En la actualidad  han surgido modas como las de convertir la literatura y las elucubraciones “filosóficas” en mercancías de autoayuda, proliferan una especie de gurús de la resiliencia, esa palabra mágica promovida, al igual que la de la distopía y la espectacularización orwelliana, especialmente a partir de la pandemia. Nos inundan una especie de recetarios a través de falsimedia de los medios de comunicación controlados por el Ibex 35 y las transnacionales de la anglosfera para una felicidad de papel de celofán en un mundo feliz, el mito de la caverna, recordemos a Saramago, los mundos de yupy en la Era del genocidio en Palestina. ¡Si Adorno levantara la cabeza tras Auschwitz y Gaza! Asistimos a unos tiempos de estupidización intelectual de la dulcificación  más babosa de la realidad más brutal.

Sartre ignoró la concepción del materialismo dialéctico y del materialismo histórico a la hora de no  entender la ideología y la lucha de clases a partir de la dominación ideológica de la clase dominante burguesa. Hemos de situar las aportaciones de Gramsci en torno al intelectual orgánico y la teorización en torno a los aparatos ideológicos de Estado de Althusser, como ejes a la hora de concebir la lucha ideológica.

El libro Intelectuales de consumo, del profesor de Literatura José Antonio Fortes, representa una obra imprescindible para entender el proceso de involución de la intelectualidad pequeño burguesa española, a la hora de convertirse en meros pajes de la hegemonía cultural imperialista posmoderna y sorosiana, una intervención muy calculada en el proceso de domesticación burguesa a través de la transición del régimen borbónico en España en el periodo finisecular del siglo XX y los inicios del siglo XXI.

Miguel Ángel Rojas

Alexei Maximovich Pechkov, quien adoptó el pseudónimo de Gorki, había nacido en 1868 en la década en la que fue abolida la servidumbre en los campos del imperio ruso. La burguesía  comenzaba a apropiarse de la propiedad agraria en disputa con los vestigios de la propiedad de la aristocracia zarista. Lenin escribiría una obra como El desarrollo del capitalismo en Rusia en las postrimerías decimonónicas.

La vida de Gorki representa la época de la decadencia del zarismo. Sufrió maltrato del abuelo y de la madre, quien a su vez era maltratada por su segundo cónyuge: una vez el pequeño Gorki se enfrentó al padrastro en defensa de su madre. Adoraba a su abuela de quien dijo que su amor desinteresado por el mundo le llenó de vigor para una vida difícil, ella le contaba historias de bandidos buenos, hombres magnánimos, del espíritu maligno y sobre animales.

Quedó huérfano y tuvo que trabajar desde pequeño para sacar la familia adelante, sufriendo maltrato de sus patronos que le prohibieron leer libros. Al trasladarse a Kazán, estableció sus primeros contactos con militantes revolucionarios. Conoció a un pequeño propietario de una tienda de ultramarinos, poseedor de la biblioteca de libros prohibidos más surtida de la ciudad.

El joven Máximo intentó suicidarse con un revólver, sin embargo el deportado político Romas, quien lo comprendió y le abrió las puertas de la vida, lo ayudó a levantarse. Participó junto a Romas en despertar a los campesinos explotados por los kulaks.

Trabó amistad con prisioneros, deportados, los cuales leían mucho, estudiantes expulsados de la universidad, seminaristas, funcionarios del Zar, oficiales de la marina. El escritor deportado  Korolenko le dio la primera lección del arte de escribir.

Escribió la novela La madre en 1907, un clásico de la literatura universal, llevada a la cinematografía en 1926 por Pudovkin, la visión de la protagonista y los cambios y transformaciones que experimenta el personaje nos lleva a una lección extraordinaria del proceso que experimentan los personajes  reviviendo la mejor tradición de Gogol, Turgueniev, Dostoievski y Tolstoi a la hora de vislumbrar las perspectivas de los mayores cambios de la Historia.

Miguel Ángel Rojas

Fiel muestra de literatura imprescindible son las líneas que recorre esta revista, que lo son también por las profundas y radicales contradicciones que se dan en las luchas de clases de 1984 a la actualidad.

Arranca con el Congreso de Unidad Comunista, respuesta congruente a la traición Eurocomunista iniciada en 1956 con el llamado a la Reconciliación Nacional y el  lodazal de la conciliación de clases, que vio nacer un Partido marxista-leninista, internacionalista, solidario del bloque socialista, republicano y comprometido con el derecho a la autodeterminación de los pueblos (también en España)  denominado PC.  y poco después PCPE.

