Compartir

 

El 13 de febrero de 2020, La Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en sede en Estrasburgo, dictó una sentencia que por su importancia, por su valor símbolico, y por su representatividad no puede pasar desapercibida. Son de esas sentencias que marcan tendencias y que deja en evidencia, con una claridad meridiana, lo que encubre cuando la burguesía llama “derechos humanos” a lo que sólo se reduce al reconocimiento del  derecho a la propiedad privada.

En esta sentencia viene a cerrar un proceso iniciado en febrero de 2015, cuando varias ONGs presentaron una denuncia por la expulsión el 13 de agosto de 2014 de N.D y N.T, procedentes de Mali y Costa de Marfil, tras un salto a la valla que realizaron junto con otras 80 personas. Fueron expulsados sin haber recibido ningún tipo de asistencia; jurídica, médica o psicológica, sin siquiera comprobar su identidad o poder solicitar asilo en caso de que así lo desearan. Ahora el Tribunal establece que esta falta de garantías es fruto de su entrada ilegal, indicando que la ausencia de un estudio individualizado, requisito para considerar que no se trata de una deportación colectiva, se podría atribuir a que los demandantes no habían usado los procedimientos oficiales. Considera el TEDH, de forma unánime, que no ha habido violación del Artículo 4 del Protocolo No. 4 (prohibición de expulsiones colectivas) del Convenio europeo de derechos humanos, ni violación del Artículo 13 (derecho a un recurso efectivo) del Convenio. Y aún más, considera que la devolución es consecuencia del comportamiento de los demandantes, al haber entrado de forma ilegal, indicando que es necesario que la entrada sea por las vías legales (prácticamente inexistentes ).Se trata por tanto, de una sentencia que deja un amplio margen a otras vulneraciones de derechos y que atenta directamente contra el derecho de asilo.

Esta sentencia sienta definitivamente una contradicción que la “democracia oligárquica” no podía tolerar; la desvinculación entre derechos humanos como derechos individuales de personas libres y la política económica y social necesarias en este proceso de acumulación de capital en el que ya no pueda haber ni siquiera un reconocimiento formal de que existen personas libres y portadoras de derechos individuales más allá de las fronteras económicas que establece el capital internacional.

Alexis Dorta