“Igualdad en el trabajo y en la vida - ¡Cumplir los derechos de las mujeres!” es un compromiso de acción y lucha del Partido Comunista Portugués (PCP) en el ámbito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer el 8 de Marzo de 2021. Un compromiso afirmado en múltiples acciones en que el PCP avanza con políticas y soluciones con el objetivo de prevenir y combatir el brote epidémico y alcanzar la igualdad en el trabajo, en la familia y en la sociedad, haciendo cumplir los derechos de las mujeres.

Para el PCP, enfrentar el brote epidémico exige enfretar la degradación de las condiciones de vida y de trabajo con el refuerzo de la inversión en el Serviço Nacional de Saúde y rapidez y eficacia en la vacunación de toda la población, así como medidas que hagan cumplir los derechos de los padres y los niños en tiempo de confinamiento, eliminando el corte de un tercio del salario para quien tiene que quedar en casa de cara al cerramiento de las guarderías y las escuelas —inaceptable injusticia que por propuesta del PCP ya fue posible corregir para los trabajadores que están en ERTE, que pasaron a tener el salario completo a partir de 20211.

De Clara Zetkin, militante y dirigente comunista alemana, luchadora por el socialismo hasta su último aliento en 1923, a los 76 años de edad, podemos saber que "inventó" el 8 de marzo, ya que convocó en 1910, en el Congreso de la Internacional Socialista de Mujeres, fundado con Rosa Luxemburgo y que reunió en ese día a un centenar de mujeres de 17 países diferentes, para la organización de un Día Internacional de la Mujer. Se celebró por primera vez en 1911 en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria.

Es menos conocido el hecho de que consiguió cruzar clandestinamente y de forma increíble (es decir, con la ayuda de trabajadores ferroviarios comunistas) las fronteras que el gobierno francés le había cerrado para participar en el Congreso de Tours de 1920, que marcó el nacimiento del Partido Comunista Francés. Allí instó a los socialistas a unirse a la Tercera Internacional, diciendo: "¡Camaradas, debemos elegir!"

La primera articulación de un 8 de marzo en Brasil tuvo lugar en 1947, luego de un contacto externo de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), que había tomado conocimiento de las importantes movilizaciones organizadas por mujeres del movimiento obrero en Brasil, muchas de ellas vinculadas al PCB. Durante la dictadura empresarial-militar que rige en la década de 1960, el 8 de marzo fue prohibido en nuestro país y solo se volvió a celebrar en 1975, debido a la incorporación de la fecha en la agenda de la ONU en lo que se conoció como “el año de la mujer”.

Las trabajadoras llevamos bastante tiempo en una situación de precariedad laboral y encadenando contratos temporales, bajos salarios, pensiones que no alcanzan para sobrevivir, altas tasas de paro y un largo etcétera de condiciones laborales de sobreexplotación, que a veces ocupan un espacio anecdótico en los medios de propaganda del sistema.  La mayoría femenina alcanza una proporción de siete a tres en los contratos que conjugan parcialidad y temporalidad y se acerca al tres por dos tanto en el paro de larga duración como entre quienes buscan su primer empleo, dos datos que ilustran las mayores dificultades que tenemos las mujeres tanto para acceder al empleo, como para recuperarlo tras haberlo perdido.

Elizabeth es pastelera de profesión, pero aquí trabaja de cuidadora y limpiadora, está en paro, la despidieron por la Covid. Llegó a Canarias el 2016 buscando un mejor vivir y ante la pregunta de si ha notado diferencia de trato como migrante en los últimos tiempos contesta sin vacilar… “en septiembre cumplo 5 años y en lo personal yo desde que estoy aquí nunca lo he tenido fácil así que no sabría decir si hay cambios o no”.

Se describe como “aperrada”, expresión chilena, …”significa que le pongo el hombro a lo que venga, soy trabajadora y tengo la fortaleza de saber ponerme en pie después de tantas derrotas y sobre todo con una gran sonrisa, así me conoce mi gente y mi familia que tanto extraño”.

