La historia de la tecnología y la ciencia en la segunda mitad del siglo XX, tanto en la economía capitalista como en la socialista, incluye la automatización de la producción de mercancías para las masas y en este contexto surgen las computadoras y más tarde la interconexión de las mismas en lo que conocemos hoy como Internet. La red digital en occidente fue en principio un proyecto militar, después limitado al mundo académico y desde 1990 accesible para el público en general. La esperanza de los primeros internautas, de haber encontrado un sistema democrático, abierto a todo el mundo y capaz de resolver muchos problemas de la humanidad, coincidió en muchos aspectos con el movimiento contracultural de la costa oeste de los años 1960. Pero pronto, el capitalismo descubrió las posibilidades de negocio en la red digital. Además, en la economía de los países occidentales imperaban desde los años 70/80 las ideas neoliberales que pretendían hacer de cualquier actividad humana un modelo de negocio promocionando el individualismo extremo.

El movimiento de la contracultura de los años 1960 se extendió rápidamente y dio el salto a los países de la Europa occidental.  Las protestas contra la cultura conservadora de la generación de los padres, contra el consumismo, el racismo y la homofobia, contra la violencia de la policía y la guerra de Vietnam aparecieron mayoritariamente entre los jóvenes estudiantes y las hijas y los hijos de clase obrera se unían (México, Francia 1968).

Tanto la contracultura como la nueva izquierda (New Left) nunca tenían la cuestión de la clase o el imperialismo del sistema capitalista en cuenta. No cuestionaron el capitalismo como sistema económico y sistema de opresión.

Cuando aparecieron los primeros ordenadores en las universidades los estudiantes se rebelaron contra la nueva tecnología; rechazaron ser tratados como números y formados para encajar en las empresas y en la burocracia antiguas. Pero la contracultura perdió a finales de los 1960 fuerza y muchos se retiraron en comunidades que fundaron en las montañas y en el campo (también en Europa).

Para entender la lógica socio-económica del capitalismo digital es necesario dirigir el foco hacia la teoría de su modelo de producción. En los países industrializados se pretenden, después de la Segunda Guerra Mundial,  introducir nuevas tecnologías y ampliar la automatización. 1 En los años 1960 y más en los 70 se introducen los ordenadores en la administración de las empresas y también en la producción material. La introducción en la fábrica y la oficina de las tecnologías de los medios de comunicación, de la informática y de las telecomunicaciones es la culminación de un largo proceso de separación de la fuerza de trabajo de su participación directa en la producción. La vanguardia que lideró este proceso en la economía capitalista y que hasta hoy en día domina la ciencia y los medios de comunicación empezó en los USA y su centro tecnológico, económico e ideológico fue California. 2

El artículo se divide en varias partes y el método para descifrar los sucesos y episodios, el papel de los individuos y las condiciones de su actuación debe ser el Materialismo Histórico como lo desarrollaban Friedrich Engels, Karl Marx y Lenin. La filosofía subjetivista afirma un conflicto entre la necesidad histórica y el papel de los individuos; acusa al marxismo de ser un exponente del determinismo absoluto de la materia, lo que anula toda posibilidad de participación creadora del hombre en la historia. El desarrollo del capitalismo digital muestra que en realidad, son los hombres los que hacen la historia, pero la hacen en condiciones de existencia bien determinadas: la forma en que los hombres producen los bienes materiales e inmateriales y las relaciones sociales que realizan esta actividad productiva.

Las raíces materiales e ideológicas del capitalismo digital se encuentran en la costa Oeste de los USA, en primer lugar en la Región de Silicon Valley, la cuna de la economía digital. Es ahí donde se habían asentado durante y después de la Segunda Guerra Mundial empresas de tecnología punta. Muchos tenían contratos con los militares y trabajaron colaborando con las universidades de élite como Stanford. “En el corazón de Silicon Valey, nuestro Sunnyvale Campus es dónde los equipos desarrollan sistemas y armas de las próximas generaciones,” anuncia Lockheed Martin en su actual página web.

¿Por qué la Guerra Total contra el Mundo Emergente no es una nueva Guerra Mundial como las anteriores?  

UN REPASO HISTÓRICO (V parte y última)

El Imperio Occidental como un Imperio del Caos ya sin tapujos, fuera de convenciones y tratados, fuera de apariencias morales y definitivamente fuera de la ley -según está demostrando aún más en Palestina-, implica que en su desesperación rompe las propias reglas de “convivencia” que bajo su mando diera al mundo. Su actual prédica de “un mundo basado en reglas” quiere decir que ellos han cambiado las reglas y ya sólo cuentan las que ordenen tener en cada momento, que además podrán ser cambiadas al instante siguiente (un presidente mortífero y a la vez histriónico como Trump sólo es entendible bajo estas premisas y en una coyuntura así). A partir de ahora todo vale con tal de abortar la consolidación de un nuevo mundo multipolar, o revertir la multipolaridad ya realmente existente.