La burguesía está preocupada por rescatar el papel de las mujeres en el arco de su dominación de clase capitalista a lo largo de la Historia y pretende que la labor de mercenarios al servicio del Capital se feminice, dígase: ministras, presidenta del Fondo Monetario Internacional, directora del Banco Central Europeo o la mercenaria Ursula Von der Leyen como gestora del imperialismo europeo de la UE.

La pequeña burguesía también pretende que las mujeres pequeño burguesas cada vez tengan más relevancia en su papel de subalternas al servicio de la burguesía y de contrapartida, que la pequeña burguesía tenga su lugar subsidiado por la burguesía.

En este contexto, desde nuestra posición comunista hemos de rescatar el papel de las   mujeres en la lucha revolucionaria y en la lucha por el Socialismo como el camino emancipatorio de la clase obrera y de emancipación de la mujer.

En esta ocasión vamos a recomendar el libro “Guerrilleras” de Esperanza Martínez. Quien tuvo un papel activo en la lucha de la Resistencia contra el Franquismo. Fue prisionera política durante quince años siendo víctima de torturas. Mujer militante en la clandestinidad, formó parte de CC.OO. en la clandestinidad y participa activamente en la Asociación Archivo, Guerra y Exilio. Esperanza representa un testimonio vivo de mujeres que lucharon contra el Franquismo, toda una resistencia silenciosa. Hay que reivindicar la memoria de la Resistencia antifranquista, como decía Esperanza:  «Siempre guerrilleras, nunca bandoleras». Esperanza Martínez, un ejemplo de mujer guerrillera, de luchadora obrera y comunista en un momento tan duro como en pleno Franquismo, en la clandestinidad. Hay que rescatar el papel de la mujer en la lucha obrera y antifascista.

Miguel Ángel Rojas

Como escribió Jean Paul Sartre en el prefacio de esta obra, este libro no fue escrito para europeos sino para los compañeros africanos.

Cierto que cuesta, desde nuestra educación acercarse al libro, pero una vez que la empatía te pone en la piel de los colonizados, el resultado engancha. Cada palabra, cada frase, desnuda al colonizador que todos llevamos dentro.

Son siglos de cultura eurocentrista, exportada a América por los conquistadores españoles e ingleses, que permanece aún hoy en el sionismo y que lo hace estar más en boga que nunca.

Esa mentalidad colonialista aún impera por nuestro elenco político. Los Gustavo Bueno, Armesillas, los españoleros del Frente Obrero y tantos otros que se autodenominan izquierdas o incluso comunistas, llevan el lastre del colonialismo español a límites ridículos. Mentes abrazadas al pasado colonial de cuando España era un imperio.

No es mucho mejor en Europa; la Francia e Inglaterra ex imperiales, aún sostienen su chovinismo y su desprecio por quienes fueron sus colonias.

Pero es que la obra de Fanon va más allá; como psiquiatra que era, analiza al colonizado culturalmente, aquel que viviendo en la colonia se aparta de su gente por estar culturalmente arrasado por la metrópoli. El colonizado sufre del mayor de los males que transfiere la metrópoli: el individualismo. Obviamente, ese individualismo es el fiel reflejo del sistema económico que trasciende al colonialismo: el capitalismo. Como escribe Fanon: “El hermano, la hermana, el camarada son palabras proscritas por la burguesía colonialista…”

El hijo bastardo de las tramas negras

Cuando horas después del asesinato de John Fitzgerald Kennedy un oscuro personaje llamado Lee Harvey Oswald fue detenido y de inmediato acusado de ser el autor de los disparos que acabaron con la vida del Presidente de Estados Unidos (figura sobre la que recae una inmerecida leyenda que lo convierte en el mayor icono de la progresía occidental), el aparato estatal y sus múltiples ramificaciones en los medios de comunicación se apresuraron en dar por zanjado un acontecimiento que amenazaba con provocar demasiadas preguntas incómodas.

