La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) nació formalmente el 4 de abril de 1949 con la firma del Tratado de Washington por parte de Estados Unidos, Canadá y 10 países europeos (Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Islandia  y Portugal). Su objetivo declarado era “contener militarmente una potencial agresión militar de la Unión Soviética”. De hecho, su artículo 5 lo refleja a la perfección: “Las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas”. Siempre se habló durante la Guerra Fría que su objetivo era contener la amenaza del Pacto de Varsovia por lo que resulta curioso que dicho pacto se firmó en la capital de Polonia el 14 de mayo de 1955. ¡El Pacto presuntamente agresivo se firmó seis años después que el “defensivo”!. Como razones se dieron la retirada de las tropas estadounidenses entre 1947 y 1949, el golpe de Estado comunista de febrero de 1948 en Checoslovaquia y el bloqueo de Berlín, ocurrido entre junio de 1948 y mayo de 1949. Ya en marzo de 1948 Francia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y el Reino Unido habían firmado el Tratado de Bruselas, con el que creaban la alianza militar Unión Europea Occidental.

 

“Se acabaron los tiempos de paz, se acabó la posguerra. Vivimos nuevos tiempos: la era de la preguerra”. Así es como el primer ministro polaco, Donald Tusk, durante el Congreso del Partido Popular Europeo en Bucarest, nos anuncia que Europa se lanza a la Guerra.

El tono bélico va in crescendo. Las declaraciones incendiarias de gobernantes, las arengas de las cúpulas militares o las proclamas mamporreras de los mass media nos van preparando para ello.

Desde 2014, con el Euromaidan, el imperialismo angloamericano, a través de la OTAN, fue afilando en Europa el tridente dorado sobre fondo azul, emblema ucranio que simboliza hoy la guerra total del imperialista Occidente contra la humanidad. Los pueblos de Europa en sacrificio al Mammón del Nuevo Testamento, el dios de la Avaricia.

El emblema ucraniano, enarbolado por la OTAN, se ha alimentando de odio, evidenciando poco a poco que la agresión contra Rusia tiene el objetivo de destruir la Federación y apoderarse de sus recursos, y por extensión, los del resto de pueblos del planeta.

Desde el inicio de la operación de resistencia “Diluvio de Al Aqsa” contra la ocupación en Gaza, el esfuerzo financiero de EEUU (el genocidio cuesta caro) para mantener los planes del sionismo, ha sido colosal. Configurado el ente sionista como base militar y de inteligencia del imperialismo angloamericano en Oriente Próximo, se centra aquí, el segundo diente de esa horca de tres puntas de esta guerra total.

En estas circunstancias, y asumiendo que los próximos meses, el tercer frente bélico, el del Pacífico, con Taiwan como caballo de Troya de la agresión imperialista, irá paulatinamente madurando; coincidiendo con la más que probable victoria de Trump en las elecciones americanas, EEUU ha encomendado la gestión del frente en Europa a los europeos.

Hace 62 años, el 24 de marzo de 1962, el Departamento del Tesoro del gobierno norteamericano anunció la prohibición de entrada en territorio norteamericano de cualquier artículo elaborado, total o parcialmente, con productos de origen cubano, aunque fuese hecho en un tercer país.

Esta medida no fue la primera acción agresiva pública o secreta de Washington contra la Revolución Cubana triunfante el 1 de enero de 1959, pero sí un paso importante en la implementación del bloqueo total contra Cuba decretado por el entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, a partir de las 12.01 AM del 7 de febrero de 1962, con intención de asfixiar económicamente a la población de la Isla. Comenzaba así una acción de genocidio contra este pueblo, sin precedente en el mundo y que dura ya más de seis décadas.e febrero de 1959 el Banco Nacional (BNC) había consignado que su depósito en bancos norteamericanos de 424 millones de dólares fue robado por cabecillas batistianos y, pese al reclamo oficial, ni un solo centavo fue devuelto a la República de Cuba.

