Canarias, a lo largo de su historia económica, desde que fue incorporada por la violencia armada al mercado mundial, en un proceso que sirvió de preámbulo al ocurrido con la conquista de América, ha vinculado el proceso de acumulación y reproducción de capitales al mercado exterior dentro de la división internacional del trabajo que a lo largo de la historia del ciclo de acumulación de capitales internacionales se ha desarrollado. La explotación de recursos naturales vinculada en régimen de monocultivo hacia el mercado metropolitano ha sido la fórmula colonial de explotación de Canarias. La renta del suelo ha servido a la burguesía canaria para, en las distintas etapas de su historia productiva,  acumular beneficios que le han permitido jugar el papel de intermediaria con el capital internacional. Esta situación se modifica con el desarrollo económico vinculado a la industria turística que cambia la exportación de productos agrícolas, principalmente plátanos y tomates, por la explotación monopolística del turismo de masas. La renta del suelo sigue siendo el factor fundamental que permite a la burguesía canaria dar continuidad a su proceso de acumulación y reproducción de capital, transformando la propiedad del suelo agrícola en suelo urbanizable para la industria turística, iniciando, de este modo, un modelo acumulativo depredador del medio natural en la medida que dicho modelo está basado en un proceso creciente y especulativo de extracción de la renta del suelo a través de su venta o alquiler a los capitales transnacionales. Su papel de intermediario sigue intacto y su vinculación con el capital internacional se incrementa.

Una vez más asistimos a la farsa por parte del Gobierno PSOE-UP con la aprobación de esta ley que mantiene la impunidad franquista.

No es casual que en el redactado no se haga mención a la Iglesia Católica ni a los sectores de la monarquía, instituciones implicadas en el golpe de estado fascista y en la represión y el exterminio de miles de hombres y mujeres. Tampoco a las empresas y empresarios que hicieron grandes fortunas con el dolor, la sangre y la muerte de miles de trabajadores y trabajadoras. En el caso de la Iglesia Católica también se obvia el Concordato de la Santa Sede firmado en 1953 por un gobierno ilegal y genocida, Concordato que sigue manteniendo hoy en día el Gobierno PSOE-UP, otorgando grandes privilegios a la Iglesia Católica en el estado español.

También quedarán en saco roto todas las denuncias y querellas presentadas por las víctimas, impidiendo la investigación jurídica y que permita juzgar los crímenes y genocidio de la dictadura franquista, todo ello amparado en la Ley de Amnistía del 77, que en el texto ni se anula ni se deroga, Ley que impide el juzgar a los genocidas, criminales y torturadores.

Además, lo que se presenta como un avance en la responsabilidad del Estado en la exhumación de las fosas comunes y la búsqueda de los desaparecidos y desaparecidas, no es tal avance cuando por otra parte se impide la judicialización de los procesos de las exhumaciones, lo que supone la destrucción de pruebas de los crímenes cometidos, lo que consolida la impunidad de los asesinos.

Es un tema común en la filosofía política hablar del anticapitalismo de Thomas Jefferson, quien abogó contra la industrialización de EE UU porque eso conduciría a grandes empresas que hurtarían la democracia al pueblo: la sociedad adecuada era la de pequeños propietarios agrarios independientes con decisiones asamblearias o casi asamblearias. Las primeras formas de movimiento obrero estadounidense seguían más o menos esta idea, los Knights of Labour -Engels los cita en La situación de la clase obrera en Inglaterra- defendían formas cooperativas de producción muy alejadas de la dimensión de la toma del poder que, para nosotros, es tan importante. Aparentemente, todo esto parece una anacronía o, peor aún, mera palabrería sin pies ni cabeza que se dirige por la clase dirigente para el dominio de las clases populares: la salida individual, etc.; sin embargo, creo, no debemos desechar sin más los efectos prácticos que esta tiene.

