En una situación de estrangulamiento cada vez mayor -no solo económico, vean la violencia policial al pueblo de Madrid solidario con Palestina-, la clase trabajadora hace hoy toda clase de malabarismos para poder hacer frente a un costo de la vida cada vez más elevado. Vivienda, alimentación, aseo, luz y agua, servicios, material escolar... unas losas cada vez más pesadas, que se reflejan en España con una tasa de casi el 20 % de la población bajo el umbral de la pobreza, y más de 8 % bajo pobreza severa. Lo que equivale a millones de personas que, a pesar de que tienen un empleo, el salario no alcanza para poder alimentarse adecuadamente, vestir, adquirir productos de primera necesidad o afrontar algún gasto inesperado. El “milagro” de la economía española, que crece por encima del resto de países de Europa, se sostiene sobre la pobreza de millones de trabajadores y trabajadoras que tienen que elegir entre pluriemplearse, hacer el tour de las ofertas de los supermercados y sacarse un plus en Wallapop o “malcomer”.

Y es que, a pesar del alza de la productividad en España en un 13 % en el periodo de 2018-2023, el salario medio apenas subió, afianzando una ley incuestionable para el capitalismo en términos de ciclos largos, y es que el salario que percibe la clase trabajadora en su conjunto, cada vez tiene menor peso que el conjunto de ganancias que se reparte el capital, respecto a la producción total de valor.

Si añadimos a esta ecuación la cada vez más precaria estructura de los servicios públicos, es decir el ataque al salario indirecto, tenemos como resultado una guerra total declarada del Capital contra la clase trabajadora. Buena cuenta de esta guerra la puede dar el incremento de las listas de espera de quirófanos y pruebas diagnósticas y la reducción de la cartera de servicios en la sanidad pública, el déficit crónico de guarderías públicas y de residencias para el cuidado de personas mayores, una red servicios sociales cada vez más debilitada, etc.

El pasado 3 de abril de 2025, el Comité de Coordinación de la Campaña "Que no nos arrastren a la guerra" emitió el último de los tres boletines de actualización del diagnóstico a que nos habíamos comprometido, que a su vez venía a complementar un ciclo de revisión previo.

Desde entonces, se han producido nuevos acontecimientos trascendentales que, sin alterar sustancialmente el diagnóstico, permiten confirmar algunas tendencias ya identificadas, así como plantear algunas incertidumbres que, en suma, nos permiten anticipar hipótesis sobre la previsible evolución de la situación.

Este documento sintetiza la posición de los promotores de la campaña "Que no nos arrastren a la guerra" a fecha 7 de octubre de 2025; reiteramos también nuestro compromiso de actualizarlo en el futuro.

  1. Situación de contexto

          1.1. En la década de los 70 se iniciaron cambios profundos en occidente, para intentar paliar una crisis que cuestionaba el orden capitalista: el neoliberalismo fue la respuesta. La caída de la URSS posibilitó una hegemonía mundial, en la que el bloque heredero de 5 siglos de colonialismo podía dominar el mundo bajo el mando de los EE.UU. sin que una fuerza equivalente lo cuestionara. Todo parecía indicar, que un país con menos de un 4,1% de la población mundial podía dominar al resto.

          1.2. Occidente hoy se encuentra en una grave crisis, que podemos calificar como "civilizatoria". El neoliberalismo se muestra agotado como fórmula para garantizar la acumulación económica, más allá de la desposesión, la especulación y la deuda. Y ha acumulado crisis en diferentes ámbitos: crisis económica (deuda, déficit, financiarizacion…), crisis política institucional (incapacidad para resolver los problemas que le competen, fragmentación, falta de liderazgo, fracaso institucional), crisis demográfica y reproductiva (inversión de la pirámide de edad, acumulación de población no productiva demandante de servicios, falta de respuesta a la emigración), crisis medioambiental (centrada en el cambio climático por la transformación tecnológica que implica) y reducción drástica de la biodiversidad. (a la que se presta mucha menos atención siendo igualmente importante).

Hay gestos que parecen inocuos. Un clic, un pulgar hacia arriba, un corazón rojo flotando sobre una imagen. Un «Me gusta», o «Me encanta», «Me divierte», «Me enfada»… Cuatro emociones encapsuladas, reducidas a píxeles, a reflejos condicionados. Pero detrás de ese gesto leve, casi automático, se esconde una cárcel. Una prisión emocional que nos hace creer que estamos comunicados, cuando en realidad somos islas flotando en un océano de soledades.

