El caso Epstein reviste gran importancia en la desigualdad que sufren mujeres, niñas y niños. A medida que las condiciones de vida de los trabajadores empeoran, la explotación sexual se ha convertido en una herramienta política utilizada por la oligarquía. Los crímenes de Epstein involucraron a muchas figuras poderosas, como la élite financiera, celebridades y líderes nacionales, incluyendo al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Las víctimas fueron niñas que fueron manipuladas para la servidumbre sexual.

Con la publicación de los últimos correos electrónicos, la familia real británica finalmente cedió ante la opinión pública al despojar al príncipe Andrés de sus títulos y residencia real. La plataforma de Trump dependía de la publicación de los archivos de Epstein, y ahora que está en el cargo, ha incumplido su promesa, lo que ha generado un sensacionalismo en torno al tema. Es inquietante ver que hay figuras políticas dispuestas a ignorar estas acusaciones fundamentadas simplemente para influir en los votos. Además, hay muchas personas que también optan por seguir ciegamente al movimiento MAGA, incluso apoyando a Trump a pesar de la posibilidad de que fuera incriminado. Cuando Trump rompió su promesa de publicar los archivos, se hizo evidente que nunca tuvo la intención de proteger a las mujeres y los niños, sino de obtener poder político.

La indignación se ha extendido por gran parte de Estados Unidos, incluyendo a antiguos partidarios de Trump, y la población estadounidense está perdiendo rápidamente la fe en el corrupto sistema político de "pago por juego" que permite a los oligarcas políticos cometer tales crímenes con escasas o nulas consecuencias. La demanda pública generalizada de justicia para las víctimas de Epstein era necesaria. Sin embargo, decenas de mujeres se han manifestado a lo largo de dos décadas contra los crímenes sexuales de Epstein y sus asociados, incluyendo al propio Trump. A pesar de los sustanciales testimonios de estas mujeres, la justicia para las víctimas se retrasó demasiado. Este caso, y muchos otros, revelan la poca credibilidad e importancia que se da a las voces de las víctimas, especialmente a las mujeres víctimas. En nuestra sociedad, casi se espera que los casos de agresión sexual se desestimen fácilmente y que las víctimas sean calumniadas y silenciadas.

Ahora que existe una gran protesta pública, es fundamental que sigamos exigiendo justicia. Más importante aún, debemos aprovechar este impulso para crear una cultura donde la gente se indigne ante las injusticias contra las mujeres y los niños y presione al sistema judicial para que los responsables rindan cuentas. No debemos quedarnos de brazos cruzados mientras quienes ostentan el poder intentan encubrir sus actos criminales.

Comité Ejecutivo del PC USA

Érase una vez un barrio obrero de la periferia de Granada, que como el resto de barrios obreros de la mayoría de nuestras ciudades, se ve arrasado por el paro, la precariedad, el difícil acceso a la vivienda, escasos servicios sociales y casi nulas infraestructuras. Durante los veranos se han conseguido organizar vecinos para compartir alguna película en la calle, a fin de que los días estivales tuvieran un color especial frente a las grisáceas rutinas, con objeto de reconocernos los vecinos y vecinas como siempre se había hecho cuando se compartía la compañía sentados en las sillas al fresco, hasta que las pantallas de plasma y las series nos fueron convirtiendo en burbujas aisladas, interconectadas ocasionalmente con un link.  

Los barrios donde habitamos, populosos, de extrarradio, con pavimentos que vieron asfalto hace muchos años o de aceras imposibles para la deambulación, no sólo de carritos de cualquier tipo sino hasta de quienes tienen movilidad reducida, cada vez  más se convierten en espacios donde nadie se reconoce o incluso donde nadie se conoce, cada cual enclaustrado en su bloque de pisos, o en su casa enclaustrado, recluido en su burbuja particular donde reina el televisor, la magnífica clausura que ofrece Netflix; cada uno refrigerado como puede, con ventilador o por su aire acondicionado, y verdaderamente cada cual tan condicionado, felicidad en nuestro sarcófago dorado. Poco a poco nos van aniquilando por la banalidad y el aburrimiento del conformismo.