Las cuatro temporadas de la serie con el más que sintomático título de Goliat no hacen otra cosa que recoger el guante lanzado por Jefferson en el que la democracia reposa en los pequeños David que se resisten al poder generalizado de las grandes empresas. Un magnífico Billy Bob Thorton interpreta a un abogado alcohólico, enamoradizo y autodestructivo -uno más de los antihéroes de la televisión- con un inquebrantable sentido de la justicia que se enfrenta en la primera temporada a la industria armamentística, en la tercera a los grandes terratenientes (que privan de agua a los ciudadanos para fabricar productos de belleza), en la cuarta a la industria farmacéutica y en la segunda a los cárteles de la droga que penetran hasta el tuétano el poder político y la policía. Hasta aquí quizá lo más interesante es que un cártel de la droga -cuyo máximo dirigente es mejicano- se sitúa ideológicamente en el mismo plano que industrias legales que ocupan el resto de temporadas.

Evaluar la gestión del gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos resultaría a todas luces insuficiente  sin considerar todo el complejo proceso que, a 100 años de la ruptura histórica del socialismo español entre comunistas y socialdemócratas, ha vuelto a situar a todos los grupos y partidos que apoyan al gobierno de Pedro Sánchez bajo la dirección política e ideológica de la socialdemocracia.

Tras décadas de gloriosa resistencia antifascista y miles de militantes presos aún en los presidios de la Dictadura, la dirección del PCE, encabezada por Santiago Carrillo, inició este recorrido en 1956 con el giro interclasista de la denominada política de Reconciliación Nacional, renunciando a derrotar al franquismo y a las clases y sectores sociales que conformaban su base económica y social. Pero es, sobre todo, con el viraje eurocomunista que propició la Transición política con la que la oligarquía española, sin responder de ello, normalizó su origen fascista y legitimó su integración en Europa, sin el que resulta imposible entender la realidad de estos casi tres años de gobierno de coalición.

Una línea política marcada por décadas de concesiones explica el complejo proceso histórico que coloca hoy  al movimiento obrero en su conjunto, pero, fundamentalmente, a  sus organizaciones históricas de referencia (PSOE, PCE, UGT y CCOO), en una posición de absoluta subordinación ideológica y programática de las clases dominantes. No es posible asimilar el grado de integración sistémica de este gobierno autodenominado de “izquierdas y progresista”.

Nada que objetar a las organizaciones que ya desde 1914 se posicionaron con la burguesía y se situaron, no solo como sus gestores, sino como sus agentes en el seno del movimiento obrero para combatir la ideología revolucionaria. Desde ahí, un siglo de traiciones llena su vitrina de trofeos conseguidos con la sangre y la miseria de la clase obrera internacional.

El estudio sobre la estructura de la antropología social nos muestra la organización y formas de asociación de los diversos grupos humanos, su desarrollo se produce a través de la concatenación de acontecimientos sucesivos siempre en movimiento. Marx y Engels, lo mismo que Ludwig Feuerbach y otros, profundizaron la dialéctica como ley de desarrollo de la naturaleza. Pero Marx en las tesis sobre Feuerbach, actualizadas después por Engels, hace una crítica amigable a éste en el sentido de no aceptar la posibilidad hegeliana en el pensamiento de Feuerbach. Marx ya había roto en su totalidad con la filosofía del derecho hegeliana al percibir huellas de la obra de Adam Smith, entre otras. -Éste, uno de los padres la teoría económica burguesa-.

El pensamiento de Marx, ligado a la praxis de la contradicción capital-trabajo descubre la existencia de la lucha de clases como motor de los cambios de la antropología social. Marx analiza los cambios de los ciclos históricos desde los tiempos más primitivos y ejemplariza la caída del imperio romano como consecuencia del estado de corrupción de la oligarquía romana instalada en palacios y grandes mansiones solariegas, practicando vidas lujosas depravadas; lo que ocasionó el ocaso de la economía esclavista y el proceso de transición de ésta a la de servidumbre medieval.

