólida.

Mohamed Lamine Haddi, otros presos políticos saharauis y miembros del grupo de Gdeim Izik, protagonistas de una nueva escalada de huelgas de hambre en las cárceles marroquíes en solidaridad con Naâma Asfari y contra la negligencia médica y las condiciones de reclusión.

En el marco del seguimiento por parte de la Liga de las condiciones de los presos saharauis en las cárceles marroquíes, y al tiempo que declara su absoluta solidaridad con todas las legítimas medidas de lucha adoptadas por los presos civiles saharauis, la Liga alza su voz para reafirmar ante la opinión pública local e internacional que las cárceles de la ocupación marroquí no son ni serán tumbas para los vivos, sino que seguirán siendo tribunas de dignidad y escuelas de liberación.

En respuesta al llamado del deber moral y de lucha, los presos civiles saharauis pertenecientes al grupo de Gdeim Izik en las cárceles marroquíes han anunciado el inicio de una huelga de hambre solidaria durante los días martes 14 y miércoles 15 de julio del mes en curso, en apoyo absoluto a su heroico compañero Naâma Asfari, quien continúa su huelga de hambre abierta por trigésimo sexto día consecutivo.

Los prisioneros confirmaron que esta huelga es un mensaje claro y directo para cualquiera que ignore su sufrimiento, declarando que las políticas de venganza y abuso ejercidas contra ellos por el Estado de ocupación marroquí no lograrán quebrar su libre voluntad ni apagarán la llama de la esperanza en sus corazones. Subrayaron que su legendaria firmeza tras las rejas es una extensión natural de la resistencia de su pueblo en los campamentos y en cada rincón del Sáhara Occidental.

Pie de foto: Escombros del ataque ukronazi contra la residencia estudiantil de Starobelsk.

Terrorismo nazi-fascista infanticida. Solamente así cabe calificar las acciones del gobierno y del ejército de Kiev. Tal es su nivel de descomposición y desquiciamiento que en las últimas se han cebado particularmente con niñas y niños. No es que esto sea nuevo, puesto que desde el Euromaidán de 2014 el número de víctimas menores de edad en el Donbass no ha parado de crecer, en un reguero de sangre continuo; si bien sus últimas barbaries merecen mención aparte.

La noche del pasado 22 de mayo, hasta tres oleadas diferentes de drones golpearon una residencia estudiantil en Starobelsk, una pequeña ciudad en el centro de la República Popular de Lugansk. Allí, Ucrania asesinó a 21 estudiantes (18 chicas y 3 chicos) e hirió a 65 más, de edades entre 14 y 22 años, sumando casi el total de las personas que estaban durmiendo en el edificio. Incluso las labores de rescate tuvieron que interrumpirse varias veces por amenazas de nuevos ataques... Todo un espejo de su socio genocida sionista. En respuesta a la masacre de Starobelsk, la Federación Rusa lanzó misiles de precisión, pero exclusivamente contra objetivos militares; una acción (la rusa) que, por cierto, la tan progresista representación española ante la ONU se apresuró a condenar, mientras calló acerca del terrorismo ucraniano que la ocasionó.

El 17 de junio en Briansk (región rusa fronteriza con Belarús y Ucrania), otro dron ukronazi disparó contra un autobús donde viajaba un equipo infantil de fútbol; con el resultado de una mujer adulta asesinada y siete personas más heridas (cinco niños), todas de nacionalidad bielorrusa. Fiel a su costumbre, Ucrania niega su autoría de los hechos.

Todo en un contexto donde el régimen fascista de Kiev viene intensificando su escalada de agresiones contra instalaciones de infraestructura energética rusa (desde refinerías a la central nuclear de Zaporozhie); así como contra toda clase de lugares civiles: viviendas, vehículos, zonas comerciales y de ocio, etc. Haciendo uso de las mejoras tecnológicas en los nuevos drones que les suministran sus socios de la UE, Ucrania es capaz de alcanzar importantes áreas del territorio ruso, llegando incluso a Moscú y San Petersburgo.

Que Turquía, que en estos días celebra la Cumbre de la OTAN, es un Estado reaccionario, fácilmente calificable como fascista, no es algo que necesite mucha argumentación.

Que el Estado turco, mantiene encarcelados a cientos de comunistas, no sorprende a nadie mínimamente informado.

