«El mismo capital que financió el 18 de julio y se desarrolló durante el franquismo esquilmando el país pasó de la noche al día a ser socio legítimo de los monopolios europeos y el gran capital internacional»

“A más paz social, menos lucha obrera y más debilitamiento de la conciencia de clase”

“La imposición de una ética fundamentada en el supremacismo del derecho a existir solo de quien triunfa, es la base ideológica del nuevo fascismo que avanza en este inicio del siglo XXI”

“Este sistema, el capitalista, ya no tiene nada positivo que ofrecer a la Humanidad; solo más violencia y explotación para tratar de recuperar su menguante tasa de ganancia”

“No está de moda usar el término, pero el PCPE reivindica la ‘Dictadura del Proletariado’ como un proceso histórico necesario e insustituible”

“En la asamblea soberana y participativa es desde donde se fraguará la contraofensiva obrera y popular, no en la pantalla del ordenador”

“La institucionalización de las organizaciones sindicales mayoritarias ha sido su progresiva desnaturalización como sindicatos de clase”

“Donde hay un militante del PCPE siempre se estará abonando el conflicto de clase y la confrontación con la burguesía y su Estado”

“La exigencia de un decidido compromiso internacionalista, hace que nuestra militancia esté firmemente arraigada en el movimiento de solidaridad con los pueblos y la Resistencia”

La entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo (PEMA) nos es presentada como un avance hacia una política «más humana y solidaria». Bajo esta retórica, la Unión Europea (UE) lo exhibe como un logro en la conciliación de los derechos humanos con la seguridad fronteriza. Sin embargo, tras un análisis materialista, se evidencia que el PEMA constituye un nuevo paso en la adaptación del imperialismo a las contradicciones de su propio sistema y a la crisis estructural que lo atraviesa.

La inmigración es un fenómeno ligado a las relaciones de producción capitalistas. Las guerras, el saqueo económico y la subordinación que impone el imperialismo generan desplazamientos masivos de población. Al destruir las condiciones de vida en regiones estratégicas, se obliga a millones de personas a abandonar sus hogares. Desde una perspectiva de clase, entendemos que el capital europeo no busca acabar con la migración —algo incompatible con sus propias necesidades objetivas—, sino administrarla en función de sus intereses. El objetivo real no es otro que regular la movilidad de la fuerza de trabajo, reforzando los mecanismos de selección y control de las poblaciones migrantes.

Tras la máscara con la que se presenta el PEMA se esconde un auténtico régimen de excepción. Mecanismos como la denominada «ficción de no entrada» permiten tratar jurídicamente a personas que se encuentran físicamente en suelo europeo como si nunca hubieran cruzado la frontera. Esto normaliza los procedimientos acelerados y las retenciones en condiciones cercanas a la detención, donde miles de personas pueden sufrir el hacinamiento, la falta de garantías legales y la recogida forzosa de datos biométricos, incluso en el caso de menores.

La denominada «Europa de los derechos» reserva así para quienes huyen de las guerras, de la miseria o de las consecuencias del saqueo imperialista un régimen basado en la vigilancia permanente, la incertidumbre jurídica y la privación de libertad. El drama humano se convierte en expresión inseparable de una política cuyo objetivo principal no es proteger a las personas, sino gestionar y contener los movimientos de población conforme a las necesidades del capital europeo.

Las últimas declaraciones de Feijoo dejan algunas dudas. Pareciera que no quiere ser presidente, aunque siempre dijo que no era porque no quería.

A estas alturas hablar de que alguien enfermo debe sentir en su nómina otro sufrimiento económico es para hacérselo mirar.

Bien es sabido que en una sociedad que no sabe quién es Marcial Rajoy, o Mariano Dorado, o tantas otras cosas, pensar que el problema de la economía son las bajas por enfermedad es para empezar a tirarse al monte con la escopeta de cartuchos al hombro.

Mire usted señor A. Núñez Feijoo, ojo que le he puesto la inicial por si alguna vez un tribunal decide algo sobre sus amistades con M. Dorado, no pueda saber quién es.