El clic es la nueva moneda de cambio en la economía de la atención. Nos esclaviza con su aparente ligereza. Nos roba minutos, horas, días. Nos hace sentir que participamos, que opinamos, que estamos presentes. Mentira. Porque no hay acción real detrás del clic si no va acompañado de pensamiento, de conversación, de compromiso. Es como firmar manifiestos digitales que no llegan a ningún sitio, como gritar en una habitación insonorizada. Nos quedamos con la conciencia tranquila, pero el mundo sigue igual. O peor. Un engaño en toda regla.

Y detrás del clic, el algoritmo. Ese dios invisible que decide qué vemos, qué leemos, qué ignoramos. El algoritmo no es neutral, es el nuevo censor invisible que decide lo que ves, lo que piensas, lo que eres. Y está programado para premiar la polarización, la confrontación, el escándalo. Censura sin decirlo. Silencia sin explicarlo. Nos encierra en burbujas ideológicas, nos separa de los otros, nos convierte en consumidores de contenido, no en ciudadanos. Así, la democracia se ahoga en un scroll infinito.

Las redes sociales simulan participación, pero lo que ofrecen es simulacro. Son el espejismo de la conexión en un desierto de soledades y nos acostumbran a la pasividad, a la reacción sin reflexión, a la emoción sin profundidad. Nos entrenan para vivir en la superficie. Para confundir visibilidad con relevancia, viralidad con verdad, interacción con comunidad. Pero no hay comunidad sin cuerpo, sin calle, sin mirada. No hay revolución en el clic.

¿Y la izquierda, qué?

El Servicio Andaluz pone en riesgo a las mujeres trabajadoras. El programa de cribado de cáncer de mama deja a miles de mujeres en situación de riesgo extremo.

Al menos 2.000 mujeres recibieron resultados “no concluyentes” y no fueron avisadas, retrasando tratamientos que podrían salvar vidas. El Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, el mayor de la comunidad, concentra la mayoría de los casos, y la falta de radiólogas y radiólogos ha obligado a doblar turnos, poniendo en peligro la calidad de la atención y la seguridad de quienes dependen del sistema.

El gobierno andaluz anunció un plan de choque con 12 millones de euros y la contratación de 119 profesionales, pero estas medidas no van a compensar años de recortes y privatización. Las mujeres trabajadoras, con jornadas largas y responsabilidades familiares, son quienes pagan el precio. Su salud queda en manos de un sistema que prioriza beneficios económicos sobre vidas humanas y trata la prevención como un gasto prescindible.

Esta crisis no es un hecho aislado. Es el resultado de las políticas del PP y VOX, que han apostado por desmantelar la sanidad pública y favorecer a empresas privadas. Mientras los conciertos millonarios con aseguradoras crecen, los hospitales públicos pierden capacidad y la atención se retrasa. Expertos como el oncólogo Emilio Alba denuncian que el problema no es la falta de recursos, sino la gestión negligente y la ausencia de planificación. La falta de inversión sostenida en personal, tecnología y seguimiento de pacientes ha convertido la detección precoz en una lotería, con consecuencias dramáticas.

El impacto sobre la clase trabajadora es profundo y desigual. Quienes más sufren son mujeres con menos acceso a medios privados, que deben compatibilizar trabajo, cuidados familiares y controles médicos. Muchas han tenido que enfrentarse a la ansiedad de no saber si un diagnóstico retrasado pondrá en peligro su vida. Organizaciones feministas y de pacientes denuncian que la Junta busca soluciones políticas y mediáticas, mientras que las vidas afectadas quedan en segundo plano.

En este mismo medio publicamos otro artículo1 en 2023 sobre cómo se organiza la concesión del premio nobel de la paz. El Comité Noruego del Nobel está formado por políticos que ya no estén en activo de Parlamento Noruego.

La composición del jurado y sus conexiones son ciertamente clarificadoras, una investigación de la plataforma de periodismo de datos “La Tabla” revela la red de conexiones en Noruega que vinculan a Machado con miembros del Comité del Nobel. La investigación confirma que Kristin Clemet, miembro del comité Nobel, dirige el think tank Civita, socio oficial del Oslo Freedom Forum (OFF). Esta plataforma la creó y la preside Thor Halvorssen Mendoza, primo del líder opositor Leopoldo López.