Quizás, si hablamos de las condiciones en las prisiones turcas, el lector o la lectora, por intuición se imagina condiciones muy duras. Pero es algo más, es la ciencia de la tortura y la deshumanización destinada a intentar destruir el espíritu revolucionario y la propia existencia física. Son las cárceles “tipo foso”, celdas diminutas sin ventilación, en régimen de encierro de 23 horas, con una hora de patio sin contacto con ningún ser humano, así por años hasta la muerte y la locura. Alimentación saturada de grasas sin valor nutritivo, sin estímulos sensitivos, sin contacto humano, destruyendo los ritmos vitales de vigilia y sueño. Tortura.

Estas prisiones se destinan a los prisioneros y prisioneras políticos, concretamente a los y las comunistas en Turquía. Regímenes similares los aplica el sionismo contra los prisioneros y prisioneras palestinos, los EEUU contra prisioneros revolucionarios como Simón Trinidad. La ciencia al servicio de la tortura y la muerte.

Los prisioneros y prisioneras turcos del Frente Popular han enfrentado esta política de exterminio con huelgas de hambre durísimas, que han costado la vida a decenas de ellos.

Este 6 de julio ha fallecido el prisionero Gürkan Türkoğlu, tras 268 días de huelga de hambre, tras ser hospitalizado el pasado 10 de abril y ser alimentado forzosamente, un acto de tortura según todas las convenciones. Su muerte es un asesinato, agravado por la tortura. Su muerte y martirio es un grito por la vida, es dignidad, es la demostración de que el enemigo no podrá adueñarse de su voluntad ni de su existencia, que no podrá ser doblegada.

Desde estas líneas transmitimos toda la solidaridad y afecto revolucionario a los y las camaradas del Frente Popular, a su familia y amigos.

Porque Gürkan seguirá vivo en la lucha del pueblo hasta su liberación.

Ferran N.

Ramala, 30 jun (Prensa Latina) La fotografía no necesitó filtros ni explicaciones. Bastó una imagen del periodista palestino Mujahid Bani Mufleh para que miles de personas comprendieran que los 14 meses que pasó en una prisión israelí dejaron cicatrices que trascienden el cuerpo.

Con parte del cráneo visiblemente dañada y un rostro muy distinto al que conocían sus colegas y familiares, Bani Mufleh reapareció en su cuenta de Instagram después de un largo tratamiento médico.

La imagen, acompañada por un extenso testimonio, provocó una ola de conmoción entre periodistas, activistas y usuarios de las redes sociales, quienes la consideraron una evidencia del deterioro físico y psicológico que denuncian numerosos presos palestinos.

Originario de la localidad de Beita, al sur de Nablus, el reportero relató que fue detenido tras una incursión de las fuerzas israelíes en su vivienda a finales de junio de 2025 y trasladado posteriormente a la prisión de Menashe, ubicada en el complejo militar de Salem, en el norte de Cisjordania ocupada.

En su publicación, no describió únicamente los efectos de la prisión sobre su cuerpo, sino también la transformación de su manera de entender la vida.

«Catorce meses en prisión y el largo proceso de rehabilitación que siguió fueron suficientes para cambiarme para siempre», escribió.

Recordó que durante el encierro comprendió «el verdadero significado del hambre», al acostarse y despertarse con dolor por la escasez de alimentos, y cómo un simple trozo de pan o un sorbo de agua fría podían convertirse en un anhelo cotidiano.

También evocó la pérdida absoluta del control sobre su propia existencia.

«Aprendí el significado de la humillación cuando otros controlan los detalles de tu vida diaria: cuándo comes, cuándo duermes, cuándo te levantas», señaló al describir una rutina marcada, según afirmó, por la privación y la dependencia.

El periodista aseguró que el tratamiento médico se convirtió en otra batalla diaria, donde levantarse de la cama, caminar unos pasos o respirar sin dolor representaban victorias personales que antes consideraba actos cotidianos.

«Me di cuenta de que las bendiciones que dábamos por sentadas eran más valiosas de lo que imaginábamos: una comida completa, una noche de sueño reparador, respirar sin dolor, dar un paso sin dificultad y ver el rostro de un ser querido sin restricciones», escribió.