Como iba diciendo, confundir absentismo con enfermedad es como poco de ignorantes y como mucho de ser un “me gusta la fruta”. Parece que decir burradas gana votos, no hay mas que oír a S. Abascal (por si acaso…que también llevo un historial delictivo en ciernes) o a la IDA (aquí el genérico es mucho más declarativo y hasta un juez español sabría quien está ida y quien no); pero a lo que vamos: decir burradas gana votos.

Me imagino a sus votantes pobres, la mayoría, porque los pobres, la clase obrera, aquellos que vivimos de nuestro trabajo, seguimos siendo la mayoría “absolutísima” de este mundo; pues me los imagino yendo a trabajar con un brazo roto, con una costilla rota, con COVID, o con ébola (que no señora IDA, que no es la hermana de Jordi Evole) o en pleno tratamiento de quimioterapia, porque hay que cumplir. Y como decía usted más de un 4 o 5% de bajas médicas son inaceptables.

A ver hijo de la que le gusta la fruta, lo que es inaceptable es que en este país mueran casi 800 personas cada año en accidente de trabajo, que a lo mejor, para usted y los suyos, hay que llevarlos al trabajo después de muertos. Me apuesto lo que quiera que será la próxima petición de S. Abascal, que vaya el muerto a trabajar o se presenten los hijos al tajo, sin cobrar claro, que bastante daño ha hecho la publicidad negativa de un muerto en el tajo.

Usted, señor A. Núñez Feijoo, no da puntada sin hilo, porque obedece órdenes de sus dueños, de sus amos, porque usted, como la mayoría de políticos de este país, llegan arriba después de tener pasados turbios (así es más fácil que sean obedientes, aún a riesgos de parecer imbéciles con lo que defienden)

José Martí escribió: "La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura, y se aviene mal con la sombra". Lo escribió pensando en los hombres dignos, en los pueblos que no olvidan, en la memoria como fundamento de la virtud. Hoy, esas palabras me queman al leer las declaraciones de la presidenta encargada de Venezuela.

Delcy Rodríguez agradeció a Donald Trump. No lo hizo en un aparte diplomático, en un susurro de pasillo. Lo hizo a micrófono abierto, ante el mundo, con la solemnidad de quien firma un documento de capitulación: "Venezuela nunca olvidará la mano tendida a nuestro pueblo en estas horas tan duras".

No voy a negar que un país pueda agradecer la ayuda humanitaria, venga de donde venga. Pero esto no es un agradecimiento. Esto es un acto de humillación. Y duele. Duele porque durante más de veinte años Cuba tendió la mano a Venezuela sin pedir nada a cambio, y nunca, jamás, recibió una gratitud así.

Lo que Cuba dio sin pedir

Lo digo sin hipérbole. Cientos de miles de médicos, maestros, entrenadores deportivos, asesores agrícolas cubanos pisaron tierra venezolana desde los años del huracán Vargas hasta la pandemia. Salvaron vidas en los barrios, alfabetizaron, operaron en quirófanos improvisados, llevaron salud donde nunca había llegado. La Misión Barrio Adentro fue la obra más grande de solidaridad internacionalista de este siglo.

Cuba no le cobró a Venezuela. No le exigió petróleo a precio de mercado. No le puso condiciones políticas a la ayuda. Compartimos lo que teníamos, que nunca fue mucho. Lo hicimos porque somos un pueblo que aprendió, con Martí, que "Patria es humanidad".

¿Y qué recibimos a cambio? Silencio. Y ahora, esta escena bochornosa.

La mano que aplaude al verdugo

Lo más grave no es que agradezca a Trump. Lo más grave es a quién se lo agradece y en qué contexto. Trump es el mismo que calificó a Venezuela de "amenaza inusual y extraordinaria". El mismo que ordenó sanciones que impidieron a Venezuela comprar medicinas, alimentos e insumos. El mismo cuyo secretario de Estado, Marco Rubio, llama "esclavos modernos" a los médicos cubanos que salvaron vidas venezolanas.