Acusar a un hombre que actúa movido por razones inescrutables y perturbadas, más aún cuando este personaje es asesinado bajo custodia policial, sin que nadie mueva un dedo por impedirlo, es una buena forma de pasar página y dejar que la maquinaria de poder de la primera potencia mundial siga en marcha con su proyecto imperialista. Y así es como se asienta la versión oficial de los hechos hasta que en 1996, Norman Mailer, controvertido novelista norteamericano, publica una extensa novela que tras la apariencia de una biografía al uso, ofrece la amplísima visión del personaje del "asesino solitario" cuya trayectoria queda expuesta en todos sus matices, desde el joven ideológicamente desestructurado y más que probable peón – nunca agente – de la CIA, y de las estructuras que delegan en la imaginación popular, condicionada por el sensacionalismo, la formación de un mito. Las relaciones personales de Oswald, su estancia en la URSS de finales de los años 50 que en un nivel narrativo rompe por completo con la imagen convencional y demoniaca que en Estados Unidos se tenía de los ciudadanos soviéticos, su vinculación con las cloacas del estado empeñadas en acabar con la Revolución Cubana a beneficio de los grandes capitalistas y por encima de todo su soledad, son los trazos de una novela extraordinaria que de manera discreta funciona también como una impagable lección de historia.

Juan Mas

Hablar del teatro contemporáneo de Brasil nos lleva necesariamente a indagar en el apasionante mundo vitalista literario de la fecunda escritora Renata Pallottini, quien ha llevado a su máxima expresión la escena  en el ámbito latinoamericano en el siglo XX.

Recuerdo en la adolescencia una telenovela que marcó a toda una generación tras su transmisión en la Televisión Española en 1980: Malú, mujer. La protagonista, junto con su amiga/hija, interpelaba todas las posibilidades como un caleidoscopio  con un guion rompedor en cuanto al modelo de familia tradicional. Trataba de superar las convenciones y los conflictos generacionales  y aniquilaba prejuicios y tabúes. Ambas protagonistas aparecían como personajes renacidos constantemente: acaso vivir,  como decía Renata Pallottini, es una batalla mas o menos larga con derrotas y victorias, defectos y virtudes. La vida es deslumbrante. Esta idea es fundamental para entender su fructífera obra.

Renata Pallottini había sido una mujer que rompió constricciones sociales, la censura en el Brasil de los militares fascistas. Al igual que la bossa nova en el campo musical, su obra también significó una bossa nova literaria.

Había sido la primera mujer de la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de São Paulo. Se adelantó en el teatro latinoamericano en los años 60 al  enfocar una concepción feminista a contracorriente, enfrentando todos los cercos y obstáculos inimaginables, así como afrontó la problemática de la inmigración. Además, fue pionera a la hora del tratamiento de la homosexualidad cuando era un tabú en su obra A lâmpada en 1961. Representa una importante referencia para las transformaciones  en el teatro latinoamericano.

Hijo de una oveja descarriada perteneciente a una próspera familia de la burguesía catalana de posguerra, Francisco Bodegas pasa su niñez y parte de juventud acogido en casa de los Claramunt, un sólido entorno conservador, sosegado en las formas e implacable en los negocios que protege su conciencia con una espesa capa de nacionalismo y con la proyección social que proporcionan sus incontables obras de caridad cristiana.

Criada en ese ambiente, Montse, segunda y última hija de los Claramunt, se convierte en protagonista de un drama personal que la lleva desde la beatería pura y dura al compromiso, irreflexivo y desprovisto de cualquier capacidad de análisis, con los pobres, encarnados estos en la figura de un joven presidiario del que se irá enamorando progresivamente.

Entre "Últimas tardes con Teresa" y "Si te dicen que caí", que pueden ser leídas como retratos de dos extremos socialmente  irreconciliables, la burguesía y la clase obrera,

La reflexión sobre una monotonía insoportable

... Y sin embargo esa monotonía es uno de los principales rasgos de la vida española durante el último siglo y medio. Así lo expresa Paul Preston en su último ensayo, tan extenso como accesible, repleto de datos no por conocidos carentes de importancia, obvio en sus ausencias como buena parte de su obra, pero en líneas generales ameno y valioso para quienes se niegan a comulgar con las ruedas de molino de esa memoria histórica “capada” e institucional suya , uso oportunista del término que no es sino otro de los trucos de trilero con el que pretenden hacernos ver que los progres en el poder son un redentor regalo del cielo.

Porque el uso torticero del entramado legal de que se dotan las oligarquías financieras y terratenientes españolas para encajar en esa quimera del "estado de derecho" es nuestro pan de cada día. Y la cosa no pasaría a mayores si no fuera porque todo cuanto hacen estos señoritos viene acompañado de su afán por convencernos de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, aunque para ello haya que recurrir al palo y la zanahoria o, cuando la ocasión lo requiere, directamente al palo.

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