El unilateralismo estadounidense en el mundo postsoviético

Un repaso histórico III

Una vez eliminado el enemigo sistémico soviético, en los años 90 se terminaría de crear un entramado legal supranacional que consagraba un creciente peso o dominio del capital globalizado sobre las dinámicas de territorialidad política de la mayor parte de los Estados. De hecho, quedaría abolido de facto el sistema internacional basado en el principio de soberanía de los Estados nacionales heredado de Westfalia, que se sacrificaba al objetivo de proteger todas las formas de acaparamiento y propiedad del gran capital, especialmente ya las rentistas. La “soberanía popular” resultaba en la práctica desterrada.

Tal proceso es resultado y a la vez motivo del diverso desmoronamiento de fuerzas sociales que a escala interestatal propiciaron un cierto mayor equilibrio entre el Capital y el Trabajo tras la Segunda Gran Guerra del siglo XX. Lo cual significó al final del período el abortamiento del intento de ruptura del Segundo Mundo o “Mundo Socialista”, y con él, el agotamiento del desarrollismo tanto de independencia (África y Asia) como populista (NuestraAmérica) en el Tercer Mundo (con la consiguiente eliminación de éste como un Bloque-sujeto político internacional, obstruyendo incluso la posibilidad de que de él surgieran actores políticos autocentrados con nacionalismos soberanos[1]), así como el paulatino desmantelamiento de la socialdemocracia u “opción reformista” en el Primer Mundo.[2]

Con ello se produjo el espejismo de la ahistoricidad del Sistema: el capitalismo pasaba a contemplarse como imperecedero, además de como la única realidad pensable; de lo que se trataría en adelante, en el mejor de los casos, era de regular su funcionamiento de la mejor manera posible.

Esta situación de poder unipolar pasaba, asimismo, por conseguir el cerramiento de filas de las formaciones sociales centrales en torno a Estados Unidos en un esfuerzo común por contrarrestar las vías de autonomización de las formaciones periféricas, y arrinconar de una vez las luchas alternativas de sus poblaciones (lo que reforzaba la dependencia estratégica y militar del resto de países centrales respecto de la potencia norteamericana), en la que llamaron una nueva “gobernanza” del mundo. 

La guerra contra el Segundo y el Tercer Mundo como bloques históricos

UN REPASO HISTÓRICO (II)

A) La prolongación de la Segunda Guerra Mundial (o Tercera Guerra Mundial) camuflada como “Guerra Fría” contra el Mundo Socialista

El sistema capitalista que se había hecho mundial sufre la Gran Desconexión soviética, la cual iniciaba un ciclo de rupturas conformador de un Mundo Socialista que iría cobrando entidad y creciendo como un “Segundo Mundo” entre el “Primero” y el “Tercero” –apoyando precisamente también la independización autónoma de este último-. Quedaba, en consecuencia, aquel Sistema Mundial capitalista amputado o incompleto.

Pero en cambio conocerá, tras la Segunda Gran Guerra, una era de cohesión interna sin precedentes bajo el nuevo hegemón mundial capitalista: EE.UU. Éste asumiría la reestructuración del Sistema a escala planetaria, bajo su hégira.

El orden metabólico del capital requiere de estructuras políticas de mando, por más que muchas de sus claves de intervención, e incluso de las formas en que cobran existencia, pasen a menudo desapercibidas para las sociedades. En un capitalismo globalizado pero carente de una entidad política territorial global (algo así como un Estado mundial), buena parte de las estrategias de ese mando vienen ejercidas directa o indirectamente por la potencia dominante, un hegemón, el cual se encarga en mayor medida que ningún otro de crear o recrear, organizar y dirigir el conjunto de instituciones mundiales necesarias para la regulación global del Sistema. Desde mediados del siglo XX ese papel le ha correspondido a EE.UU. Esta formación social imperial, como veladora última del funcionamiento del capitalismo global, se ha encargado desde entonces de establecer el entramado jurídico-institucional valedor de la acumulación de capital a escala planetaria (FMI, BM, ONU, organismos internacionales diversos, el embrión de lo que sería una organización mundial del comercio -el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio-, cumbres de las principales potencias, tribunales de arbitraje internacional, “cooperación al desarrollo”, etc.). Su ambicioso proyecto de construcción del capitalismo global a imagen propia, pasa por un conjunto de dispositivos y medidas tendentes a garantizar la reproducción ampliada del capital a escala interna y global.

