Hay matrimonios bien avenidos y luego está el matrimonio entre el capitalismo y patriarcado. Ese sí que es una pareja modélica, bien avenida y enriquecedora para las partes ¡Ni la mejor pareja de Hollywood podría protagonizar tal bombazo!

¿Y por qué decimos esto? Porque a día de hoy que el patriarcado continúe tan instaurado en nuestra sociedad no es casualidad, ni por asomo. El sistema capitalista lo necesita y mucho, y si es en pleno apogeo mejor, más se aprovecha de sus beneficios sociales, pero sobretodo económicos.

Y es que sin el patriarcado la reproducción de la fuerza de trabajo ¿en quién recaería? Está claro que el capital necesita a unos obreros y obreras sanas (o al menos útiles para explotar), necesita que comamos, al menos de vez en cuando, necesita que cuidemos a sus futuros obreritos y obreritas, que el beneficio no se extrae solo, y bueno… el cuidado de nuestros mayores no les importa mucho, pero tampoco es cuestión de abandonarlos en la cuneta que estaría feo. Por tanto, necesita que alguien se encargue de esas tareas y casualmente su maridito, el sistema patriarcal, asegura que las mujeres asumamos dichas tareas y encima de forma gratuita.

Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases, el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social de las distintas mujeres. Cada clase social percibe la lucha feminista en función de los privilegios de clase que disfruta o de la explotación que padece.

El feminismo institucional, excluye de su análisis la perspectiva republicana y socialista porque considera indeseable la transformación de las relaciones de producción y el socialismo. Por esa razón está incapacitado para liberar a la parte femenina de la clase obrera, cuya discriminación de género está directa e intrínsecamente unida a la explotación de la clase social de pertenencia. Las mujeres del pueblo trabajador no mejoraremos nuestras condiciones de vida y trabajo por mucho que las señoras de la oligarquía consigan asientos en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35, ni la discriminación y explotación acaban por la existencia de reinas, princesas y porque ya no impere la ley sálica.

 

María Luisa Rodríguez es pensionista, es una de las fijas frente al parlamento en la concentración de los lunes de la Asociación de Defensa de las Pensiones públicas de Canarias, la primera en crearse en todo el Estado Español. Semana tras semana acampan por unas horas en una de las calles más transitadas de la capital chicharrera, con sus panfletos, carteles y megafonía haciendo que la reivindicación de unas pensiones públicas dignas para todas resuene constante. Su concentración semana tras semana no pierde ni fuerza ni alegría y se distingue por sus eternas camisetas amarillas con su lema claro, conciso y contundente: Gobierne quien gobierne, las pensiones se defienden.

“Igualdad en el trabajo y en la vida - ¡Cumplir los derechos de las mujeres!” es un compromiso de acción y lucha del Partido Comunista Portugués (PCP) en el ámbito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer el 8 de Marzo de 2021. Un compromiso afirmado en múltiples acciones en que el PCP avanza con políticas y soluciones con el objetivo de prevenir y combatir el brote epidémico y alcanzar la igualdad en el trabajo, en la familia y en la sociedad, haciendo cumplir los derechos de las mujeres.

Para el PCP, enfrentar el brote epidémico exige enfretar la degradación de las condiciones de vida y de trabajo con el refuerzo de la inversión en el Serviço Nacional de Saúde y rapidez y eficacia en la vacunación de toda la población, así como medidas que hagan cumplir los derechos de los padres y los niños en tiempo de confinamiento, eliminando el corte de un tercio del salario para quien tiene que quedar en casa de cara al cerramiento de las guarderías y las escuelas —inaceptable injusticia que por propuesta del PCP ya fue posible corregir para los trabajadores que están en ERTE, que pasaron a tener el salario completo a partir de 20211.