“Es una guerra de supervivencia para Occidente, no solo en términos geopolíticos, sino también ideológicos. El globalismo occidental, ya sea económico, político o cultural, no puede tolerar modelos civilizatorios alternativos. Las élites posnacionales de Estados Unidos y Europa occidental están comprometidas con preservar su dominio. La diversidad de cosmovisiones, la autonomía civilizatoria y la soberanía nacional no se consideran opciones, sino amenazas.” La Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado, pero no todos lo entienden.

El unilateralismo estadounidense en el mundo postsoviético

Un repaso histórico III

Una vez eliminado el enemigo sistémico soviético, en los años 90 se terminaría de crear un entramado legal supranacional que consagraba un creciente peso o dominio del capital globalizado sobre las dinámicas de territorialidad política de la mayor parte de los Estados. De hecho, quedaría abolido de facto el sistema internacional basado en el principio de soberanía de los Estados nacionales heredado de Westfalia, que se sacrificaba al objetivo de proteger todas las formas de acaparamiento y propiedad del gran capital, especialmente ya las rentistas. La “soberanía popular” resultaba en la práctica desterrada.

Tal proceso es resultado y a la vez motivo del diverso desmoronamiento de fuerzas sociales que a escala interestatal propiciaron un cierto mayor equilibrio entre el Capital y el Trabajo tras la Segunda Gran Guerra del siglo XX. Lo cual significó al final del período el abortamiento del intento de ruptura del Segundo Mundo o “Mundo Socialista”, y con él, el agotamiento del desarrollismo tanto de independencia (África y Asia) como populista (NuestraAmérica) en el Tercer Mundo (con la consiguiente eliminación de éste como un Bloque-sujeto político internacional, obstruyendo incluso la posibilidad de que de él surgieran actores políticos autocentrados con nacionalismos soberanos[1]), así como el paulatino desmantelamiento de la socialdemocracia u “opción reformista” en el Primer Mundo.[2]

Con ello se produjo el espejismo de la ahistoricidad del Sistema: el capitalismo pasaba a contemplarse como imperecedero, además de como la única realidad pensable; de lo que se trataría en adelante, en el mejor de los casos, era de regular su funcionamiento de la mejor manera posible.

Esta situación de poder unipolar pasaba, asimismo, por conseguir el cerramiento de filas de las formaciones sociales centrales en torno a Estados Unidos en un esfuerzo común por contrarrestar las vías de autonomización de las formaciones periféricas, y arrinconar de una vez las luchas alternativas de sus poblaciones (lo que reforzaba la dependencia estratégica y militar del resto de países centrales respecto de la potencia norteamericana), en la que llamaron una nueva “gobernanza” del mundo. 

La guerra contra el Segundo y el Tercer Mundo como bloques históricos

UN REPASO HISTÓRICO (II)

A) La prolongación de la Segunda Guerra Mundial (o Tercera Guerra Mundial) camuflada como “Guerra Fría” contra el Mundo Socialista

El sistema capitalista que se había hecho mundial sufre la Gran Desconexión soviética, la cual iniciaba un ciclo de rupturas conformador de un Mundo Socialista que iría cobrando entidad y creciendo como un “Segundo Mundo” entre el “Primero” y el “Tercero” –apoyando precisamente también la independización autónoma de este último-. Quedaba, en consecuencia, aquel Sistema Mundial capitalista amputado o incompleto.

Pero en cambio conocerá, tras la Segunda Gran Guerra, una era de cohesión interna sin precedentes bajo el nuevo hegemón mundial capitalista: EE.UU. Éste asumiría la reestructuración del Sistema a escala planetaria, bajo su hégira.

El orden metabólico del capital requiere de estructuras políticas de mando, por más que muchas de sus claves de intervención, e incluso de las formas en que cobran existencia, pasen a menudo desapercibidas para las sociedades. En un capitalismo globalizado pero carente de una entidad política territorial global (algo así como un Estado mundial), buena parte de las estrategias de ese mando vienen ejercidas directa o indirectamente por la potencia dominante, un hegemón, el cual se encarga en mayor medida que ningún otro de crear o recrear, organizar y dirigir el conjunto de instituciones mundiales necesarias para la regulación global del Sistema. Desde mediados del siglo XX ese papel le ha correspondido a EE.UU. Esta formación social imperial, como veladora última del funcionamiento del capitalismo global, se ha encargado desde entonces de establecer el entramado jurídico-institucional valedor de la acumulación de capital a escala planetaria (FMI, BM, ONU, organismos internacionales diversos, el embrión de lo que sería una organización mundial del comercio -el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio-, cumbres de las principales potencias, tribunales de arbitraje internacional, “cooperación al desarrollo”, etc.). Su ambicioso proyecto de construcción del capitalismo global a imagen propia, pasa por un conjunto de dispositivos y medidas tendentes a garantizar la reproducción ampliada del capital a escala interna y global.

Ilustración de Francis Barlow para la fábula "El pastor mentiroso", llamada por él De pastoris puero et agricolis, 1687.