Que la crisis generada por el coronavirus no afectaba por igual a todo el mundo  era una evidencia señalada  en artículos y estudios con criterio, la cuarta entrega del estudio de prevalencia del Ministerio de Sanidad avala con datos que si eres mujer trabajadora te ves afectada en mayor medida por la pandemia, tu género y clase determinan que te veas más expuesta al contagio. 

De los 4,7 millones, el 9,9%, de la población española,  que se han contagiado con SARS-CoV-2 en 2020, destacan  varios colectivos con mayor seroprevalencia: personal sanitario (16,8%) y cuidadoras de personas dependientes a domicilio (16,3%). También las personas de nacionalidad no española (13,1%). Aunque la diferencia entre mujeres y hombres (10,1% frente a 9,6%) es pequeña, los trabajos altamente feminizados son de los que más exposición al virus experimentan: tareas de limpieza (13,9%) y trabajo en residencias (13,1%). Dos sectores con prevalencia superior, que desvela el mayor riesgo al que se exponen las profesiones ligadas a las tareas de cuidados y en primera línea de la COVID. La asignación del rol de cuidadora a las mujeres pone el foco en sanitarias, servicios de lavandería y cocina en hospitales, cuidadoras, trabajadoras de residencias, de servicios de limpieza en general, dependientas o cajeras, además de las empleadas de hogar.

 

¿Por qué las mujeres escribimos menos en los órganos de expresión políticos? ¿Por qué participamos menos en la vida “política”? ¿Por qué nos cuesta tomar la palabra en una reunión? ¿Por qué nos dedicamos en mayor medida al ámbito organizativo y no a la dirección política?

Es una evidencia, las mujeres participamos menos en este órgano de expresión, el Unidad y Lucha. Y no solo eso, sino que normalmente (siempre hay excepciones para todo) intervenimos menos en los debates políticos que nuestros compañeros de batallas. Y no solo eso, sino que, evidentemente, el número de mujeres que se deciden a militar, a dedicar su vida a la lucha política, es mucho menor que las de los hombres. ¿Casualidad? Seguro que no.

“Lo vivo mal porque me cuesta vivir en esta diatriba de dejar a los míos en manos de otra persona para poder cuidar de otros, yo no sé pero a me afecta bastante esta ambivalencia… me lo tendré que trabajar, fuera de la pandemia y demás, porque va implícito dentro de nuestro trabajo y nuestra vocación de de cuidado que tenemos los sanitarios en general”.

Natalia vivió la primera ola con un importante estrés y ansiedad porque a toda la carga asistencial, a la humedad, a tener que estudiar y enfrentar una patología nueva, se añadió el confinamiento en casa y los niños sin colegio y sin capacidad de reaccionar, sin que se facilitaran ayudas para conciliar. Se prohibieron todo tipo de permisos o excedencias por cuidado de familiares, en su caso ambos progenitores son sanitarios y la situación se complicaba en exceso,…”se presuponía que teníamos que estar dispuestos a dar el do de pecho y tener que trabajar muchísimo más de lo que nos correspondería, incluso en este tipo de situaciones. Se presuponía que teníamos que doblar turnos, aumentar las horas de guardia, etc., pero la realidad es que teníamos a nuestros menores a cargo descuidados porque además en nuestro caso y en el caso de muchos compañeros los recursos que teníamos eran familiares de alto riesgo, con lo cual los desechamos de la ecuación, complicando muchísimo más toda la situación”.

“La diferencia fundamental entre las tres olas, la primera por novedosa y porque había que hacer, estábamos ante un tragedia sin comparación, pues había que tirar pa,lante con lo que fuera, la segunda ola hubo mucha rabia, mucho enfado y la tercera ola lo veo como que es abatimiento”.

Natalia Flores Amador es lo que se ha dado en llamar personal de primera línea, una trabajadora que en la pandemia el poder descubrió y publicitó como esencial, y a la que más allá de definir como heroína y algún reconocimiento o aplauso público las administraciones han abandonado a su suerte en todas las fases, poéticamente declaradas “olas”, tal como ella misma nos cuenta, el personal sanitario ha sufrido un revolcón tras otro en esta marejada llamada COVID.

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