Cuando antaño nuestro barrio había sido un remanso comunitario en el que las mujeres cuidaban de los niños de sus vecinos, se compartía lo que se tuviera en casa, las puertas abiertas, con sus cortinas que impedían la entrada de las moscas, invitaban a cruzar los dinteles a los vecinos. Con el transcurso de los años, los cines de barrio desaparecieron para confinarlos a los grandes supermercados. Todo ello se ha ido derrumbando como en los fotogramas impactantes de Cinema Paradiso y nuestra imaginación ha sido estandarizada y colonizada por clichés.

Un grupo de mujeres del barrio del Cerrillo de Maracena decidieron juntarse para tejer juntas, compartir la merienda, sus bizcochos caseros, la memoria vivencial, las conversaciones como aprendizaje cotidiano de las vivencias. El disfrute de tejer, sobre todo juntas, de reír juntas, de emocionarse juntas, de aprender juntas, el disfrute de compartir forma parte del legado comunitario. Tejer es una buena manera de convertir un ovillo en infinidad de objetos inimaginables, sueños realizables.

Un día, tras conversar sobre el genocidio de miles de mujeres, niñas y niños en Gaza, decidieron tejer sandías en la calle, en el centro del barrio y explicar el significado de las sandías al vecindario que se acercaba, que las interpelaba. Y regalaban ese fruto hecho de lana con sus colores rojizos, verdes, blancos y pepitas negras. Y animaban a cuanto viandante mostraba interés en aquella colorida labor para participar en la manifestación solidaria con Palestina. Las mujeres escribieron un mensaje: ESTAMOS ROMPIENDO EL SILENCIO CON NUESTRAS MANOS. GAZA NO SE OLVIDA.

Odena.

El refrán favorito de la socialdemocracia y el reformismo es «a río revuelto, ganancia de pescadores». ¿Por qué? Porque en situaciones de crisis sistémicas del modelo de producción capitalista, cuando la clase obrera tiende más a la acción espontánea, recogen sus alientos revolucionarios y los encauzan por las instituciones burguesas. Las organizaciones reformistas son funcionales al imperialismo y en estos momentos iniciales de la III Guerra Mundial no podemos quedarnos tibias o tibios. Debemos exigir la salida del Estado español de la OTAN sin paños calientes, porque no será ningún gobierno burgués quien la expulse por sí mismo, sino solo a partir de la presión obrera y popular.

El objetivo más urgente para el movimiento antiimperialista es su unidad basada en acuerdos políticos, sin la cual será muy difícil frenar la inercia bélica del imperialismo anglo yanki sionista. En esta línea se sitúa la CECOB (Coordinadora Estatal Contra la OTAN y las Bases), cuyo nacimiento vino motivado por la necesidad de agrupar todas las plataformas contra la OTAN del Estado español hacia campañas unitarias. Sin embargo, en los últimos meses han surgido ciertos núcleos que, ávidos de protagonismo, están intentando romper la unidad con retórica idealista como un brindis al sol.

En primer lugar, estas organizaciones reclaman la disolución de la OTAN. Esa es una consigna que el movimiento antiimperialista no debe asumir, porque lo aleja de la acción política de masas. La disolución o supervivencia de la OTAN es una casuística que solo depende de la voluntad de los gobiernos implicados. Por el contrario, debemos luchar por la salida del Estado español de la OTAN, así como por la expulsión de las bases extranjeras. Esto sí es un objetivo que depende enteramente de la clase obrera y los sectores populares. La sumisión del reformismo a las instituciones imperialistas es vomitiva y lastra la marcha del antiimperialismo.