 

Manifestación masiva en la plaza Al‑Sabeen, en Saná (Yemen)

El estrecho de Ormuz es uno de los enclaves comerciales más importantes de la historia y su control estuvo, durante siglos, bajo la cuerda de las potencias hegemónicas. La Macedonia de Alejandro Magno conquistó el estrecho hacia el año 325 a. n. e, y lo convirtió en el paso comercial principal de lo que se denominaría posteriormente la ruta de la seda. Su dominio bajo influencia islámica hacia el siglo VIII coincidió con el máximo esplendor científico y humanístico del mundo árabe. Durante los siglos XVI y XVII, el estrecho estuvo controlado por el imperio portugués y, posteriormente, español, tras el matrimonio entre Felipe II y María Manuela de Portugal. En el año 1622, el sah Abbas I del Imperio safávida, con el apoyo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, expulsó a los portugueses y a los españoles y ejerció un poder compartido con el Imperio británico. Tras la II Guerra Mundial y el asentamiento del dominio de Estados Unidos sobre el mundo capitalista, Ormuz fue controlado por Irán, bajo la monarquía del sah Mohammad Reza Pahlevi, y con un carácter servilista hacia el imperialismo, dejando que sus compañías petrolíferas extrajeran sus recursos.

El proceso de 1979 y el ascenso del ayatolá Ruhollah Musavi Jomeini al poder fue nacionalizando sus recursos y, progresivamente, fue poniendo trabas a la extracción libre de petróleo y gas. Recientemente, el acercamiento de Irán a China y Rusia, así como su implicación a favor de la resistencia palestina y libanesa, fue poniendo las cosas más difíciles a un imperialismo que necesita energía barata para producir capital excedente. La sociedad capitalista está basada en la extracción de energía y, como sucedió en la antigüedad, el control de Ormuz puede decantar la caída de los imperios.

La decisión de bloquear el paso por el estrecho está produciendo una crisis energética, ya que los precios del petróleo, del gas, del helio o del azufre han ido en aumento. Además, estas materias son básicas para producir objetos diarios como baterías, neumáticos o detergentes. A nivel tecnológico, el material más crítico parece ser el helio, ya que se usa para enfriar obleas durante el grabado de circuitos, así como también para mantener la estabilidad térmica del silicio. El helio no tiene sustituto en esta función.

Un verdadero hombre nuevo que guió a Corea en la consecución del éxito colectivo del socialismo coreano y la independencia.

El 15 de abril de 1912 en la aldea de Mangyongdae (Pyongyang) nacía Kim Il Sung, quien, unos años más tarde, en su adolescencia, se convertiría en un guerrillero dispuesto a liderar la lucha por la liberación de su patria del ocupante japonés.

Aquel joven, moviéndose entre las incursiones en la Corea ocupada y el exilio en China, no tardó en asumir el liderazgo y con él, la necesidad de dar a su pueblo un camino distinto del que les había conducido a la miseria y al colonialismo. Kim Il Sung advirtió que la lucha por la independencia no sería suficiente y asumió, tras sus enseñanzas juveniles, que el socialismo era la única vía a la verdadera emancipación nacional y de clase que garantizaría libertad futura a Corea.

Fundando la Unión para la Derrota del Imperialismo (1926), más tarde Unión de la Juventud Antiimperialista (1927), semilla de lo que sería el Partido del Trabajo de Corea (1945) y culminando el 25/4/1932 con la fundación de la Guerrilla Popular Antijaponesa (convertida más tarde en el Ejército Popular de Corea), organizó y dirigió la lucha armada antijaponesa logrando, con la ayuda de la URSS, la liberación de Corea el 15/8/1945.

Tras la victoria y la fundación de la República Popular Democrática de Corea en 1948, Kim Il Sung dirigió la construcción de un Estado socialista basado en la soberanía absoluta y la autosuficiencia. Tras las provocaciones del imperialismo yanqui a través de sus títeres de la dictadura surcoreana, la división de la península y la consecuente “Guerra de Corea” (1950-1953), consolidó el liderazgo socialista eliminando la influencia de facciones externas y proclamando, en 1955, la Idea Juche en el contexto de una convención de cuadros del Partido del Trabajo de Corea, pronunciando su famoso discurso “Acerca del establecimiento de la autoconfianza y la erradicación del dogmatismo y el formalismo en los proyectos ideológicos”. Una doctrina, de origen marxista-leninista, que priorizaba la independencia política, económica y militar desde el pragmatismo y la realidad coreana.

La lucha contra la OTAN y sus bases en el Estado español no puede entenderse como una reivindicación aislada. Se trata de una expresión concreta de la lucha antiimperialista. La OTAN representa el brazo armado del sistema para atentar contra la soberanía de los pueblos y, en el marco de la crisis estructural del capitalismo, lo ejecuta con unos niveles de violencia y capacidad de destrucción sin precedentes.

