La educación pública atraviesa una fase de tensiones que desbordan el ámbito estricto de la docencia reglada. De hecho, las recientes movilizaciones en el sector de 0 a 3 años, con episodios de huelga que han superado los sesenta días en algunos territorios, son ejemplos de una resistencia sostenida que cuestiona el relato dominante sobre quién educa y quién sostiene el sistema. Este colectivo, integrado por monitoras, educadoras infantiles, trabajadoras sociales, entre otras profesiones, soporta una doble marginación. Por un lado, en la reducción de su labor a una función de custodia o conciliación, y, por otro, en la invisibilización de su contribución al desarrollo cognitivo y emocional en la infancia. Por ello, el reconocimiento de esta etapa como eje pedagógico fundamental choca con una realidad retributiva y organizativa que degrada la profesión.

Las condiciones laborales de estas trabajadoras, en su mayoría mujeres jóvenes, son estructuralmente precarias, con salarios por debajo del mínimo interprofesional y ratios de alumnado por educador que alcanzan cuotas desbordantes para la calidad de la atención y la seguridad del personal y alumnado. Esta precariedad se acentúa cuando se reconoce la creciente diversidad del alumnado, con necesidades educativas específicas y bagajes culturales diversos, cuya integración es un valor pedagógico innegable, pero que exige recursos humanos y materiales que no están en absoluto garantizados. A este escenario se añade el modelo de gestión indirecta, mediante conciertos o subvenciones a entidades privadas. Este modelo, al priorizar la rentabilidad empresarial sobre las condiciones laborales y pedagógicas, perpetúa la desigualdad y dificulta una atención educativa verdaderamente inclusiva.

Los manuales de la E.S.O. suelen reducir el fenómeno del fascismo a una cuestión estética, litúrgica o incluso patológica. Los estudiantes aprenden que el fascismo se identifica por los uniformes paramilitares, los rituales de masas y la locura de un líder carismático. El problema de esta caricatura es que oculta que el fascismo fue (y es) un fenómeno con una función política y económica concreta dentro del capitalismo, lo que acaba desarmando políticamente al estudiantado. Por lo tanto, es necesario devolver al análisis su dimensión histórica y rechazar análisis pseudo-psicológicos o estéticos. Esta situación, no obstante, no debe atribuirse al cuerpo docente, quienes, en su mayoría, trabajan en condiciones muy difíciles y con poco o nulo apoyo de las instituciones. Más bien debemos apuntar al legado cultural e ideológico imperante en occidente después de 1945.

En primer lugar, cabe señalar que el fascismo no emerge exclusivamente en momentos de crisis estructural, pero es en esas coyunturas cuando logra desplegar toda su potencialidad destructiva. Durante los periodos de estabilidad del capital, los mecanismos habituales de la democracia liberal aún garantizan la acumulación y la reproducción ampliada del modo de producción vigente. Sin embargo, ante el ascenso de la lucha de clases y la creciente organización del proletariado, la burguesía se ve obligada a buscar una solución extraparlamentaria. En ese sentido, la función histórica del fascismo consiste en modificar por la fuerza las condiciones de producción para favorecer al gran capital, destruyendo sistemáticamente cualquier forma de resistencia organizada de la clase obrera. Para ser más precisos, no se trata de un simple bonapartismo ni de un gobierno autoritario transitorio. El fascismo se distingue porque busca la atomización total del proletariado mediante la aniquilación (o cooptación) de sus sindicatos, sus partidos y sus espacios de sociabilidad.

En el plano ideológico, el fascismo se define por un doble rechazo. Por un lado, se presenta como la única herramienta capaz de aniquilar lo que el mismo Mussolini llamaba “peste del marxismo” y suprimir la lucha de clases que, según su retórica, “devora el alma de la nación.” Por otro lado, ataca con igual virulencia a la democracia liberal, pues considera que el liberalismo era un “precursor del marxismo” por debilitar al Estado frente a los intereses individuales. Frente al individuo liberal, el fascismo propone un Estado totalitario que concentra toda la vida social bajo la fórmula de “todo en el Estado, nada fuera del Estado.”