El 20 de noviembre siempre fue una fecha especial para el fascismo español. Ese día, en 1936, fue fusilado José Antonio Primo de Rivera por conspiración y rebelión militar. A esa efeméride el franquismo le puso el nombre del «Día del Dolor» y empezó a considerar a José Antonio como un mártir que encarnaba los valores que todo español debía alcanzar en esa nueva vieja cruzada, como el españolismo, el espíritu católico exaltado, la defensa de las grandes fortunas, el respeto por la propiedad privada y la explotación laboral, y, por supuesto, el anticomunismo exacerbado.

Los falangistas todavía lloran a José Antonio cada 20 de noviembre, olvidando los privilegios de los que siempre gozó. No solo nació en una familia adinerada, sino que su actividad política violenta y golpista se respetó en el marco republicano hasta que el Sindicato Español Universitario (dependiente de la Falange) perpetró un intento de asesinato contra Luis Jiménez de Asúa, destacado diputado socialista en las Cortes republicanas, que llegaría a presidente de la II República española en el exilio. La policía encontró armas sin licencia en casa de José Antonio. Incluso en la cárcel tuvo privilegios: compartió celda con su hermano Fernando, tuvo contacto con el exterior (lo que le permitió seguir dirigiendo las acciones violentas de Falange) e, incluso, fue capaz de introducir armas de fuego.

Sin embargo, cuando hablamos de 20N nos referimos, sobre todo, a los actos conmemorativos por la muerte de Francisco Franco Bahamonde. Desde 1976, fue costumbre oficiar un funeral en el Valle de los Caídos. Al menos en esta primera ocasión, esta celebración fue auspiciada por el Gobierno de la España de la Transición, acudiendo Juan Carlos Borbón y Sofía Glücksburg, así como la todavía existente Secretaría General del Movimiento Nacional y diversas jerarquías militares. Es difícil de creer a día de hoy que la monarquía española haya sido capaz de mantener esa imagen de neutralidad ante las masas durante la farsa de la Transición habiéndose posicionado tan fervorosamente a favor del legado del dictador.

Anuncia el Gobierno de Pedro Sánchez que en los próximos días volverá de visita oficial a España Volodomir Zelensky, y ya están preparadas las fanfarrias mediáticas para recibir al ilegítimo representante del régimen ukro-nazi. 

La caducada presidencia de Zelenski, cuyas raíces se encuentran en el golpe de estado del  Euromaidán y en la masacre de la Casa de los Sindicatos de Odesa en la que fueron asesinadas a sangre fría 48 personas, sale de gira en busca de dinero para continuar con su única razón de ser: mantener  la guerra de la OTAN contra Rusia, hasta el último ucraniano y el último céntimo de Euro.

Da igual que se desmoronen las líneas del frente y caiga la estratégica ciudad de Pokrovsk como una ficha más de un dominó que ya  no es capaz de controlar el ejército ucraniano; la OTAN y la, cada día más belicista UE, necesitan continuar la guerra para hacerle caja al boyante complejo militar industrial y cercar a Rusia conforme a las necesidades del imperialismo.

Una posición absolutamente contraria a los intereses de los pueblos de Europa que, caracterizada por su creciente belicismo y la subordinación total a las necesidades de la OTAN y a las exigencias de los EE.UU, es asumida plenamente por el gobierno de España y la totalidad de los partidos que forman parte de él y/o lo apoyan.

Por eso, cuando todas las instituciones del Estado y sus voceros, llenarán sus apesebradas bocas de elogios a Zelensky, es tan importante dejar meridianamente claras las razones por las que rechazamos esta visita que, además de concederle un plus de legitimidad a quien no es más que un nazi al servicio de la OTAN, volverá a suponer una nueva inyección de millones para la compra de armamento yanqui destinado a Ucrania y a sostener una guerra que ya se ha cobrado demasiadas vidas de inocentes.

Un compromiso que, aunque no se diga y se haga cargado de mentiras y sin ningún debate social, no solo  involucra a España en la guerra, sino que es el preludio de la intervención directa en la misma con todas las consecuencias que ello conlleva.