Además Noruega es un país de la OTAN, así que sus políticos, elegidos tan libremente como en Rumanía o en Moldavia, o en cualquier otro país de esa autodenominada “Alianza por la Paz”, no tienen, ni pueden tener un criterio distinto al de sus jefes. Por no hablar del desmedido eurocentrismo y alineamiento con las políticas imperialistas de tan selecto jurado y ¡cómo no! de quienes son elegidos para el laureado premio.

Ya vimos el ridículo cuando le otorgaron el Premio a Kissinguer, o cuando se pidió el mismo premio para Hitler (fue nominado) o para Jens Stoltenberg (el otrora secretario general de la OTAN entre 2014 a 2024) o cuando se lo dieron a Barack Obama, o en este año 2025, cuando se autopropuso Trump con el apoyo de Netanyahu y de Zelensky. Este último con razón, al fin y al cabo, en 2022 le dieron el nobel al “Centro para las libertades civiles en Ucrania” por su labor documentando crímenes de guerra rusos y abogando por la rendición de cuentas. (Se ve que lo de Bucha no les quedó muy bien…)

Desde la mesa hasta la escuela, en cada aspecto de nuestras vidas y pensamientos, nuestra imaginación está colonizada por clichés, estandarizada y estandarizadora. Por eso La lucha pasa también por descolonizar el pensamiento. Es un paso imprescindible para entender otras luchas y hacerlas nuestras. La crueldad, la ferocidad del genocidio en Palestina y la barbarie ha impactado en nuestras vidas. Entender las raíces de la causa palestina y de las acciones de la resistencia, sin mirada eurocéntrica, forma parte de la batalla de ideas. Mantener viva la llama de la lucha por Palestina libre del Jordán al Mediterráneo y organizar a amplias masas que se movilizan contra la barbarie sionista, será el reto del movimiento revolucionario en las sociedades capitalistas aniquiladas por la banalidad y el aburrimiento del conformismo. Especialmente cuando pronto vendrán a decirnos que ya pasó y a seguir legitimando la ocupación y la existencia del portaaviones del imperialismo en Asia occidental. La causa palestina es la causa de la humanidad.

#SiempreConlaResistencia

#HastaLaVictoria.

El Comité Central del PCPE, reunido el 4 y 5 de octubre de 2025 en su sede de Madrid, adopta la siguiente RESOLUCIÓN GENERAL.

En el ámbito internacional, Palestina es el elemento absolutamente determinante de la lucha de clases.

Palestina, tras el 7 de octubre de 2023, expresa al mismo tiempo y de la forma más clara, tanto el alcance de la barbarie imperialista, como la fuerza transformadora de los pueblos decididos a luchar por su futuro. Palestina que representa el futuro de la Humanidad, demuestra día a día que la contradicción entre los intereses imperialistas y los de los pueblos es irresoluble.

El sionismo, como vanguardia de un imperialismo que ya no se somete a leyes y normas internacionales –ni las de la guerra-, expresa con su criminal barbarie la verdadera naturaleza de un Sistema que, determinado por su profunda crisis general, lo necesita todo para tratar de sostener la hegemonía mundial sobre la que ha construido su violenta y racista dominación sobre los pueblos del mundo  durante más de cinco siglos.

Palestina, el pueblo palestino, representado por la unidad nacional de todas las organizaciones de la Resistencia, solo exige el derecho a existir, su Libertad y el fin de una injustificable colonización que dura ya demasiados años y acumula demasiado dolor.

Durante este fin de semana del 4 y 5 de octubre, en el que además de la marea humana que ha inundado las calles de todas las ciudades del mundo exigiendo el fin de genocidio, parece que se abre una vía de negociación que el conjunto de las organizaciones de la Resistencia aceptan desde la responsabilidad patriótica de parar el genocidio, debe quedar muy claro que este es solo un capítulo más de una lucha que, finalmente, solo acabará con el fin de la colonización y el reconocimiento de la plena soberanía de una Palestina libre desde el Jordán al Mediterráneo. Como en Argelia, tras 132 años de lucha contra el ocupante francés, no hay nada que justifique la continuidad de una realidad colonial como la que representa ese portaviones del imperialismo y la OTAN en el Mediterráneo Oriental que es la entidad sionista.