Días después, el 12 de febrero de 1959 el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos negó un modesto crédito solicitado por el BNCpara sostener la moneda cubana, y el 24 de junio de 1959 el Departamento de Estado del gobierno del presidente Dwight D. Eisenhower convocó una reunión para amenazar que: «correspondía al Gobierno de Estados Unidos asumir de inmediato una posición muy firme contra la Ley de Reforma Agraria y su implementación”, y advertía que “la mejor manera de alcanzar el necesario resultado es la presión económica”.

La migración está íntimamente ligada a la historia de la humanidad y a la búsqueda de alimentos y territorios donde sobrevivir o, simplemente, mejorar las condiciones de vida. Las razones demográficas, económicas y ambientales han sido los motores que han movido en masa a las personas de unas zonas hacia otras.

Es complicado fechar con exactitud las primeras migraciones, pero parece claro que la humanidad moderna emigró de África hace más de 60 000 años.

Los flujos migratorios, lejos de detenerse o atemperarse, se exacerban y multiplican. Los problemas territoriales aumentan, la alimentación o el agua escasean más que antaño y la naturaleza, cansada de ser esclava, se revela contra su opresor desplazando a millones de personas de su territorio. El futuro climático y ambiental que nos espera, sin duda, incrementará aún más los desplazamientos en búsqueda de mejores “tiempos”.

El capitalismo, en una minúscula fracción del tiempo que ocupa en la historia de la humanidad, ha desarrollado las condiciones para que una, cada vez, más minoritaria parte de aquella utilice a su beneficio a una cada vez mayor fracción de las personas que habitamos el planeta.

El expolio o saqueo de los recursos, las guerras imperialistas que el capitalismo central desarrolla contra los pueblos; el deterioro medioambiental, fruto de la sobreexplotación de la naturaleza, constituyen una huida hacia adelante de un capitalismo en fase terminal que quema todos sus cartuchos para sobrevivir y, en ese proceso, degrada cada vez más la condición humana, obligando a grandes masas de trabajadoras y trabajadoras a un órdago vital en busca de una esperanza que, como la tierra quemada, va dejando atrás.

En 2020 había en el mundo aproximadamente 281 millones de migrantes internacionales, según datos de la Organización Internacional para la Migración (OIM) . El Proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM, que actualmente es la única iniciativa que documenta las muertes de migrantes en todo el mundo, ha registrado las muertes y desapariciones de más de 59200 personas desde que se inició la recopilación de datos en 2014.

Estamos en guerra. No, no es que sea Palestina o Ucrania, o lo que está por venir; estamos en guerra desde siempre. La humanidad casi siempre ha estado en guerra, el Capital la financia y la fomenta; pero desde que desapareció la URSS, que parecía la responsable de una guerra mundial nuclear que acabaría con el planeta, no ha dejado de haber guerras.

Todas las guerras han sido de rapiña, pero hay una guerra continua que es la manifestación más evidente de la lucha de clases. Es la guerra que nos hace el Capital a diario y que cualquiera diría que estamos perdiendo, que la clase obrera está sumida en una pesadilla y no se sabe cuándo va a despertar.

La guerra nunca es abierta: es una guerra sucia, sutil, fría, a veces con sangre, otras no; pero siempre con una represión implacable. Julian Assange, en la cárcel por airear lo que todos y todas sabemos; Valtònyc, exiliado; Pablo Hasél en la cárcel; Pablo González en una cárcel polaca sin ninguna garantía jurídica y sin juicio. Pero hay más, esa guerra sucia también nos lleva a la ley mordaza y a las multas que sólo afectan a los y las pobres.

En el derecho penal se estudiaba que las multas son una condena injusta, que las sanciones pecuniarias administrativas tenían que adaptarse a la capacidad económica del infractor. Pero en España seguimos manteniendo las multas, la pena de muerte civil para los pobres. Si te manifiestas y no les gusta lo que dices, te pueden caer hasta 30.000 euros de multa por una infracción grave y hasta 600.000 por una muy grave. ¿Y cuáles son las muy graves? Pues "las manifestaciones o reuniones no comunicadas o prohibidas en instalaciones en las que se presenten servicios básicos para la comunidad; fabricación, almacenamiento, venta o utilización de armas reglamentarias, cartuchos o pirotecnia; o la celebración de espectáculos públicos previamente prohibidos o suspendidos".