Ilustración de Francis Barlow para la fábula "El pastor mentiroso", llamada por él De pastoris puero et agricolis, 1687.

En una versión macabra del «Pastor mentiroso», la fábula de Esopo, el pastorcito gritaba, como en el cuento original, una y otra vez: «¡Qué viene el lobo!». Sin embargo, no era broma. El lobo acechaba en las sombras del bosque desde la primera vez. Además, era alimentado por él mismo, sacrificando alguna oveja. Su intención no era evitar que el lobo devorase al rebaño, sino impedir que le arrebatase el puesto. 

Hoy, la socialdemocracia (o quienes ocupan ese espacio político) repiten el mismo guión. Nos gritan «¡Que viene el lobo!», señalando al fascismo como la gran amenaza contra las libertades y la democracia. Así, nos exigen cerrar filas en torno a ella, presentándose como un «mal menor» que, dentro de sus límites para impulsar reformas, se erige en guardiana de los derechos conquistados en el pasado. 

Pero este chantaje, tan viejo como la fábula de Esopo, tiene un efecto perverso: la socialdemocracia, como el pastor del cuento, alimenta al fascismo día tras día, engordándolo hasta que, tarde o temprano, arrastre consigo a todo el rebaño, devorando además a quien le dio de comer. 

La acusación de que el oportunismo reformista alimenta al fascismo no es nueva, pero conviene recordarla cada vez que se intenta que la clase obrera avale aventuras políticas que, en realidad, se alinean con su enemigo de clase o con sectores del imperialismo que instrumentalizan al fascismo. 

Contamos con tres ponentes de lujo para hablar de un conflicto que entró en una nueva fase hace tres años con la entrada de tropas rusas en Ucrania, pero que hunde sus raíces mucho más atrás. Gracias a las personas ponentes, arrojaremos algo de luz sobre este conflicto, sus orígenes, los principales actores en el mismo, la posible evolución... y dialogaremos sobre qué podemos hacer ante tanta barbarie imperialista y su principal instrumento: la OTAN.

Para profundizar sobre el tema, animamos a consultar estos artículos publicados en Unidad y Lucha, el periódico del PCPE:

 

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación

Desde el Proyecto Manhattan hasta la Guerra Fría, el siglo xx estuvo marcado por saltos tecnológicos que redefinieron el poder militar, la soberanía estatal y el destino del mundo. La fabricación de la bomba atómica no solo alteró el curso de la ii Guerra Mundial, sino que también inauguró una etapa en  la que la ciencia se convirtió en herramienta de hegemonía global. La carrera entre EE. UU. y la URSS consolidó un modelo basado en la amenaza, el secreto y la competencia. Hoy, en plena nueva fase del sistema capitalista mundial, digital y financiero, esa lógica regresa con una intensidad similar, la disputa por la inteligencia artificial (IA).

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación. Lo que alguna vez fue una carrera por dominar el átomo, hoy es una carrera por dominar el algoritmo. Y, una vez más, EE. UU. y China se ubican como las dos grandes potencias que compiten por liderar esta transformación. Pero a diferencia del siglo pasado, la IA no se limita al plano militar, sino que atraviesa cada dimensión de la vida social, económica y cultural, acelerando una reconfiguración global cuyo desenlace es incierto.

