Contamos con tres ponentes de lujo para hablar de un conflicto que entró en una nueva fase hace tres años con la entrada de tropas rusas en Ucrania, pero que hunde sus raíces mucho más atrás. Gracias a las personas ponentes, arrojaremos algo de luz sobre este conflicto, sus orígenes, los principales actores en el mismo, la posible evolución... y dialogaremos sobre qué podemos hacer ante tanta barbarie imperialista y su principal instrumento: la OTAN.

Para profundizar sobre el tema, animamos a consultar estos artículos publicados en Unidad y Lucha, el periódico del PCPE:

 

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación

Desde el Proyecto Manhattan hasta la Guerra Fría, el siglo xx estuvo marcado por saltos tecnológicos que redefinieron el poder militar, la soberanía estatal y el destino del mundo. La fabricación de la bomba atómica no solo alteró el curso de la ii Guerra Mundial, sino que también inauguró una etapa en  la que la ciencia se convirtió en herramienta de hegemonía global. La carrera entre EE. UU. y la URSS consolidó un modelo basado en la amenaza, el secreto y la competencia. Hoy, en plena nueva fase del sistema capitalista mundial, digital y financiero, esa lógica regresa con una intensidad similar, la disputa por la inteligencia artificial (IA).

La IA no es solo una tecnología disruptiva; es el corazón de una nueva arquitectura de guerra, control y acumulación. Lo que alguna vez fue una carrera por dominar el átomo, hoy es una carrera por dominar el algoritmo. Y, una vez más, EE. UU. y China se ubican como las dos grandes potencias que compiten por liderar esta transformación. Pero a diferencia del siglo pasado, la IA no se limita al plano militar, sino que atraviesa cada dimensión de la vida social, económica y cultural, acelerando una reconfiguración global cuyo desenlace es incierto.

En julio de 2025, la administración de Trump lanzó el America's AI Action Plan, su estrategia más ambiciosa para asegurar la supremacía estadounidense en inteligencia artificial. Una hoja de ruta que propone reindustrializar el país, blindar su seguridad nacional y proyectar su poder global a través de chips, datos, algoritmos y súper inteligencias. Trump lo dijo sin rodeos: «Hay que ganar la carrera por la IA como ganamos la carrera espacial».

El plan descansa sobre ejes clave, desde la desregulación del sector para favorecer a más de 29 000 startups, hasta millonarias inversiones en defensa, infraestructura y educación.

Trump, o sea, el gobierno de EEUU, para que nadie olvide que es presidente electo, con todas las zarandajas y mentiras del sistema electoral norteamericano, pero electo por elecciones de esas de risa, ha impuesto a Europa unos aranceles del 15% en duras negociaciones con Von der Leyen, la representante de la UE, pero que a esta nadie sabe cómo y quién la ha elegido y si lo saben cállense porque fue la candidata propuesta por Merkel y bendecida por Christine Lagarde, ex presidenta del FMI (Fondo Monetario Internacional), que a su vez tiene una nueva presidenta.

Lo cierto es que el machista y misógino impuso su criterio sobre la mujer representante de nada, con el apoyo de otras mujeres, a ver si al final va a resultar que el feminismo burgués era mentira y que el feminismo de clase anda sepultado por la propaganda burguesa, o al menos eso intentan. Curiosamente, las presidentas que hemos tenido en Europa no han mejorado nada, más bien han empeorado con su capitalismo ultraneoliberal la situación de la clase obrera.

Pero no va de esto la cuestión. La cuestión va de la serpiente multicolor de cada verano, el entretenimiento que se ha ido forjando a través de todo el año y que ha llegado a su culmen ahora. La nueva cortina de humo son los aranceles a los productos de la UE, que solo el hecho de que quien los aplica sea el adalid de los libertarios ya es “pa mear y no echar gota”.

¿Cómo le explicará Abascal y Feijoo a los agricultores que su “amado líder” les sube los aranceles con lo que les costará más vender sus productos en EE.UU.