En absoluto es una mera alianza defensiva, tal y como dicta la propaganda del sistema; se trata del principal instrumento militar del imperialismo. Su función es proteger los intereses del capital y de la oligarquía mediante la fuerza, la dominación de los mercados, el control de los recursos naturales y la subordinación de los pueblos. Décadas de intervenciones militares evidencian cómo la violencia imperialista reconfigura territorios según sus necesidades estratégicas.

Hoy nos encontramos en un escenario de guerra global permanente, en el que la OTAN es parte fundamental de una estrategia que trasciende conflictos concretos. Esta dinámica responde a la agudización de las contradicciones del sistema capitalista, que, en su afán de garantizar su supervivencia, recurre a la militarización y las guerras para sostener sus tasas de ganancia, mantener el estatus geopolítico y abrir nuevos espacios de acumulación.

El Estado español, lejos de situarse al margen de esta dinámica, se encuentra plenamente integrado en ella. Desde su ingreso en la OTAN, ha asumido un papel activo en las ofensivas imperialistas, participando en misiones militares y cediendo su territorio al servicio de la maquinaria de guerra. Las bases militares de Rota y Morón, entre otras instalaciones, constituyen enclaves estratégicos para facilitar el despliegue rápido de tropas y recursos en las operaciones contra territorios de África, Oriente Medio y Europa del Este. Además, la presencia de las bases no implica exclusivamente cesión de soberanía e implicación en los conflictos; también convierte al territorio donde se sitúan en objetivo militar. Sumado a ello, cabe destacar que los acuerdos que regulan el funcionamiento de estas instalaciones limitan cualquier control efectivo por parte del Estado español, acuerdos que se revisan y prorrogan de manera periódica, aun sin que España sitúe la mínima discrepancia ni enmienda al respecto.

“¡Ha estallado una contrarrevolución!”; alguien me llamó el lunes por la mañana, casi entre lágrimas. Otra persona, lamentablemente joven, anunció que “el Partido Obrero ha perdido el apoyo del pueblo” y que, por tanto, abandonaba el partido.

Aclaremos algunas cosas. No ha tenido lugar ninguna contrarrevolución. Bajo Fidesz, no gobernaba el pueblo, sino el capital.

El pueblo húngaro no eligió entre capitalismo y socialismo, sino entre dos tipos de capitalismo. No cambió el sistema; simplemente sustituyó a una fracción de la clase capitalista por otra.

El Partido Obrero nunca creyó que las fuerzas del socialismo pudieran ganar estas elecciones. Presentamos la alternativa de una nueva sociedad social, confiando en que la gente llegaría a comprenderlo tarde o temprano.

La coalición Partido de la Solidaridad–Partido Obrero logró presentar 58 candidatos individuales. La gente los recibió con confianza, y eso no es poca cosa. Ahora no basta para alcanzar el éxito, pero ofrece un punto de apoyo y un estímulo para el futuro.

El 12 de abril no fuimos nosotros quienes perdimos, sino una fracción de la clase capitalista húngara, que perdió frente a otra. Este no es un momento para desesperarse, sino para continuar el trabajo.

Viktor Orbán ha perdido la batalla. No frente al movimiento Tisza, sino frente al capital multinacional y la Unión Europea que lo representa.

Orbán pensaba en la línea de István Széchenyi, el estadista y reformador húngaro del siglo XIX, o de Lajos Batthyány, el primer ministro de Hungría en 1848. Creía que un capital nacional húngaro fortalecido podía convertirse en socio del capital alemán y francés, y de las multinacionales en general.

Sin embargo, el capital occidental no vio a un socio, sino a un competidor; en realidad, a un enemigo. El éxito de una vía capitalista nacional habría amenazado la dominación europea e incluso mundial del capital multinacional. Por eso decidieron que la “rebelión de las colonias” debía ser aplastada a cualquier precio. No podía hablarse de asociación, de una Europa de las naciones ni de nada semejante.

Orbán suponía que las crisis habían debilitado a la UE y que, tras sus reveses, estaría dispuesta a llegar a un compromiso con el capital húngaro; aproximadamente como hizo la aristocracia austríaca en 1867, después de su derrota ante Prusia, cuando alcanzó un compromiso con la aristocracia húngara. Pero eso no es lo que está ocurriendo. El capital germano-francés sangra por mil heridas, pero no se ha desangrado. Al contrario.

Orbán esperaba que el apoyo de Estados Unidos pudiera frenar los movimientos de la UE contra la vía capitalista nacional. Eso no ocurrió. El 12 de abril, la América de Trump también sufrió una derrota.

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