Y tal y cómo se configura todo el sistema jurídico, hecho por y para la clase dominante, y a la vista de los últimos acontecimientos, cualquier acto puede considerarse terrorismo.

En el 38 Aniversario de aquel 12 de marzo de 1986 en el que se celebró el Referéndum sobre la pertenencia de España a la OTAN, se hace más necesario que nunca recuperar la memoria colectiva de aquella lucha frontal del conjunto de pueblos y naciones del Estado español contra las bases militares yanquis y la pertenencia a la organización militar del Imperialismo.  Un combate con las cartas marcadas, lleno de mentiras y amenazas contra la voluntad mayoritaria del pueblo trabajador a favor de la neutralidad, en el que la socialdemocracia del PSOE actuó como ariete del Imperialismo y del sector oligárquico de la burguesía que trabajaba por integrarse plenamente en las estructuras más avanzadas del capitalismo internacional.

Igual que el perjuro Coronel Segismundo Casado, entregando Madrid al fascismo en marzo 1939, en el mismo mes de 1986, fue Felipe González el peón del Capital que levantó la miserable bandera de la traición y las amenazas.

Un Referéndum amañado y perverso con preguntas manipuladas y que el tiempo ha demostrado que se hizo con la clara voluntad de no cumplirse en ninguno de sus términos.

Se mantienen las bases yanquis, hay armamento nuclear en sus instalaciones y España pertenece y participa plenamente en la estructura de la OTAN, como también se ha dejado de reivindicar la soberanía territorial de Gibraltar y el consecuente desmantelamiento de la base militar que alberga en todo su territorio.

El Estado en su conjunto, con la monarquía y la totalidad de los partidos que avalan nuestra pertenencia a esta organización criminal, son responsables de unos engaños que no podemos olvidar, y el PCPE afronta la responsabilidad política de denunciarlo.

Para enfrentar la guerra imperialista que azota a la Humanidad, hoy más que nunca, es necesario recuperar toda la experiencia de lucha y confrontación obrera y popular que, no solo arrancó el Referéndum al Gobierno del PSOE, sino que logró 6.872.421 votos de dignidad y la victoria en Canarias, Euskadi, Navarra y Catalunya.

El 13 de enero acabamos de conmemorar el 40 aniversario de la fundación del PCPE. Unos ejes de principios ideológicos y políticos estaban gestando aquel día de 1984 el Partido Comunista que la clase obrera necesitaba para la toma del Poder.

Entre los pilares del régimen monárquico-burgués del estado español se encuentra la OTAN, brazo armado del imperialismo para operar, como organización militar, en la agresión contra los pueblos que osan cuestionar el capitalismo y/o promover proyectos de independencia y soberanía. El emplazamiento de bases militares en distintos lugares del planeta, facilita la ejecución de sus agresiones; su instalación representa, ya de por sí, una amenaza real. Su delictiva actuación, marca el devenir de la Historia desde el funesto 4 de abril de 1949, es decir, ¡75 AÑOS DE DELINCUENCIA TERRORISTA ORGANIZADA! para evitar que los pueblos eligiesen la vía socialista como solución a sus problemas. Ha valido todo, incluso la acción de comandos terroristas de “los ejércitos secretos de la OTAN” que operaron bajo patrocinio y financiación de la CIA que recibió el nombre de “Red Gladio”

La posición estratégica de la Península Ibérica sitúa al estado español en un punto geográfico de referencia de confrontación militar. 1974 fue un año peligroso para el imperialismo en esta zona. La Revolución de Abril en Portugal, y, en España, la agonía del “criminalísimo”, auguraban una situación problemática. El archipiélago de las Canarias, que votaría mayoritariamente contra la entrada en la OTAN en el referéndum celebrado el 12 de marzo de 1986, formaba parte también de la importancia estratégica.