En una versión macabra del «Pastor mentiroso», la fábula de Esopo, el pastorcito gritaba, como en el cuento original, una y otra vez: «¡Qué viene el lobo!». Sin embargo, no era broma. El lobo acechaba en las sombras del bosque desde la primera vez. Además, era alimentado por él mismo, sacrificando alguna oveja. Su intención no era evitar que el lobo devorase al rebaño, sino impedir que le arrebatase el puesto. 

Hoy, la socialdemocracia (o quienes ocupan ese espacio político) repiten el mismo guión. Nos gritan «¡Que viene el lobo!», señalando al fascismo como la gran amenaza contra las libertades y la democracia. Así, nos exigen cerrar filas en torno a ella, presentándose como un «mal menor» que, dentro de sus límites para impulsar reformas, se erige en guardiana de los derechos conquistados en el pasado. 

Pero este chantaje, tan viejo como la fábula de Esopo, tiene un efecto perverso: la socialdemocracia, como el pastor del cuento, alimenta al fascismo día tras día, engordándolo hasta que, tarde o temprano, arrastre consigo a todo el rebaño, devorando además a quien le dio de comer. 

La acusación de que el oportunismo reformista alimenta al fascismo no es nueva, pero conviene recordarla cada vez que se intenta que la clase obrera avale aventuras políticas que, en realidad, se alinean con su enemigo de clase o con sectores del imperialismo que instrumentalizan al fascismo. 

Contamos con tres ponentes de lujo para hablar de un conflicto que entró en una nueva fase hace tres años con la entrada de tropas rusas en Ucrania, pero que hunde sus raíces mucho más atrás. Gracias a las personas ponentes, arrojaremos algo de luz sobre este conflicto, sus orígenes, los principales actores en el mismo, la posible evolución... y dialogaremos sobre qué podemos hacer ante tanta barbarie imperialista y su principal instrumento: la OTAN.

Para profundizar sobre el tema, animamos a consultar estos artículos publicados en Unidad y Lucha, el periódico del PCPE:

 

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación

Desde el Proyecto Manhattan hasta la Guerra Fría, el siglo xx estuvo marcado por saltos tecnológicos que redefinieron el poder militar, la soberanía estatal y el destino del mundo. La fabricación de la bomba atómica no solo alteró el curso de la ii Guerra Mundial, sino que también inauguró una etapa en  la que la ciencia se convirtió en herramienta de hegemonía global. La carrera entre EE. UU. y la URSS consolidó un modelo basado en la amenaza, el secreto y la competencia. Hoy, en plena nueva fase del sistema capitalista mundial, digital y financiero, esa lógica regresa con una intensidad similar, la disputa por la inteligencia artificial (IA).

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación. Lo que alguna vez fue una carrera por dominar el átomo, hoy es una carrera por dominar el algoritmo. Y, una vez más, EE. UU. y China se ubican como las dos grandes potencias que compiten por liderar esta transformación. Pero a diferencia del siglo pasado, la IA no se limita al plano militar, sino que atraviesa cada dimensión de la vida social, económica y cultural, acelerando una reconfiguración global cuyo desenlace es incierto.

En julio de 2025, la administración de Trump lanzó el America's AI Action Plan, su estrategia más ambiciosa para asegurar la supremacía estadounidense en inteligencia artificial. Una hoja de ruta que propone reindustrializar el país, blindar su seguridad nacional y proyectar su poder global a través de chips, datos, algoritmos y súper inteligencias. Trump lo dijo sin rodeos: «Hay que ganar la carrera por la IA como ganamos la carrera espacial».

El plan descansa sobre ejes clave, desde la desregulación del sector para favorecer a más de 29 000 startups, hasta millonarias inversiones en defensa, infraestructura y educación.

Trump, o sea, el gobierno de EEUU, para que nadie olvide que es presidente electo, con todas las zarandajas y mentiras del sistema electoral norteamericano, pero electo por elecciones de esas de risa, ha impuesto a Europa unos aranceles del 15% en duras negociaciones con Von der Leyen, la representante de la UE, pero que a esta nadie sabe cómo y quién la ha elegido y si lo saben cállense porque fue la candidata propuesta por Merkel y bendecida por Christine Lagarde, ex presidenta del FMI (Fondo Monetario Internacional), que a su vez tiene una nueva presidenta.

Lo cierto es que el machista y misógino impuso su criterio sobre la mujer representante de nada, con el apoyo de otras mujeres, a ver si al final va a resultar que el feminismo burgués era mentira y que el feminismo de clase anda sepultado por la propaganda burguesa, o al menos eso intentan. Curiosamente, las presidentas que hemos tenido en Europa no han mejorado nada, más bien han empeorado con su capitalismo ultraneoliberal la situación de la clase obrera.

Pero no va de esto la cuestión. La cuestión va de la serpiente multicolor de cada verano, el entretenimiento que se ha ido forjando a través de todo el año y que ha llegado a su culmen ahora. La nueva cortina de humo son los aranceles a los productos de la UE, que solo el hecho de que quien los aplica sea el adalid de los libertarios ya es “pa mear y no echar gota”.

¿Cómo le explicará Abascal y Feijoo a los agricultores que su “amado líder” les sube los aranceles con lo que les costará más vender sus productos en EE.UU.

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