De Clara Zetkin, militante y dirigente comunista alemana, luchadora por el socialismo hasta su último aliento en 1923, a los 76 años de edad, podemos saber que "inventó" el 8 de marzo, ya que convocó en 1910, en el Congreso de la Internacional Socialista de Mujeres, fundado con Rosa Luxemburgo y que reunió en ese día a un centenar de mujeres de 17 países diferentes, para la organización de un Día Internacional de la Mujer. Se celebró por primera vez en 1911 en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria.

Es menos conocido el hecho de que consiguió cruzar clandestinamente y de forma increíble (es decir, con la ayuda de trabajadores ferroviarios comunistas) las fronteras que el gobierno francés le había cerrado para participar en el Congreso de Tours de 1920, que marcó el nacimiento del Partido Comunista Francés. Allí instó a los socialistas a unirse a la Tercera Internacional, diciendo: "¡Camaradas, debemos elegir!"

La primera articulación de un 8 de marzo en Brasil tuvo lugar en 1947, luego de un contacto externo de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), que había tomado conocimiento de las importantes movilizaciones organizadas por mujeres del movimiento obrero en Brasil, muchas de ellas vinculadas al PCB. Durante la dictadura empresarial-militar que rige en la década de 1960, el 8 de marzo fue prohibido en nuestro país y solo se volvió a celebrar en 1975, debido a la incorporación de la fecha en la agenda de la ONU en lo que se conoció como “el año de la mujer”.

Las trabajadoras llevamos bastante tiempo en una situación de precariedad laboral y encadenando contratos temporales, bajos salarios, pensiones que no alcanzan para sobrevivir, altas tasas de paro y un largo etcétera de condiciones laborales de sobreexplotación, que a veces ocupan un espacio anecdótico en los medios de propaganda del sistema.  La mayoría femenina alcanza una proporción de siete a tres en los contratos que conjugan parcialidad y temporalidad y se acerca al tres por dos tanto en el paro de larga duración como entre quienes buscan su primer empleo, dos datos que ilustran las mayores dificultades que tenemos las mujeres tanto para acceder al empleo, como para recuperarlo tras haberlo perdido.

Elizabeth es pastelera de profesión, pero aquí trabaja de cuidadora y limpiadora, está en paro, la despidieron por la Covid. Llegó a Canarias el 2016 buscando un mejor vivir y ante la pregunta de si ha notado diferencia de trato como migrante en los últimos tiempos contesta sin vacilar… “en septiembre cumplo 5 años y en lo personal yo desde que estoy aquí nunca lo he tenido fácil así que no sabría decir si hay cambios o no”.

Se describe como “aperrada”, expresión chilena, …”significa que le pongo el hombro a lo que venga, soy trabajadora y tengo la fortaleza de saber ponerme en pie después de tantas derrotas y sobre todo con una gran sonrisa, así me conoce mi gente y mi familia que tanto extraño”.

Que la crisis generada por el coronavirus no afectaba por igual a todo el mundo  era una evidencia señalada  en artículos y estudios con criterio, la cuarta entrega del estudio de prevalencia del Ministerio de Sanidad avala con datos que si eres mujer trabajadora te ves afectada en mayor medida por la pandemia, tu género y clase determinan que te veas más expuesta al contagio. 

De los 4,7 millones, el 9,9%, de la población española,  que se han contagiado con SARS-CoV-2 en 2020, destacan  varios colectivos con mayor seroprevalencia: personal sanitario (16,8%) y cuidadoras de personas dependientes a domicilio (16,3%). También las personas de nacionalidad no española (13,1%). Aunque la diferencia entre mujeres y hombres (10,1% frente a 9,6%) es pequeña, los trabajos altamente feminizados son de los que más exposición al virus experimentan: tareas de limpieza (13,9%) y trabajo en residencias (13,1%). Dos sectores con prevalencia superior, que desvela el mayor riesgo al que se exponen las profesiones ligadas a las tareas de cuidados y en primera línea de la COVID. La asignación del rol de cuidadora a las mujeres pone el foco en sanitarias, servicios de lavandería y cocina en hospitales, cuidadoras, trabajadoras de residencias, de servicios de limpieza en general, dependientas o cajeras, además de las empleadas de hogar.

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