En julio de 2025, la administración de Trump lanzó el America's AI Action Plan, su estrategia más ambiciosa para asegurar la supremacía estadounidense en inteligencia artificial. Una hoja de ruta que propone reindustrializar el país, blindar su seguridad nacional y proyectar su poder global a través de chips, datos, algoritmos y súper inteligencias. Trump lo dijo sin rodeos: «Hay que ganar la carrera por la IA como ganamos la carrera espacial».

El plan descansa sobre ejes clave, desde la desregulación del sector para favorecer a más de 29 000 startups, hasta millonarias inversiones en defensa, infraestructura y educación.

Trump, o sea, el gobierno de EEUU, para que nadie olvide que es presidente electo, con todas las zarandajas y mentiras del sistema electoral norteamericano, pero electo por elecciones de esas de risa, ha impuesto a Europa unos aranceles del 15% en duras negociaciones con Von der Leyen, la representante de la UE, pero que a esta nadie sabe cómo y quién la ha elegido y si lo saben cállense porque fue la candidata propuesta por Merkel y bendecida por Christine Lagarde, ex presidenta del FMI (Fondo Monetario Internacional), que a su vez tiene una nueva presidenta.

Lo cierto es que el machista y misógino impuso su criterio sobre la mujer representante de nada, con el apoyo de otras mujeres, a ver si al final va a resultar que el feminismo burgués era mentira y que el feminismo de clase anda sepultado por la propaganda burguesa, o al menos eso intentan. Curiosamente, las presidentas que hemos tenido en Europa no han mejorado nada, más bien han empeorado con su capitalismo ultraneoliberal la situación de la clase obrera.

Pero no va de esto la cuestión. La cuestión va de la serpiente multicolor de cada verano, el entretenimiento que se ha ido forjando a través de todo el año y que ha llegado a su culmen ahora. La nueva cortina de humo son los aranceles a los productos de la UE, que solo el hecho de que quien los aplica sea el adalid de los libertarios ya es “pa mear y no echar gota”.

¿Cómo le explicará Abascal y Feijoo a los agricultores que su “amado líder” les sube los aranceles con lo que les costará más vender sus productos en EE.UU.

En enero de este año, tras la caída en Francia del gobierno Michel Barnier después de una inapelable moción de censura, decía yo en la sección Acontracorriente de UyL, que la situación política y económica, esta última pendiente de aplicar unos Presupuestos Generales que preveían despidos masivos y más de 50.000 millones en recortes, era extremadamente enrevesada e incierta en el país vecino. Concluyendo entonces con que dichos presupuestos eran un ataque frontal a la línea de flotación de las clases trabajadoras galas que, como las de otros países europeos, se hallaban sometidas ya a recortes sociales y a precariedad laboral. Asegurando finalmente por mi parte, que lo anunciado a principios de año era un affaire à  suivre, es decir un asunto a seguir de cerca. Y así es. Con el actual primer ministro, François Bayrou, y después de siete meses gobernando Francia en beneficio de los intereses del gran capital, los anunciados Presupuestos Generales de entonces, paralizados tras la caída estrepitosa de Barnier, vuelven a la carga poniendo a la clase obrera gala frente a un duro plan de austeridad que el inquilino de Matignon (residencia oficial del primer ministro) presentó en rueda de prensa el pasado 15 de julio. Un plan “de ajuste presupuestario a cuatro años” (2026-2029) que, en un contexto internacional particularmente grave y con un gasto militar para 2027 de 64.000 millones de euros (el doble del de 2017, año inicial del primer mandato presidencial de Macron), prevé una reducción del gasto público de 44.000 millones de euros/año. En concreto, entre otras medidas, como la eliminación de días de fiesta (una de ellas, el 8 de mayo, de alto valor simbólico por ser el día de la victoria sobre la Alemania nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial) o el endurecimiento de las exigencias para tener derecho al pago por desempleo, el plan plantea congelar las pensiones, reducir el empleo público así como importantes recortes del gasto social y sanitario.