Ahora, ese mismo Trump, después de haber asfixiado al pueblo venezolano, le ofrece una mano "solidaria". Esa mano no es ayuda. Es el último acto de una rendición. Es la limosna del que te robó la casa, con la que pretende que le agradezcas y le entregues las escrituras.

Y Delcy Rodríguez, presidenta encargada, acepta la limosna y da las gracias.

Vinimos en una vorágine impuesta por redes y medios de comunicación que imponen una conversación pública que solo gira alrededor de la corrupción, los escándalos y las disputas entre los partidos del sistema, mientras la gran mayoría de personas siguen enfrentándose cada día a problemas realmente urgentes: salarios insuficientes, alquileres imposibles, jornadas interminables, precariedad laboral y dificultades crecientes para sostener una vida digna. Las portadas, platós televisivos y reels se llenan de declaraciones cruzadas, filtraciones y falsos enfrentamientos entre dirigentes políticos, pero rara vez se habla con la misma intensidad de problemas de la clase trabajadora y sectores populares.

La corrupción que es consustancial a este sistema, esencia misma del mismo podría decirse, solo se persigue si viene bien al poderoso de turno y esta campaña a tumba abierta contra el gobierno socialdemócrata actual deja reducida la política a una discusión permanente sobre quién ocupa el poder o quién se beneficia de él. Porque mientras la atención se concentra en esta falsa dicotomía PP-PSOE, mientras quienes ostentan el verdadero poder la oligarquía hace y deshace, permanece intacta una realidad que afecta cada día a millones de trabajadoras y trabajadores: el aumento de las desigualdades, la precarización de las condiciones de vida y la mercantilización de derechos básicos.

Mientras los beneficios empresariales baten récords, millones de personas enfrentan alquileres imposibles, empleos cada vez más precarios y una creciente incertidumbre sobre su futuro, las guerras se multiplican y  el gasto militar aumenta, la reivindicación de paz, techo y trabajo no es una consigna del pasado: es una necesidad urgente para la clase trabajadora y los sectores populares.

A pesar de los discursos sobre macro crecimiento económico y modernización, amplios sectores de trabajadores y trabajadoras viven bajo la amenaza constante de la precariedad. Los beneficios empresariales aumentan mientras muchas familias siguen teniendo dificultades para cubrir gastos básicos. La riqueza que genera el trabajo colectivo se concentra cada vez más en manos de una minoría, mientras quienes producen esa riqueza ven deteriorarse sus condiciones de vida.

Las mujeres trabajadoras ocupan una posición especialmente vulnerable dentro de esta realidad, no porque la precariedad sea exclusivamente un problema de las mujeres, sino porque el sistema económico se apoya en desigualdades de género, que conllevan peores salarios y condiciones laborales y asumen la mayor parte de los trabajos de cuidados y una enorme cantidad de trabajo no remunerado sin el cual la economía simplemente no podría funcionar.

Los pasados días 12, 13 y 14 de Junio se celebraron en la localidad de Bielsa (Huesca) las “XIX Jornadas de la Bolsa de Bielsa”, un encuentro anual por la memoria republicana y antifascista enmarcada en el homenaje a la heroica gesta realizada por la 43 División del Ejército Popular de la República y al exilio de la población civil.

Desde el 14 de abril al 15 de Junio de 1938, la 43 División del Ejército Popular llevó a cabo una férrea resistencia contra el ejército franquista en lo que fue el último reducto del Frente de Aragón durante la Guerra Nacional Revolucionaria.

Apenas 7000 soldados comandados por Antonio Beltrán “L´Esquinazau” y con un escaso armamento resistieron al asedio franquista en Bielsa, un asedio de 14000 soldados franquistas que contaban con apoyo aéreo y superando en ocho veces el número de piezas de artillería.

Cada vez más cercados y sin posibilidades de apoyo, en junio de 1938, la 43 División llevó a cabo la evacuación de más de 4000 civiles por el paso de montaña conocido como “Puerto Viejo” mientras resistía los bombardeos y los embates franquistas. El día 16 de Junio de aquel año, tras 63 días de resistencia y evacuada la población civil a Francia, pasó el último soldado del Ejército Popular. El ejército franquista destruyó hasta las cenizas la población de Bielsa y aldeas colindantes.