En pleno “Cierre del Gobierno”, la administración de EE.UU. forzará la aprobación en el Congreso de unos presupuestos que bajo el argumento de “evitar gastos a los contribuyentes”, para obedecer las necesidades de los monopolios yankis, reducen el papel del estado para avanzar hacia la salvaje ley del más fuerte, la dictadura brutal y absolutamente desregulada de los monopolios. Lo que supone un paso más en el proceso que está llevando a cabo el imperialismo, de liquidación de la superestructura  de la que se dotó el siglo pasado para sus necesidades de dominación actual bajo formas más depredadoras. Pero el proyecto de presupuestos que ya presentaba Trump en el mes de mayo, supone principalmente una estocada a la NASA, que sufrirá un recorte del 25 % de su presupuesto, quedando con el presupuesto más bajo de los últimos 60 años.

El hachazo principal se lo llevan las partidas destinadas a misiones científicas, que se verán reducidas a la mitad, llevando a la cancelación de más de 40 misiones activas, y al despido de un tercio de todo el personal de la NASA. Esto supone tirar por la borda un cúmulo de más de 180 años de investigaciones, como la sonda New Horizons, que lleva 20 años viajando para investigar Plutón y quedaría a la deriva, la Mars Odyssey, activa desde 2001 monitoreando Marte, lastrar avances como lo fueron los telescopios Hubble o el James Webb o las dos misiones ya canceladas de monitoreo de emisiones de carbono en La Tierra. Todo ello sumado a una pérdida irreparable de cuadros científicos, que pasarán a destinar sus décadas de formación a las necesidades de las empresas privadas de Elon Musk y Jeff Bezos.

De esta forma se da un salto cualitativo hacia la total mercantilización del espacio por parte del imperialismo, dejando la iniciativa de este sector a empresas puramente privadas, que reducen su relación con el espacio (donde no existe ley ni regulación alguna) a la búsqueda de la máxima ganancia. Se puede hablar de la sustitución de la ciencia espacial por parte del bloque imperialista, para dejar paso al turismo espacial y la extracción de recursos; abandonar la investigación del universo por la fabricación de cohetes para el transporte de los alrededor de 600 “ultramillonarios”, que para 2026 pagarán 600.000 dólares por 90 minutos de vuelos por la órbita baja terrestre, a la empresa Virgin Galactic, propiedad de Richard Branson.

La doctrina Monroe clásica y su versión contemporánea, la 2.0, si bien son perspectivas orientadas a la preservación de la hegemonía norteamericana, responden a momentos muy distintos de su desarrollo socioeconómico.

La doctrina Monroe, proclamada por el presidente James Monroe en su mensaje al Congreso el 2 de diciembre de 1823, es uno de los pilares históricos de la política exterior estadounidense hacia América Latina.

Surgida en un momento en que la joven potencia norteamericana se sentía ya en condiciones de comenzar a disputar la hegemonía regional a los viejos poderes europeos, sus premisas centrales descansaban en torno al rechazo de la intromisión europea en el continente y la defensa de la independencia americana.

En un primer momento esta posición encontró eco en las jóvenes repúblicas americanas, que vieron una posibilidad, en alianza con Estados Unidos, de comenzar a construir sus proyectos soberanos sin intromisión de poderes extranjeros.

En la práctica, esta doctrina evolucionó rápidamente hacia posiciones cada vez más claramente imperialistas, que sostenían la visión de América Latina como área de influencia exclusiva de los Estados Unidos y convertía a la región, en la perspectiva de las élites norteamericanas, en una especie de feudo cuyo vasallaje y explotación debía garantizarse por todos los medios al alcance del auto percibido señor.

El saldo histórico de esta perspectiva para la región ha sido, desde 1823 en adelante, más de 80 intervenciones militares directas o acciones de subversión que han modificado el curso político interno de los países.

Casi ninguna nación de la zona se ha quedado al margen de la rapacidad imperialista de su vecino norteño y algunos, como México, han visto como les arrebataban más de la mitad de su territorio.