En enero de este año, tras la caída en Francia del gobierno Michel Barnier después de una inapelable moción de censura, decía yo en la sección Acontracorriente de UyL, que la situación política y económica, esta última pendiente de aplicar unos Presupuestos Generales que preveían despidos masivos y más de 50.000 millones en recortes, era extremadamente enrevesada e incierta en el país vecino. Concluyendo entonces con que dichos presupuestos eran un ataque frontal a la línea de flotación de las clases trabajadoras galas que, como las de otros países europeos, se hallaban sometidas ya a recortes sociales y a precariedad laboral. Asegurando finalmente por mi parte, que lo anunciado a principios de año era un affaire à  suivre, es decir un asunto a seguir de cerca. Y así es. Con el actual primer ministro, François Bayrou, y después de siete meses gobernando Francia en beneficio de los intereses del gran capital, los anunciados Presupuestos Generales de entonces, paralizados tras la caída estrepitosa de Barnier, vuelven a la carga poniendo a la clase obrera gala frente a un duro plan de austeridad que el inquilino de Matignon (residencia oficial del primer ministro) presentó en rueda de prensa el pasado 15 de julio. Un plan “de ajuste presupuestario a cuatro años” (2026-2029) que, en un contexto internacional particularmente grave y con un gasto militar para 2027 de 64.000 millones de euros (el doble del de 2017, año inicial del primer mandato presidencial de Macron), prevé una reducción del gasto público de 44.000 millones de euros/año. En concreto, entre otras medidas, como la eliminación de días de fiesta (una de ellas, el 8 de mayo, de alto valor simbólico por ser el día de la victoria sobre la Alemania nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial) o el endurecimiento de las exigencias para tener derecho al pago por desempleo, el plan plantea congelar las pensiones, reducir el empleo público así como importantes recortes del gasto social y sanitario.

En este texto quiero analizar de forma dialéctica uno de tantos cánceres que atañen al capitalismo. Tenemos que tener en cuenta en que fase vivimos actualmente, es decir, en qué fase se encuentra el capitalismo en nuestro presente inmediato; eso es, en la fase superior imperialista.

El uso de las drogas por parte del ser humano ha existido desde los tiempos del comunismo primitivo. De los chamanes indios a las tribus del amazonas, o en otras formaciones sociales previas al capitalismo, han desempeñado una utilidad muy concreta, como llegar a ciertos estados de embriaguez o a cualquier tipo de catarsis mística. Para analizar también qué uso tiene en la actualidad, se podría hacer diferenciando entre consumo esporádico, abuso y adicción. Querría centrarme en la desgracia concreta que es la drogadicción y el consumo irrefrenable y totalmente descontrolado para alguien que sólo tiene su fuerza de trabajo como medio de subsistencia. Cuándo se pasa a la fase abusiva es como estar “en la cuerda floja” e irremediablemente, el siguiente paso es la adicción, fase en la que las drogas ya no se usan de forma recreativa sino que su uso se torna una necesidad de primer orden. No se sabe funcionar en las rutinas diarias sin consumo.

Se pierde la noción de la realidad y el control de los propios actos. El mundo interior se desmorona completamente. Pero, por qué se llega a este punto? Hay cientos de razones por las que alguien se empieza a “colocar” de forma temprana, pero básicamente todas se reducen a la búsqueda de la evasión de la propia vida por sentir incomprensión en la propia familia, profesorado, jefas/es y compañeras/os de trabajo o referentes de autoridad. El capitalismo golpea sin piedad y no enseña a desarrollar la inteligencia emocional, al contrario, quiere seres humanos sumisos, aislados, cercenados por todas partes, obedientes y productivos. Cada persona de clase trabajadora es un número para las oligarquías burguesas, no es nadie. Ése cúmulo de infortunios conducen al consumo y tras un proceso vital totalmente disfuncional, sin apenas darse cuenta, llega la adicción cargada a las espaldas, reduciendo el mundo interior de la persona al consumo; y ocurre otra cosa, el estigma social también acompaña en el proceso.

El 19 de julio de 1936 supone la victoria de la resistencia obrera y popular ante el Golpe de Estado realizado dos días antes, el 17 de julio, contra la II República española. Esta inicial victoria provocaría el inicio de la guerra que acabaría con la victoria sublevada en 1939 y la derrota de la legalidad republicana.

Los gobiernos de la II República, conformados por el ala moderada del Frente Popular y que representaban los sectores sociales más conservadores de este, se sucedían por días después del Golpe de Estado, fruto de su vacilación e intentos de pacto con los sublevados. La resistencia contra el Golpe de Estado empezada el mismo día 17 de julio en Ceuta. En las primeras horas del día 18 julio, cuando el gobierno de Casares Quiroga confirmó la sublevación, miles de obreros acudieron a los locales de sus organizaciones de clase para combatir el Golpe de Estado.