Por ello, cada año se realiza una marcha al “Puerto Viejo” en homenaje a la gesta y en recuerdo de todas aquellas personas civiles y militares que arriesgaron sus vidas resistiendo al fascismo. Las banderas de Palestina no faltaron en solidaridad con la heroica resistencia popular de su pueblo contra la entidad sionista.

Conjuntamente se realizaron homenajes a la guerrilla antifranquista, donde se visitó la cueva-imprenta del maquis, una de las cuevas existentes en la Peña Montañesa que usó la Agrupación Guerrillera del Alto Aragón para la distribución de propaganda. También se realizó una ofrenda en la tumba del Maquis de Badain y entonó el “Himno guerrillero”.

Finalmente las XIX jornadas concluyeron con la ofrenda floral en el monolito existente en la localidad de Bielsa.

Conviene conservar y recordar la memoria antifascista popular para homenajear a quienes perdieron la vida luchando contra la barbarie del fascismo y no caiga en el olvido lo que supone esta ideología para el conjunto de la clase obrera y los sectores populares.

Arturo

 

 

Israel no utiliza la tecnología solo para «defenderse», como repite su propaganda oficial. La emplea para clasificar personas, rastrear movimientos, interceptar comunicaciones, identificar viviendas, seleccionar objetivos y acelerar ataques

Dos importantes investigaciones ayudan a entender una dimensión decisiva de la guerra contra el pueblo palestino. La primera, publicada por el Institute for Economics & Peace, se titula «How AI is transforming Conflict and Peace», traducido al español: «Cómo la inteligencia artificial está transformando el conflicto y la paz». Su autor es Charles Fitchew.  La segunda, publicada por Al-Shabaka: The Palestinian Policy Network, se titula «AI for War: Big Tech Empowering Israel’s Crimes and Occupation» (Inteligencia Artificial para la guerra: las grandes tecnológicas potencian los crímenes y la ocupación de Israel). Su autora es Marwa Fatafta.

Ambos estudios apuntan en la misma dirección: la tecnología ya no es un elemento externo a la guerra, sino una pieza central de su organización.

Durante décadas, cuando se hablaba de tecnología militar, la mayoría pensaba en aviones, misiles, drones o satélites. Hoy hay que mirar también hacia otro lugar: los servidores, las nubes digitales, las bases de datos, los sistemas de inteligencia artificial y las plataformas privadas que procesan información a una velocidad imposible para cualquier ser humano. En Palestina, y especialmente en Gaza, esa infraestructura tecnológica se ha convertido en parte directa de la maquinaria de ocupación, vigilancia y guerra.

Israel no utiliza la tecnología solo para «defenderse», como repite su propaganda oficial. La emplea para clasificar personas, rastrear movimientos, interceptar comunicaciones, identificar viviendas, seleccionar objetivos y acelerar ataques. Sistemas como Lavender, The Gospel o Where’s Daddy han sido señalados por estas investigaciones como herramientas usadas para procesar grandes volúmenes de datos y producir listas de blancos humanos o materiales. O dicho de forma sencilla: la máquina ayuda a decidir quién puede ser atacado, dónde y con qué margen de destrucción alrededor.

El problema no es únicamente técnico. Es político y moral. Cuando una población ocupada se convierte en un conjunto de datos, el riesgo de deshumanización aumenta. Una persona deja de ser una vida concreta, con familia, historia y derechos, para aparecer como una probabilidad, una categoría o una entrada dentro de un sistema.

El gobierno español intenta venderse como “pacifista” mientras mete cada vez más al Estado español en la guerra de Ucrania y en la militarización de Europa. La mentira ya resulta obscena. Hablan de “No a la guerra” mientras envían armas, entrenan soldados ucranianos, fabrican municiones y convierten a empresas españolas en piezas de la maquinaria militar de la OTAN.

Margarita Robles anunció nuevos envíos de blindados, municiones y material militar a Kiev. El propio gobierno reconoce que ya ha entrenado a más de 9.000 militares ucranianos en suelo español. Y Pedro Sánchez sigue apoyando en Bruselas más gasto militar, más rearme y más dinero para la llamada “seguridad europea”.