Por estos días, dos pueblos muy caros a mis afectos, están atravesando situaciones difíciles.

Por un lado Cuba, fustigada en el Oriente por un huracán devastador y al mismo tiempo por la intentona yankee de torcer las voluntades en Naciones Unidas, con respecto al bloqueo ilegal, extraterritorial e injerencista aplicado por EEUU y del cual es víctima...

Por el otro, el Sáhara Occidental, bajo el yugo del Régimen marroquí que, cual ave de rapiña, se complota con la administración Trump ( y otra vez los yankees interviniendo y metiendo sus narices en donde no los llaman), tratando también de torcer las voluntades en Naciones Unidas, con respecto a la libre Autodeterminación Saharaui, promoviendo una ficticia soberanía marroquí...

Diferentes culturas...

Diferentes nacionalidades...

Diferentes geografías...

Pero con puntos en común: dos pueblos asediados y provocados por un perverso demente, Trump.

Un Trump que no sólo intenta perturbar a estas dos Patrias mías tan amadas, sino que también provoca a Venezuela y Colombia... empuja sin darse el golpe contra China y Rusia... se entromete en mi amada Argentina gracias al lacayismo del otro demente que funge aquí como presidente.

En fin... el presidente naranja que es un engendro y que a lo único que se dedica, es a potenciar los conflictos y el atropello en el mundo (aunque él mismo quisiera ser reconocido por un aporte imaginario a la paz mundial).

Cuba y el Sáhara Occidental...

Dos pueblos que también tienen en común la resistencia y la resilencia.

La solidaridad y el trabajo mancomunado.

La empatía y el altruísmo.

La inventiva y la creatividad.

El buen hacer y el buen obrar, a pesar de todas las adversidades.

Conociéndolos, no tengo la menor duda que triunfarán.

Más temprano que tarde.

Ellos, saharauis y cubanos, han entendido que la paciencia y el tiempo, (cuando se lo sabe esperar), juegan a favor.

Ellos saben que con el enemigo no hay que debatir nada.

En una situación de estrangulamiento cada vez mayor -no solo económico, vean la violencia policial al pueblo de Madrid solidario con Palestina-, la clase trabajadora hace hoy toda clase de malabarismos para poder hacer frente a un costo de la vida cada vez más elevado. Vivienda, alimentación, aseo, luz y agua, servicios, material escolar... unas losas cada vez más pesadas, que se reflejan en España con una tasa de casi el 20 % de la población bajo el umbral de la pobreza, y más de 8 % bajo pobreza severa. Lo que equivale a millones de personas que, a pesar de que tienen un empleo, el salario no alcanza para poder alimentarse adecuadamente, vestir, adquirir productos de primera necesidad o afrontar algún gasto inesperado. El “milagro” de la economía española, que crece por encima del resto de países de Europa, se sostiene sobre la pobreza de millones de trabajadores y trabajadoras que tienen que elegir entre pluriemplearse, hacer el tour de las ofertas de los supermercados y sacarse un plus en Wallapop o “malcomer”.

Y es que, a pesar del alza de la productividad en España en un 13 % en el periodo de 2018-2023, el salario medio apenas subió, afianzando una ley incuestionable para el capitalismo en términos de ciclos largos, y es que el salario que percibe la clase trabajadora en su conjunto, cada vez tiene menor peso que el conjunto de ganancias que se reparte el capital, respecto a la producción total de valor.

Si añadimos a esta ecuación la cada vez más precaria estructura de los servicios públicos, es decir el ataque al salario indirecto, tenemos como resultado una guerra total declarada del Capital contra la clase trabajadora. Buena cuenta de esta guerra la puede dar el incremento de las listas de espera de quirófanos y pruebas diagnósticas y la reducción de la cartera de servicios en la sanidad pública, el déficit crónico de guarderías públicas y de residencias para el cuidado de personas mayores, una red servicios sociales cada vez más debilitada, etc.

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