Mientras la población general del país muere en promedio a los 71 años, en los sectores más vulnerables el promedio de edad de fallecimiento es de 60 años. Las condiciones habitacionales, el acceso a la salud y la precariedad laboral sentencian a los pobres.

Un estudio del Centro para la Integración Sociourbana (CISUR) revela que las personas que viven en barrios populares mueren, en promedio, 11 años antes que el resto de la población argentina.

El dato alarmante se obtuvo al analizar la información demográfica de la población residente en barrios populares. El trabajo se basó en datos oficiales del Censo Nacional 2022, en registros de defunciones del Ministerio de Salud y en los relevamientos realizados por el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBap).

A partir de este análisis se identificaron enormes diferencias en la composición de la población y la edad promedio de fallecimiento en los barrios populares, comparado con las estadísticas de la población general del país.

Datos preocupantes

La comparación histórica es contundente: la pirámide de los barrios populares en 2022 se parece más a la del Censo Nacional de 1914, cuando Buenos Aires crecía sobre la base de conventillos hacinados, viviendas precarias sin cloacas ni agua corriente y una urbanización marcada por la desigualdad. Más de un siglo después esa misma postal se repite en los barrios populares mostrando que la vejez sigue siendo un privilegio al que pocos acceden.

Referido a la mortalidad de la población, se ha identificado un hallazgo que expresa de manera extrema la situación de desigualdad: mientras la población general del país muere en promedio a los 71 años, en los barrios populares la vida se acorta once años: el promedio de edad de fallecimiento es apenas 60 años.

Sentencia de muerte

Si bien el informe no establece una relación causal única, señala un triángulo de desigualdad entre las condiciones habitacionales, el acceso a la salud y la precariedad laboral que afecta la trayectoria de vida y muerte de las personas que habitan estos barrios.

«En el actual contexto de ajuste presupuestario –concluye el informe– los hallazgos son un llamado para comprometerse y transformar esta situación, para que no se convierta en una sentencia de muerte para millones de argentinos y argentinas. Con inversión sostenida, planificación estatal y acceso a derechos básicos, la brecha de años de vida puede reducirse».

Otros Medios: Resumenlatinoamericano.org Fuente: Tiempo Argentino

El 28 de septiembre es el Día de Acción Global por un Aborto Legal y Seguro, un día de lucha por la despenalización del aborto, y la legislación sobre él y el acceso a los métodos anticonceptivos. Un día de reivindicación de un derecho que reduce el acceso al I.V.E. (Interrupción Voluntaria del Embarazo), pero va más allá. Empieza en el acceso a la educación sexual, a los métodos anticonceptivos cubiertos por la seguridad social y que menos impacto tienen en nuestra salud, y por último a la I.V.E. de una forma segura. Sin embargo, lejos de poder profundizar en la amplitud de este derecho, tan relacionado con la defensa de la sanidad pública y de la educación feminista, en los últimos años se queda en una defensa de la autodeterminación sobre la reproducción contra la derecha católica y rancia.

Es por esto también que los derechos sexuales y reproductivos no son algo privado o que competa únicamente al feminismo. Perseguir a quienes pretenden decidir sobre sus cuerpos y reproducción no es una decisión individual, están legislando y atacando cuando consideran que la ley no responde a su moral. Quién considere que cuando atacan este derecho solo están atacando derechos de la mitad de la población con capacidad reproductiva (y en edad de hacerlo) está equivocado. En la penalización del derecho al aborto, negación a la educación sexual y restricción al acceso a los medios anticonceptivos reside la posibilidad de decidir y que esto no ponga nuestra vida en riesgo. Un retroceso en este derecho sería hacernos más vulnerables ante quienes quieren legislar en cuanto a su moral, religiosa o no. Entre los últimos ataques está la creación del ‘Refugio Pro-vida’” a las puertas de una de las clínicas más importantes en cuanto a realización de I.V.E. en la Comunidad de Madrid. Los grupos anti-elección no han tenido problema para sufragar el alquiler de un local frente a la clínica, desde el que seguir atacando al grito de “asesinas” y “locas” a quienes acuden.

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