Pie de foto: Los "Murales de la Industria de Detroit, muro sur" por Diego Rivera (1932-1933)

Esta es la segunda parte de una serie de dos artículos que aborda la distinción entre trabajo productivo e improductivo en la economía política marxista y su utilidad para analizar la división social del trabajo entre la juventud de extracción obrera y popular. En la parte anterior vimos las categorías de valor marxistas, el trabajo productivo e improductivo y los tres tipos de trabajo improductivo. Este mes examinaremos el debate en el seno de la economía política marxista acerca del lugar que ocupa el trabajo improductivo socialmente necesario (TISN) en la ecuación del valor, así como su relevancia para medir adecuadamente la tendencia de la decreciente tasa de ganancia y para la juventud de extracción obrera y popular, ya que la mayoría de jóvenes están empleados en el sector servicios. Al igual que en la primera parte, incluiremos ejemplos prácticos de la vida laboral de la juventud para facilitar la comprensión de la teoría.

Tradicionalmente, el marxismo ha considerado al TISN como una deducción de la plusvalía a pesar de que muchos trabajadores que realizan TISN no solamente realizan trabajo excedente, sino que también contribuyen a la realización de plusvalías. Por ejemplo, un Profesor Ayudante Doctor que imparte clases en el Grado de Ingeniería Mecánica de la Universidad Politécnica de Valencia contribuye a la realización de plusvalías en la planta de Ford en Almussafes formando a sus futuros ingenieros mecánicos.

Entonces, si los salarios de los trabajadores/as que hacen TISN se consideran un elemento de la plusvalía, estos quedan fuera del circuito del capital; por lo tanto, para situarlos dentro de dicho circuito, deben clasificarse, o bien como capital variable, o bien como capital constante.

Pie de foto: Los "Murales de la Industria de Detroit" por Diego Rivera (1932-1933).

Esta es la primera parte de una serie de dos artículos que tratan sobre la distinción que establece la economía política marxista entre trabajo productivo e improductivo, así como su utilidad para analizar la división social del trabajo entre la juventud de extracción obrera y popular. En esta parte explicaremos las categorías de valor marxistas, el trabajo productivo e improductivo y los tres tipos de trabajo improductivo. Cada una de las explicaciones irán acompañadas de ejemplos prácticos de la vida laboral de la juventud.

Para Marx el capital social es el conjunto de los capitales individuales considerados en su interdependencia y conexión y está formado por cuatro esferas de actividad: la esfera 1 que se dedica a la creación y transporte de valores de uso sociales, es decir, de valores de cambio; la esfera 2 que se dedica a la distribución de valores de uso sociales; la esfera 3 donde se consumen algunos valores de uso sociales para hacer que la sociedad funcione y la esfera 4 donde se consumen valores de uso sociales por las personas.

A su vez, al nivel de la mercancía individual y del producto interior bruto de una economía, el valor total puede dividirse en tres componentes fundamentales: el capital constante que representa el valor de los medios de producción (materias primas, máquinas, energía, etc.), junto con lo que Marx denominó los faux frais (en español: costes accesorios) de la producción capitalista; el capital variable que se refiere al valor de los salarios de los trabajadores que están involucrados directamente en la producción de mercancías y la plusvalía que es el valor generado por el trabajo excedente o plustrabajo no remunerado de los trabajadores productivos.

Ahora bien, ¿qué tiene esto que ver con el tema que nos ocupa?

Según Marx el trabajo productivo (TP) es aquel trabajo que un capitalista emplea para producir valores de uso que se venden en el mercado con la finalidad de obtener una ganancia. En cambio, aquel trabajo que no produce plusvalías es improductivo porque el capital no lo emplea para producir mercancías.

Desde la calle hasta las aulas por una educación pública y feminista.

El día de las mujeres trabajadoras también plantea retos en todas las áreas del sistema educativo. Desde los recortes y supresión de servicios a la investigación en estudios superiores afectan más a las mujeres, en todos los niveles.

Como juventud comunista nuestra posición en educación es inexcusable, y como feministas no podemos relegar los primeros niveles de escolarización a los cuidados y la precariedad, tanto por la feminización de este sector como por la necesidad de estar cubierto con plazas públicas como base de la conciliación. Para muchas familias una plaza en una guardería privada o contratar a alguien supone un gasto mayor que el salario que recibe uno de los progenitores, siendo en mayor medida las mujeres las que abandonan el mercado laboral cuando el sistema público no cubre esta etapa.

Por ello, este 8 de Marzo también recordamos que la educación tiene que ser completamente pública, alejada de empresas y la Iglesia, como vemos que se va extendiendo de las primeras etapas a centros adscritos universitarios o FP privada. Como feministas insistimos en que la educación sea laica, independiente de los poderes de las distintas religiones. Sobre nuestra educación solo debemos decidir el pueblo trabajador. El poder actual que tiene la Iglesia católica es heredero del franquismo y responde a los Concordatos con la Santa Sede. La Iglesia no está dispuesta a perder toda la estructura de poder que consiguió durante los cuarenta años de fascismo y, fruto de eso es su presencia aún en la educación, entre otros ámbitos.