Las fuerzas productivas proletarias y el descontento popular, con su resistencia, elevan la conciencia intelectual de las masas y de la sociedad pudiente que sufre los avatares del estancamiento. El antiguo régimen estamental da la entrada a la nueva etapa histórica actual capitalista. Pero el capitalismo, en su etapa superior imperialista, como barruntó Lenin hace poco más de cien años, ahora se halla en avanzado estado de putrefacción, aunque sean terribles sus estertores, si no aceleramos su caída antes de que se lleve por delante a la humanidad de todo el Planeta.

Ponencia presentada en la Mesa Redonda sobre Seguridad Alimentaria, Energía y Seguridad Ambiental en los países del BRICS y el SCO, en la Universidad Estatal de San Petersburgo.

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Los energías fósiles, que actualmente suplen el 78,4% del consumo energético del mundo (https://goo.gl/Pc2WuA), no son renovables y resulta por tanto inevitable su agotamiento o la incosteabilidad de su uso. La extracción de hidrocarburos, motor fundamental del desarrollo de los países hegemónicos desde fines del siglo XIX, se hace progresivamente más escasa y costosa, y tiende hacia un “Pico” o “Tope”, en el cual la cantidad de energía necesaria para extraerlos es mayor que la que estos rinden. Materia tan compleja genera pronósticos disímiles, pero todos anticipan su proximidad. El Ministro de Finanzas ruso Vladimir Kolichev estima que “el pico del consumo bien podría haber pasado”
(https://www.bloombergquint.com/markets/russia-starts-preparing-for-life-after-peak-fossil-fuels). British Petroleum calcula que nunca retornará al nivel de 2019, “la marca más alta en la historia del petróleo”. La compañía estatal Equinor de Noruega  sitúa el derrumbe de la producción hacia 2027-28; la investigadora noruega Rystad Energy lo prevé para 2028; la francesa Total SA hacia 2030; la consultora Mc Kinsey para 2033; el grupo Bloomberg NEF y los consultores Wood Mackenzie en 2035; la estimación más optimista es la de la OPEP, que lo fecha hacia 2040, dentro de 18 años apenas (https://www.bloomberg.com/graphics/2020-peak-oil-era-is-suddenly-upon-us/).

La Agencia Internacional de Energía calcula que para 2025 faltarán 13 millones de barriles de petróleo para cubrir la demanda diaria mundial. Antonio Turiel, del CSIC, calcula una disminución de la producción de más del 50% en los venideros 25 años, de 69 millones de barriles diarios hoy en día a 33 millones en 2040 (https://culturacientifica.com/2019/05/03/el-pico-petrolero/). Estas cifras no significan que se acabarán los hidrocarburos, sino que serán cada vez más escasos, su extracción más costosa y su rentabilidad menor, hasta tornarse antieconómica.

Comencemos el recorrido por la guerra de Vietnam, donde el ejército de EEUU no solo luchó criminalmente contra el sufrido Viet Cong en Vietnam del Sur; sino que, sin ninguna declaración de guerra, bombardeó intensamente ciudades, puertos y vías de transporte de Vietnam del Norte, como Hanoi y Haifong. En la guerra contra el Viet Cong usó profusamente las bombas de napalm y un defoliante químico, el agente naranja, que producía graves enfermedades en las personas y contaminó por décadas extensas zonas agrícolas y acuíferos, causando inmenso sufrimiento por generaciones.

En 1983 invadieron la isla caribeña de Granada. En las hemerotecas, aquellos noticieros con ¡un mapa de la península ibérica, señalando Granada! Por cierto, la excusa para esa invasión fue que los granadinos estaban construyendo -con ayuda cubana- un aeropuerto. Según EEUU, este aeropuerto sólo se construía con fines militares y como amenaza. ¡Paradójico que después de la invasión, los propios yanquis tuvieron que terminar dicho aeropuerto porque sí hacía falta para la economía de la isla! Y los únicos cubanos que encontraron los marines no fueron tropas cubanas, sino trabajadores que estaban construyéndolo y que intentaron, con limitadísimas posibilidades, hacer frente a dicha invasión. Excusa para ocupar un país extranjero vulnerando las normas internacionales.