En este texto quiero analizar de forma dialéctica uno de tantos cánceres que atañen al capitalismo. Tenemos que tener en cuenta en que fase vivimos actualmente, es decir, en qué fase se encuentra el capitalismo en nuestro presente inmediato; eso es, en la fase superior imperialista.

El uso de las drogas por parte del ser humano ha existido desde los tiempos del comunismo primitivo. De los chamanes indios a las tribus del amazonas, o en otras formaciones sociales previas al capitalismo, han desempeñado una utilidad muy concreta, como llegar a ciertos estados de embriaguez o a cualquier tipo de catarsis mística. Para analizar también qué uso tiene en la actualidad, se podría hacer diferenciando entre consumo esporádico, abuso y adicción. Querría centrarme en la desgracia concreta que es la drogadicción y el consumo irrefrenable y totalmente descontrolado para alguien que sólo tiene su fuerza de trabajo como medio de subsistencia. Cuándo se pasa a la fase abusiva es como estar “en la cuerda floja” e irremediablemente, el siguiente paso es la adicción, fase en la que las drogas ya no se usan de forma recreativa sino que su uso se torna una necesidad de primer orden. No se sabe funcionar en las rutinas diarias sin consumo.

Se pierde la noción de la realidad y el control de los propios actos. El mundo interior se desmorona completamente. Pero, por qué se llega a este punto? Hay cientos de razones por las que alguien se empieza a “colocar” de forma temprana, pero básicamente todas se reducen a la búsqueda de la evasión de la propia vida por sentir incomprensión en la propia familia, profesorado, jefas/es y compañeras/os de trabajo o referentes de autoridad. El capitalismo golpea sin piedad y no enseña a desarrollar la inteligencia emocional, al contrario, quiere seres humanos sumisos, aislados, cercenados por todas partes, obedientes y productivos. Cada persona de clase trabajadora es un número para las oligarquías burguesas, no es nadie. Ése cúmulo de infortunios conducen al consumo y tras un proceso vital totalmente disfuncional, sin apenas darse cuenta, llega la adicción cargada a las espaldas, reduciendo el mundo interior de la persona al consumo; y ocurre otra cosa, el estigma social también acompaña en el proceso.

El 19 de julio de 1936 supone la victoria de la resistencia obrera y popular ante el Golpe de Estado realizado dos días antes, el 17 de julio, contra la II República española. Esta inicial victoria provocaría el inicio de la guerra que acabaría con la victoria sublevada en 1939 y la derrota de la legalidad republicana.

Los gobiernos de la II República, conformados por el ala moderada del Frente Popular y que representaban los sectores sociales más conservadores de este, se sucedían por días después del Golpe de Estado, fruto de su vacilación e intentos de pacto con los sublevados. La resistencia contra el Golpe de Estado empezada el mismo día 17 de julio en Ceuta. En las primeras horas del día 18 julio, cuando el gobierno de Casares Quiroga confirmó la sublevación, miles de obreros acudieron a los locales de sus organizaciones de clase para combatir el Golpe de Estado.

La clase obrera optó por el combate y la resistencia, exigiendo armas al gobierno y convocando la CNT y la UGT una huelga general para ello. Finalmente, el gobierno de José Giral, el día 19 de julio, optó por repartir armas a las organizaciones obreras y a la población que ya combatía desde el 17 de julio.

Las organizaciones obreras ya estaban preparadas. El Partido Comunista de España fundaba en 1933 las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), participantes en la revolución de Asturias de 1934 y reorganizadas en 1936 ante el posible triunfo del Frente Popular. Las MAOC fueron la única fuerza de un partido político antes de 1936. Por su parte, la CNT en 1934 teorizó la necesidad de pasar de los grupos de acción fundados entre 1917 y 1923, como reacción al pistolerismo de la patronal, a los Comités de Defensa. Ambas organizaciones serían determinantes para frenar el Golpe de Estado en gran parte del territorio español que quedó bajo la legalidad republicana.

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