En nuestros posicionamientos aceptamos que existe una doble explotación hacia la mujer trabajadora, por parte de capital y patriarcado. La presión que ejerce en nuestra sociedad la superestructura patriarcal se ha de combatir desde las escuelas, por lo que resulta fundamental que se aborde la enseñanza y la convivencia académica desde una perspectiva de género.

En la educación primaria y ESO, como educaciones obligatorias, deben ser parte del currículum los derechos de la mujer, los derechos sexuales, reproductivos, de desarrollo, de vivir en libertad, adecuados a cada nivel, dentro de los derechos humanos en los cuales se enseña, con paridad de ejemplos y alejando la educación de ellos estereotipo de género.

El trabajo ha dejado de ser una vía de emancipación para la juventud de extracción obrera y popular. Lejos del discurso oficial que apela al esfuerzo individual y al “Querer es poder”, la realidad material demuestra que los trabajos a los que accede mayoritariamente la juventud sufren una clara desvalorización, destacando en su precarización.

De primeras, los jóvenes accedemos al mercado laboral en unas condiciones terribles: contratos temporales, prácticas no remuneradas, jornadas parciales forzadas y salarios que no alcanzan para vivir. Tener trabajo ya no significa necesariamente poder emanciparse, tal y como significó para nuestros padres y, de poder hacerlo, se da en unas condiciones extremadamente dificultosas ante los elevados precios de la vivienda y de los bienes básicos de consumo. Sin embargo, esta desvalorización responde a una lógica clara: convertir a la juventud en un ejército de reserva permanente, disponible, barato y sustituible.

Y es que el Estado español cumple brillantemente con la función que se le ha asignado dentro de la Unión Europea (UE), es decir, desarrollar sectores de bajo valor añadido como el turismo, la hostelería o la logística. Por lo tanto, el Estado español es el consejo de administración de los propietarios de los medios de producción que necesitan de una mano de obra precarizada para mantener sus márgenes de beneficio, entrando perfectamente en estos parámetros la juventud de extracción obrera y popular necesitada de ingresos, ya sea para subsistir o para pagarse sus estudios, pagando así el precio de un modelo productivo dependiente y subordinado.

A esta explotación material se suma una ofensiva ideológica. Cada X tiempo, en especial en verano, se repite hasta la saciedad, más concretamente, en el sector de la hostelería, que los jóvenes “no quieren trabajar”, que rechazan el esfuerzo o que tienen expectativas irreales. Este discurso, ampliado en los distintos programas matinales de los medios de comunicación, cumple una clara función política: ocultar la degradación objetiva del trabajo y culpabilizar a quienes la sufren.

La JCPE en una charla sobre salud mental.

Llevamos ya largo tiempo hablando de la salud mental en la juventud de extracción obrera y popular. Hace unos meses el suicidio de una menor que sufría acoso en un colegio concertado de Sevilla y las rápidas reivindicaciones por parte de un sector de la movilización, quizás no del todo acertadas y cercanas al oportunismo, volvieron a traer el debate a nuestra juventud comunista.

Las preguntas en estos casos son muchas. Desde las responsabilidades; la realidad de esos protocolos; las nuevas formas relacionales, que también posibilitan nuevas formas de acoso en las redes sociales; hasta la justicia; la educación… todo ello partiendo de un caso doloroso e individual. Las reivindicaciones y el trabajo por parte de los colectivos juveniles en la línea de salud mental no puede ser simplemente una respuesta a estos casos, debe tener una implicación real y presente en todas nuestras reivindicaciones.

En concreto, en la educación es necesaria una perspectiva de salud mental, no solo por casos dolorosos como este, de bullying. Son necesarias menores ratios de alumnos por aula y, claro, protocolos para casos de bullying, pero antes de eso, un profesorado que realmente esté formado para trabajar con adolescentes, no simplemente para transmitir los conocimientos de una asignatura. Esto solo nos conduce a una instrucción, no a una educación para personas. Es fundamental la presencia de perfiles no docentes en los centros de estudios, desde psicólogos, pedagogos, logopedas, trabajadores sociales, mediadores comunitarios, a un largo etcétera, según las necesidades concretas del alumnado. Una escuela que educa, que pone al alumnado en el centro, no solo la forman profesores. Es la educación en la que creemos y por la que luchamos. 