Llegamos al 8 de marzo de 2024, jornada en que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en un contexto en que las condiciones de vida de la clase trabajadora empeoran día a día y las mujeres trabajadoras ven cómo se agravan sus ya difíciles y precarias condiciones materiales de vida, golpeadas crisis tras crisis y guerra tras guerra.

Las multitudinarias manifestaciones unitarias de los últimos años han ido perdiendo fuerza como consecuencia de la fragmentación política general y del Movimiento Feminista en particular, y aunque el movimiento sigue teniendo mucha fuerza, la ola reaccionaria, con los medios de propaganda a la cabeza, cuestionan la desigualdad de género, incluso desde posiciones autodenominadas revolucionarias, surge el cuestionamiento y consideran que esta lucha no merece la misma atención que otras. Como si las luchas contra todas las opresiones no formaran parte de la lucha general contra el capitalismo.

El lema que adoptamos este 8M viene con una intención muy clara: reivindicarnos como comunistas y feministas en un momento del movimiento comunista en el que hay discursos que rechazan el feminismo por considerar que divide a la clase obrera. Lo que verdaderamente divide a la clase obrera es olvidarnos de la doble opresión de la mujer trabajadora, de todas las opresiones que atraviesan esta sociedad, de la brecha salarial, del trabajo reproductivo no remunerado, de la violencia machista, de la precariedad del trabajo de cuidados, de pensiones que no alcanzan,etc... Es una traición a nuestra clase borrar la fecha que consiguió declarar, precisamente, un movimiento de mujeres comunistas.

Manifestación por la sanidad pública en Santiago de Compostela

Este pasado domingo 18 de febrero se celebraron los comicios a la Xunta de Galicia, en los cuales salió vencedor, como de costumbre, el Partido Popular, que recibió 700 491 votos, es decir, el 47.36 %. Alfonso Rueda apenas desmejora los resultados de su predecesor, Alberto Núñez Feijóo, que en 2020 había alcanzado el 47.96 %. Frente a este Partido Popular ayudado por las monjas del Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que se mantiene con 40 escaños, de los 38 necesarios para la mayoría absoluta, se sitúa el Bloque Nacionalista Galego, que ha sido un motivo de resaca para la pequeña burguesía galega debido a sus altas espectativas de llegar a gobernar como principal fuerza. Eso sí, los de Pontón consiguieron los mejores resultados electorales de su historia gracias, seguramente, a su capacidad para arrastrar una buena parte del voto obrero y popular que veía una esperanza en el cambio de Gobierno. Si tenemos en cuenta que la Confederación de Empresarios de Galicia considera amigable la mayoría de sus propuestas, es posible que estemos ante la nueva alternativa del capital en Galiza cuando su clase obrera y sus sectores populares decidan organizarse para dejar de aguantar los abusos de la extrema derecha.

De hecho, no es casualidad que el PSOE no levante cabeza desde el bipartito. El proyecto de la socialdemocracia española convence cada vez menos y la pequeña burguesía galega se ha ido decantando cada vez más hacia el BNG. El PSOE ha sacado, esta vez, 9 tristes escaños (5 menos que en 2020) y tan solo el 14.04 % de los votos. No obstante, el mejor ejemplo de intrascendencia lo encarnan Sumar Galicia y Podemos‑Alianza Verde, que ni siquiera fueron capaces de acordar una sigla unitaria para concurrir juntos a los comicios. Esta decadencia es un ejemplo más de una dinámica del reformismo que desde el PCPE llevamos tiempo analizando: el progresivo acercamiento de sus partidos (PCE-IU-Podemos-Unidas Podemos-Sumar) hacia el PSOE con el objetivo de destruir toda la capacidad organizativa de la clase obrera que pudiere acercarla a la toma del poder.

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