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El economista Joseph A. Schumpeter, posiblemente el pensador liberal que haya leído con mayor exhaustividad y respeto a Marx, diferencia en Capitalismo, socialismo y democracia entre capitalista y empresario. El capitalista, ya bajo el monopolismo, es aquél que invierte capital para obtener una renta, ajeno o no al proceso de producción; mientras que el empresario sería quien, asumiendo riesgos, introduce un cambio en el sistema productivo que genera una transformación. Schumpeter lamenta que la centralización, concentración y la socialización extinguirán a los empresarios y desembocará, casi mecánicamente, en el socialismo.

El empresario, según Schumpeter, provoca una de tres cuestiones económicas: introduce una nueva mercancía, modifica la forma de producción o modifica la organización de la producción (Cabify frente a los taxis, por ejemplo). Schumpeter añade finalmente, saltándose la lógica de su propio texto, que la innovación ha de ser incomprendida socialmente. El empresario es un héroe romántico: ambiguo pero de granito, porque su comportamiento sólo lo guía la consecución de su objetivo.

Esta noción ideológica no sólo articula muchas series (Mad men, Breaking bad, Dexter, The Young Pope), también documentales no ficcionales que ensalzan personajes ambiguos que triunfaron en los negocios. El pionero cuenta la vida pública de un empresario, Gregorio Jesús Gil y Gil. El pionero, el empresario, el (anti)héroe romántico.

¿Cuál es la heroicidad de Gil y Gil? Su heroicidad es, según repite insistentemente el documental, doble. Por un lado, se opone contra los mecanismos de relación con el Estado: obvia la legislación que limita su posibilidad de negocio y rompe con el modelo de relación del capital privado con el Estado (por ejemplo, sus declaraciones contra el sistema institucionalizado de comisiones para la Junta de Andalucía). Por otro, Gil y Gil, en un movimiento con inicio y fin en su persona, realiza un gesto empresarial: fusiona, como dice el fiscal Carlos Castresana, diez años antes que Berlusconi la administración del Estado (ayuntamientos: Marbella, Estepona, Ceuta), su capital privado familiar y la presencia mediática a través del fútbol. Si seguimos la construcción de Schumpeter, Jesús Gil innovó al inventar una nueva forma de organización externa de los negocios en relación con el Estado. No sólo, en el documental se insinúa varias veces, sino que además es rebelde: se rebela contra una corrupción anquilosada en el que la administración burocrática, o el partido en la administración, se lleva una parte del negocio como gastos de gestión. Jesús Gil elude este gasto extraordinario asumiendo la gestión del ayuntamiento. Y cobra peaje a las empresas con las que colabora.

Jesús Gil y Gil, que durante toda mi infancia y adolescencia no fue otra cosa que un mangante, un facineroso, para usar la expresión típica de él. Sin embargo hoy se construye un pionero que obligatoriamente ha de ser incomprendido por la sociedad. Gil, aunque fuera dos veces indultado, una por el franquismo y otra por el PSOE, es el héroe que anticipa otra forma de negocio y se enfrenta al poder estatal.

Las muertes en el hundimiento de Los Ángeles de San Rafael, la descapitalización del Atlético Madrid o el saqueo y loca transformación urbanística de la parte de la Costa del Sol que dirigió políticamente son sombras necesarias para que la figura heroica funcione. Es fácil llegar a la conclusión de que eran males necesarios para lograr el objetivo empresarial (distinto en el sentido que veíamos del capitalista).

Los héroes románticos mueren para restaurar el orden, aunque su ejemplo quede. El pionero termina con la muerte cansada de un héroe asediado por el aparato judicial de Estado, el despedazamiento de su organización política... y una nueva forma de negocio generalizada.

Jesús A. Ruiz Moreno