Según el informe sobre el suicidio en jóvenes en el Estado español, el suicidio es la tercera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes mayores de 10 años y menores de 30 años, implicando el 9.34 % de las muertes. No podemos quedarnos en el bullying, en la carestía de la vida, en la falta de futuro. El análisis seguramente requiere de una observación más amplia y a mayor distancia de la que tenemos ahora mismo, pero lo que tenemos claro es que la salud mental es una cuestión de la juventud de extracción obrera y popular.

El pasado jueves 16 de octubre, el agitador populista de extrema derecha Vito Quiles arrancó su gira recorriendo varias universidades de nuestro país en el campus de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona). Ese mismo día él junto a sus simpatizantes pudo realizar su acto de odio gracias a la autorización de la universidad de la entrada de Mossos d’Esquadra para protegerlos. La semana del 20 al 26 de octubre realizó concentraciones en tres universidades andaluzas: Universidad de Granada (miércoles 22), Universidad Pablo de Olavide Sevilla (jueves 23) y Universidad de Málaga (viernes 24). Aquí se volvieron a ver amplios dispositivos policiales escoltando a este pseudoperiodista reaccionario y a sus seguidores desplegando banderas con el aguilucho, cantando el ‘Cara al Sol’ y lemas como “España cristiana, no musulmana” o “Viva Franco, viva la Falange”. Los contramanifestantes organizados por el movimiento estudiantil de base, sindicatos de clase y partidos políticos, como el Partido en Andalucía (PCPA), no pudieron echar a Vito Quiles y sus simpatizantes por los cordones policiales ordenados por la Generalitat presidida por Salvador Illa y las Delegaciones del Gobierno “más progresista de la historia”. Todo esto se debe a la aprobación en 2021 de la Ley de Convivencia Universitaria, también conocida por el nombre Ley Mordaza Universitaria, de Manuel Castells, que reconoció legalmente la presencia de las fuerzas represivas del Estado burgués en los campus universitarios.

Esta gira reaccionaria viene motivada por el asesinato del comunicador nacionalista cristiano Charlie Kirk el 10 de septiembre en un acto de su organización en la Universidad de Utah. Muchos comentaristas y políticos de extrema derecha, entre ellos Vito Quiles, consideran que el asesinato fue políticamente motivado, recordando a Kirk como un mártir matado por la “extrema izquierda”. Este victimismo sensacionalista ignora el hecho de que, de acuerdo con el Prosecution Project, la mayor parte de las causas penales de violencia política en Estados Unidos entre los años 1990 y 2025 han sido cometidas por agresores de derechas.

Este 25 de noviembre la Juventud Comunista volverá a salir a las calles en repulsa de la violencia machista. Como en cada jornada de lucha, es necesario realizar análisis de la situación y las reivindicaciones concretas de la juventud. En este caso, es necesario abordar cómo la nueva fascistización de la sociedad está propiciando nuevas formas de violencia en edades cada vez más tempranas.

Como comunistas siempre hemos analizado el surgimiento del fascismo: sabemos que es la reacción del capital cuando ve en peligro su hegemonía. Entendemos que es urgente seguir haciéndolo, porque pese a que teóricamente seamos capaces de analizarlo, seguimos confusas ante cualquier joven que se afirma franquista (idea que ha crecido un 21 %), y cómo esto viene acompañado de unos mayores índices de agresiones.

Las generaciones jóvenes se muestran divididas: por un lado, vemos un gran número en las manifestaciones feministas y por los derechos LGTB, principalmente mujeres y pertenecientes al colectivo LGTB, y a la vez un crecimiento de hombres jóvenes en el desfile del 12O, en los mítines de Vox y en la convocatoria fascista que encuentren. Así, vemos cómo una parte de juventud ha tomado el feminismo, el antirracismo y la conciencia contra la homofobia como parte de sus ideas, mientras otra parte consume los argumentos de la extrema derecha y el nuevo fascismo, afirmando tener miedo por una denuncia falsa, hablando de la ideología de woke y culpando de la situación económica a la migración.

Las redes sociales y los nuevos personajes encumbrados enraízan esta ideología en adolescentes que crean su concepto del mundo a través de lo que de ellos oyen. Hablan del emprendedurismo, del dinero y culpan a quienes no triunfan. Vuelven al mensaje de que quien es pobre lo es porque quiere, porque no se esfuerza y, también, que triunfar es tener una mujer objeto al lado a la que mantener y cosificar. Las agresiones en internet son una de las nuevas preocupaciones, desde el acoso al chantaje y difusión de contenido íntimo, real o creado con las herramientas de inteligencia artificial.

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