Traducido al lenguaje real: más dinero para la guerra y menos para la clase obrera.

Mientras millones de trabajadores no llegan a fin de mes, la Unión Europea prepara una economía de guerra financiada con dinero público y controlada por bancos, fondos de inversión y monopolios armamentísticos. El programa SAFE movilizará hasta 150.000 millones de euros para aumentar la producción militar europea y garantizar contratos multimillonarios a la industria de defensa.

España participa de lleno en ese negocio sangriento. Rheinmetall fabrica municiones en Murcia para alimentar la guerra. Indra colabora en blindados, sistemas electrónicos y tecnología militar. Además, el gobierno español ha firmado acuerdos con Zelenski para producir conjuntamente proyectiles, radares y más equipamiento bélico.

Toda esta locura militarista ocurre mientras la clase obrera soporta alquileres imposibles, salarios de miseria, precariedad, privatización sanitaria y subida constante de precios. Los miles de millones que van a armas salen directamente del bolsillo de los trabajadores. Cada tanque, cada dron y cada misil significan menos dinero para hospitales, pensiones, escuelas o vivienda pública.

La hipocresía del gobierno español alcanza niveles ridículos cuando se mira su política energética. Mientras participa en la guerra contra Rusia, España aumentó más de un 123% las compras de gas ruso. Rusia volvió a convertirse en uno de los principales proveedores energéticos del Estado español.

El año 2026 ha tenido un comienzo brutal. Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró al presidente Nicolás Maduro. Al mismo tiempo, se intensificaron los esfuerzos por provocar un cambio de régimen en Irán. Por eso es positivo que los comunistas hayan presentado un documento estratégico sobre las perspectivas de la lucha por la paz. El documento, titulado «Evitar la Tercera Guerra Mundial», desarrolla propuestas del DKP para la acción conjunta del movimiento obrero y del movimiento por la paz en el contexto de los preparativos concretos para la guerra. Se trata de una propuesta de debate dirigida a personas interesadas y activistas del movimiento por la paz, que describe tanto un consenso necesario —entre otras cosas, reivindicaciones contra el despliegue de nuevos misiles estadounidenses y contra el servicio militar obligatorio— como posiciones del DKP que van más allá. Entre ellas se encuentra la convicción de los comunistas de este país de que solo habrá paz mediante la colaboración y la cooperación con la República Popular China y Rusia. El DKP desarrolla además reflexiones sobre las tareas de un gobierno de paz y el camino para alcanzarlo. A continuación documentamos el texto del documento estratégico y remitimos además a una ponencia de Björn Blach, vicepresidente del DKP, (el segundo documento) que contextualiza el documento y sus tareas. Se publicó en versión resumida en la UZ del 9 de enero y se puede descargar en su versión completa en el área de miembros de dkp.de.

El DKP sobre la estrategia de la lucha por la paz

Propuestas del DKP para la acción conjunta del movimiento obrero y del movimiento por la paz en las condiciones de los preparativos concretos para la guerra

  1. EL RUMBO BÉLICO DEL GOBIERNO FEDERAL EMPEORA NUESTRAS CONDICIONES DE VIDA

El Gobierno federal, liderado por la CDU/CSU y el SPD, ha decidido contraer una deuda que denomina «fondo especial». Se trata, incluyendo los intereses, de créditos de guerra sin límite máximo por valor de más de quinientos mil millones de euros. En definitiva, esto significa que el Gobierno gasta uno de cada dos euros en preparativos bélicos. Este dinero falta para gastos urgentes en el ámbito social, para la educación y la sanidad. Mientras los precios suben, los salarios reales bajan y se desmantelan los sistemas de seguridad social. Muchas personas viven en viviendas sin calefacción y ya no pueden alimentarse de forma saludable. Al mismo tiempo, se está produciendo un ataque a la jornada laboral, a la jornada de ocho horas. Para desviar la atención de su política antisocial, el Gobierno fomenta el rechazo hacia las personas desempleadas y los migrantes.

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