La clase obrera optó por el combate y la resistencia, exigiendo armas al gobierno y convocando la CNT y la UGT una huelga general para ello. Finalmente, el gobierno de José Giral, el día 19 de julio, optó por repartir armas a las organizaciones obreras y a la población que ya combatía desde el 17 de julio.

Las organizaciones obreras ya estaban preparadas. El Partido Comunista de España fundaba en 1933 las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), participantes en la revolución de Asturias de 1934 y reorganizadas en 1936 ante el posible triunfo del Frente Popular. Las MAOC fueron la única fuerza de un partido político antes de 1936. Por su parte, la CNT en 1934 teorizó la necesidad de pasar de los grupos de acción fundados entre 1917 y 1923, como reacción al pistolerismo de la patronal, a los Comités de Defensa. Ambas organizaciones serían determinantes para frenar el Golpe de Estado en gran parte del territorio español que quedó bajo la legalidad republicana.

Dar voz al discurso racista del PP y VOX tiene consecuencias.

Consentir que los nazis salgan de caza quiebra la convivencia y la cohesión social.

Pero, sobre todo, la condición de discriminación y segregación socioeconómica que sufre la población inmigrante, favorece el discurso racista y la violencia nazi.

Además de la falta de actuación de las instituciones públicas, no sólo con detenciones y penas sinó de sensibilización, convivencia, extranjería, integración…

¿De qué integración hablamos?

No tenemos que confundir integración con asimilación o aculturación, que se produce cuando los grupos minoritarios adquieren las pautas culturales del grupo dominante y renuncian así a la propia cultura (Martínez, 2001).

De acuerdo con la definición de Blanco (2004-2005:4) “se hablará de integración cuando los grupos de inmigrantes se incorporen a la estructura de la sociedad de acogida de forma igualitaria a la población autóctona, y ambos desarrollen sentimientos de solidaridad suficientes como para reconocerse y ser reconocido como miembros de la sociedad en la que conviven. Mientras para unos la pluralidad étnica reproduce las desigualdades sociales, para otros mantener la propia identidad constituye uno de los principales principios democráticos y se inscribe plenamente en la ética de los derechos humanos fundamentales”.

Cabe recalcar que las personas inmigrantes tienen derechos, aunque no tengan el permiso de residencia y trabajo. Tienen derecho a denunciar agresiones racistas, dirigirse a la justicia, tener abogado y intérprete y tiene la condición de ciudadano. Ninguna persona es ilegal, todo ser humano está amparado por los Derechos Humanos.

Hay un discurso dominante, tanto en los medios de comunicación como en la calle, lleno de prejuicios y argumentaciones falsas que alertan de invasión, de peligrosidad, que culpa la población inmigrante de los problemas sociales y económicos (paro, ayudas sociales…). Problemas ya existentes en nuestra sociedad, una perspectiva del fenómeno migratorio que es consecuencia del trato de la población inmigrante como mano de obra barata y excluida de los derechos de cualquier ciudadano. Ante estas argumentaciones cabe puntualizar una serie de evidencias empíricas (Grau, 2008: 78).

La extrema derecha, también conocida como derecha populista o populismo excluyente, ha crecido estrepitosamente en los últimos años en Europa, con Hungría, Polonia e Italia a la cabeza.

La politización de ciertas cuestiones que ahora se abren al debate en Europa, como la integración europea, los derechos de ciertas minorías, determinadas libertades y derechos fundamentales, así como la soberanía de los pueblos, han motivado el apoyo electoral a estos partidos que buscan desafiar el statu quo en relación con las principales cuestiones políticas en Europa.

En el caso de España y Portugal la extrema derecha ha crecido a expensas del voto de los conservadores, un fenómeno que se repite en muchos otros estados. Los partidos de derecha tradicionales han decidido responder a este auge de la extrema derecha desde dos posturas claras: con el aislamiento y rechazo completo a estos partidos o con la adopción de muchas de las medidas por las que estos abogan, dando un giro aún más conservador a sus programas políticos, de manera que puedan volver a atraer a esos votantes que ahora votan a la extrema derecha.