Año 1990: Las tropas iraquíes invaden Kuwait el 3 de agosto de 1990, después de que Sadam Hussein pidiera el pertinente permiso al embajador norteamericano que, con una respuesta ambigua, le hizo creer que lo tenía. Los yanquis tenían la excusa perfecta: el 16 de enero de 1991 una coalición internacional, liderada por los EEUU y con el paraguas de las Naciones Unidas, inició la Guerra del Golfo. Con la capital del país devastada por los bombardeos, Hussein tuvo que enfrentarse a una guerra civil. Los kurdos reclamaron sus derechos y las regiones chiitas del sur se alzaron en armas. Sin embargo, el temor a que la caída del presidente iraquí desestabilizara la zona llevó a los vencedores a no apoyar estos movimientos. Todavía no era el momento de desembarazarse de su peón. En esta guerra se comenzaron a utilizar, para comprobar su efectividad, los proyectiles de cañón y bombas de aviación recubiertas de uranio empobrecido, que afectaron incluso a soldados de la coalición que no estaban protegidos contra sus efectos. Por supuesto, nadie se preocupó de la contaminación radiactiva en la que dejaron vastas extensiones del sur de Irak.

Durante los años de gobierno de Donald Trump las plataformas se permitieron algunas series con un contenido político atípico: lo que comienza como un arma contra Trump se transforma en una denuncia del sistema por completo. Una de ellas es Así nos ven de Ava DuVernay. La directora ya había dirigido Enmienda XIII, un documental bastante recomendable sobre las consecuencias que ha tenido la mercantilización del sistema penitenciario de los EE .UU., que ella identifica como la conservación de la esclavitud bajo nuevas formas, pero que se intuye que no es más que un sistema mercantil cuya mercancía son los pobres de toda etnia, laya y condición.

Así nos ven cuenta una historia carcelaria basada en hechos reales: la llamada historia de los Cinco de Central Park. En una noche de 1989 violan y dejan moribunda a una mujer en el famoso parque de Nueva York. La policía, en apariencia por una difusa presión de los medios que no se ve, decide actuar expeditivamente y detiene a cuatro jóvenes, negros e hispanos de clase obrera, cuyo delito era estar en el parque esa noche. El primer episodio de la serie recrea los interrogatorios a los menores. La policía obvia todos los derechos de los menores detenidos, los fuerzan a confesar con presiones, los chantajean, les inventan las versiones. Y, sin embargo, siquiera con este trabajo, las declaraciones son compatibles con una acusación consistente. Solo cuando manipulan a un quinto joven la policía reconstruye una versión algo coherente.

Una vez más, cuando la civilización occidental se encuentra en peligro, nos encontramos frente a la imagen de una líder fuerte, de firmes principios y convicciones, que no teme enfrentarse a la vieja y corrupta política para defender lo más sagrado, la libertad. Como otrora hicieran Reagan, Thatcher, o su mentora,  Esperanza Aguirre, IDA -acrónimo de Isabel Díaz Ayuso- no se acobarda y sale con todo a la arena política, a fin de cuentas en eso consistía su conciso a la par que profundo programa electoral, libertad o comunismo. 

-¡Corten!, ¡Toma buena!

Así es, no era verdad, tampoco sarcasmo, lo que pretendía el párrafo anterior era ser descriptivo sobre la puesta en escena de la política actual en Madrid, ya saben, la España dentro de españa, como afirmaba la propia IDA. Y es que, si bien es verdad que la política burguesa, como forma de dominación oligárquica en la que una minoría enmascara sus intereses haciéndolos pasar como interés general -de eso va la democracia parlamentaria- es un 90% de pura escenografía. En la comunidad de las siete estrellas es ya el 110 %, es la repetición de la imitación de la actuación de un acto fingido. Como ya sabemos, el capitalismo exige una mayor tasa de ganancia y para eso, desde los poderes públicos, sus gestores políticos deben facilitar el negocio.

Los más avezados ultras del capitalismo van más allá, y con una adecuada puesta en escena en la que la libertad, la tradición y la patria en peligro son el guion, se logra abrir el campo de la explotación hasta lo insospechado.

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