El académico Cas Mudde distingue tres características comunes a todos los partidos de extrema derecha en Europa: el nativismo, el autoritarismo y el populismo. El primero, hace referencia a la ideología basada en que la nación debe estar poblada únicamente por nativos de la misma y que elementos no nativos son una amenaza para el Estado.

El autoritarismo implica una percepción muy ordenada y rigurosa de la sociedad donde se castiguen seriamente las infracciones y el crimen. También supone una crítica a la democracia representativa por su lenta y pesada maquinaria burocrática que no responde a las necesidades de una parte de la población, que demandan una mayor concentración del poder ejecutivo en sus representantes electos.

El populismo se refiere a la ideología que sostiene que la sociedad se divide en dos grupos antagónicos, uno conformado por “el pueblo puro” y otro por “la élite corrupta”.

Un último rasgo se refiere a la moralización, que consiste en una visión moral de la extrema derecha populista basada en un fuerte componente religioso que permite justificar su aversión hacia los excluidos del grupo.

El auge de la extrema derecha se puede conectar a la creciente brecha social, cultural, ideológica y territorial que se está abriendo en Europa. Un factor clave ha sido el paulatino descontento de la clase media en Europa, “los perdedores de la globalización”, que ha desencadenado un claro rechazo por parte de éstos al establishment financiero, económico y cultural que ha conformado el modelo en el que vivimos actualmente, donde el papel central está en la globalización, que ha tenido un efecto negativo sobre la clase media, la cual ha visto afectada su estabilidad y calidad de vida.

Este 4 de julio, el pueblo alicantino vuelve a la calle para denunciar el genocidio que continúa perpetrando la entidad sionista denominada Israel contra Palestina. Un genocidio retransmitido en directo ante la mirada indiferente de gobiernos y organismos internacionales y con   EEUU y la Unión Europea como  cómplices necesarios de esta masacre.

La historia coloca a la cada cual, en su lugar, los pueblos estamos en el lado correcto, solidarizándonos con Palestina y su legítima resistencia contra el ocupante. El 7 de octubre del 2023 marcó un antes y un después porque supuso el principio del fin de la entidad sionista, que se encuentra en un momento especialmente delicado y cuya existencia sólo se justifica por ser el portaviones del imperialismo en la zona de Asia Occidental

Que nadie se equivoque, el genocidio que vive en sus propias carnes el pueblo palestino es la antesala de las guerras a las que nos pretenden arrastrar los EE. UU. y la OTAN durante los próximos años para defender su hegemonía económica y política en todo el planeta.

El derecho internacional y todas las estructuras internacionales creadas a partir de la II Guerra Mundial han perdido la poca legitimidad que tenían. No podemos confiar en que el fin del genocidio será decretado desde un tribunal y mucho menos por la “presión” de la Unión Europea o del gobierno de España. El cinismo, la hipocresía y la complicidad con el exterminio palestino son parte esencial de esas estructuras y, como integrantes de la comunidad internacional llevan meses consintiéndolo, legitimándolo de facto y, sobre todo, armándolo.

Un Gobierno, que se denomina el más progresista, que ha adjudicado más de 40 contratos de compra de armamento a la entidad sionista desde octubre de 2023 por valor de 1.041 millones de euros, que no ha tenido ni siquiera la decencia de romper relaciones diplomáticas ni mucho menos comerciales o de embargo de armas. Que permite el tránsito de cargamentos de muerte por su territorio y que oculta bajo una legislación franquista, la de secretos oficiales, los negocios de la muerte y compra venta de armas que tiene con la entidad colonial ocupante.

Pretender estar del lado de la víctima financiando al agresor es simple y llanamente cinismo y engaño deliberado, es un lavado de imagen para seguir permitiendo  la ocupación. Equiparar el derecho legítimo a la resistencia, por todos sus medios, con el terrorismo de estado practicado por la entidad sionista es complicidad con el opresor.

Continuaremos movilizándonos y solidarizándonos con la Resistencia y con todos los pueblos que forman el Eje de la Resistencia contra el sionismo: Irán, Yemen, Iraq o el Líbano.  Ejemplos de pueblos y/o gobiernos dignos que enfrentan hoy al mayor enemigo de la paz mundial: la entidad sionista de Israel.

¡Viva la Resistencia del pueblo palestino!

¡Viva Palestina libre!

PALESTINA VENCERÁ.

Moviment de Resistència Global D’Alacant

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